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Abanico

lady_with_an_ivory_fan—Claro que existe una diferencia de bastante peso. En el matrimonio, por ejemplo, se entiende que el marido debe sostener a su mujer, en tanto que ésta tiene la obligación de cuidar y hacer grato el hogar. El hombre debe suministrar los alimentos; la mujer, las sonrisas; en cambio, en el baile los deberes están cambiados: es el hombre quien debe ser amable y complaciente, en tanto que la mujer provee el abanico y la esencia de lavanda. Evidentemente, tal era la diferencia que le impedía a usted establecer una comparación.
(Jane Austen, La Abadía de Northanger)

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jesus holguera

(Jesús Holguera)

-Que pescó a esa gente… -repitió la señora Gowan, tamborileando con sus dedos en su abanico-. Los encontró… Los descubrió. Dio con ellos…
-No puedo decirle dónde mi amigo el señor Meagles presentó por primera vez a su hija al señor Henry Gowan.
-Sin duda los pescaría en Roma; pero no importa… Y ahora, dígame (entre nosotros, desde luego), es plebeya.
-La verdad, señora -replicó Clennam-, yo mismo soy tan indudablemente plebeyo que no puedo juzgar.
-¡Eso es hablar claro! -comentó la señora Gowan, abriendo su abanico-. De donde infiero que usted opina que los modales de esa chica igualan a su aspecto, ¿verdad?
(Charles Dickens, La pequeña Dorrit)

alexander-roslin

(Alexander Roslin)

Ella se había enmascarado cuidadosamente, como lo imponían las costumbres venecianas. Bajo el pequeño sombrero de tres puntas con lazos de oro, un bauta de seda negra, esa pequeña mantilla bordada en encaje, le cubría la cabeza y caía sobre los hombros del abrigo de satén negro que ocultaba completamente su figura.
Cuando se quitó el antifaz de seda blanca, Marc-Antoine saltó hacia ella con un grito que era más motivo de preocupación que de alegría; Porque el rostro que se mostraba enmarcado en las líneas negras de la bauta era más diáfano que nunca en su palidez. Sus ojos oscuros eran pozos nostálgicos a través de las cuales un alma miraba hacia afuera con dolor y algo de miedo. El temblor de su pecho indicaba una respiración nerviosa y acelerada. Apretaba su mano izquierda, que estaba cerrada sobre un abanico blanco, cuyo marco dorado estaba decorado con joyas.
(Rafael Sabatini, El antifaz veneciano)

japaneseLa joven llevaba un quimono de color melocotón con un ancho cinturón de oro y unas zapatillas también doradas. Blackthorne vio que ella lo miraba. Era evidente que la joven y Omi hablaban de él. No sabía cómo reaccionar ni qué tenía que hacer y, por consiguiente, no hizo nada. Esperó pacientemente gozando con la visión de la mujer y con la pulcritud y el calor de su presencia. Se preguntó si ella y Omi serían amantes, o si ella sería la esposa de Omi, y si era efectivamente real.
Omi le preguntó algo y ella le respondió y agitó el abanico verde que aleteó y brilló al sol, y rió con una risa musical, delicada y exquisita. Omi sonrió y después giró sobre sus talones y se alejó. Volvía a ser el samurai.  (James Clavell, Shogún)

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edoardo tofano

(Edoardo Tofano)

¡Válgame Dios, qué linda estaba! A sus encantos naturales, duplicados por la dulce emoción que teñía de suave rosicler su rostro, unía el más elegante y gracioso atavío que la fecunda inventiva de una mujer enamorada puede idear. ¡Cómo lucían aquellos incendiarios ojos, que a cada movimiento de sus pupilas dejaban entrever llamaradas del cielo! ¡Qué sonrisa tan deliciosa la de sus rojos labios!, ¡qué gracia en el abanico!, ¡qué caídas las de la mantilla!, ¡qué deslumbradora claridad, qué irradiación de hermosura desde la peineta hasta las puntas de los diminutos pies! Yo estaba trastornado de admiración.
(Benito Pérez Galdós, Memorias de un cortesano de 1815)

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alfred stevens La Dame A L'Eventail

(Alfred Stevens)

LADY WINDERMERE.- Londres está lleno de mujeres que confían en sus maridos. Cualquiera puede reconocerlas. ¡Tienen un aspecto tan absolutamente desdichado! Yo no quiero ser una de ellas. (Apartándose de él.) Lord Darlington, ¿quiere usted devolverme mí abanico? Gracias… Un abanico es una cosa muy útil, ¿verdad?… Tengo necesidad de un amigo esta noche, lord Darlington; no sabía que lo iba a necesitar tan pronto.
LORD DARLINGTON.- ¡Lady Windermere! Yo sabía que este momento iba a llegar algún día; pero ¿por qué esta noche?
LORD WINDERMERE (Aparte.).- Se lo diré. Debo decírselo. Sería terrible que sucediese aquí cualquier escena. Margarita…
PARKER.- ¡Mistress Erlynne!
(LORD WINDERMERE se estremece. Entra mistress Erlynne, muy elegante y muy digna. Lady Windermere aprieta su abanico y luego lo deja caer al suelo. Se inclina fríamente ante mistress Erlynne, quien le devuelve amablemente su saludo, y avanza por el salón.)
(Oscar Wilde, El abanico de lady Windermere)

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Nubes

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Linda Bolndheim

Con la descripción de las nubes
debería darme mucha prisa,
en una milésima de segundo
dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.
Es propio de ellas
no repetirse nunca
en formas, matices, posturas y orden.
Sin la carga de ningún recuerdo
se elevan sin problemas sobre los hechos.
¡De qué van a ser testigos!,
en un segundo se disipan en todas direcciones.
Comparada con las nubes
la vida parece tener los pies sobre la tierra,
se diría que es inmutable y prácticamente eterna.
Frente a las nubes
hasta una piedra parece un hermano
en el que se puede confiar
y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.
Que exista la gente si quiere,
y después que se mueran uno tras otro,
poco les importa a las nubes
esas cosas
tan extrañas.
Sobre toda tu vida
y también sobre la mía, aún incompleta,
desfilan pomposas igual que desfilaban.
No tienen la obligación de morir con nosotros.
No necesitan ser vistas para poder pasar.
(Wislawa Szymborska)

Graham Gercken

Graham Gerken

No habrá una sola cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea.
que cambia como el mar. Algo hay destino
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube. Eres mar, eres olvido.
Eres tambien aquello que has perdido.
(Jorge Luis Borges)

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renato muccillo

Renato Muccillo

Ayer estaba mi amor
como aquella nube blanca
que va tan sola en el cielo
y tan alta,
como aquella
que ahora pasa
junto a la luna
de plata.

Nube
blanca,
que vas tan sola en el cielo
y tan alta,
junto a la luna
de plata,
vendrás a parar
mañana,
igual que mi amor,
en agua,
en agua del mar
amarga.

Mi amor tiene el ritornelo
del agua, que, sin cesar,
en nubes sube hasta el cielo
y en lluvia baja hasta el mar.

El agua, aquel ritornelo,
de mi amor, que, sin cesar,
en sueños sube hasta el cielo
y en llanto baja hasta el mar.
(León Felipe)

alexander zimin

Alexandr Zimin

Islas del cielo, soplo en un soplo suspendido,
¡con pie ligero, semejante al aire,
pisar sus playas sin dejar más huella
que la sombra del viento sobre el agua!

¡Y como el aire entre las hojas
perderse en el follaje de la bruma
y como el aire ser labios sin cuerpo,
cuerpo sin peso, fuerza sin orillas!
(Octavio Paz)

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jacob van ruisdael

Kakob van Ruisdael

Nubes vaporosas,
nubes como tul,
llevad l’alma mía
por el cielo azul.

¡Lejos de la casa
que me ve sufrir,
lejos de estos muros
que me ven morir!

Nubes pasajeras,
llevadme hacia el mar,
a escuchar el canto
de la pleamar,
y entre la guirnalda
de olas cantar.

Nubes, flores, rostros,
dibujadme a aquel
que ya va borrándose
por el tiempo infiel.
Se desgaja mi alma
sin el rostro de él.

Nubes que pasáis,
nubes, detened
sobre el pecho mío
la gresca merced.
¡Abiertos están
mis labios de sed!
(Gabriela Mistral)

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Mario Pichler

¿Qué quieren esas nubes que con furor se agrupan
del aire trasparente por la región azul?
¿Qué quieren cuando el paso de su vacío ocupan
del cenit suspendiendo su tenebroso tul?

¿Qué instinto las arrastra? ¿Qué esencia las mantiene?
¿Con qué secreto impulso por el espacio van?
¿Qué ser velado en ellas atravesando viene
sus cóncavas llanuras que sin lumbrera están?

¡Cuál rápidas se agolpan! ¡Cuál ruedan y se ensanchan
y al firmamento trepan en lóbrego montón
y el puro azul alegre del firmamento manchan
sus misteriosos grupos en torva confusión!

Resbalan lentamente por cima de los montes,
avanzan en silencio sobre el rugiente mar,
los huecos oscurecen de entrambos horizontes,
el orbe en tinieblas bajo ellas va a quedar.
(José Zorrilla)

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Betsabé

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Jan Matsys, Betsabé

De acuerdo con la Biblia, Bat Sheva, en la traducción castellana, Betsabé, era la esposa de Urías el hitita y más tarde esposa de David, rey de Israel y de Judá.
Es conocida por la manera en que David la conoció y la consiguió como esposa, y por ser la madre de Salomón y Reina Madre durante su gobierno.

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Francesco Hayez, Betsabé en el baño

Una tarde, al levantarse David de la cama, comenzó a pasearse por la azotea del palacio, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era sumamente hermosa, por lo que David mandó que averiguaran quién era, y le informaron: «Se trata de Betsabé, que es hija de Elián y esposa de Urías el hitita». Entonces David ordenó que la llevaran a su presencia y, cuando Betsabé llegó, él se acostó con ella. (2 Samuel 11:2-4)

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Jean-Francois Lagrenee, David y Betsabé

Pero David cometió un grave pecado, aunque era una persona de naturaleza recta y un hombre religioso que observaba la ley de sus padres; porque cuando por la tarde caminaba por la terraza de su palacio, según era su costumbre, vio a una mujer lavándose en su casa; era de una belleza extraordinaria, mayor que la de cualquiera otra mujer; su nombre era Betsabé. Quedó tan impresionado con la belleza de la mujer, que no pudo contener su deseo, envió por ella y con ella yació.
(Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos)

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Michel-Honore Bounieu, Betsabé

Otro asunto doméstico que se relata con detalle fue la forma en que David incrementó su harén. La importancia de esto radica en el hecho de que su nueva esposa dio a luz un hijo que le sucedió en el trono de Israel.
La primera vez que la vio, ella estaba bañándose en la terraza de su casa. Muy impresionado por su aspecto, mandó averiguar su identidad, y le dijeron:
Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, el jeteo…
David se apropió de la mujer de Urías y Iuego le envió a combatir (entonces estaba en marcha la guerra con los amonitas), comunicando instrucciones a Joab para que arreglara la muerte de Urías. Joab cumplió la orden.
(Isaac Asimov, Guía de la Biblia – Antiguo Testamento)

f4ca7e2ad7aca9841a60c8263b8c4837Betsabé ha sido juzgada y criticada por muchos, algunos la describen como una seductora, buscando intencionalidad en la escena del baño. Según la visión feminista, se trató de una relación forzada, un abuso, pero también podría ser, dentro de todas las posibilidades que da la humana condición, que se tratase, al final, de una relación consensuada ¿por qué no?

Respecto de la escena en cuestión, lo único que se sabe es que el rey David la observó mientras se bañaba, pero esas líneas, que no dan detalles, han servido para inventar la historia de que Betsabé se bañaba desnuda, pero la Biblia no dice eso.

 

¡Oh, Betsabé! yo te canto, porque estás aquí. 82332f782aa295999fcfe3ca9718d1ef
Has hecho a Jerusalén grande entre las ciudades,
porque vives en ella y hasta el empedrado de sus calles
florece cuando caminas sobre ellas.
Ya no existe para mí el cielo azul, porque he visto a Betsabé,
y no se de flores rojas, porque he visto a Betsabé.
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Ahora soy un héroe, y un gran cantante,
y entiendo para qué nací, para encontrarte,
¡Oh, Betsabé!
Y mi cielo, antes oscuro, ahora brilla,
porque Betsabé es el sol que me ilumina.
Mi mujer, mi reina, la que me engrandece,
dueña de mi corazón, te amaré para siempre.
(Volter Kilpi – traducción libre)

 

 

 

 

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Ajedrez

charles phillips piezas de ajedrez

Charles Phillips, Piezas de ajedrez

El ajedrez es un juego de estrategia que se juega entre dos jugadores, en un tablero cuadriculado, con 16 piezas para cada jugador.
Se cree que el juego se originó en la India antes del siglo VII, derivándose del juego llamado chaturanga. Se cree que el juego se difundió a lo largo de la famosa Ruta de la Seda, y a Occidente llegaría entre los años 900 y 1000. Las reglas, las piezas y sus valores, comenzaron a modificarse en el siglo XV para terminar estableciéndose solamente en el siglo XIX.
Como actividad humana, el ajedrez ha servido de inspiración en el arte y la literatura desde que se hizo popular entre los siglos XV y XVI.

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ajedrez george godwin kilburne

George Godwin Kilburne, Ajedrez

Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.
Pusimos un tablero enfrente de nosotros:
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.
Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.
Henos aquí hace un siglo, sentados, meditando
Encarnizadamente
cómo dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.
(Rosario Castellanos)

The Chess Players 1929 by Sir John Lavery 1856-1941

John Lavery, Jugadoras de ajedrez

Rojos caballos, marrones alfiles, brillantes reinas,  
atacando el tablero, cayendo en una fuerte “L” de color.
Alcanzando y atacando en ángulos,
manteniendo de un mismo color las líneas.
A este tablero da vida la luz;
estas piezas viven en la forma,
sus movimientos deshacen y dan nueva forma al modelo:
verde luminoso de las torres,
batiéndose con la “X” de las reinas,
rizado por los saltos de caballo.
¡Peones en “Y”, abriéndose camino, amurallando!
¡Torbellino! ¡Centrípeto! ¡Mate! Rey abajo en el vórtice,
choque, salto de bandas, rectas tiras de intenso color,
luces bloqueadas que atraviesan. Fugas. Renovación
de la contienda.
(Ezra Pound)

ajedrez Frederick Judd Vaugh jugadoras de ajedrez

Frederick Judd Vaugh, Jugadoras de ajedrez

ajedrez eduard bitterlich

Eduard Bitterlich, Ajedrez

¿Qué haré ahora ? ¿Qué haré?
¿Salir tal como estoy y andar por la calle
así sin peinar? ¿Qué haremos mañana?
¿Qué haremos sietnpre?’
Agua caliente a las diez.
Y si llueve, un coche cerrado a las cuatro.
Y jugaremos una partida de ajedrez,
apretando nuestros ojos sin párpados, esperando que
llamen a la puerta.
(T. S. Eliot)

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ajedrez james Northcote 1730 painting of chessplayers with dog and 'boy' in gold

James Northcote, Jugadores de ajedrez

En su grave rincón, los jugadores   
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
(Jorge Luis Borges)

ANDREIS-Alex-1880-–-1929-Cavaliers-Playing-Chess

Alex Andreis, Caballeros jugando ajedrez

-Arreglen el problema como en una guerra:
El que gane será mi yerno.
-El rey casi al lado de la torre
El cual la esquina había tomado.
El caballo en la quinta antes del rey,
Y el peón hasta la sexta lo trajo.
A su lado, a su derecha, otro está de pie,
Defendido por un alfil de su propia tierra.
Detrás del peón y el alfil de Bozhuy
El rey a la posición negra molesta,
Mientras que la amenazante torre enemiga,
Su objetivo lo puso en el segundo.
Y la reina por la espalda,
Se aseguró de atacar al negro alfil.
Así, las piezas de ajedrez tomaron sus lugares,
Y las negras el próximo movimiento harían.
-Por supuesto, el caballo de la batalla está muy bien,
Y el alfil toma su lugar en la línea.
Sin embargo, renunciar a la torre tiene sentido,
A continuación, el peón hasta el final se acercará.
Si la torre pone su vida en peligro,
La afligida Anna estará bien para siempre.
(Jan Kochanowski)

ajedrez Dilorom Abdullaeva

Dilorom Addullaeva, Ajedrez

Oí contar que otrora, cuando en Persia
hubo no sé qué guerra,
en tanto la invasión ardía en la Ciudad
y las hembras gritaban,
dos jugadores de ajedrez jugaban
su incesante partida.
A la sombra de amplio árbol fijos los ojos
en el tablero antiguo,
y, al lado de cada uno, esperando sus
momentos más holgados,
cuando había movido la pieza, y ahora
aguardaba al contrario,
una jarra con vino refrescaba
su sobria sed.
(Fernando Pessoa)

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El color del silencio

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Dima Dmitriev, A través del silencio

Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.
(Federico García Lorca)

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Leonid Afremov, Silencio de invierno

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
(Octavio Paz)

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Gerald Schwartz, La belleza del silencio

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar quédate mudo
Que un silencio sin fin sea tu escudo
Y al miso tiempo tu perfecta espada.
No llames si la puerta esta cerrada
No llores si el dolor es más agudo
No cantes si el camino es menos rudo
No interrogues sino con la mirada.
Y en la calma profunda y transparente
Que poco a poco y silenciosamente
Inundarás tu pecho transparente.
Sentirás el latido enamorado
Con que tu corazón recuperado
Te irá diciendo todo, todo, todo.
(Jorge Luis Borges)

svekla the-silence-of-sunrise

Svekla-Art, El silencio del amanecer

En el silencio sigue
la lira pitagórica vibrando,
el iris en la luz, la luz que llena
mi estereoscopio vano.
Han cegado mis ojos las cenizas
del fuego heraclitano.
El mundo es, un momento,
transparente, vacío, ciego, alado.
(Antonio Machado)

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Peter Mathios, Silencio

Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno… ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre,
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.
¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en un vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas…
Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta…
Ha pasado un transeúnte…
Ha dado el reloj trece horas… ¡Si será Ella!…
(Rubén Darío)

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Vladimir Volegov, Silencio al sol

Sigo, silencio, tu estrellado manto,
de transparentes lumbres guarnecido,
enemiga del sol esclarecido,
ave noturna de agorero canto.

El falso mago Amor, con el encanto
de palabras quebradas por olvido,
convirtió mi razón y mi sentido,
mi cuerpo no, por deshacelle en llanto.

Tú, que sabes mi mal, y tú, que fuiste
la ocasión principal de mi tormento,
por quien fui venturoso y desdichado,

oye tú solo mi dolor, que al triste
a quien persigue cielo violento
no le está bien que sepa su cuidado.
(Francisco de Quevedo)

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23 de mayo (escultores)

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Francois Adam, Fuego

François Gaspard Balthazar Adam (23 de mayo 1710 – 18 de agosto de 1761) fue un escultor francés. Perteneció a una familia de escultores. Estudió en la Academia de francia en Roma. En Prusia realizó esculturas elegantes y mitológicas pata Federico II el Grande.

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Auguste-Marie Taunay, Coracero

Auguste-Marie Taunay (23 de mayo de 1768 – 24 de abril de 1824) fue un escultor francés. Alumno de Jean Guillaume Moitte. Quedó segundo en la convocatoria del Premio de Roma de 1790, por detrás de Pierre-Charles Bridan. Se convirtió en pensionado en el Palacio Mancini, de la Academia de Francia en Roma, al obtener el Primer Gran Premio de Roma en 1791.

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James Pradier, Psique

James Pradier, también conocido como Jean-Jacques Pradier (23 de mayo de 1790 – 4 de junio de 1852) fue un escultor francés nacido en Suiza, más conocido por su trabajo en el estilo neoclásico. Natural de Ginebra, Pradier viajó a París en 1807 para trabajar con su hermano mayor, un grabador. Ganó un Premio de Roma que le permitió estudiar en esta ciudad desde 1814 hasta 1818 con Jean Auguste Dominique Ingres. En 1827 se convirtió en miembro de la Academia de Bellas Artes y profesor en la École des Beaux-Arts.

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August von Kreling, Mujer dando de beber a un mendigo

August von Kreling (23 de mayo de 1819 –  22 de abril 1876) fue un pintor y escultor alemán.
Fue un hombre con grandes dotes artísticas, con una educación versátil, muy experimentado bajo el punto de vista práctico y de energía extraordinaria. En sus pinturas, permaneció fiel a la dirección colorista, y en sus obras escultóricas muestran que son consistentemente una fuerte tendencia al elemento pictórico.

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Giovanni Turini, Giuseppe Garibaldi

 

Giovanni Turini (23 de mayo de 1841 – 27 de agosto de 1899) fue un escultor italiano naturalizado estadounidense. Estudió escultura en Milán y en Roma. Durante la 2° Guerra de Independencia peleó como voluntario en el 4° Regimiento de Cazadores de los Alpes de Giuseppe Garibaldi. En 1874 emigró a los EE.UU.

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Bernardino Boifava, Monumento a la victoria o a los caídos

Bernardino Boifava (23 de mayo de 1888 – 15 de diciembre de 1953) fue un escultor italiano. Fue discípulo del escultor Emilio Righetti. Se dijo de él que era “un artista fecundo y completo, sensible y culto, intenso y mesurado, de extraordinaria hablidad técnica, expresiva y compositiva”.

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Alain Gordon, conocido como Aslan, o Alain Aslan (23 de mayo de 1930 – 11 de febrero de 2014) fue un pintor, ilustrador y escultor francés. Es conocido sobre todo en Francia por sus pin-ups.  

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Aslan, Sommeil nu drape

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Arthur Conan Doyle

Sir Arthur Ignatius Conan Doyle KStJ, DL (22 de mayo de 1859 – 7 de julio de 1930) fue un escritor inglés famoso especialmente por sus novelas de detectives protagonizadas por su personaje Sherlock Holmes. En 1887 publicó Estudio en escarlata, primera de cuatro novelas acerca de Holmes y el Dr. Watson. Además, Doyle publicó más de cincuenta relatos acerca de su famoso detective.
Debido a esto, Doyle es considerado piedra fundamental de la literatura de detectives.
Pero además, Arthur Conan Doyle fue un prolífico escritor cuyas obras incluyen fantasía, ciencia ficción, obras de teatro, poesía y novelas históricas.

Sus obras más conocidas, aparte de las de Sherlock Holmes, son las que tienen como protagonista al irascible profesor George Edward Challenger. Estas son El mundo perdido, La zona ponzoñosa, El país de la niebla, Cuando la tierra aulló y La máquina desintegradora.
Entre las novelas históricas se puede nombrar La Guardia Blanca, que se desarrolla durante la Guerra de los Cien años y Las hazañas del brigadier Gerard, de la época napoleónica.
Historias del crepúsculo y lo desconocido incluye seis relatos del ámbito sobrenatural. Entre ellos están El gran experimento de Keinplatz, El lote 249 y El anillo de Thoth.

Varias de sus obras han sido adaptadas al cine en numerosas ocasiones. Sherlock Holmes cuenta con más de cincuenta películas e innumerables series televisivas. De El mundo perdido debe haber unas veinte adaptaciones y además ha servido de inspiración a otra serie de películas del tema mundos perdidos.

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Holmes y Watson

––Busco alojamiento ––repuse––. Quiero ver si me las arreglo para vivir a un precio razonable.
––Cosa extraña ––comentó mi compañero––, es usted la segunda persona que ha empleado esas pala-bras en el día de hoy.
––¿Y quién fue la primera? ––pregunté.
––Un tipo que está trabajando en el laboratorio de química, en el hospital. Andaba quejándose esta mañana de no tener a nadie con quien compartir ciertas habitaciones que ha encontrado, bonitas a lo que parece, si bien de precio demasiado abultado para su bolsillo.
––¡Demonio! ––exclamé––, si realmente está dispuesto a dividir el gasto y las habitaciones, soy el hombre que necesita. Prefiero tener un compañero antes que vivir solo.
El joven Stamford, el vaso en la mano, me miró de forma un tanto extraña.
––No conoce todavía a Sherlock Holmes ––dijo––, podría llegar a la conclusión de que no es exacta-mente el tipo de persona que a uno le gustaría tener siempre por vecino.
––¿Sí? ¿Qué habla en contra suya?
––Oh, en ningún momento he sostenido que haya nada contra él. Se trata de un hombre de ideas un tanto peculiares…, un entusiasta de algunas ramas de la ciencia. Hasta donde se me alcanza, no es mala persona.
(Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata)

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El profesor Challenger expulsando a un periodista del Courier

––Espero que pueda usted entablar un contacto amistoso; o por lo menos dialogar con ese individuo ––dijo por fin¬ Posee usted, por lo que puedo apreciar, el don de entablar relaciones con la gente. Supongo que es cuestión de simpatía, de magnetismo animal, de vitalidad juvenil o de algo por el estilo. Yo mismo lo he sentido.
––Es usted muy amable, señor.
––Entonces, ¿por qué no prueba su suerte con el profesor Challenger, de Enmore Park?
Debo reconocer que esto debió producirme un leve sobresalto, porque exclamé:
––¿Challenger? ¡El profesor Challenger, el famoso zoólogo! ¿No fue ése el hombre que le rompió la crisma a Blundell, el cronista del Telegraph?
El redactor jefe de noticias se sonrió ásperamente.
––Qué, ¿le afecta eso? ¿No me dijo que buscaba aventuras?
––En este oficio hay que hacer frente a todo, señor ––le con¬testé.
––Exacto. Y presumo que no siempre estará en tal ánimo violento. Pienso que Blundell se encontró con él en un mal momento o lo encaró de manera equivocada. Puede que usted tenga mejor suerte o que se maneje maneje con él con mayor tacto. Estoy seguro de que este asunto se ajusta a sus recursos, está en su línea de trabajo. Y a la Gazette le convendría explotarlo.
(Arthur Conan Doyle, El mundo perdido)

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Gerard ante el Emperador

—Bueno, señor Gerard —me dijo al cabo, colocando un dedo en uno de los alamares de mi pelliza—. Me han dicho que es usted oficial de mérito. Su coronel lo ha elogiado mucho.
Quería yo haber contestado brillantemente, pero lo único que recordé fue la frase de Lasalle de que yo era todo bigotes y espuelas, de modo que seguí callado. El emperador debió de conocer en mi cara lo que me pasaba, y como al fin no contesté, no pareció descontento y dijo:
—Creo que es usted el hombre que me hace falta. No me faltan hombres valientes y entendidos. Pero uno resuelto que…
No acabó la frase, y por mi parte no sabía lo que quería decir. Me conformé con asegurarle que podía contar conmigo hasta la muerte.
—Sabe usted manejar el sable, según me han dicho.
—Bastante bien, Señor —contesté.
—Su regimiento le eligió a usted para representarle en el gran asalto para el campeonato.
Me alegré de ver que conocía tan bien mis proezas.
—Mis compañeros me hicieron ese honor.
—¿Y para soltarse la mano, insultó usted a seis maestros de armas durante la semana que precedió al asalto?
—Siete veces me batí en siete días, señor.
—¿Y no sacó usted ni un arañazo?
—El maestro de armas del 23 de ligeros me tocó en el codo izquierdo.
—¡No quiero oír hablar más de esa clase de calaveradas! —gritó de pronto, con un acceso de aquellas cóleras terribles—. ¿Creen ustedes que doy esos cargos a soldados veteranos para que ustedes se ejerciten contra ellos con terceras y cuartas? ¿Cómo lo haré para retar a Europa si mis soldados usan unos contra otros la espada que les confío? Si me habla usted más de sus desafíos, le haré pedazos con estos dedos.
(Arthur Conan Doyle, Las hazañas del brigadier Gerard)

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El profesor von Baumgarten rie a carcajadas

De pronto, como si estuviera despertando de un sueño, el profesor estiró sus brazos largos y delgados. Se frotó los ojos y levantándose de su silla miró hacia todos lados, como si le costara darse cuenta del lugar y la situación en que se encontraba. Con gran sorpresa y disgusto de la mayor parte del público, el profesor lanzó una terrible maldición. A continuación preguntó:
-¿Dónde demonios estoy? ¿Qué infiernos ocurrió? ¡Pero si ya recuerdo! Estoy en un absurdo experimento hipnótico. Pero puedo asegurarles que esta vez no tuvo éxito porque no recuerdo nada de nada desde que quedé inconsciente. Hicieron un largo viaje para nada mis distinguidos sabios amigos. Todo esto sólo ha sido una broma muy graciosa.
Mientras decía esto, el profesor reía a carcajadas y se golpeaba los muslos. El publico se sintió terriblemente agredido por este comportamiento increíble La cosa hubiera terminando muy mal si no hubiera intervenido el joven Fritz von Hartmann. Acababa de recobrar sus sentidos y se había puesto de pie. Avanzando hacia el público dijo:
-Tengo que pedir disculpas por la conducta de este hombre. Si bien pudo parecerles serio al principio del experimento, es un muchacho muy atolondrado. Todavía está bajo los efectos de la reacción hipnótica.
(El gran experimento de Keinplatz)

249Una figura negra y encogida, que apenas se distinguía contra el fondo oscuro, se movía en la sombra del seto, silenciosa y furtiva. Mientras la miraba, la sombra había avanzado una veintena de pasos, y seguía acercándose. En medio de la oscuridad vislumbró un cuello descarnado y aquellos dos ojos que le perseguirían por siempre en sus pesadillas. Lanzó un grito de terror y echó a correr por la avenida de grava, como si le fuera en ello la vida. Allí estaban las luces rojas, como señales de salvación, a menos de un tiro de piedra. Era un corredor afamado, pero jamás había corrido como corrió esa noche.
(Arthur Conan Doyle, El lote N°249)

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Mijail Bulgakov

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Estatua de Bulgakov en Kiev

Mijail Afanasievich Bulgakov (15 de mayo de 1891 – 10 de marzo de 1940) fue un escritor ruso, dramaturgo y médico, activo durante la primera mitad del siglo XX. Es conocido especialmente por su novela El maestro y Margarita, considerada una obra maestra.
Entre sus obras de teatro se cuentan Los días de las turbinas, La cábala de los hipócritas y Batum.
Bulgakov comenzó a escribir prosa con La guardia Blanca (1924) acerca de la Guerra Civil, desde el punto de vista de la familia de un oficial del Ejército Blanco en Kiev. Admirador de H.G. Wells, incluyó elementos de ciencia ficción en Los huevos fatídicos y en Corazón de perro.
Su trabajo como médico rural entre los años 1916 y 1918 le sirvió de base para sus relatos reunidos en Apuntes de un joven médico.
En 1928 Bulgakov comenzó a escribir El maestro y Margarita, novela que se desarrolla en dos planos, uno describe las incidencias de una visita que hace Satanás a Moscú y otro sigue el juicio realizado a Jesucristo en Jerusalén, tema de la novela que escribe el Maestro.
Bulgakov quemó su manuscrito en 1930, pero comenzó a reescribirla de memoria en 1930. Censurada y expurgada, la novela salió publicada por primera vez en 1966 en Moscú. En 1973 se publicó la primera versión completa pero en 1989, basándose en todos los manuscritos disponibles, Lidia Yanovskaya preparó una edición definitiva.

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Personajes de El maestro y Margarita

A la hora de más calor de una puesta de sol primaveral en «Los Estanques del Patriarca» aparecieron dos ciudadanos. El primero, de unos cuarenta años, vestido con un traje gris de verano, era pequeño, moreno, bien alimentado y calvo. Tenía en la mano un sombrero aceptable en forma de bollo, y decoraban su cara, cuidadosamente afeitada, un par de gafas extraordinariamente grandes, de montura de concha negra. El otro, un joven ancho de hombros, algo pelirrojo y desgreñado, con una gorra de cuadros echada hacia atrás, vestía camisa de cow boy, un pantalón blanco arrugado como un higo y alpargatas negras. El primero era nada menos que Mijaíl Alexándrovich Berlioz , redactor de una voluminosa revista literaria y presidente de la dirección de una de las más importantes asociaciones moscovitas de literatos, que llevaba el nombre compuesto de MASSOLIT ; y el joven que le acompañaba era el poeta Iván Nikoláyevich Ponirev, que escribía con el seudónimo de Desamparado.
Al llegar a la sombra de unos tilos apenas verdes, los escritores se lanzaron hacia una caseta llamativamente pintada donde se leía: «Cervezas y refrescos».
Ah, sí, es preciso señalar la primera particularidad de esta siniestra tarde de mayo. No había un alma junto a la caseta, ni en todo el bulevar, paralelo a la Málaya Brónnaya. A esa hora, cuando parecía que no había fuerzas ni para respirar, cuando el sol, después de haber caldeado Moscú, se derrumbaba en un vaho seco detrás de la Sadóvaya, nadie pasaba bajo los tilos, nadie se sentaba en un banco: el bulevar estaba desierto.
(Mijail Bulgakov, El maestro y Margarita)

huevosVladimir Ipatievich Persikov, profesor de Zoología en la Universidad del Cuarto Estado y director del Instituto Zoológico de Moscú, entró en su oficina de este último, situado en la Gran Nikitskaya, la tarde del día 16 de abril de 1928. El profesor encendió la deslucida lámpara central y miró en torno suyo.
Tenía cincuenta y ocho años. Su cabeza, de respetable tamaño, era alargada y calva, aunque lucía algunos mechones de cabello amarillento a los lados. En su faz imberbe, destacaba un labio inferior protuberante que le daba una expresión de constante fastidio. Sobre su roja nariz cabalgaban anticuados anteojos de delgada montura de plata. Tenía los ojos pequeños y brillantes. Era alto, de espaldas algo encorvadas, y al hablar solía elevar su ronca voz. Entre sus otras características se encontraba su costumbre de, cada vez que hablaba de algo con mucho énfasis y convencimiento, levantar el dedo índice de la mano derecha doblado como un anzuelo, al tiempo que torcía los ojos ostensiblemente. Y dado que siempre hablaba con seguridad, por su fenomenal erudición en el campo de su especialidad, el anzuelo aparecía con frecuencia ante los ojos de sus oyentes. Pero a los asuntos que estaban fuera de su campo (o sea la zoología, la embriología, la anatomía, la botánica y la geografía), les dedicaba más bien escaso interés y rara vez se molestaba en hablar de ellos.
(Mijail Bulgakov, Los huevos fatídicos)

--Sobache-serdtse---M.-Bulgakov-190x300¡WUU, WUHU, WUHUHUHU, HUUUU! Mírenme, me estoy muriendo. La tormenta llega hasta el portal, gritándome su plegaria de los agonizantes y yo grito al mismo tiempo. Se terminó. Estoy acabado. Un bribón con gorra mugrienta —el cocinero de la cantina de empleados del Consejo Central de Economía Nacional— me quemó el costado izquierdo. ¡Basura! ¡Y a eso lo llaman un proletario! ¡Dios mío, cuánto me duele! Me quemó hasta los huesos. Y ahora chillo, chillo. Pero, ¿qué gano con chillar?
¿Qué le había hecho yo? Por remover algunos desperdicios no se hubiera arruinado el Consejo de Economía Nacional. ¡Roñoso! ¿Le vieron la facha, a ese incorruptible? Es más ancho que alto. Ah, los hombres, los hombres… A mediodía tuve derecho a mi ración de agua hirviendo; ahora es casi de noche, deben ser las cuatro de la tarde, a juzgar por el olor a cebolla que viene del cuartel de bomberos de la Prechistienka. Como ustedes saben, en la cena los bomberos comen kacha; además es kacha de la peor especie, parece hongo. A propósito de hongos, unos perros amigos míos me dijeron que era el plato del día en el restaurant Bar, en la Neglinaia: hongos con salsa picante a 3 rublos 75 kopecks la porción. Bueno, para quienes les guste… Yo, todavía prefiero lamer un zapato viejo.
(Mijail Bulgakov, Corazón de perro)

doctor.Así pues, me quedé solo. Me rodeaban las tinieblas del mes de noviembre mezcladas con torbellinos de nieve que había cubierto la casa; la chimenea aullaba. Yo había pasado los veinticuatro años de mi vida en una gran ciudad y pensaba que la tormenta aulla solamente en las novelas. Pero resultó que también en la realidad aulla la tormenta. Aquí las veladas son extraordinariamente largas; la lámpara, bajo su pantalla verde, se reflejaba en la ventana negra y yo soñaba despierto, mientras miraba la mancha que brillaba a mi izquierda. Soñaba con la ciudad del distrito, que se encontraba a cuarenta verstas de distancia. Tenía grandes deseos de escaparme de mi hospital para ir allí. Allí había electricidad, cuatro médicos a quienes podía consultar, y en todo caso no era tan terrible. Pero no había posibilidad alguna de escapar y, por momentos, yo mismo comprendía que aquello no era más que cobardía. Después de todo, justamente para eso había estudiado en la facultad de medicina…
«… ¿Y si trajeran a una mujer con complicaciones de parto? ¿O, supongamos, a un enfermo con la hernia estrangulada? ¿Qué haría yo en ese caso? Aconsejadme, por favor. Hace cuarenta y ocho días que terminé la facultad con sobresaliente, pero el sobresaliente es una cosa y la hernia otra. En una ocasión vi cómo un profesor realizaba una operación de hernia estrangulada. El operaba y yo estaba sentado en el anfiteatro. Eso fue todo…»
Cada vez que pensaba en la hernia, un escalofrío me recorría la columna vertebral. Cada noche, después de tomar el té, me sentaba en una misma postura: bajo mi brazo izquierdo, estaban todos los manuales de cirugía obstétrica, y encima de ellos, el pequeño Doderlein. A la derecha, unos diez tomos diversos de cirugía práctica, ilustrados. Yo me lamentaba, fumaba, tomaba un té negro y frío…
(Mijail Bulgakov, Apuntes de un joven médico)

El maestro y Margarita ha sido llevada al cine, la televisión, el teatro, la animación y la novela gráfica, de manera que puede ser apreciada de la manera que cada uno encuentre de su gusto además de, por supuesto, la lectura de la novela.

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Master i Margarita (2005) — Obra teatral en Perm —  Novela gráfica de Tanaev

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Münchhausen

baron22El 11 de mayo de 1720 nació Hieronymus Karl Friedrich barón von Münchhausen. El barón peleó junto a los rusos en la guerra contra los turcos entre 1735 y 1739. A su regreso se hizo notorio en los círculos aristocráticos alemanes por sus fantásticos relatos basados en su carrera militar. Después de escuchar algunos de sus relatos, el escritor Rudolf Erich Raspe los utilizó para escribir unas exageradas historias que publicó en forma anónima en revistas alemanas y posteriormente en un libro impreso en Inglaterra. Temiendo acciones legales de parte del verdadero barón, Raspe nunca reconoció la autoría del libro.
Las aventuras del barón, narradas en primera persona, son un conjunto de aventuras imposibles, realizadas por el soldado y viajero, incluyendo viajar sobre una bala de cañón, pelear con un cocodrilo de cuarenta patas, y viajar a la luna. Intencionalmente cómicas, las historias de las absurdas hazañas del barón contienen una subyacente sátira social.
El libro, Narración de los maravillosos viajes y campañas del Baron Munchausen en Rusia, ya no es leído, pero permanece en la cultura popular de Alemania y de Rusia.
Adicionalmente, el médico británico Richard Asher propuso llamar Síndrome de Munchausen al desorden mental que hace que paciente mienta patológicamente atribuyéndose aventuras y viajes dramáticos y fantasiosos.

horsePensé que estarían persiguiendo al enemigo por otras calles, y consideré oportuno permitir a mi caballo acercarse a una fuente que allí había y dejar que bebiera. En efecto, púsose a beber el noble bruto y lo hacía de manera realmente asombrosa, como si tuviera una sed imposible de apagar. Muy pronto aclaré este fenómeno. Al mirar hacia atrás para ver si por fin venían los míos, descubrí con asombro que a mi cabalgadura le faltaba toda la parte trasera, de modo que el agua que bebía se le escapaba de inmediato por detrás.

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munchausen1Sólo esa parte trasera de mi caballo -que en un comienzo, quedó atrapada entre los enemigos-, les causó graves estragos, a pura coz. Luego se había dirigido hacia un prado cercano, donde la encontraría si me dignaba ir a buscarla. De inmediato, di la vuelta y a la mayor velocidad que me permitía mi medio corcel corrí al prado, donde con gran alegría encontré la mitad posterior, entregada a placenteras actividades con las yeguas que por allí correteaban.
Teniendo así la certeza de que ambas mitades de mi caballo estaban vivas y sanas, mandé llamar a nuestro veterinario. En el acto, él decidió unir las dos, partes, cosiéndolas con los tallos de un laurel que crecía en las cercanías.

munchhausen_8ballConfiando un poco ciegamente en mi valor, y arrastrado por mi sentido del deber, me ubiqué al lado de uno de nuestros más poderosos cañones, y en el instante en que el tiro salió, me arrojé sobre la bala y me así a ella con todas mis fuerzas, con la idea de pe¬netrar en la plaza por este medio. Estaba ya en mitad de mi vuelo cuando me di yadro2cuenta de lo difícil que resultaría volver. ¿Qué sucedería una vez que me encontrara en el interior de la plaza? Sin dudas sería descubierto y me ahorcarían. Éste no era un final digno de mí. Mientras hacía esta reflexión y otras por el estilo, advertí que a mi alrededor pasaban muchas balas de cañón en dirección contraria, las que desde la fortaleza disparaban contra nuestro campo. En cierto momento, una de ellas cruzó a muy poca distancia de mí; entonces, abandoné la mía para saltar sobre ella y así regresé con mi gente.

boden2

Los demás patos se acercaron también detrás del primero. Como el tocino es muy grasoso, rápidamente atravesaba al pato y salía por su otro extremo, y el siguiente pato se lo tragaba, y así sucesivamente. Muy pronto el cebo había pasado por todos los patos, que quedaron ensartados como cuentas en un collar. Contento con el resultado y con mi astucia, me enrollé la cuerda con los patos alrededor del cuerpo y emprendí el camino de regreso al hogar.
Tenía un buen trecho hasta casa, y al poco rato comencé a arrepentirme de haber capturado tantos patos. Fue entonces cuando sucedió algo inesperado. Los patos aún estaban vivos, y al recuperar poco a poco sus facultades, comenzaron a aletear vigorosamente, elevándose en el aire y elevádome por lo tanto a mí con ellos. Lejos de dejarme amedrentar por la situación, decidí usarla en mi provecho y, sirviéndome de los faldones de mi casaca, dirigí el vuelo en dirección a mi casa.

7Apeándome, aproximé el oído al suelo y descubrí con asombro que los gemidos provenían de debajo de la tierra, y no sólo eso, sino que pude distinguir las voces de mi esposa, mi teniente y el criado. Advertí entonces que, a poca distancia, se abría el pozo de una mina de carbón, y ante este descubrimiento ya no me quedaron dudas de que mi esposa y sus acompañantes habían caído en ella. Me dirigí a todo galope al pueblo, donde ubiqué fácilmente a los mineros. Después de denodados esfuerzos, consiguieron rescatarlos del pozo, que mediría cuando menos veinticinco metros de profundidad.
El primero en salir a la superficie fue mi criado con su caballo. Después le tocó a mi teniente con su cabalgadura, y por último, a mi esposa con la suya. Lo más curioso del caso fue que nadie -ni personas ni animales- habían sufrido más daño que unos leves magullones y un considerable susto.

117179638De mi caballo no había huellas, pero de pronto lo oí relinchar por encima de mi cabeza. Alcé la vista y vi con asombro que el pobre animal colgaba atado de la cruz del campanario.
De inmediato comprendí lo que había sucedido. Por la noche, había llegado al pueblo totalmente cubierto de nieve. Con el paso de las horas, al calor del Sol, la nieve se había ido fundiendo lentamente, haciéndome descender hasta el suelo. En la oscuridad, había creído atar mi caballo a un tocón, cuando en realidad lo estaba sujetando a la cruz del campanario, única parte de la iglesia que sobresalía de la nieve. Sin perder tiempo, apunté una de mis pistolas y disparé contra las bridas, recuperando así mi montura.
(Rudolf E. Raspe, El barón de Münchhausen)