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Bicicleta

Draisine1817El 12 de junio de 1817, Karl von Dreis muestra su “Laufmaschine”, llamada también “Draisienne”. Era un vehículo de dos ruedas en línea, impulsado por las piernas de conductor mientras caminaba o corría. Se le considera el precursor de la bicicleta, que es en principio el mismo vehículo pero impulsado por pedales y después por un sistema de piñones y cadenas.
Se dice que von Drais tuvo su inspiración en la necesidad de un vehículo que no dependiera de los caballos, escasos debido a las guerras y al llamado “año sin verano” (1816).
Von Drais también llamó a su vehículo un “velocípedo”, término que posteriormente se aplicó también a las bicicletas aunque de algún modo este término incluye los monociclos, triciclos y cuadriciclos.

Al_polo_australe_in_velocipedeLa situación de los atrevidos exploradores comenzaba a ser muy crítica y las esperanzas optimistas estaban a punto de desaparecer. Detenidos a más de trescientas cincuenta millas del polo, faltos de provisiones, a mil millas de la cabaña, a partir de ahora solo podían que contar con su fuerza y sus piernas.
El polo estaba cerca y con bicicletas podían alcanzarlo; pero ¿podrían regresar a la costa antes de que el terrible invierno cayera sobre ellos y convirtieran esas llanuras en un vasto desierto de nieve, imposible de cruzar? ¿Y además, podrían resistir el frío sin una estufa o una máquina para calentarlos, teniendo solo una lámpara y doce litros de alcohol? ¿Y podrían durar los víveres que empezaban a agotarse? ¿Qué lucha suprema estaban a punto de emprender y qué sufrimientos crueles estaban a punto de enfrentar?
(Emilio Salgari, Al Polo en velocípedo)

 

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Blanche D’Antigny

 

Dos tardes anduve dando rodeos, hasta que la tercera volví por el camino de la Fábrica y apenas vi a la muchacha, la alcancé y desmonté a la americana, saltando del asiento hacia atrás.
Los muchachos de hoy hacen reír cuando van en bicicleta: guardabarros, campanillas, frenos, faroles eléctricos, cambios de velocidad, ¿y después? Yo tenía una Frera cubierta de herrumbre; pero para bajar los dieciséis peldaños de la plaza jamás desmontaba: tomaba el manubrio a lo Gerbi y volaba hacia abajo como un rayo.
(Giovanni Guareschi, Don Camilo)

 

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(James Coates)

Una de las desconocidas iba empujando una bicicleta; otras dos llevaban palos de golf, y por su modo de vestir se distinguían claramente de las demás muchachas de Balbec, pues aunque entre éstas hubiera algunas que se dedicaban a los deportes, no adoptaban un traje especial para ese objeto.
Era aquella la hora en que damas y caballeros veraneantes solían dar su paseo por allí, expuestos a los implacables rayos que sobre ellos lanzaba, como si todo el mundo tuviese alguna tacha particular que había que inspeccionar hasta en sus mínimos detalles, los impertinentes de la señora del presidente de sala, sentada muy tiesa delante del quiosco de la música.
(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido)

 

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(Catherine Mirolubova)

– ¡Ya lo tengo! – exclamó Harris – Una excursión en bicicleta
George le miró poco convencido.
– En una excursión ciclista hay que subir muchas cuestas, y el viento sopla en contra…
– También hay bajadas y el viento sopla a favor de uno – dijo Harris.
– ¡Pues nunca me he dado cuenta de eso! – exclamó George.
– No se os podrá ocurrir nada mejor que una excursión en bicicleta… – añadió Harris.
Yo me sentía inclinado a darle la razón.
– Y os diré por donde – prosiguió –: por la Selva Negra.
– Si allí todo son cuestas… – protestó George.
– No, hombre; sólo unas dos terceras partes del recorrido. Además hay algo en que no has pensado…
(Jerome K. Jerome, Tres ingleses en Alemania)

 

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He viajado a pie, en auto, en bicicleta, en sexiciclo, en ferrocarril, en trasatlántico, en avión, en locomotora y en lancha. He cruzado túneles a oscuras andando, y he soportado veinte minutos de acrobacias aéreas en un aeroplano militar de caza, mientras el cinturón salvavidas se me desabrochaba y me obligaba a aferrarme con las dos manos al “baquet” para no dar un salto de 2.500 metros. En estas condiciones ejecutar volteretas en el aire, ver las nubes abajo y los campos, las casas y los árboles arriba, es bastante entretenido.)
(Enrique Jardiel Poncela, Amor se escribe sin hache)

 

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(James Crandall)

 

En un minuto otro esclavo forcejeaba en el aire. Era algo espantoso. Miré hacia otro lado unos segundos y cuando de nuevo me volví ya no encontré al rey. ¡Le estaban vendando los ojos! Me quedé paralizado; no conseguía moverme, me atragantaba, tenía la lengua como petrificada. Terminaron de vendarle y le condujeron debajo de la soga. No lograba liberarme de la sensación de impotencia. Pero, cuando le estaban colocando la soga alrededor del cuello, entonces explotó algo en mi interior y di un salto para acudir en su auxilio… y al hacerlo volví a mirar hacia el camino… y, irecontragaita!, he aquí que llegaban, a toda velocidad… ¡quinientos caballeros armados, con lanzas y espadas, en bicicletas!
Era el espectáculo más grandioso que jamás se hubiese visto. ¡Señor, cómo ondeaban los penachos, cómo brillaban al sol los manillares, cómo se filtraban sus rayos por entre las ruedas radiales!
(Mark Twain, Un yanqui en la corte del rey Arturo)

Imagen relacionadaSamuel Teece, el propietario de la ferretería, rió nerviosamente.
-Me pregunto qué le habrá pasado a Silly. Lo mandé con mi bicicleta hace ya una hora. Todavía no ha vuelto de casa de la señora Bordrnan. ¿Creen ustedes que ese negro tonto se habrá ido a Marte pedaleando?
Los otros gruñeron.
-Mejor será que me devuelva la bicicleta. No digo más, sí, señor. Por Dios, no permitiré que nadie me robe.
-¡Oigan!
Irritados, los hombres se volvieron, tropezando unos con otros.
(Ray Bradbury, Crónicas Marcianas)

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Al volver se quedó en el centro de la estancia, de espaldas a su mujer. Sacó el dinero del bolsillo. Y dijo a sus hijos:
—Podríamos ir al centro antes de que cerraran las tiendas, vosotros, yo y mamá, todos juntos, a comprar regalos para todos.
—¿Yo quiero una bicicleta! —exclamó Federico.
—Claro, tendrás una bicicleta.
Arturo no sabía lo que quería, ni August tampoco.
(John Fante, Espera la primavera Bandini)

 

Imagen relacionada

(Leon Francois Comerre)

Paréceme ahora casi increíblemente maravilloso que con ese peligro pendiente sobre nuestras cabezas pudiéramos ocuparnos de nuestras mezquinas cosillas como lo hacíamos. Recuerdo el júbilo de Markham cuando consiguió una nueva fotografía del planeta para el diario ilustrado que editaba en aquellos días. La gente de ahora no alcanza a darse cuenta de la abundancia y el empuje de nuestros diarios del siglo diecinueve. Por mi parte, yo estaba muy entretenido en aprender a andar en bicicleta y ocupado en una serie de escritos sobre el probable desarrollo de las ideas morales a medida que progresara la civilización.
(H. G. Wells, La guerra de los mundos)

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La Reina de Saba

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James Watson Little, La Reina de Saba

La Reina de Saba es un personaje interesante. Interesante porque no sabiéndose casi nada de ella, es ampliamente famosa. Todo lo que se conoce está en un pasaje bíblico y, partiendo de ahí, la fantasía de los autores se encargó de crear toda una leyenda que se extendió a las tradiciones judía, islámica y etíope, pasando posteriormente al mundo europeo y occidental.
Históricamente hablando no hay registro alguno de la existencia de la reina, y su reino se le ubica hipotéticamente en lugares diferentes como son el Yemen y Etiopía.
Aunque la biblia no menciona su nombre, en las diferentes tradiciones se le llama Belkis,  Balkis, Nicaula o Makeda.

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Nicolás de Verdún (s.XII), Salomón y la Reina de Saba

La reina de Saba había tenido noticias de la fama de Salomón y vino a preguntarle sobre cuestiones muy difíciles.
Llegó, pues, a Jerusalén con un gran número de camellos cargados de perfumes y de gran cantidad de oro y joyas. Cuando estuvo en la presencia de Salomón; ella le expuso todas sus dudas,y Salomón aclaró todos sus problemas. No hubo misterio que el rey no pudiera aclarar.
(1 Reyes 10)

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Konrad Kyeser (1402), La Reina de Saba

En las representaciones artísticas, aunque todas coinciden en su belleza, cambian en cuanto al color de su piel. En principio y dado su origen, ya sea el Yemen o Etiopía, se considera que era de raza oscura, y así se le representó en un comienzo. Pero durante el Renacimiento comenzó a ser representada como una mujer blanca y de rasgos europeos. El cine, en sus comienzos, también la mostró así y no fue hasta fines del siglo XX cuando recuperó el color oscuro más de acuerdo con la ubicación geográfica de su reino.

 

 

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Mattia Pretti, Salomón y la Reina de Saba

Conocida la ciencia de Salomón, que florecía en su tiempo, y que tenía
fama en todo el mundo, quedó maravillada, no como los locos e ignorantes que
tienen por costumbre menospreciar y desechar tales cosas, y no admirarse de
ellas.
Lo que es más, no sólo Nicaula estaba llena de admiración, sino que
abandonó su ilustre reino, salió de Meroe, que está situada prácticamente al otro
lado del mundo, y por Etiopía, Egipto, las costas y puertos del mar Rojo y los
desiertos y yermos de Arabia, con tan noble compañía y magnífico gasto y con
mucha gente y compañía real llegó a Jerusalén para oírle.
(Boccaccio, De las mujeres ilustres)

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Nicolas Vleughels, Salomón recibe a la Reina de Saba (fragmento)

 

Balkis inclinó su hermosa cabeza hacia abajo y susurró: “Pequeña, ¿crees lo que acaba de decir tu marido?”
La Esposa de la Mariposa miró a Balkis, y vio que los ojos de la Reina más hermosa brillaban como profundas piscinas reflejando la luz de las estrellas, y juntó su coraje con ambas alas y dijo: ‘Oh Reina, sé hermosa para siempre. Ya sabes cómo son los hombres’.
Y la reina Balkis, la sabia Balkis de Saba, se llevó la mano a los labios para ocultar una sonrisa y dijo: ‘Hermanita, lo sé’.
(Rudyard Kipling, Precisamente así)

 

 

 

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Betty Blythe, La Reina de Saba (1921)

 

 

 

Amé a una joven hermosa 
como nadie recordaba:
en verdad maravillosa
era otra reina de Saba
(George Wither)

 

 

 

 

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Leonora Ruffo, La Reina de Saba (1952)

 

 

Y los Monarcas recurrirán a la tuya
Como la Reina de Saba a la corte de Judá;
Volviendo de allí más obligados
A maravillarse, envidiar y adorar
(Katherine Philips)

 

 

 

gina lollobrigida salomon y sheba 1959

Gina Lollobrigida, Salomón y Saba (1959)

 

 

 

Todas, excepto sus gloriosas capillas, esas que diseñamos
Las Arcas más sagradas. – Todas, unidas juntas, pueden
A los que se acercan, incluso la reina de Saba, sorprender
Con gran placer. y en ellas quedarse con gran asombro;
(Edward Benlowes)

 

 

 

 

 

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Halle Berry, Salomón y Saba (1995)

 

Cuenta también la Escritura que cuando la reina de Saba, mujer de gran inteligencia, oyó hablar de la sabiduría de Salomón, cuya fama se había extendido por todo el mundo, quiso ir a verle. Viajó entonces desde la tierra más lejana del mundo, cabalgando desde los confines de Oriente, atravesó Etiopía y Egipto y cruzó el mar Rojo y los inmensos desiertos de Arabia.
Acompañada por un gran séquito de príncipes, señores, caballeros y nobles damas, llegó cargada de tesoros a la ciudad de Jerusalén para visitar al rey y comprobar si era merecida su fama.
Cristina de Pizan (La Ciudad de las mujeres)

 

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Vivica A. Fox, Salomón (1997)

De este, pues, lunar del orbe,
si bien lunar con belleza;
de ésta, pues, mancha con arte,
es emperatriz y reina Sabá,
que aunque no es su nombre,
sino Nicaula Maqueda,
por sus imperios así la suelen llamar,
y ella lo permite,
porque tanto de sus imperios se precia.
No te quiero numerar su majestad y grandeza,
su poder y su valor,
(Calderón de la Barca, La Sibila del Oriente y gran reina de Sabá)

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Los personajes del relato

LOS PERSONAJES DEL RELATOisla4
(Robert Louis Stevenson, Fábulas)

Concluido el Capítulo 32 de La isla del tesoro, dos de los títeres se fueron a pasear y a fumar una pipa antes de reanudar su trabajo. Se encontraron en un campo, no lejos de donde transcurría la narración.
—Buenos días, Capitán —saludó el primer oficial, con gesto soldadesco y expresión radiante.
—¡Ah, Silver! —masculló el otro—. Ésas no son maneras, Silver.
—Verá usted, capitán Smollet —protestó Silver—, el deber es el deber, y yo lo sé mejor que nadie. Pero ahora estamos de descanso, y no veo ninguna razón para guardar las formas morales.
—Es usted un granuja de cuidado, amigo mío —respondió el Capitán.
—Vamos, vamos, Capitán, seamos justos —dijo el otro—. No hay razón para enfadarse conmigo en serio. No soy más que el personaje de un cuento de marinos. En realidad no existo.
isla1—Tampoco yo existo en realidad, o eso se me figura —asintió el Capitán.
—Yo no pondría límites a lo que un personaje virtuoso pudiera tomar por disputa —contestó Silver—. Pero soy el villano de esta historia. Y, de marino a marino, me gustaría saber cuáles son las posibilidades.
—¿Es que no le enseñaron el catecismo? —preguntó el Capitán—. ¿No sabe usted que existe una cosa llamada autor?
—¿Una cosa llamada autor? —repitió John, con sorna— ¿Quién mejor que yo? La cuestión es si el autor lo creó a usted, y si creó a John el Largo y si creó a Hands y a Pew, y a George Merry, aunque tampoco es que George pinte gran cosa, porque es poco más que un nombre; y si creó a Flint, o lo que queda de él. Y si creó este motín, que le ha causado a usted tantas fatigas. Y si mató a Tom Redruth. Y, bueno… si eso es un autor, ¡que me ahorquen!
—¿No cree usted en un estado futuro? —le interpeló Smollet—. ¿Cree que no hay nada más que esta historia en un papel?
—No sabría qué decirle a eso —respondió Silver— y la verdad es que tampoco veo qué relación puede tener. Lo que sí sé es que, si de verdad existe esa cosa llamada autor, yo soy su personaje favorito. Me entiende mejor que a usted; ya lo creo que me entiende. Y le gusta darme vida. Me hace pasar la mayor parte del tiempo en cubierta, con muleta y todo, mientras que a usted lo encierra en la bodega a pasar el sarampión, donde nadie lo ve, ni ganas de verlo que tiene, ¡por eso sí que puede usted apostar! Si ese autor existe, ¡qué diantres!, lo que es seguro es que está de mi parte, ¡por eso sí que puede apostar!
—Ya veo que el autor le está dando mucha cuerda —señaló el Capitán—. Pero eso no puede cambiar las convicciones de un hombre. Sé que el autor me respeta: lo noto en los huesos. Cuando usted y yo tuvimos esa conversación en la puerta del fortín, ¿de qué lado cree que se puso el autor, amigo mío?
isla3.png—¿Y a mí no me respeta? —protestó Silver—. ¡Tendría que haberme oído sofocando el motín: a George Merry y a Morgan y a todos los demás! ¡Y hace sólo un momento, en el capítulo anterior! ¡Se habría enterado de lo que es bueno! ¡Habría visto lo que el autor piensa de mí! Pero, dígame una cosa, ¿de verdad se tiene usted por un personaje virtuoso de la cabeza a los pies?
—¡Dios no lo quiera! —exclamó el Capitán solemnemente—. Soy un hombre que procura cumplir con su deber y a veces lo enreda todo. Me temo que en casa no soy muy popular, Silver —suspiró el Capitán.
—Ya —dijo Silver—. ¿Y qué me dice de esta segunda parte de la historia? ¿Seguirá siendo usted el capitán Smollet, como siempre, y no muy popular en casa, como bien dice? En tal caso, ¿por qué truenos repite La isla del tesoro? Yo seguiré siendo John el Largo, y Pew seguirá siendo Pew. Y ya verá como tenemos otro motín. ¿O será usted un personaje distinto en esta ocasión? Y en tal caso, ¿por qué? ¿Acaso es usted mejor por eso? ¿Y soy yo peor?
—Verá, amigo mío, la verdad es que no entiendo cómo está ocurriendo todo esto. No veo cómo es posible que usted y yo, que no existimos, estemos aquí conversando y fumando una pipa ante el mundo entero, como si fuésemos de carne y hueso. Pues bien, de ser así: ¿quién soy yo para soltar mis opiniones? Sé que el autor está de parte del bien. Me lo cuenta cuando se le acaba la tinta mientras está escribiendo. Y eso es todo cuanto yo necesito saber. Por lo demás, afrontaré los riesgos.
isla2—Es evidente que parecía estar en contra de George Merry —concedió Silver, en tono pensativo—. Claro que George es poco más que un nombre, en el mejor de los casos —añadió, animándose un poco—. Pero, vayamos por una vez a lo esencial. ¿Qué es el bien? Yo organicé un motín, y soy un caballero de fortuna. Usted, a juzgar por lo que se dice, no es ningún santo. Yo soy un hombre de trato fácil. No es su caso: hasta usted mismo lo reconoce. Y a mí no se me escapa que es usted un diablo de cuidado. ¿Qué es qué? ¿Qué es el bien y qué es el mal? ¡Dígamelo usted! Estamos aquí a la espera, ¡por eso sí que puede apostar!
—Ninguno de los dos somos perfectos —respondió el Capitán—. Eso es una verdad incontestable, amigo mío. Yo sólo digo que trato de cumplir con mi deber, y lo cierto es que no puedo felicitarle por sus éxitos, si es que usted también procura cumplir con el suyo.
—Con que ¿era usted el juez? —contestó Silver, con gesto socarrón.
—Para usted, amigo mío, seré el juez y el ahorcado, y sin pestañear —dijo el Capitán—. Incluso voy más allá. Quizá no suene a teología de la buena, pero el sentido común nos dice que lo bueno es además útil, o algo así, más o menos, que tampoco quiero yo pasar por un filósofo. Ahora bien, ¿a dónde iría a parar una buena narración si no hubiera personajes virtuosos?
—Si vamos a eso —replicó Silver—, ¿cómo empezaría una buena narración si no hubiera villanos?
—Eso mismo digo yo —asintió el capitán Smollet—. El autor necesita una historia. Eso es lo que quiere. Y para conseguirla, y ofrecer una oportunidad como es debido a un hombre como el doctor, pongamos por caso, necesita contar con hombres como usted y como Hands. ¡Pero él está del lado del bien! ¡Ándese con mucho ojo! Usted todavía no ha entrado en esta historia. Se le avecinan problemas.
—¿Cuánto quiere apostar? —le retó John.
—Eso me trae sin cuidado —contestó el Capitán—. Me contento con ser Alexander Smollet, aunque sea un mal hombre. Y de rodillas doy gracias a mis astros por no ser Silver. Pero se está destapando el tintero. ¡A nuestros puestos!
Y, efectivamente, el autor ya había empezado a escribir estas palabras:
Capítulo XXXIII

2

Moscú

Del 4 de abril de 1147 data el primer registro histórico de la ciudad de Moscú.
Moscú (en ruso Moskvá) es la capital y la ciudad más poblada de Rusia. Dentro de los límites de la ciudad viven 13.2 millones de personas. Constituye el centro político, económico, cultural y científico de Rusia y de Europa Oriental. Los asentamientos humanos a orillas del rio Moskvá datan del Neolítico, pero se estima que la ciudad fue fundada a comienzos del siglo XII

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Ramil Gappasov, Catedral de Cristo el Salvador

Cuando el doctor y Vasia llegaron a Moscú, era la primavera del año 1922, en los comienzos de la NEP. Los días eran tibios y luminosos. Los rayos del sol reflejados por las cúpulas doradas del templo del Salvador, caían sobre la plaza de grandes losas de piedra cuadrangulares, entre los intersticios de las cuales crecía ya la hierba.
(Boris Pasternak, El doctor Zhivago)

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Yuliya Zhukova, A orillas del rio Yauza

Mire hacia aquí —dijo levantándose de la mesa y acercándose con excitación al mapa de Moscú que colgaba de la pared, al lado de la puerta—. Éste es el puente del río Maly Yauza.
Desde aquí, nuestro hombre se fue caminando por la calle Yauzkaya, y anduvo vagando por ahí una hora más o menos, hasta que lo vemos aparecer de nuevo aquí, en el callejón Podokolony, cerca de la sede de la compañía de seguros.
(Boris Akunin, El Ángel Caído)

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Salomon Boim, La calle Sadóvaya

Ah, sí, es preciso señalar la primera particularidad de esta siniestra tarde de mayo. No había un alma junto a la caseta, ni en todo el bulevar, paralelo a la Málaya Brónnaya. A esa hora, cuando parecía que no había fuerzas ni para respirar, cuando el sol, después de haber caldeado Moscú, se derrumbaba en un vaho seco detrás de la Sadóvaya, nadie pasaba bajo los tilos, nadie se sentaba en un banco: el bulevar estaba desierto.
(Mijail Bulgakov, El maestro y Margarita)

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Alexei Shalaev, El sol sobre los tejados de la calle Petrovka

Consultó la libreta de teléfonos e hizo dos llamadas breves. Para trabajar con Bondarenko había tenido que recurrir a la gente del distrito Oriente de Moscú. El propio Arsén tenía en sus manos todos los hilos que conducían a la Dirección General del Interior de la ciudad, a Petrovka, 38. Cuando Arsén sólo estaba ideando y empezando a crear su organización o, como solía llamarla, la Oficina, quiso darle la mayor envergadura posible.
(Alexandra Marinina, El sueño robado)

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La Estación de Leningrado, Moscú

En una ancha calle de Moscú, situada a menos de doscientos metros de la estación de Leningrado, en el último piso de un recargado y horrible hotel construido por Stalin en e! estilo conocido por los moscovitas como «Imperio durante la Peste», la primera feria de material sonoro para la enseñanza de! idioma inglés y la difusión de la cultura británica, organizada por el Consejo Británico, se arrastraba penosamente a su fin.
(John Le Carré, La Casa Rusia)

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Ilona Kalenich, El palacio Tsaritsino

Si el Zar había abandonado tan inopinadamente los salones del Palacio Nuevo en un momento en que la fiesta dedicada a las autoridades civiles y militares y a los principales personajes de Moscú estaba en pleno apogeo, era porque graves acontecimientos estaban desarrollándose más allá de la frontera de los Urales. Ya no cabía ninguna duda. Una formidable invasión estaba amenazando con sustraer las provincias siberianas al dominio ruso.
(Julio Verne, Miguel Strogoff)

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Aleksandr Starodubov, Moscú en Invierno

Levin quedó al otro extremo de la mesa y, mientras hablaba con la Princesa y Varenka, veía cómo entre Oblonsky, Dolly, Kitty y Veselovsky se mantenía una charla animada y misteriosa. Y notaba, además, en el rostro de su mujer la expresión de un sentimiento serio, mientras, sin apartar los ojos, miraba el agradable semblante de Veselovsky, quien hablaba con animación.
–Están muy bien –decía Veselovsky, refiriéndose a Vronsky y Ana–. No soy quién para juzgar, pero en su casa se siente la impresión de vivir como en una verdadera familia.
–¿Y qué piensan hacer?
–Parece que se proponen pasar el invierno en Moscú.
(Lev Tolstoi, Ana Karenina)

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Abeja

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Bajo relieve egipcio

La abeja es un insecto himenóptero. La apicultura, es decir la crianza de abejas, se practica desde hace milenios, por ejemplo en Egipto y en Grecia. La abeja tiene presencia en la mitología y el folklore, el arte y la literatura.

Las abejas juegan un importante papel en la polinización, y son el más abundante tipo de polinizador en los ecosistemas con plantas con flores. Se estima que un tercio de los alimentos consumidos por los humanos depende de la polinización por aves, murciélagos e insectos, la mayoría de estos, abejas, ya sean silvestres o domesticadas.

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Susie Morrell

¿Para quién fabrica
la abeja su miel?…
¿Para quién el astro
derrama su luz?…
¿Para quién da aroma
la violeta azul?…
(Vicenta Castro Cambón)

 

 

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Pam Johnson

 

 

Naturaleza mía, la que fuera
Como pesada abeja en primavera,
Ociosa y hecha para siestas de oro,
Voraz, aletargable, mudadera.
(Alfonsina Storni)

 

 

 

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Lynn Martin

 

 

Ya cuando vive en últimos desvelos
pasaba de su sueño a sus querellas,
sale la abeja entre las flores bellas,
las aves por el aire esparcen vuelos.
(Lope de Vega)

 

 

 

 

 

 

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Colmena de la tarde, diálogo del vergel: 
la palabra es abeja, pero el silencio es miel.
(Jaime Torres Bodet)

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Juan Bosco

 

 

Pincel que te dibuja estremecida
rama en el agua azul de mis anhelos
pasa por mí, y se lleva mi dulzura
como un rayo de luz que fuese abeja.
(Josefina Pla)

 

 

 

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Suren Nersisyan

 

 

El olor del campo
se mezclaba al de la cera
derretida; sobre el cristal zumbaba
obstinada una abeja…
(Dude María Loynaz)

 

 

 

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April McCarthy

 

 

 

Todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta…
(Idea Vilariño)

 

 

Elise Gunderson

Elise Gunderson

 

 

Tu alma desolada de algazara viste,
llena tu alma enferma de la risa loca;
liba, cual abeja, la miel de otra boca,
que hoy es año nuevo, peregrino triste.
(Teófilo Méndez Ramos)

 

 

 

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Anna Brigitta Kovacs

 

 

Cual suele abeja inquieta, revolando
por florido pensil entre mil rosas,
hasta venir a hallar las más hermosas,
andar con dulce trompa susurrando;
(Juan Meléndez Valdés)

 

 

 

 

 

 

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Todo en silencio está. Bajo la parra
yace el lebrel por el calor rendido.
Torna a la flor la abeja, el ave al nido,
y a dormir nos invita la cigarra.
(Francisco Villaespesa)

 

 

 

 

 

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Mira volar la abeja susurrante
en torno de las violas olorosas,
y su néctar le ofrecen amorosas,
zagala; que es la flor también amante.
(Abate Marchena)

 

 

 

Biene (1)

 

Más ansiosa que la abeja
es su perfume embriagada
vago errante, sin aliento
en torno de sus guirnaldas.
(Carolina Coronado)

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Mandolina

. . .
“Y de su mandolina
salen ríos cisnes pájaros lluvias amores
y canciones de humanos desconocidos
sueños vivos brotan
del corazón de aquella delicada joven”
(Eddy Rafael Pérez)

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Berthe Morisot, Niña con mandolina

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Madeleine Jeanne Lemaire, Dama con mandolina

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Charles Amable Lenoir, La mandolina

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Natasha Milashevich, Mandolina

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Wei Tai, Mandolina

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Camille Corot, Gitana con mandolina

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Marcel Dyf, Mandolina

 

OBERÓN.- Silencio. Robín, quita esa cabeza.
Titania, suene una música que envuelva a estos cinco en el sueño más profundo.
TITANIA.- ¡Música, una música que hechice el sueño!
(Shakespeare, Sueño de una noche de verano)

 

 

 

FERNANDO.- ¿De dónde sale esta música? ¿Del aire o de la tierra? Ha cesado. Sin duda suena por un dios de la isla. Sentado en la playa, llorando el naufragio de mi padre, el rey,
esta música se me insinuó desde las aguas, calmando con su dulce melodía
su furia y mi dolor. La he seguido desde allí, o, más bien, me ha arrastrado. Mas cesó.
No, vuelve a sonar.
(Shakespeare, La tempestad)

 

 

 

 

ROSALINA.-Hace un instante la luna estaba llena; ahora ha habido cambio. (Los músicos empiezan a tocar al fin.)
EL REY.-No por ello dejáis de ser luna, ni yo el caballero de la luna. Y puesto que la música suena, dignaos seguirla.
ROSALINA.-Nuestros oídos lo hacen.
(Shakespeare, Trabajos de amor perdidos)

 

 

 

 

 

 

REY.- Os lo ruego, levantadme y llevadme a otro aposento. Despacio, os lo ruego.
Mis nobles amigos, no haya ruido, a no ser que una mano sedante y bondadosa le susurre música a mi ánimo cansado.
(Shakespeare, El rey Lear)

 

 

 

 

ORSINO.- Más música, oh, dadme más música…Buenos días, amigos. Venga, Cesario, sólo un fragmento… Sea de aquella canción de anoche, tan evocadora, tan antigua…Fue un bálsamo para mi pasión. Mucho más que las melodías banales o las afectadas, tan de moda en estos tiempos de aturdimiento. Ea, sea tan sólo un verso…
(Shakespeare, Noche de Reyes)

 

 

 

 

 

 

BENEDICT.- …
Mientras no se junten en una mujer todas las gracias, no entrará ninguna en gracia conmigo. Habrá de ser rica, eso sin duda; discreta, o no la querré; virtuosa, o jamás haré contrato con ella; hermosa, o no la miraré nunca; dulce, o procuraré no acercarme; noble, o no me conquista, aunque sea un ángel; de agradable discurso, excelente cultivadora de la música, y sean sus cabellos del color que a Dios plazca.
(Shakespeare, Mucho ruido y pocas nueces)

 

 

 

RICARDO.- …
¿Oigo música? ¡Eh, eh, lleva el ritmo!
¡Qué amarga es la música dulce cuando no se observa ritmo ni medida!
Así ocurre en la música del hombre. Yo aquí tengo finura de oído para advertir discordancias en la cuerda,
mas, respecto a la concordia de mi reino, no he tenido oído para oír mis disonancias.
(Shakespeare, Ricardo II)

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Mercurio

mercurio mapa topográfico

Mapa topográfico de Mercurio

Mercurio es el planeta más cercano al sol. Su período orbital es de 87,97 días y es el más corto de todos los planetas del Sistema Solar. Su nombre se debe al dios romano Mercurio, el mensajero de los dioses. Su órbita es excéntrica, por lo que en su afelio está a 69 millones de kilómetros del Sol y en su perihelio a solo 46 millones.
Dos naves espaciales han visitado el planeta, el Mariner 10 en 1975 y el Messenger en el 2004.
La superficie de Mercurio es similar a la de la Luna, con cráteres profundos y otros extensos parecidos a los “mares” de nuestro satélite.
La temperatura de la superficie de Mercurio varía entre los -173°C y los 427°C dependiendo de si la región del planeta está expuesta al sol o está en el lado oscuro.
Las primeras observaciones registradas del planeta Mercurio datan de los astrónomos asirios del siglo XIV a.de C. Los babilonios llamaron al planeta “Nabu”, por el nombre del mensajero de los dioses en su mitología.
Aunque alcanzar Mercurio es muy complicado, se requiere más energía que para incluso escapar del Sistema Solar, y que las condiciones de la superficie son imposibles, la literatura de ciencia ficción abunda en aventuras en este planeta.

mercurio1Una semana antes, Conway había dicho a Lucky con acento indiferente, casi como si le ofreciera unas vacaciones.
—¿Te gustaría ir a Mercurio, Lucky?
—¿Qué pasa, tío Héctor? —preguntó Lucky.
—En realidad, nada —dijo Conway, frunciendo el ceño—, a excepción de cierta política barata. Estamos financiando un proyecto bastante caro en Mercurio, uno de esos asuntos de investigación básica que quizá no lleve a ninguna parte, ya sabes y, por otro lado, quizá sea verdaderamente revolucionario. Hay que correr el riesgo, como en todas esas cosas.
Lucky dijo: —¿Es algo que yo sepa?
—No lo creo. Es bastante reciente. De todos modos, el senador Swenson lo ha utilizado como ejemplo de cómo malgasta el Consejo el dinero de los contribuyentes. Ya conoces el paño. Está presionando para que se realice una investigación, y uno de sus muchachos salió hacia Mercurio varios meses atrás.
(Isaac Asimov, Lucky Star y el Gran Sol de Mercurio)

mercurio2A nueve millones de millas de la parte solar de Mercurio con el Leverrier girando en una serie de espirales que debían llevarle hacia el más pequeño mundo del Sistema Solar, el segundo piloto, Lon Cutris decidió poner fin a su vida.
Curtis había estado aguardando ansiosamente que se efectuase el aterrizaje; su tarea en la operación ya había concluido, al menos hasta que los planos de aterrizaje del Leverrier rozasen la esponjosa superficie de Mercurio. El eficaz sistema de enfriamiento por sodio anulaba los esfuerzos del monstruoso Sol visible a través de la pantalla posterior. Para Curtis y sus siete compañeros de tripulación, no había problemas; sólo tenían que esperar mientras el autopiloto iba descendiendo la nave espacial en lo que iba a ser el segundo aterrizaje del Hombre en Mercurio.
(Robert Silverberg, Amanecer en Mercurio)

mercurio3“Ninguno de los cuatro hombres que acababan de efectuar el aterrizaje violento en el primer planeta del Sistema tenía noticias de la existencia de seres vivos en Mercurio. Es más, dada la proximidad de Mercurio al Sol, unos 58 millones de kilómetros (0,389 U. A.), la temperatura de aquel mundo ardiente pasaba de los ciento cuarenta grados centígrados sobre cero y ningún astrofísico habría osado imaginar siquiera la posibilidad de vida orgánica allí.
Pero las dos figuras caminaban por la amarilla hendidura y no eran fruto de ningún espejismo. Eran seres vivos y, aparentemente, su forma análoga a los humanos de la Tierra.
—Grund, ve a buscarme los prismáticos— dijo uno de los terrestres dirigiéndose al que miraba a los extraños seres formando visera con su mano enguantada sobre el cristal de su casco escafandra.”
(Peter Kapra, Cuatro a Mercurio)

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Chesley Bonestell, Mercurio

Kaunas se puso de pie
—Oiga…, espere…
Wendell Urth se volvió resueltamente hacia él:
—Ya no hace falta esperar, doctor Kaunas. Mercurio es el único cuerpo celeste de tamaño considerable de todo el Sistema Solar que presenta constantemente la misma cara al Sol. Incluso teniendo en cuenta la libración, tres octavas partes de su superficie están sumidas en una noche eterna, sin ver jamás al Sol. El observatorio polar está enclavado al borde del hemisferio oscuro. Durante diez años, usted se ha acostumbrado a la existencia de unas noches inmortales, a una superficie sumida en eternas nieblas, y por lo tanto confió una película impresionada a la noche de la Tierra, olvidando en el nerviosismo del momento que en nuestro planeta las noches mueren indefectiblemente .
(Isaac Asimov, La noche moribunda)

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Dorje Bellbrook, Destino: Mercurio

Puede que la Academia de la Patrulla no tenga edificios cubiertos de hiedra, ni paseos con árboles; pero no le falta sitio. Hay cadetes en cada lugar de la Federación, desde las naves que circundan Venus, o que trazan mapas del suelo quemado de Mercurio, hasta las naves que patrullan los satélites de Júpiter.
Incluso en los vuelos de exploración hasta las fronteras congeladas del sistema Solar, que duran muchos años, van cadetes… que son graduados como miembros, cuando sus capitanes creen que están listos, sin que tengan que esperar a volver a la base.
(Robert Heinlein, Cadete del Espacio)

Resultado de imagen para caceria interplanetariaEl Cometa Almussen se acercaría mucho al Sol. La radiación solar con su terrible poder incontrolado, podría ser fatal para cualquier ser viviente en el cometa. Una espacio-nave aislada puede sobrevivir por un cierto tiempo en Mercurio, e incluso un estrecho canal de radio es posible en el pequeño planeta próximo al Sol. Pero el Cometa Almussen sobrepasaría la órbita del planeta Mercurio. A tal distancia, la tremenda radiación del Sol destruiría instantáneamente, como en un cortocircuito, un cerebro humano a su alcance. Ni aun la mejor armadura concebible serviría de nada. Además, la masa del cometa podría producir el levantamiento de enormes mareas. Si aquello ocurría, el extraño vagabundo intergaláctico sería tragado y devorado en colosales cataratas de fuego sólido.
(Arthur K. Barnes, Cacería Interplanetaria)

Ord estaba sentado en su sillón giratorio contemplando el Sistema Solar. La claridad de mercurio5visión, no afectada por la cortina de doscientas millas de atmósfera de la Tierra, era tal, que desde su posición en la órbita de Plutón podía ver perfectamente, sin ningún aparato óptico, todos los planetas excepto el propio Plutón, oculto en un racimo de brillantes estrellas, y Mercurio, eclipsado en aquel momento por el Sol.
Pero Ord sabía exactamente dónde tenía que mirar. Todos los días, durante dos mil jornadas, había estado mirando el Sistema Solar. Había visto a Mercurio girar alrededor del Sol veinticinco veces; a Venus, más reposado, nueve; la Tierra había dado seis de los viajes familiares a través del espacio que significan años; Marte estaba en su cuarto viaje; pero Júpiter no había dado más que media vuelta.
(J. T. McIntosh, El hechizo de la soledad)

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Ken Fagg, Cascadas de lava en Mercurio

La primera sorpresa nos la llevamos al ver el lado diurno del planeta. No sé por qué, todos habíamos imaginado que se asemejaría mucho a la Luna y estaría cubierto de cráteres y cadenas montañosas. Pero no era así. No hay montañas en la parte de Mercurio que da al Sol; sólo se ven algunas colinas poco elevadas y grandes planicies resquebrajadas. La razón de esto es obvia; la temperatura en esa zona de sol perpetuo sobrepasa los mil grados. No basta para fundir las rocas, pero las ablanda, y la gravedad hace el resto. Con el transcurso de las edades, las montañas que puedan haber existido en el lado diurno de Mercurio se fueron aplastando hasta desaparecer. Sólo las había alrededor del hemisferio nocturno, donde la temperatura es mucho menor.
(Arthur C. Clarke, Islas en el Cielo)

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Dalila

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Hedy Lammar, “Sansón y Dalila” (1949)

“Después de esto, Sansón se enamoró de una mujer del Valle de Sorec, que se llamaba Dalila.
Los príncipes de los Filisteos fueron a ella y le dijeron: «Persuádelo, y ve dónde está su gran fuerza, y cómo podríamos dominarlo para atarlo y castigarlo. Entonces cada uno de nosotros te dará 1,100 monedas de plata»”.
(Jueces 16:4-5)

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Maria Corda, “Sansón y Dalila” (1922)

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Valia, “Sansón y Dalila” (1922)

 

 

 

 

 

 

 

Dalila es un interesante personaje de la Biblia. Por siempre ha sido considerada el prototipo de la mujer engañosa y traidora porque entregó al héroe israelita Sansón, a sus enemigos los filisteos. Pero, Dalila era filistea, y logró la captura del hebreo que se había convertido en un incordio para los filisteos. Entonces, ¿por qué traidora?, en primer lugar la Biblia dice que Sansón se enamoró de ella, no que ella amara a Sansón. Tampoco sabemos en qué condiciones la tomó, y no se puede descartar una situación forzada porque sabemos como manejaba Sansón sus relaciones amorosas. Cuando se le antojó la mujer de Timna, le dijo a su padre: “Toma a ésa para mí, porque esa es la que me gusta”, así de fácil. Entonces, es razonable esperar que Dalila fuese más leal a su pueblo que a ese bruto israelita que era Sansón.

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Rosalba Neri, “Los Jueces de la Biblia” (1965)

Dalila es víctima de un doble estándar frecuente en la Biblia. Jael, mujer madianita que traidoramente mata a Sísara, es considerada una heroína, no una traidora, a pesar de que claramente lo es. Así mismo Judit, que se mete con Holofernes con el único propósito de matarlo, es considerada una heroína y casi una santa (una santa cortadora de cabezas a sangre fría). No era una traidora, evidentemente, pero que fue engañosa y retorcida no se puede dudar.
Pobre Dalila, su problema es que la historia la contaron los israelitas, no los filisteos, porque para su gente fue lo que hoy se llamaría una heroína salvadora de la patria.
¡Ah! también es interesante lo de Sansón, Juez de los israelitas, mucho se habla de la fuerza con que su dios lo bendijo, pero no mencionan que olvidó darle un cerebro algo más grande que el de un mosquito, y de eso, Dalila no tenía la culpa…

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Elizabeth Hurley, “La Biblia: Sansón y Dalila” (1996)

 

 

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Belinda Bauer, “Sansón y Dalila” (1984)

 

 

 

 

 

 

La historia de Sansón y Dalila ha inspirado una buena cantidad de obras literarias, de la pintura, la ópera, el teatro, la música y, por supuesto, del cine.

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Mel Lisboa, “Sansón y Dalila” (2011)

Las versiones cinematográficas son numerosas, comenzando en 1914, creo. Las representadas aquí son: “Sansón y Dalila” (1922), “Sansón y Dalila” (1922), “Sansón y Dalila” (1949), “Hércules, Sansón y Ulises” (1963), “Los Jueces de la Biblia” (1965), “Sansón y Dalila” (1984), “La Biblia: Sansón y Dalila” (1996), “Sansón y Dalila” (2011) y “La Biblia” (2013)

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Liana Orfei, “Hércules, Sansón y Ulises” (1963)

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Kierston Waering, “La Biblia” (2013)

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Vals

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Vals, del alemán Walzer, es un baile de salón y una danza folklorica. Hay referencias a una danza que implicaba un deslizamiento en el siglo XVI en Europa. En el siglo XVIII hay referencias a una danza que se consideraba algo indecente puesto que implicaba contacto físico entre los bailarines. Sin embargo a fines de ese siglo ya se había popularizado en la corte vienesa, aunque continuó siendo reprobado en los ámbitos más conservadores.
Fue Johann Strauss, un músico austríaco, y su dinastía, quienes llevaron el vals a su máxima expresión artística, haciéndolo popular en toda Europa.

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Wilhelm Gause, Vals vienés

Ya tuve el gusto de ser presentado a ella, como recordará usted, Condesa dijo el príncipe Andrés con una sonrisa cortés y profunda que estaba completamente en contradicción con lo que había dicho la señorita Perouskaia con respecto a la grosería del Príncipe, quien se acercó a Natacha y se dispuso a pasarle el brazo por la cintura antes de invitarla a bailar. Le propuso una vuelta de vals. La expresión de desespero de Natacha, tan pronta al dolor como al entusiasmo, se desvaneció súbitamente con una sonrisa de felicidad, de agradecimiento infantil.
«Hacía mucho tiempo que lo esperaba», parecía que dijera la sonrisa de aquella chiquilla asustada y satisfecha cuando apoyó el brazo en el hombro del príncipe Andrés. Era la segunda pareja que entraba en el círculo.
(Lev Tolstoi, La Guerra y la Paz)

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Vasyl Khodakivsky, Vals

A las tres de la mañana comenzó el cotillón. Emma no sabía bailar el vals. Todo el mundo valseaba, incluso la misma señorita d’Andervilliers y la marquesa; no quedaban más que los huéspedes del palacio, una docena de personas más o menos.
Entretanto, uno de los valseadores, a quien llamaban familiarmente «vizconde», y cuyo chaleco muy abierto parecía ajustado al pecho, se acercó por segunda vez a invitar a Madame Bovary asegurándole que la llevaría y que saldría airosa.
(Gustave Flaubert, Madame Bovary)

 

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August Albo, Vals vienés

El ingeniero dijo que se tocara lo que más le gustase al señor de la casa; la señorita Hoffman pidió la canción de Boston titulada La chaquetita de color marrón listada; Franzi Roth aclaró que, si no se tocaba un tango, le daba lo mismo cualquier cosa. Al fin se pusieron de acuerdo en que se tocara un vals.
Se bailó en la habitación contigua. El consejero comercial y el pintor académico formaron lo que se llama la «isla», dejando que las parejas bailaran a su alrededor e intercambiando en voz baja sus opiniones sobre las excelencias estéticas de las damas allí presentes.
(Leo Perutz, A dónde vas, manzanita)

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Leonid Afremov, Vals

 

—No está usted cometiendo ningún delito. ¿Por qué no baila el vals conmigo?
—Si mamá viese lo…
—¿Aún está cosida a la falda de su mamá?
—Tiene usted un modo detestable de representar como estúpida toda virtud.
—Las virtudes son todas estúpidas. ¿Qué le importa lo que diga la gente?
—Nada…, pero… No hablemos más de ello. Por fortuna, ahora empieza el vals
(Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó)

 

 

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Oleg Kalaytanov, Vals

Cuando me deja, se va a dar vueltas con la pequeña Aimée, mientras que Monmond, vestido con una chaqueta de alpaca, me invita a mí. Ni que decir tiene que no lo rechazo. Con tal de que lleven guantes, bailo a gusto con los muchachos de la comarca (con los que conozco bien), que son amables conmigo, a su manera. Y luego vuelvo a bailar con mi caballero de frac del primer vals, hasta que me doy un respiro durante una contradanza, para no sofocarme y, también, porque la contradanza me parece un baile ridículo.
(Colette, Claudine en la escuela)

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Anders Zorn, Vals

 

Insistía en bailarlo todo. En un par de ocasiones dio con los huesos en la hierba, pero no hubo nada que lo amilanara. En el siguiente vals, seguía bailando con otra joven como si no hubiera ocurrido nada. Al inquirir quién era aquel anciano caballero eufórico, Bishopriggs descubrió que era un oficial de la Marina retirado, comúnmente conocido (entre sus subalternos) como «el Tártaro», y más formalmente descrito en sociedad como capitán Newenden, el último vástago masculino de una de las más antiguas familias de Inglaterra.
(Wilkie Collins, Marido y mujer)

 

 

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Philippe Jacques Linder, Vals

 

-Veo que recuerda usted el episodio. ¿No es para olvidarlo, no! Toda la Prensa europea habló de eso detenidamente, publicando grabados, retratos y por menores, día por día. Pues sepa usted que la expedición se combinó en la embajada entre un rigodón y un vals de Strauss.
(Emilia Pardo Bazán, Infidelidad)

 

vals2Pero tres días después lady Brums pronunció otra vez, de modo inapelable, la frase angustiosa:
–Me aburro.
Era media tarde y tomaban un “cocktail”, que sabía a perborato, “chez” Jean Michel Frank, mientras la orquesta tocaba un vals, mientras las modelos bajaban -luciendo las últimas novedades- por las escaleritas alfombradas de azul, que partían del escenario, colocado al fondo.
Para ahuyentar el aburrimiento de Sylvia, Zambombo elogió calurosamente su vestido, en “crépe georgettes”, creado en un momento de idiotez de Hermann.
(Enrique Jardiel Poncela, Amor se escribe sin hache)

2

Semáforo-telégrafo

 

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El 2 de marzo de 1791, se inaugura en Paris el sistema de comunicación de larga distancia mediante semáforos. Este sistema fue desarrollado por Claude Chappe y sus hermanos. Muy pronto se creó en Francia una red de estaciones. Chappe decidió llamarle “semáforo”, pero otros prefirieron llamarle “telégrafo”. Este sistema se mantuvo en operación hasta la aparición del telégrafo eléctrico.

Chappe.svgEl telégrafo semáforo es un sistema que permite enviar información mediante señales visuales, usando torres con brazos movibles. La información es codificada mediante la posición de los brazos móviles. Dependiendo de las condiciones geográficas, las torres están a una distancia que varía entre los 7 y los 20 kilómetros de manera que sean visibles el uno para el otro.
Dado que a fines del siglo XVIII la manera más rápida de enviar un mensaje era mediante un correo a caballo, este sistema resultó en una revolución tecnológica que cambió completamente las comunicaciones. Un mensaje podía llegar a 200 km de distancia en solo 30 minutos.

-Pues voy a visitar una cosa que me ha hecho pensar horas enteras.semaphore1
-¿El qué?
-Un telégrafo óptico.
-¡Un telégrafo! -repitió entre curiosa y asombrada la señora de Villefort.
-Sí, sí, un telégrafo. Varias veces he visto en un camino sobre un montón de tierra, levantarse esos brazos negros semejantes a las patas de un inmenso escarabajo, y nunca sin emoción, os lo juro, porque pensaba que aquellas señales extrañas hendiendo el aire con tanta precisión, y que llevaban a trescientas leguas la voluntad desconocida de un hombre sentado delante de una mesa, a otro hombre sentado en el extremo de la línea delante de otra mesa, se dibujaban sobre el gris de las nubes o el azul cielo, sólo por la fuerza del capricho de aquel omnipotente jefe;
(Alexandre Dumas, El conde de Montecristo)

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En la mañana del 20 de abril de 1867, el guardián del semáforo de Diamond-Harbour señaló la presencia de un pequeño navío, que debió entrar en el Hougy durante la noche sin requerir la ayuda de un práctico.
A juzgar por la forma de su velamen, el barco parecía ser malayo, aunque no mostraba exactamente la conformación tradicional de los prahos, comunmente empleados en esas regiones marítimas.
(Emilio Salgari, Los dos tigres)

teleLos franceses avanzaron más, y de pronto Ben-Zuf exclamó :
–¡Ah, mi capitán, es un telégrafo!
Era, efectivamente., un telégrafo semejante a los de los semáforos el que funcionaba en la roca de Ceuta.
–¡ Rayos y centellas! –exclamó el capitán–. Si hay allí un telégrafo es porque alguien lo ha instalado.
–A no ser que en Galia se críen telégrafos como en la Tierra los árboles.
–Si se mueve, es porque alguien lo pone en movimiento.
Héctor Servadac, muy disgustado, dirigió la vista hacia el Norte.
Allí, en el límite del horizonte, alzábase la roca de Gibraltar, donde, tanto a Ben-Zuf como a él, les pareció ver que un segundo telégrafo, instalado en la cima del islote, respondía a las señales del primero.
(Julio Verne, Héctor Servandac)

chappeCerca de la iglesia junto a la cual estaba la torre del reloj. En la parte superior de la torre había dos grandes brazos negros, que se movían todo el día de allá para acá. [Más tarde me contaron] que era la iglesia de Saint-Eustache y que los grandes brazos negros eran del telégrafo.
(Hector Malot, Romain Kalbris)