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Kiyoshi Nakajima

Kiyoshi Nakajima  es un pintor e ilustrador japonés nacido en Manchuria en 1943. Estudió arte en Paris. El critico de arte Susumo Abe lo apodó “el pintor del viento”. En 1987 ganó el Premio de la International Children’s Book Exhibition, también es famoso por su ilustración de La Historia de Genji. Entre sus obras se cuenta una serie limitada de xilografías mostrando jovencitas con aire melancólico.

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Dominó

 

dominoEs una costumbre, una tradición, según el Pelao Silva. Claro que eso es una exageración, es verdad que la costumbre tiene ya dos años de antigüedad, pero adjudicarle categoría de tradición es demasiado, no para el Pelao, en todo caso, dada su tendencia a exagerar.
La cuestión es que en algún momento, yo todavía no entraba a la empresa, se generó entre los de la oficina la costumbre de concurrir, todos los viernes a la salida del trabajo, a Club de la esquina. Por supuesto que el Club tenía nombre, el que ya no recuerdo, pero como estaba en una esquina, así era llamado, hasta por los que trabajaban allí.
Bueno, así es que todos los viernes, sagradamente, nos vamos a la salida de la pega con rumbo al Club, donde los mozos, al vernos entrar, ponen sobre una mesa la caja del dominó y una botella de vino, para empezar, primero hay que limpiar las gargantas. Cualquiera sabe que para jugar dominó lo mejor es un vaso de vino, no creo que sea posible jugar mientras se toma refresco, nosotros nunca lo hemos intentado ni lo intentaremos jamás.
Pedimos siempre una parrillada, sin apuro, porque mientras llega jugamos algunas partidas de dominó, en invierno en el interior del recinto, cuando el clima mejora, en un patio interior, bajo una enramada de madreselvas, ya sea que estén o no en flor.
Una vez terminada la parrillada y vaciadas la botellas de rigor, pedimos la cuenta, dividimos por cuatro y cada uno para su casa. Hasta el lunes.
Como en ningún paraíso puede faltar una serpiente, un día sucedió que el Feo Astudillo nos salió con un chiste.
–¡No me lo van creer! –dijo, poniendo cara de consternación–. Se me quedó la billetera en la casa, cúbranme ustedes y el lunes les pago.
Bueno, a cualquiera le pasa, dividimos entre tres y pagamos.
El lunes le cobramos pero justo al venirse al trabajo la señora le había pedido plata para no se qué cosa y se había quedado sin ni uno.
Le echamos los garabatos correspondientes pero al final decidimos que por esa vez, lo dejábamos ahí no más, no íbamos a ser más pobres por un par de lucas, y total, amigos son amigos.
La cuestión se puso rara cuando al viernes siguiente, a la hora de pagar, el Feo nos salió con otro pretexto. Esta vez tenía la billetera, pero no tenía plata, la señora cargó de nuevo con la culpa, ya fuera cierto o no. Esta vez sí que lo subimos y lo bajamos, pero la cuenta había que pagarla, así es que de nuevo dividimos por tres.
La tercera vez nos sacó los choros del canasto y decidimos, después de pagar de nuevo dividido por tres, que había que eliminar al Feo del grupo, no podíamos seguir soportando su frescura, el sinvergüenza ya ni siquiera se molestó en poner cara de afligido.
El lunes se encontró con la ley del hielo, no le dimos ni los buenos días. Para todo lo que había que decirle, indispensablemente, sacábamos una hoja del taco y se lo dábamos anotado, y eso duró la semana.
Llegó el viernes y nos enfrentamos a la situación, ¿tendríamos que ir al Club sin el Feo, sabiendo que jugar dominó entre tres no funciona?
–Miren –dijo de pronto el Pato Rojas, con cara de iluminado–. Vamos los cuatro como siempre, los amigos son los amigos de todas maneras.
–¡No, no! –gritamos el Pelao y yo–. ¿Y hasta cuando vamos a seguir financiando a este bolsero?
–Tranquilos –nos respondió el Pato–. Confíen en el maestro.
Y confiando le dijimos al Feo: –ya, hombre, vamos al Club como siempre. Y con una sonrisa más falsa que billete de tres lucas, partimos como de costumbre.
Una vez en el Club, la verdad es que yo no estaba muy contento, y el Pelao se notaba que tampoco, pero el Pato nos dijo: –tranquilos, confíen, déjenme a mi.
Así, nos dedicamos a jugar con el entusiasmo de siempre. Lo que sí no pude dejar de notar es que el Pato estaba demasiado atento con el Feo, le llenaba el vaso a cada rato, y estimulaba al Feo a vaciarlo: –¡vamos hombre, toma nomás, no te preocupes, ¿no somos amigos?
Después de pagar la cuenta, dividida por tres, salimos del Club. Al Feo, cocido como guagua, lo tuvimos que sacar arrastrando.
Ante nuestra sorpresa, el Pato llamó un taxi y nos hizo subir a todos, y acallando nuestras protestas, le dijo al taxista que nos llevara a la Estación de trenes.
No sabemos qué irá a decirnos el Feo Astudillo cuando regrese a la pega, si seguiremos siendo amigos ni qué será de la costumbre del Club. Pero los otros tres compartimos un sentimiento, no haber podido verle la cara cuando despertara de la cura. Porque lo que hicimos en la Estación fue sentar al Feo en un vagón de tercera, en el tren que estaba saliendo, con un boleto a Copiapó prendido con un alfiler en la solapa.

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La carta

Man_with_wax_tabletLa carta es un mensaje escrito dirigido por una persona, llamada emisor, a otra, llamada receptor, referente a un tema que concierne a ambos. La cartas tienen como objeto mantener una comunicación en cualquiera de las relaciones que los humanos sostienen entre sí, ya sean sentimentales, literarias, comerciales, intelectuales, científicas, gubernamentales, militares, etc. Las cartas se conocen desde la antigüedad en la India, Egipto, Sumeria, China, Grecia y Roma. El material en que han sido escritas es muy diverso, incluyendo tabletas de arcilla, tablillas de madera encerada, papiro, pergamino, láminas de plomo y papel. Las cartas ya son mencionadas por Homero y por Heródoto.

Pero, al aparecer por décima vez la Aurora, la de rosáceos dedos, lo interrogó y quiso ver las tablillas que de su yerno Preto le traía. Y una vez leída la funesta carta, ordenó a Belerofonte que primero que todo matara a la ineluctable Quimera.
(Homero, La Ilíada)

Entonces Darío escribió una carta a Megabazos, a quién había dejado al mando de su ejército en Tracia
(Heródoto, Historia)

mail-boxesEn tiempos pasados existieron manuales que enseñaban a escribir cartas, convirtiéndolas a veces en un verdadero arte que involucraba la gramática y la retórica.
Siendo la carta un medio físico, el tiempo necesario para que la carta llegue a su destinatario estaba condicionado por la velocidad del medio de transporte utilizado, un mensajero a pie, un jinete, un medio terrestre, o uno marítimo o aéreo.
Los avances tecnológicos ha cambiado la importancia de la carta como medio de comunicación. El desarrollo del telégrafo redujo el tiempo y al mismo tiempo ajustó al mínimo el número de palabras necesarias para expresar el mensaje. Posteriormente el email cambió radicalmente la forma y el tiempo necesarios para comunicar y responder a una comunicación.

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Gianni Strino

 

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Vladimir Volegov

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Laura Knight

 

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Nakajima Kiyoshi

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George Goodwin Kilburne

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Domenico Induno

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Piano

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Vladimir Volegov, Piano

El 4 de mayo de 1655 nació Bartolomeo Cristofori di Francesco, un fabricante italiano de  instrumentos musicales. Trabajó para Fernando de Medici, amante y benefactor de la música en el ducado de Toscana.
Cristofori es considerado el inventor del piano. A fines del siglo XVII Cristofori había inventado dos instrumentos de teclado, un “spinettone” (gran espineta) y un “claviciterio” (clavicordio vertical).
Por 1698 Cristofori ya estaba trabajando en un piano. En un inventario de los Medici de 1700 aparece una entrada referente a un instrumento de Cristofori: “Un Arpicembalo de Bartolomeo Cristofori, de nueva invención, que produce el tono suave (piano) y el fuerte (forte) con un par de cuerdas que suenan al unísono”.
El nombre de “Arpicembalo” no prosperó y el instrumento se hizo conocido como “pianoforte” o “piano”.
Se desconoce el número de pianos que fabricó Cristofori, pero sobreviven tres. Los pianos de Cristofori eran de estructura liviana, carecían de un marco de metal y su sonido no era especialmente fuerte. No fue hasta 1820 cuando se introdujo el hierro en la construcción. En un principio la construcción de un piano era tan costosa que solo eran accesibles a las clases altas. Cuando se pudieron construir pianos mas baratos se popularizaron rapidamente.

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Theodore Clement Steele, Joven al piano

-Y ahora, querida, tócanos algo -dijo Iván Petróvich a su hija.
Levantaron la tapa del piano de cola, abrieron el libro de notas que ya estaba preparado para el caso. Ekaterina Ivánovna se sentó y con ambas manos golpeó las teclas y seguidamente dio otro golpe con todas sus fuerzas. Los golpes se sucedieron uno tras otro, los hombros y los pechos de la muchacha se estremecían, golpeaba con obstinación siempre en las mismas teclas y parecía que no iba a parar hasta que estas no se hundieran en el piano.
(Anton Chejov, Iónich)

 

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Theodore Robinson, Joven al piano

–Tenemos piano, Kitty lo toca. Cierto que no es muy bueno, pero nos complacerá mucho oírla a usted –dijo la Princesa con una sonrisa forzada, tanto más desagradable a Kitty cuanto que advirtió que Vareñka no tenía ganas de cantar.
No obstante, la joven acudió por la tarde llevando algunas piezas de música. La Princesa invitó también a María Evgenievna y su hija y al coronel.
Vareñka, indiferente por completo a que hubiese gente que no conocía, se acercó al piano. No sabía acompañarse, pero leía las notas muy bien. Kitty, que tocaba el piano a la perfección, la acompañaba.
–Tiene usted un talento extraordinario de cantante –afirmó la Princesa, después que la muchacha hubo cantado de un modo admirable la primera pieza.
(Lev Tolstoi, Ana Karenina)

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Childe Hassam, Preludio

Pero Fanny se incorporó a medias en su silla y dijo, con voz débil y ahogada:
—¡Canta otra cosa!
El piano enmudeció súbitamente porque Scarlett había quedado abrumada de sorpresa y turbación. Luego, apresuradamente, entonó los primeros acordes de Guerrera gris; pero se interrumpió, emitiendo una nota falsa, al recordar que también aquella canción era muy dolorosa. El piano volvió a guardar silencio y Scarlett quedó desconcertada. No recordaba aire alguno que no hablase de muerte, despedida y tristeza.
Rhett se levantó ágilmente, depositó a Wade en el regazo de Fanny y entró en el salón. —Toque Mi viejo Kentucky —sugirió en voz baja.
(Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó)

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Pierre Renoir, Joven al piano

El Coronel seguía absorto en su periódico. Mrs. Devine seguía sentada con sus regordetas manos sobre su regazo, y si estaba despierta o dormida, nadie habría podido decirlo. La dama que era prima de un baronet, había corrido su silla junto a la estufa, los ojos fijos en su sempiterno ganchillo. La lánguida Miss Devine se había acercado al piano y allí se sentó pulsando débilmente las desafinadas teclas, dando la espalda a la apenas amueblada habitación.
(Jerome K. Jerome, Contado después de la cena)

 

 

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William Merritt Chase, Lección de piano

 

Mercy estaba sentada al lado de su alumna, escuchando la titubeante música que la jovencita intentaba extraer del viejo piano, en el aula de la escuela de música. Escuchaba, mientras su oído preparado y agudo notaba cada discordancia, pero con sus pensamientos llevando un rumbo distinto.
(Pearl S. Buck, Las tres hijas de madame Liang)

 

 

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Childe Hassam, Al piano

Encima del piano estaban abiertas algunas de las obras musicales favoritas de Odette: el Vals de las Rosas y Pobre loco, de Tagliafico (obra que debía tocarse en su entierro, según decía en su testamento); pero Swann le pedía que tocara, en vez de estas cosas, la frase de la sonata de Vinteuil, aunque Odette tocaba muy mal; pero muchas veces la visión más hermosa que nos queda de una obra es la que se alzó por encima de unos sonidos falsos que unos torpes dedos iban arrancando a un piano desafinado.
(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido)

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Eugène Delacroix

 

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La libertad guiando al pueblo. Obra de Delacroix que llegaría a convertirse en un verdadero símbolo de Francia.

Ferdinand Victor Eugène Delacroix (26 de Abril de 1798 – 13 de agosto de 1863) fue unpintor, muralista y litógrafo francés, máximo representante de la Escuela Romántica Francesa. Su manejo del pincel y sus efectos sobre el color influenciaron a los Impresionistas, mientras que su pasión por lo exótico inspiro a los artistas del Simbolismo. Como litógrafo, ilustró obras de Shakespeare, Walter Scott y Goethe. 
Entre sus rivales se encontraba el neoclásico Ingres y entre sus amigos y seguidores a Géricault.

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La masacre de Quios. La simpatía que sintió Delacroix por la causa de los griegos lo llevó a pintar esta obra de tremenda fuerza dramática.


Aunque estudió con Guérin, en el estilo neoclásico de David, fue influenciado por el colorido y el estilo del barroco Rubens.
Su obra más famosa y difundida es “La libertad guiando al pueblo”, pero muchas de sus pinturas se destacan por su fuerza dramática, como las que tienen como tema la guerra de los griegos contra los turcos., él veía en los norafricanos 

Sus viajes al Norte de África lo llevaron a pintar temas orientales, despertando su interés por el Orientalismo.

A pesar de las dificultades que significaba acceder a mujeres musulmanas sin velo, Delacroix se las arreglo para pintar su obra “Mujeres de Argel en sus habitaciones.

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Mujeres de Argel

Más de 100 pinturas y dibujos son los que Delacroix realizó en el Norte de África, él veía en los norafricanos unas actitudes y una vestimenta que asociaba a las de los antiguos griegos y romanos.

Entre su legado se encuentra su participación en la creación de la Sociedad Nacional de Bellas Artes.

 

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Dragones

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El dragón es un animal mítico que aparece en numerosas culturas en el mundo. En general se puede decir que respecto de los dragones hay dos líneas principales en cuanto a su origen, la de la cultura europea y la de la cultura asiática. En América, no existe el dragón en las culturas prehispánicas, pero se dice que Quetzalcoatl podría asociarse al dragón de tipo oriental.

dragonLas dos versiones del dragón, la occidental y la oriental, pueden haber surgido independientemente, pero es posible también que en el transcurso del tiempo se hayan influenciado mutuamente.
En todo caso, hay diferencias en la forma, el dragón europeo es una criatura con cuatro patas y con alas, y que respira fuego. El dragón asiático también tiene cuatro patas pero rara vez tiene alas, su forma es más alargada.
En Europa el dragón apareció durante la Edad Media, con mucha frecuencia asociado al mal, mónstruos que deben ser combatidos y muertos, usualmente por santos o héroes. Tal vez la imagen del dragón en la cultura europea provenga de la mitología sumeria, en la que un dragón marino es vencido por el dios Baal. De ahí pasó a la tradición hebrea en la que el Leviatán, una especie de dragón marino, es vencido por Yahvé. Tal vez las historias más famosas relativas a dragones sean las de la mitología germánica, con el dragón Fafnir, y la de San Jorge, que vence a un dragón que se había vuelto antropófago.
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En Asia, en cambio, el dragón es un ser inteligente, de naturaleza benevolente y asociado a la buena suerte. En China, cuyos dragones son los más conocidos, estos seres tienen un estatus especial, y son muchos los héroes que fueron engendrados a causa de la unión de sus madres con dragones . Los dragones chinos pueden ser masculinos o femeninos.
En la literatura moderna aparecen con frecuencia los dragones, como ocurre en las obras de Tolkien, Rowling y Martin, donde son parte importante de los argumentos.
En el arte los dragones han sido representados con frecuencia, su imagen basada en la absoluta libertad de sus creadores, aunque conservando su forma reptiliana, sus patas, alas y aliento de fuego.

lahamu“Tiamat creó víboras y dragones, y el monstruo Lahamu, Y huracanes, y perros furiosos, y hombres escorpión, Y fuertes tempestades, y hombres de pescado, y carneros; Portaban armas crueles, sin miedo a la pelea. Sus órdenes eran poderosas, nadie podía resistirlas; Ella hizo once tipos de monstruos “.
(Antigua Babilonia, Historia de la Creación)

St.-George-and-the-DragonAsí, mientras hablaban, apareció el dragón y corrió hacia ellos, y San Jorge subió a su caballo, sacó su espada y trazó con ella la señal de la cruz, y cabalgó con fuerza contra el dragón que venía hacia él, y lo golpeó él con su lanza y lo hirió y lo arrojó al suelo. Y después de decir a la doncella: Sácate el cinturón, y átalo alrededor del cuello del dragón y no tengas miedo. Cuando lo hizo, el dragón la siguió como si hubiera sido una bestia mansa y doméstica. Luego ella lo condujo a la ciudad, y la gente huyó por montañas y valles, y dijo: ¡Ay! ¡Ay! estaremos todos muertos. Entonces San Jorge les dijo: “No duden de nada, sin más, crean en Dios, Jesucristo, y pidan ser bautizados y mataré al dragón”. Entonces el rey fue bautizado y todo su pueblo, y San Jorge mató al dragón y le cortó la cabeza, y ordenó que el cuerpo fuera arrojado al campo, y se necesitaron cuatro carros con bueyes para sacarlo de la ciudad. (Anónimo, La vida de San Jorge)

konrad dielitz

Sigfrido tuvo un éxito completo en su descenso sobre Lygni, a quien mató, junto con muchos de sus seguidores. Luego salió de su reino reconquistado y regresó con Regin para matar a Fafnir. Juntos cabalgaron a través de las montañas, que se elevaban cada vez más alto hasta que llegaron a una gran extensión de desierto que, según Regin, era la guarida de Fafnir. Sigurd cabalgó solo hasta que conoció a un extraño tuerto, quien le dijoó que cavara trincheras en el medio de la pista por la cual el dragón arrastraba diariamente su babosa longitud hasta el río para saciar su sed, y esperó en una de estas hasta que el monstruo pasó por encima de él, y empujó su espada directamente en su corazón.
(Mitología nórdica)

Los Targaryen de antaño iban a la guerra a lomos de dragones. Trató de imaginarse Queen_Alysanne_by_Trishkell_IIIcómo se sentiría a horcajadas del cuello de un dragón, elevándose por el aire—. Sería como estar en la cima de una montaña, pero mejor. Vería el mundo entero debajo de mí. Si volara muy alto, hasta podría ver los Siete Reinos, y tocar el cometa con las manos.»
(George R.R. Martin, Canción de hielo y fuego)

chan da beiLa leyenda de Yü Huang relata que en la antigüedad existía un reino llamado Kuang Yen Miao Lo Kuo, cuyo rey era Ching Tê, su reina se llamaba Pao Yüeh. A pesar de que habían pasado los años años, ella no había logrado tener un hijo. Por un edicto de palacio, los sacerdotes taoístas fueron convocados para que realizaran sus ritos. Recitaron oraciones con el objeto de que llegara un heredero al trono. Durante la noche siguiente, la Reina tuvo una visión. Lao Chün se le apareció, montando un dragón, y cargando a un niño en sus brazos. Él flotó hacia abajo en el aire en su dirección. La Reina le suplicó que le diera al niño como un heredero al trono. “Estoy dispuesto”, dijo. “Aquí está.” Ella cayó de rodillas y le dio las gracias. Al despertar se encontró encinta. Al final de un año nació el Príncipe.
(Anónimo, La leyenda de Yü Huang)

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Adrienne Bolland

adrienne-bollandAdrienne Armande Pauline Bolland, ( – 

El 25 de agosto de 1920 se convirtió en la primera mujer en atravesar el canal de la mancha en aeroplano viajando desde Francia a Inglaterra (Harriet Quimby lo habia hecho desde Inglaterra a Francia).

Caudron_G.3_coloured_drawingEn 1920 fue enviada a la Argentina por René Caudron para realizar vuelos de exhibición y demostración en Buenos Aires. Fue allí dónde comenzó a planear el cruce de la cordillera de los Andes.

Para realizarlo despegó desde el aeródromo de Los Tamarindos en Mendoza a las 6:35 de la mañana hora argentina del 1° de abril de 1921. El vuelo lo realizó en su aeroplano Caudron G.3 de 80 Hp. Lo hizo sin contar con mapas ni conocer la región, aterrizando sin problemas en el aeródromo de El Bosque a las 10 de la mañana hora chilena, donde fue vitoreada por el numeroso público presente y recibida por las autoridades militares a los sones de los himnos nacionales interpretados por la banda del Regimiento de Ferrocarrileros.

adrienne8A los pocos días Adrienne Bolland regresó a la Argentina para seguir cumpliendo el contrato de la firma en Buenos Aires, el viaje lo hizo en Ferrocarril puesto que dejó el avión en Chile.

Recibió la Medalla al Mérito de Chile, la Medalla de Oro del Club Aéreo de Buenos Aires y la Legión de Honor de Francia.

ADRIANNE SELLOEn 1971 Air France celebró el cincuentenario del cruce de los Andes poniendo a disposición de Adrienne Bolland un avión especial que la trajo a Chile, con 30 de sus amigos, vía Brasil, Uruguay y Argentina. Fue homenajeada en la Escuela de Aviación donde los cadetes entonaron un himno especialmente compuesto para ella.
Adrienne Bolland falleció en 1975 a los 79 años.

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El autor y el personaje

Un cuento de Nino Guareschi. 

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Cuando uno se imagina las innumerables prepotencias que el autor puede concentrar, si así se le antoja, en el héroe de su novela, es como para asustarse.
El autor puede hacer con él todo lo que le dé la gana. Según su capricho, puede hacerlo morir lo mismo en el primer capítulo que en el último, puede prestarle sentimientos que no correspondan ni poco ni mucho con sus condiciones físicas — esto es, dar un carácter de hombre sanguíneo a un hombre de temperamento linfático o nervioso, y viceversa—, puede hacerle llorar, reir, ponerse enfermo, volverse loco o enamorarse a su gusto.
Él es, en resumen, como un pequeño Dios para su personaje.
Puede hacer que se enamore de la muchacha que a él le plazca como autor, aunque no le gusta al héroe. Si quiere puede incluso hacerlo enamorar de una vieja.
Nada más fácil, pues no tiene más que escribir: “Ramberto levantó los ojos lentamente y miró sonriendo a la vieja. De pronto tuvo la sensación de que un dulcísimo sentimiento nacía en él. Amaba…”
¿Qué cuesta escribir una cosa así? Y ya tenemos al pobre Ramberto enamorado locamente de una anciana. Ya lo tenemos suspirando por la vieja y soñando con la vieja. Y todo porque el autor, en un momento de maldad pura, lo ha escrito así.
No sé si he expresado claramente mi idea.
Yo, por ejemplo, conocía a un escritor que era, sin duda alguna, la maldad personificada. Él, en el fondo, odiaba a los héroes de sus novelas. Era un hombre pequeño y, por decirlo así, medio jorobado, y se divertía creando unos personajes hermosos, robustos, con unos hombros cuadrados, con un pecho fuerte y unas mandíbulas poderosas, para darse después el gusto de hundirles en el mayor de los desprestigios. Hacía que unos piratas chinos los ataran y los amordazaran o hacía que se enamorasen de mujeres bellas y fatales que se burlaban de ellos en sus propias barbas. Luego, como si no tuviera bastante con todo esto, los hacía morir miserablemente en el último capítulo.
Una vez creó un magnífico tipo de héroe, un hermoso joven que. después de haber hecho todos los oficios —marinero, contrabandista, jugador profesional, maestro de boxeo, profesor de baile, etc., etc. — se enamoraba perdidamente de una muchacha rubia con los ojos azules como el mar o cualquier cosa de este género y, después de muchos esfuerzos que se iban dilatando hasta el fin de la novela para conquistarla, no sólo no lo conseguía, sino que caía en las aguas profundas de un pequeño lago insignificante y se hundía como un plomo ahogándose miserablemente.
El héroe en cuestión se llamaba Carlos Pantera, si mal no recuerdo, y tenía apenas treinta años en el momento de su muerte.
Habían transcurrido unos seis meses desde la aparición de la novela y el autor ya no pensaba ni siquiera en ella cuando alguien llamó un día a su puerta.
El escritor fue a abrir y se encontró cara a cara con un joven alto y robusto, con la cara bronceada por el sol de los trópicos y de facciones enérgicas.
—Buenos días — dijo el joven entrando.
—Buenos días — contestó el escritor —. A ¿ qué debo el honor de esta visita ?
El joven sonrió malignamente.
—Yo — dijo — soy Carlos Pantera.
El escritor también sonrió.
—Comprendo — repuso—. Un caso curioso de homonimia. Usted se llama, por una rara casualidad, precisamente como uno de los héroes de mis novelas y ha venido a protestar… Son cosas que pueden ocurrir y que…,
—No — dijo el joven, resueltamente.
—¿ Cómo?
El extraño visitante miró a su alrededor con circunspección, después cerró la puerta detrás de sí, dió algunos pasos por la habitación y se sentó.
—Yo — afirmó — soy verdaderamente Carlos Pantera, el protagonista de su última novela.
Una pausa llena de signos interrogantes y de exclamación.
—Como puede usted ver — añadió después de un momento de silencio —, no estoy muerto.
El escritor se sobresaltó.
—Sin embargo — exclamó —, yo le he hecho ahogar en el lago de Thub. ¡Lo recuerdo muy bien!…
¡Ah, ah! repuso el joven. Se lo ha creído, ¿eh? Usted es un cretino.
—¡Caballero! intentó protestar el escritor.
—¡ Es usted un cretino y un bandido! Se ha olvidado usted de que en mi juventud me hizo ser marinero del “María Adelaida”, y se ha olvidado sencillamente de que los marineros, por regla general, saben nadar como peces. Y yo, efectivamente, me he salvado nadando.
Se frotó enérgicamente las manos y prosiguió:
—No sólo nado y he logrado salvarme, sino que después de haberme librado de su influencia, porque usted me creía muerto y ya no se ocupaba de mí, he ido a buscar a la muchacha rubia de los ojos azules como el mar, y ella, libre también de la influencia de usted, me ha dado el sí. Y hace quince días que nos hemos casado.
– Pero en este caso — quiso protestar el novelista— mi libro acaba estúpidamente.
—Para usted tal vez, pero no para mí. Y además, no me importa nada que su novela acabe o no estúpidamente. Lo importante es que yo estoy vivo y soy feliz.
—¿Y ahora qué piensa usted hacer?
—Por el momento he venido a decirle a usted cuatro palabritas.
Se frotó otra vez las manos, se puso de pie y se acercó a la puerta.
—¿ Qué va usted a hacer ? — gritó el escritor, asustado.
—Le voy a enseñar de una vez para siempre a hacer que se ahoguen las personas decentes —dijo tranquilamente el joven, cerrando la puerta con llave y guardándose la llave en el bolsillo.
Lo que sucedió en la estancia del escritor yo no lo sé. Sé únicamente que desde aquel día no describió más héroes altos y robustos. Sus personajes fueron en lo sucesivo siempre pequeños y con los hombros más bien estrechos.
Yo, en cambio, soy bueno. Hubiera podido hacer acabar mal a mi héroe, pero no he querido. Hubiera podido, ¿qué sé yo?, hacerlo asesinar, convirtiendo así mi libro en una novela policíaca. Hubiera podido hacer que se casara con Cecilia en vez de casarlo con Isabel. No he querido hacerlo. Me he puesto en su lugar y he obrado en consecuencia. No he querido abusar de mi poder.
Se cuenta una célebre anécdota de Alejandro Dumas, según la cual un día fue sorprendido por su hijo mientras estaba sollozando desesperadamente.
—¿Qué te ocurre, papá ?
—Cállate. Piensa que acabo de cometer un gran delito.
—Pero ¿qué ha hecho?
—He hecho morir al grande, al noble, al valeroso Porthos.
Y no podía calmarse.
Y ahora digo yo, ¿era verdaderamente necesario hacer morir a Porthos? Porthos era bueno, creía todas las historias que le contaban D’Artagnan y Aramis y quería bien a todos. ¿Por qué, pues, hacerlo morir? ¿Y por qué dejar vivir, en cambio, a Aramis que era malo? Yo, si hubiera sido Dumas, habría salvado de la muerte al buen gigante y lo habría hecho retirarse a la vida privada en sus posesiones de Pierrefond, le habría hecho obtener el título de duque que él deseaba tanto y lo habría hecho vivir hasta los cien años, feliz y contento.
¡Abajo Dumas!

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Gabriela Mistral

Gabriela Mistral fue una de las poetas más notables de la literatura chilena e hispanoamericana. Se le considera una de las principales referentes de la poesía femenina universal y por su obra obtuvo el primer Premio Nobel de Literatura para un autor latinoamericano.
Nació el 7 de Abril de 1889 en Vicuña, ciudad nortina situada en el cálido Valle del Elqui. Fue bautizada como Lucila de María Godoy Alcayaga, según consta en los registros parroquiales.
En 1945 la Academia Sueca galardonó finalmente a Gabriela Mistral con el Premio Nobel de Literatura, premio que recibió el 10 de diciembre de aquel año. Años después de este reconocimiento de carácter universal en Chile se le otorgó el Premio Nacional de Literatura en 1951.

El pasó con otra;   celos
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

Él va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!

El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiere callar.)
Y el irá con otra
por la eternidad!

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El beso del escultor

Cuento de Carlo Salustri (Trilussa)

elena-ivanovnaUna noche, bajo las estrellas de Trinidad del Monte, el escultor C… me confió sus penas sentimen­tales. Estaba enamorado de una princesa rusa, so­brina del Zar, una de las mujeres más hermosas de Petrogrado, un poco misteriosa, con un nombre más dulce que un suspiro — “Sofía” —, pero con un ape­llido que parecía un galope de caballos: Krataclastoff.
El escultor me participó muy en secreto que, desde hacía tres semanas, iba a verle todas las mañanas a su estudio de la calle Margutta. Él esculpía su busto.
—¿Tres semanas? — observé—. ¿Y no has llega­do aún a conmover su corazón?
—¡Oh! Verás — me respondió el artista—. Ima­gínate que el primer día, ante una manifestación de ternura completamente inofensiva, la princesa me di­jo: “Tenga muy presente, mi querido amigo, que amo sólo a mi marido; que le soy fiel; que no oculto mi simpatía por usted, pero que nada tiene que es­perar de mí. Lo único a que puedo autorizarle es a que me bese en la mejilla izquierda…; vea, aquí…”
…Y me indicó el sitio exacto con su meñique, en el que brillaba un zafiro.
—¿Y no te adueñaste inmediatamente del espa­cio disponible?
— En el acto! — contestó el escultor —. Espera­ba ganar terreno más tarde, pero me equivoqué. Hoy, después de transcurridos quince días, estoy aún en el mismo lugar. Me permite que la dé un beso en la mejilla izquierda… y eso es todo.
—¿Y no te lo devuelve nunca?
—¡Jamás! ¡Es inflexible!
Me separé de mi pobre amigo dándole ánimos.
Algunos días después, en la calle Margutta, vi un coche magnífico ante la casa del artista.
Me acerqué al chófer, un buen mozo, ocupado en leer tranquilamente su periódico, y le pregunté:
—Perdón…. ¿Puede decirme si hay alguien en casa del escultor?
El joven levantó la vista y, en cuanto me miró, lanzó un “¡Oh!” de sorpresa. Me conocía de hacía tiempo. Era el hijo de Zagarolese, el hotelero de la calle de San Angelo. Me contó que, desde hacía cuatro años, servía a la princesa Krataclastoff en calidad de chófer.
—Es una señora muy buena, ¿sabe? Me quiere mucho. Me trata como si fuera de su familia. Es ver­dad que yo también le he dado una gran prueba de abnegación. Figúrese que hace dos años nos encon­trábamos en Francia. Y he aquí que en el curso de una pequeña excursión en automóvil por los alredores de París, un guardabarros choca contra un árbol, salta, rompe el cristal y hiere a la princesa en el ros­tro. Había que obrar rápidamente… Vuelo al hospi­tal más próximo… El doctor dijo: “No es nada grave, pero me temo que quede desfigurada. Habría que practicar en seguida un injerto… Si hubiera aquí alguien dispuesto a permitir que le quitase un pedacito de piel, lo haría de inmediato…”
—¡ Estoy a su disposición! — le dije al cirujano.
Y me sometí a una operación delicada y dolorosa. He de confesar que me dolió mucho, pero, en compensa­ción, tengo la alegría de haber contribuido perso­nalmente a la conservación de la belleza de la se­ñora.
—Eso está muy bien —dije—. ¿Y de dónde le sacaron la piel?
—De aquí — dijo el joven, con aire satisfecho. Tuvo que levantarse para indicarme el sitio.
No he revelado jamás a mi amigo el escultor qué es lo que besaba desde hacía exactamente tres semanas.