Billiken

Hay revistas que tienen un lugar muy especial en el corazón, porque forman parte inseparable de nuestra niñez. La revista Simbad, por ejemplo, que en nuestra impaciencia esperábamos en la puerta de la casa. Pero también hay una revista argentina que merece una mención especial, Billiken.
Recuerdo que el formato era muy atractivo. Los contenidos de materias escolares eran muy útiles, sobre todo a la hora de necesitarse ilustraciones. En lo que a historia se refiere era, logicamente muy argentina, pero también tenía cabida la historia universal.
Por otra parte, la revista tenía también historietas, cuentos, juegos y curiosidades. En suma, una revista muy entretenida, muy agradable de leer y, sobre todo, con unas fantásticas portadas ilustradas por Lino Palacio, que valían casi media revista.
Eso es lo que más recuerdo después de todo, las portadas.

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La lectura

Si hay algo que propiamente pueda conocerse con el nombre de lectura, habría de ser una actividad voluptuosa y absorbente; debiéramos recrearnos en el libro, ensimismarnos, y emerger de la lectura con la mente colmada de la más viva y caleidoscópica danza de imágenes, incapaces de conciliar el sueño o de desarrollar un pensamiento continuado. Si el libro es expresivo, las palabras deberían desde ese momento sonar en nuestros oídos como ruido de rompientes, y el relato, si es un relato, reaparecer ante nuestros ojos en mil viñetas coloreadas.

A causa de este último placer leíamos tan atentamente y queríamos tanto nuestros libros en ese período luminoso y agitado de nuestra infancia.

Robert L. Stevenson

Llamados a la aventura

En la noche del 20 de diciembre de 1849 un violentísimo huracán azotaba a Mompracem, isla salvaje de siniestra fama, guarida de temibles piratas situada en el mar de la Malasia, a pocos centenares de kilómetros de las costas occidentales de Borneo.
Empujadas por un viento irresistible, corrían por el cielo negras masas de nubes que de cuando en cuando dejaban caer furiosos aguaceros, y el bramido de las olas se confundía con el ensordecedor ruido de los truenos.
(Emilio Salgari, Sandokan)

Lo recuerdo como si fuera ayer, meciéndose como un navío llegó a la puerta de la posada, y tras él arrastraba, en una especie de angarillas, su cofre marino; era un viejo recio, macizo, alto, con el color de bronce viejo que los océanos dejan en la piel; su coleta embreada le caía sobre los hombros de una casaca que había sido azul; tenía las manos agrietadas y llenas de cicatrices, con uñas negras y rotas; y el sablazo que cruzaba su mejilla era como un costurón de siniestra blancura.
(Robert L. Stevenson, La isla del tesoro)

En los últimos años del siglo diecinueve nadie habría creído que los asuntos humanos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que mientras los hombres se ocupaban de sus cosas eran estudiados quizá tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, la raza humana continuaba sus ocupaciones sobre este globo, abrigando la ilusión de su superioridad sobre la materia. Es muy posible que los infusorios que se hallan bajo el microscopio hagan lo mismo.
(H.G. Wells, La guerra de los mundos)

–-Espero que pueda usted entablar un contacto amistoso; o por lo menos dialogar con ese individuo ––dijo por fin –Posee usted, por lo que puedo apreciar, el don de entablar relaciones con la gente. Supongo que es cuestión de simpatía, de magnetismo animal, de vitalidad juvenil o de algo por el estilo. Yo mismo lo he sentido.
––Es usted muy amable, señor.
––Entonces, ¿por qué no prueba su suerte con el profesor Challenger, de Enmore Park?
Debo reconocer que esto debió producirme un leve sobresalto, porque exclamé:
––¿Challenger? ¡El profesor Challenger, el famoso zoólogo! ¿No fue ése el hombre que le rompió la crisma a Blundell, el cronista del Telegraph?
El redactor jefe de noticias se sonrió ásperamente.
––Qué, ¿le afecta eso? ¿No me dijo que buscaba aventuras?
––En este oficio hay que hacer frente a todo, señor ––le contesté.
(Arthur Conan Doyle, El mundo perdido)

Señor, un nuevo mensaje.
¿De dónde viene?
De Tomsk.
¿Está cortada la comunicación más allá de esta ciudad?
Sí, señor; desde ayer.
General, envíe un mensaje cada hora a Tomsk para que me tengan al corriente de cuanto ocurra.
A sus órdenes, señor respondió el general Kissoff.
Este diálogo tenía lugar a las dos de la madrugada, cuando la fiesta que se celebraba en el Palacio Nuevo estaba en todo su esplendor.
(Julio Verne, Miguel Strogoff)

Alicia y el tiempo

La muy extraordinaria escena del té. Alicia descubre un nuevo concepto del tiempo, ya no es algo abstracto, sino algo físico, con personalidad propia. Más aún, ni siquiera es confiable.
El tiempo se ha detenido en la mesa del Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo, una alegoría de lo larga que puede ser para los niños la hora del té de los adultos, con esas interminables conversaciones aparentemente sin sentido.

Personajes


Los personajes de Alicia están inspirados en personas reales, por lo que no es dificil hacer el ejercicio al revés y, mirando a nuestro alrededor, encontrar a personas que los representan perfectamente.

¿Quién no conoce, por ejemplo, a un Dodo?, ¿una de esas personas que se complacen en usar palabras rebuscadas o difíciles?:

–En este caso –dijo solemnemente el Dodo, mientras se ponía en pie–, propongo que se abra un receso en la sesión y que pasemos a la adopción inmediata de remedios más radicales…
–¡Habla en cristiano! –protestó el Aguilucho–. No sé lo que quieren decir ni la mitad de estas palabras altisonantes, y es más, ¡creo que tampoco tú sabes lo que significan!

Alicia en el pais de las maravillas


Alicia en el pais de las maravillas es un libro escrito para niños, pero que puede ser disfrutado por algunos adultos. En sus comienzos fue criticado por su falta de sentido y sus diálogos absurdos, pero la historia de Alicia es la de un sueño, por lo que no tiene que ser lógico ni coherente.
La formación de Alicia, rígida y reglamentada en el sentido victoriano, choca con el confuso ambiente del país de las maravillas.

El gato de Cheshire, el más interesante de los personajes del libro trata de explicarle que la locura en un mundo loco es lo lógico y natural, y que por lo tanto, la cordura de Alicia la convierte en loca a los ojos de los habitantes del país de las maravillas.

La explicaciones del gato de Cheshire son enrevesadas y sin sentido, pero no son inusuales, es facil encontrar explicaciones menos lógicas en las declaraciones de los políticos referentes a cualquier situación que afecta a la ciudadanía, es cosa de ver las noticias en la televisión.

–¿Y cómo sabes que tú estás loco? –Para empezar -repuso el Gato–, los perros no están locos. ¿De acuerdo? –Supongo que sí –concedió Alicia. –Muy bien. Pues en tal caso –siguió su razonamiento el Gato–, ya sabes que los perros gruñen cuando están enfadados, y mueven la cola cuando están contentos. Pues bien, yo gruño cuando estoy contento, y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco.

Al final, el gato de Cheshire, desde su cómoda posición de observador, resulta ser el único cuerdo en el absurdo mundo del pais de las maravillas.