El hombre que no encontró lo no andaba buscando

Juan Ponce de León 

(1460 – 15 de julio de 1521)

Militar sin trabajo después de la caída de Granada, Ponce de León, buscando oportunidades en otra parte, se unió al segundo viaje de Cristóbal Colón a las recién descubiertas Indias.
Habiendo jugando un importante papel en la implacable supresión de la rebelión taína, obtuvo de Nicolás de Ovando, gobernador de la Hipaniola, el cargo de gobernador de la provincia de Higüey y una importante cantidad de tierra y la encomienda necesaria para cultivarla.
Ubicado en un punto estratégico, el de última escala de los navíos que regresaban a España, hizo fortuna vendiendo ganado y productos agrícolas.
Ponce de León escuchó de los indios taínos que en una isla vecina había abundancia de oro, por lo que pidió autorización a Ovando para explorarla. Hecho esto, confirmó la presencia de oro y consiguió de Fernando II el permiso para establecerse en la isla ahora llamada de San Juan Bautista, consiguiendo después su nombramiento de gobernador.
Esto duró hasta que Diego Colón, ganando en algo en la lucha legal porque se reconocieran los derechos heredados de su padre, llegó a la Hispaniola como virrey, quedando Ponce de León en posición incomfortable.
En 1511 llegaron a Fernando II los rumores de la existencia de islas no descubiertas al noroeste de la Hispaniola. Buscando tierras que no cayeran bajo la jurisdicción de Diego Colón, y como una manera de recompensar a Ponce de León por sus servicios, el rey firmó con Ponce de León estableciendo para el explorador derechos exclusivos para el descubrimiento de las “Islas de Beminy” y las que fueren vecinas, por el plazo de tres años y el cargo de gobernador de por vida.
La expedición, tres barcos y doscientos hombres, lo que da una idea de la prosperidad alcanzada por Ponce de León, ya que estaba enteramente financiada por él, arrivó finalmente a lo que creyeron era una isla y a la que llamaron La Florida.
Al final, las tierras recién descubiertas resultaron muy floridas pero poco productivas y los indios muy poco acogedores. En su último viaje de colonización Ponce de León fue herido por una flecha envenenada, la que finalmente le causó la muerte.
Al parecer la leyenda de que Ponce de León exploró La Florida en busca de la mítica Fuente de la Juventud se inició con unas líneas de La Historia General de las Indias publicada por Gonzalo Fernández de Oviedo  en 1535,  de la que dice el padre Las Casas que “contiene casi tantas mentiras como páginas”, pero no existe documento alguno que confirme dicha afirmación y la leyenda se reforzó al copiar y aumentar los escritores siguientes, lo dicho por Fernández.
Es de lógica pensar que las expediciones de Juan Ponce De León estaban guiadas por el propósito de conseguir la expansión territorial y el descubrimiento de nuevas minas de oro y no otra cosa.
Como la leyenda es muchas veces más fuerte que la historia, se sigue considerando que los viajes de Ponce de León a La Florida tenían por objeto primario encontrar la Fuente de la Juventud, leyenda cuyo rastro puede trazarse hasta la Historia de Heródoto, pero sin haber sido jamás habida.
Así, Juan Ponce de León se hizo famoso, más que por lo que hizo, por lo que no hizo.

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