Amor, con barreras…

icen por ahí que el amor es el motor que mueve el universo, pero muchos piensan que debe estar dentro de ciertos límites, fuera de los cuales será cuestionado, rechazado o definitivamente prohibido.
Al parecer los límites están marcados por la similitud, edad con edad, raza con raza, religión con religión, clase con clase. Así, enfrentarán dificultades los amores entre joven y mayor, blanco y negro, cristiano y musulmán o rojo y azul, por nombrar algunas posibilidades. Pero estamos hablando del amor entre seres humanos, ¿qué pasaría entonces, si existe la posibilidad, de amor entre un humano y un no-humano?
Algunos escritores han planteado tal situación en sus obras.

En la novela Una princesa de Marte, de Edgar Rice Burroughs, John Carter es un hombre que por una
especial circunstancia llega al planeta Marte, donde se encuentra con que está habitado por seres rojos y seres verde, parecidos a los humanos. De una mujer de la raza roja es que Carter se enamora, se llama
Dejah Thoris.

Cuando mi brazo descansó por un instante sobre ella sentí que se estremecían todas las fibras de mi ser de un modo que ningún contacto con otro mortal había suscitado jamás. Me pareció que ella se había apoyado en mí suavemente, pero no podía estar seguro de ello. Solamente supe que cuando mi brazo se posó allí, sobre sus hombros, un instante más del tiempo necesario para colocarle las sedas, no se alejó ni habló Así, en silencio, caminamos sobre la superficie de un mundo que se moría, pero en el corazón de uno de los dos, al menos, había nacido lo que a pesar de ser siempre lo más antiguo es nuevo.
(Edgar Rice Burroghs, Una princesa de Marte)

Siendo correspondido, el amor sigue adelante y llega incluso a frutificar, aunque hay una diferencia que podría ser significativa, los marcianos son ovíparos.

¡Y ni sino era enamorarme con todas mis fuerzas y sin esperanzas de una criatura de otro mundo, de una especie muy similar, pero no igual a la mía! Una mujer que había salido de un huevo y cuyo promedio de vida podía pasar los mil años y cuyo pueblo tenía costumbres e ideas extrañas. Una mujer cuyos deseos, 
placeres, conceptos de la virtud y del bien y del mal podían diferir tanto de los míos como los de los marcianos verdes.
(Ibid)

Todas las diferencias son vencidas al final y blanco y roja se unen sin mayores dificultades, ni físicas ni morales.

En el cuento de Philip K. Dick, ¡Oh, ser un blobel! la guerra entre los terrestres y los blobels ha terminado, pero entre sus daños colaterales está que los espías terrestres acondicionados para tomar la forma blobel y los espías blobels condicionados para tomar la forma humana, quedan al final sin ser ni lo uno ni lo otro. Los blobel tienen el aspecto de una ameba, son bastante diferentes.

Los infortunados ex-espías toman alternadamente, y por horas, una y otra forma, lo que impide su adaptación a la vida normal. Una posibilidad de sobrellevar la situación es un humano y un blobel formen una vida en común, después de todo sus vidas tienen el mismo problema. Es así como George conoce a Vivian Arrasmith.

Siéntense, por favor, señorita Arrasmith, permítame que sin ningún preámbulo le explique al señor Munster sus… circunstancias. —se volvió hacia George—. la señorita Arrasmith es una Blobel.
(Philip K. Dick, ¡Oh, ser un blobel!)

Después de intentar sacar adelante su matrimonio, las dificultades se muestran casi insuperables, la solución tendría que ser drástica.

—Estoy decidida a conservarle, doctor Jones. Sinceramente, en Titán me he sometido a tratamiento, el más moderno y el más caro, porque quiero a George mucho más que a mi propia gente y a mi planeta.
—¿Qué tratamiento? —inquirió el doctor Jones.
—A través de las técnicas más nuevas de la ciencia médica en todo el Sistema Solar dijo Vivian—, he sido estabilizada. Ahora tengo forma humana durante las veinticuatro horas del día. He renunciado definitivamente a mí forma natural para salvar mi matrimonio con George.
—El sacrificio supremo —dijo el doctor Jones, impresionado.
—Con tal de que pueda encontrarle…
(Ibid)

Ese sacrificio que Vivian está dispuesta a hacer podría salvar el matrimonio, aunque ya sea imposible solucionar el problema de los hijos, que nacieron mestizos de humano y blobel…

Más difícil de clasificar es el amor entre un humano y un robot, y eso es lo que se plantea en el cuento Satisfacción garantizada, de Isaac Asimov, que plantea la relación entre Claire y su robot de servicio, Tony. Al conocerlo, Claire se desconcierta con el aspecto completamente humano del robot.

–Mira, Claire, deseo que conozcas a Tony, un tipo magnífico. Ésta es mi mujer, Tony, chico.La mano de Larry se posó amistosa sobre el hombro de Tony, mas éste permaneció inexpresivo,sin responder a la presión, limitándose a decir:
–¿Cómo está usted, señora Belmont?
Claire dio un respingo al oír la voz de Tony, profunda y pastosa, suave como el pelo de su cabeza o la piel de su rostro. Sin poder contenerse, exclamó:
–¡Ah…! ¡Habla usted!
–¿Y por qué no? ¿Acaso esperaba que no lo hiciera?
(Isaac Asimov, Satisfacción garantizada)

El robot realmente atendía a Claire, de la mejor manera posible, pero un día en que Claire perdió el equilibrio y Tony la sostuvo, es que sintió algo realmente extraño que le causó una gran inquietud.

–¿Se ha hecho daño, señora Belmont? Por un instante, se fijó en que su mano había desordenado el pelo liso de él, pues por primera vez vio que estaba compuesto de distintas hebras, finas y negras.Y luego, de pronto, tuvo conciencia de sus brazos rodeándola por los hombros y las rodillas…,sosteniéndola en 
su caída, estrecha y cálidamente…Se puso en pie de un salto. El chillido que dejó escapar traspasó sus propios oídos. Pasó el resto del día en su habitación, y para dormir, además de cerrar bien la puerta con llave, la atrancó con una silla.
(Ibid)

Finalmente algo sucede, no se sabe que sucede en los circuitos de Tony, pero sí podemos adivinar lo que sucede en el corazón de Claire, algo hermoso tal vez, pero sumamente perturbador también.

Retiró sus manos de las de ella, y Claire descubrió en aquel rostro inexpresivo, en el que nadie podía leer, una verdadera admiración… De pronto, se atemorizó de nuevo, pero esta vez de manera muy distinta.Tragó nerviosamente saliva y contempló sus manos, que le hormigueaban aún por la presión de los dedos de él. No, no se lo había imaginado. Los dedos de Tony habían oprimido los de ella de manera afectuosa y tierna, un momento antes de retirarse.
(Ibid)

Otra historia relacionada con un humano y un robot es la contada por Robert F. Young en Treinta días tenía septiembre. Las escuelas han sido eliminadas y sustituidas por la enseñanza a través de la pantalla de televisión. Las maestras cibernéticas que habían sido creadas para sustituir a las humanas quedaron
obsoletas y sin uso. Algunas fueron reconvertidas para el servicio doméstico y es a una de ellas que Danby compra para su casa.
Pero la maestra-doméstica mantiene en su memoria los programas de enseñanza y estos son los que la hacen revelarse contra la conversión de la literatura clásica en malas series de televisión, ¿por qué cambiar el texto de Shakespeare por una mala adaptación moderna?

–Porque estamos viviendo en un mundo despreciable –dijo Danby, sorprendido ante su súbita percepción–, y en un mundo despreciable las cosas preciosas son inútiles. Dig… diga los versos de nuevo, por favor, señorita Jones.
–¡Buenas noches, buenas noches! Despedirse es tan dulce aflicción, que diré buenas noches hasta que sea mañana…
–Déjeme terminar –Danby se concentró–. El sueño more sobre tus ojos, la paz…
—…en tu pecho…
—Quisiera yo fuesen el sueño y la paz, tan…
–…dulces…
–¡…tan dulces para descansar!
Bruscamente la señorita Jones se puso de pie.
–Buenas noches, señora –dijo.
Danby no se molestó en levantarse. No habría servido de nada. De cualquier modo, podía ver bien a Laura desde donde se hallaba.
(Robert F. Young, Treinta días tenía septiembre)

Descubierto por su esposa en flagrante adulterio con la sirvienta robot (por lo menos eso es lo que parece) a Danby no le queda más remedio que deshacer la imposible relación y devolver el robot. Pero un día la encontró trabajando en un restaurante y no vaciló en asumir lo que en realidad no es otra cosa que amor.

Se puso el delantal que le entregó el propietario y se unió a la señorita Jones frente a la parrilla.
–Buenas noches, señorita Jones –dijo.
Ella volvió la cabeza y sus ojos azules parecieron iluminarse y su cabello era como el sol surgiendo en una brumosa mañana de septiembre.
(Ibid)

En este caso la historia tiene un final distinto, el amor tiene muchas formas de demostrarse y vivirse.

Los marcianos del cuento de John Benyon, Ningún lugar como la Tierra, no son muy diferentes de los humanos, pero si bien no son feos, tampoco tiene las características que hacen que un ser, a los ojos de los terrestres, sea hermoso.

Posiblemente, Gauguin no hubiese visto ninguna belleza en ella, del mismo modo que el propio Bert no la había visto al principio. Los marcianos, con su delicada estructura y sus frágiles huesos, le habían parecido unos extraños seres la primera vez que los vio.
(John Benyon, Ningún lugar como la Tierra)

Pero el tiempo pasa y la gente cambia, puede variar su manera de ver, de medir, de apreciar, y Bert el terrestre descubre algo que a sus ojos había permanecido oculto.

Zaylo se presentó en la orilla mientras Bert estaba reparando la rueda de la noria a la mañana siguiente. La muchacha se sentó en el suelo, con la cara apoyada en las rodillas. Bert alzó la mirada y sus ojos se encontraron. Algo completamente inesperado le sucedió a Bert. Hasta entonces había considerado a Zaylo como a una chiquilla; ahora…, ahora era distinto. Bert notó una especie de opresión en el pecho, la piel de sus sienes se tensó y sus manos temblaron hasta el punto de que casi dejó caer la barra de hierro que estaba empuñando. Se reclinó contra la rueda, mirando a la muchacha, pero incapaz de hablar. Transcurrió un largo período de tiempo antes de que pudiera decir algo, y las palabras sonaron desmañadas a sus propios oídos.
(Ibid)

Pero a Bert, todavía le queda mucho de terrestre, mide las cosas en base a sus recuerdos de la Tierra y no puede aceptar fácilmente lo que le está sucediendo.

Zaylo miró a su madre con ojos húmedos.
—Se ha marchado —murmuró desesperadamente.
Annika oprimió cariñosamente la mano de su hija.
—Es fuerte, pero la fortaleza procede de la vida…, y él no puede ser más fuerte que la vida. Volverá pronto…, muy pronto, creo. —Alzó la mano y acarició los cabellos de Zaylo—. Cuando vuelva, hija mía, sé amable con él. Los terrestres tienen unos cuerpos muy grandes, pero en realidad no son más que chiquillos.
(Ibid)

Bert tiene que pasar por muchas dificultades, algunas que le pudieron costar su libertad o incluso la vida, para reencontrar lo que desde un principio era suyo, el amor.

Zaylo, al verle, se había detenido en el umbral de la puerta de la torre. Permaneció allí inmóvil un instante, con los ojos brillantes de alegría, los labios entreabiertos…
Zaylo no era tal como Bert la recordaba. Era diez veces más bella que cualquiera de sus recuerdos.
(Ibid)

Cuando veíamos la relación entre un terrestre y un ser extraterrestre, estábamos hablando de un extraterrestre muy similar al humano, casi humano, diríamos.

Pero ¿y si la diferencia es mayor?. En El planeta errante, de Fritz Leiber, los seres que llegan a la Tierra son humanoides, pero solo eso. Lo seres son felinos, es decir que son como gatos son forma humana, tienen brazos y piernas, manos con pulgar opuesto también, pero su piel está cubierta de pelo, tienen cola y su rostro es definitivamente gatuno.
Paul se siente irremediablemente atraído por una ser-gato que se hace llamar Tigerischa. Después, la atracción se transforma en algo que lo lleva a un estado de ánimo dramático, de amor desesperado.

—No me marcho —dijo.
—Tienes que hacerlo, Paul —dijo Tigerishka—. La Tierra es tu hogar. De prisa.
—Renuncio a la Tierra y a mi raza —contestó él—. Quiero quedarme contigo. 
. . .
—Por favor, vete en seguida, Paul —dijo Tigerishka, mirándolo por fin y avanzando hacia él. Sus ojos estaban fijos en los de él—. Ya no puede haber relación ninguna entre nosotros.
(Fritz Leiber, El planeta errante)

Sus intentos de embarcarse en la nave de Tigerisha son vanos, ella lo rechaza violentamente y lo deja atrás, con su desilusión. Pero la verdad es que las diferencias son demasiadas y Tigerisha tiene razón, para ella los hombres están al nivel de los monos y ni en calidad de mascota podría llevar a Paul, aunque quizás, en el fondo de su corazón, quisiera.

—Y no me quiso bajo ninguna condición. Cuando le pregunté qué sentía por mí, me hizo esto. —Se apretó la mejilla con el pañuelo ensangrentado.
Don volvió a reír.
—Eres un hombre hambriento de castigo, ¿verdad? No sé, Paul, pero si estuviera enamorado de una señora-gata, ese arañazo me convencería de que ella me ama a su vez. 
(Ibid)

Diferentes historias con diferentes finales, pero todas interesantes. Por supuesto que las citas son una invitación a leer, de las novelas, El planeta errante es muy larga y Una princesa de Marte ha sufrido el paso del tiempo, pero los cuentos, algo breves, son fáciles de leer. Mi favorito es Treinta días tenía septiembre, un cuento delicado, lleno de amor y ternura.

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12 comentarios en “Amor, con barreras…

  1. Extraordinario, y muy interesante, como siempre. Lo que más me gusta de la cifi es que no se trata, como piensan muchas personas, de historias de naves espaciales y ciencia futura, caben muchas cosas, entre ellas algunas de las que más me chiflan de la literatura y el arte en general. Cabe el Amor, la Filosofía, y cualquier otro elemento más o menos profundo que podamos encontrar en cualquier género.

    El tema me ha recordado a una conversación mantenida hace poco sobre los robots, y ahora no puedo evitar pensar en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, que algo tiene de relación también con tu tema; ya no por el amor, sino por la posibilidad de que se dé, y bueno… mucho más que veo contenido en esa novela, muy relacionado con la diferencia; te hace preguntarte que cuál es.

    Saludos afectuosos

  2. Bueno, Lao, hay amores imposibles y amores posibles, y si hay condiciones, estas tienen que ponerlas los afectados, no los demás, la sociedad, la religión, qué se yo…

  3. La ciencia ficción es un terreno enorme, que da para todo. Como dices, no solo se trata como el vulgo cree, de viajes intergalácticos y héroes que lo hacen todo. Lo que pasa es que muchos juzgan sin haber leído.

  4. ¿Vistéis la película 2046, del director Wong Kar Wai?. Una preciosidad de filme. Las más bellas escenas son las de la androide enamorada…

    Jenofonte, hiciste un buen trabajo, y eso que la ciencia ficción no es de mis preferencias, me ha gustado cómo vas hilando el tema.
    Un abrazo.

  5. Hola Fany: No he visto la película, pero la voy a ver. En el tema me he referido solamente a la literatura, porque incluir las películas significaba extenderme demasiado, pero veré si se puede hacer algo.
    En cuanto a la ciencia ficción, yo te recomiendo la lectura de “Treinta días tenía septiembre”.

  6. Ciertamente es muy interesante lo que nos planteas con esos ejemplos literarios, Pienso que los problemas estarían presentes en todas esas relaciones, el ser humano tiende demasiado (por desgracia) a estar más pendiente de los demás que de sí mismo, y si ya en cuanto a religiones, razas, edades siempre se han planteado multitud de dificultades y obstáculos, pienso que de darse entre un humano y un robot sería igualmente censurado. La mente humana no suele abrirse demasiado cuando piensa que algo no es como debiera, y en sí mismo es una contradicción, puesto que ¿quién decide lo que es o no adecuado?

  7. El problema puede ser sumamente complicado, escribí esta entrada tomando los amores digamos extra-humanos por su básica imposibilidad, pero la literatura está llena de imposibles humanos. Ahora, según la época y la cultura, lo imposible puede tornarse posible o viceversa. Por ejemplo, Romeo y Julieta de Shakespeare se ha tomado como la mayor representación del amor, ha pasado a ser un símbolo en cuanto al amor separado por un imposible, la enemistad entre los Montesco y los Capuleto,. Pero, y eso la gente no lo sabe o no lo considera, Julieta tenía 13 años (estaba a punto de cumplir 14) lo que actualmente agregaría otra imposibilidad.

  8. Muy interesante la entrada como todo lo que esté relacionado con el amor, lo de menos es su género se< humano, androide, robótico, aunque debo decirte que la ciencia ficción no está entre mis preferidas.

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