La Atlántida

n dos de sus Diálogos, conocidos como Timeo y Critias, el filósofo Platón hace mención de un continente desaparecido hacía mucho tiempo, la Atlántida.

Permítanme comenzar por observar en primer lugar, que nueve mil es la suma de los años transcurridos desde la guerra que se decía que había tenido lugar entre los que vivían fuera de los pilares de Heracles y los que habitaban en su interior; esta es la guerra que voy a describir. De los combatientes, por un lado, la ciudad de Atenas se sabe que la lideró y que luchó durante toda la guerra, los combatientes del otro lado estaban al mando de los reyes de la Atlántida, que, como les decía, era un isla mayor en extensión que Libia y Asia, y cuando posteriormente hundido por un terremoto, se convirtió en una barrera infranqueable de fango, para los viajeros que pretendan navegar por esa parte del océano.
(Platón, Crisias)

Desde entonces, este incógnito continente perdido ha despertado la imaginación de la gente, aunque las opiniones se dividen entre considerarla una civilización muy avanzada y precursora de las antiguas que conocemos o en una simple leyenda, imposible de respaldar con documento alguno. Solo tenemos el relato de Platón, que proviene, dice, de lo que fue contado a Solón durante su viaje a Egipto, supuesta colonia de los atlantes.

La Atlántida sigue siendo noticia cada cierto tiempo, cada vez que alguien encuentra en el fondo marino los restos de alguna ciudad, y ha dado tema para escribir unos tres mil libros entre lisa y llana fantasía o estudios que quieren ser científicos. En todo caso la Atlántida se ha convertido en uno de los llamados Misterios de la Humanidad.

Con cierta frecuencia se organizan expediciones submarinas destinadas a descubrirla y de hecho la Atlántida ha sido “descubierta” varias veces, ya sea en el Mediterráneo o en el Atlántico.
En la literatura destaca, para quien quiera meterse más en el tema, el libro El misterio de la Atlántida de Charles Berlitz. Lo de creer o no creer depende de cada uno, pero el libro es entretenido.


¿Dónde estuvo localizada la primera civilización? ¿Fueron las demás “exportadas” desde un núcleo central?¿Existió alguna otra cultura, más antigua y con mayores conocimientos, que ayudó a formar Egipto, Sumer, Creta, Etruria, las islas del Mediterráneo y costas adyacentes, y que influyó incluso en las culturas americanas?
En respuesta a todos estos interrogantes surge, difusa pero acuciante, una palabra semejante al eco de un pasado incierto, algo así como el nombre que se pronuncia en un océano brumoso. La palabra es… Atlántida.
(Charles Berlitz, El misterio de la Atlántida)

Después, viene una buena serie de novelas, que utilizan la antigua isla como escenario de todo tipo de aventuras.

La novela La Atlántida de Pierre Benoit cuenta como dos oficiales franceses se internan en el Sahara buscando enclarecer la desaparición de algunos compañeros, siendo secuestrados por los hombres de la siniestra reina Antinea, descendiente de los reyes de la Atlántida.

“Debe darse cuenta”, continuó, “del error cometido por los que, creyendo en la Atlántida, han tratado de explicar el cataclismo por el cual se supone que la isla se hundió. Pero en realidad no hubo una inmersión sino una emersión. Nuevas tierras emergieron de las aguas del Atlántico. El desierto ha reemplazado al mar, los lagos salados y los arenales son los vestigios desolados de las aguas libres donde, en los tiempos pasados, las flotas navegaron llevadas por el viento a la conquista del Ática. La arena se traga las civilizaciones con más facilidad que el agua”. 
(Pierre Benoit, La Atlántida)

Una obra muy poco conocida del prolífico escritor Arthur Conan Doyle, La fosa de Maracot, incursiona también en la leyenda. El profesor Maracot está decidido a explorar una profunda fosa marina en el Atlántico, frente a África, para lo que prepara una batísfera. Un incidente con un cangrejo gigante provoca que el sumergible se vaya al fondo de la fosa, donde son rescatados por los atlantes, últimos sobrevivientes de la desaparecida isla.

¡El cable se ha cortado! ¡No hay nada que hacer!
 ¡Moriremos! -gritó, agarrando el tubo del teléfono
 y,  a continuación, ‘Adiós, capitán, adiós a todos.’
 Eran nuestras últimas palabras para el mundo
 de los hombres. (La fosa de Maracot)

“Es como un sueño para mí también, pero es un sueño glorioso! ¡Qué historia para el mundo si conseguimos regresar con ella!’
‘Una cosa está clara,’ dije, ‘era realmente cierta la leyenda de la Atlántida, y algunas personas encontraron una extraordinaria forma de convertirla en realidad.’
‘Bueno, incluso si ellos lo consiguieron, -exclamó Bill Scanlan, rascándose la calva,’ condenado sea si puedo entender cómo consiguen el aire y el agua dulce y todo lo demás. Tal vez ese extraño tipo de barba que vimos anoche pueda decirnos como.
(Arthur Conan Doyle, La fosa de Maracot)

Al parecer la avanzada ciencia de los descendientes de los atlantes les permite sintetizar todo lo que necesitan, por lo que no hay problemas de supervivencia. El problema es como regresar a la superficie, pero después de algunas aventuras y peligros, los expedicionarios logran regresar para contarlo

La novela El continente perdido: la historia de la Atlántida, de C.J. Cutcliffe Hyne, es el relato de Deucalión, un sacerdote-guerrero que gobierna la colonia atlante en la península de Yucatán. En él describe su lucha contra la malvada emperatriz Phorenice, usurpadora que gobierna la Atlántida con extremada crueldad. Debido a que no es posible vencer a la emperatriz por los medios normales, los líderes religiosos deciden destruir el continente completo.
El relato de Deucalión, quién sobrevive acompañado de su pareja, se conservó en un voluminoso manuscrito encontrado en las islas Canarias. Corresponde al mito del diluvio universal, puesto que Deucalión es el Noé griego, y se salva en una especie de arca con reminiscencia bíblica.

En la profundidad sombría de su vientre se almacenaron muchos materiales. En un extremo, en grandes depósitos a cada lado del pasillo central, estaba almacenada una gran cantidad de grano. El agua dulce estaba en otro depósitos en el otro extremo. En otro sitio estaban las medicinas y las muestras, esencias de la vida de los animales; todas estas cosas para ser usadas mientras que el Arca deambulaba bajo la guía de los dioses en el seno de las profundidades. 
. . .
De esa tierra a la que llegamos a su debido tiempo, y donde hicimos nuestra morada y nacieron nuestros hijos, les contaremos en su oportunidad.
(C.J. Cutcliffe Hyne, El continente perdido)

En los comics, mis personajes preferidos, Philip Mortimer y Francis Blake, viven una aventura en lo que queda de la Atlántida, debajo de las islas Azores.

Los atlantes han logrado sobrevivir en las profundidades de la tierra gracias a su alta tecnología, que no impide, al final, su destrucción por un nuevo y definitivo cataclismo. Pero como tenían prevista la destrucción, contaban con una flota de naves que les permitirían emigrar al espacio y empezar de nuevo en un hipotético planeta.


En Aelita, de Alexei Tolstoi, un clásico de la ciencia ficción rusa, se cuenta como los atlantes, al ser destruído su continente, volaron al espacio y llegan al planeta Marte para colonizarlo, para lo que tienen que dominar a la raza nativa.

Un día, una de las tribus de Taltsetl (la Tierra) llegó a Marte. Descendieron durante cuarenta días y cuarenta noches en máquinas de bronce de forma oval, impulsadas ​​por el poder liberado en la desintegración de la materia. Iban vestidos con armaduras y cascos y llevaban espadas. Habían venido de un continente que se hundió en el fondo del océano (la Atlántida). 
(Alexei Tolstoi, Aelita)

El profesor Aronnax, huesped forzoso del capitán Nemo tuvo la oportunidad de contemplar las ruinas de esa antigua civilización.

¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba? Quería saberlo a toda costa, quería hablar, quería arrancarme la esfera de cobre que aprisionaba mi cabeza.
Pero el capitán Nemo vino hacia mí y me contuvo con un gesto. Luego, recogiendo un trozo de piedra pizarrosa, se dirigió a una roca de basalto negro y en ella trazó esta única palabra: ATLÁNTIDA
(Julio Verne, 20 mil leguas de viaje submarino)

El mito de la Atlántida ha sobrevivido a los milenios, fue un misterio y lo sigue siendo, inspirando la fértil imaginación de los escritores para entretención y deleite los lectores.

Anuncios

2 comentarios en “La Atlántida

  1. El Blog responde a mis fantasías,
    alguien podrá decir que la Atlántida no existe,
    pero yo se que si abro un libro,
    comenzará a vivir y, aunque lo cierre,
    seguirá existiendo mientras tenga yo memoria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s