Nadia Fedor

Nadia Fedor  es uno de los personajes de la novela Miguel Strogoff, de Julio Verne. Es la hija del exiliado político Basili Fedor, y viaja a Irkustsk para reunirse con su padre. Cuando el decreto del gobernador de Nijni-Novgorod le impide continuar el viaje, Miguel Strogoff, que viaja bajo el nombre supuesto de Nicolás Korpanoff, le ayuda incluyéndola en su podaroshna al hacerla pasar por su hermana.

Aún no habían transcurrido tres minutos cuando reapareció Miguel Strogoff acompañado por un agente. Llevaba en la mano su podaroshna que le franqueaba las rutas de Siberia.  Se acercó entonces a la joven livoniana y, tendiéndole la mano, le dijo: -Hermana… ¡Ella comprendió y se levantó, como si una súbita inspiración no le hubiera permitido dudar! -Hermana -prosiguió Miguel Strogoff- tenemos autorización para continuar nuestro viaje a Irkutsk. ¿Vienes conmigo? -Te sigo, hermano -respondió la joven enlazando su mano con la de Miguel Strogoff. Y juntos abandonaron las oficinas de la policía. 

(Julio Verne, Miguel Strogoff)

La novela ha sido llevada varias veces al cine y a la televisión, y el personaje de Nadia ha sido interpretado, con resultado variado, por diferentes actrices a lo largo de un siglo, desde la primera versión en cine mudo y blanco y negro, hasta la última, la espantosa de 1999 que reescribe la historia de la peor manera posible.

          

Nathalie Kowanko      Ormi Hawley            Ivette Lebon        Genevieve Page

             

    Elizabeth Allan            Marie Andergast        Léa Bosco            Lupita Tovar  

Se puede decir que ninguna de las actrices se acerca a la edad del personaje, todas tenían en el momento de la filmación más de 25 años. Tal vez porque dieciseis años puede ser una edad complicada si el personaje entra en una relación amorosa, después de todo Miguel Strogoff  tiene treinta. Eso sí, son rubias, excepto Ormi Hawley y la mexicana Lupita Tovar.

      

Mimsy Farmer                Lorenza Guerrieri

La muchacha debía de tener entre dieciseis y diecisiete años. Su cabeza, verdaderamente hermosa, representaba al tipo eslavo en toda su pureza; raza de rasgos severos, que la destinaban a ser más bella que bonita en cuanto el paso de los años fijaran definitivamente sus facciones. Se cubría con una especie de pañuelo que dejaba escapar con profusión sus cabellos, de un rubio dorado. Sus ojos eran oscuros, de mirada aterciopelada e infinitamente dulce; su nariz se pegaba a unas mejillas delgadas y pálidas por unas aletas ligeramente móviles; su boca estaba finamente trazada, pero daba la impresión de que la sonrisa había desaparecido de ella desde hacía mucho tiempo.

(Julio Verne, Miguel Strogoff)

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