El motín del Bounty

Réplica del Bounty

En 1787 la Royal Navy compró un barco mercante, el Bethia, lo reacondicionó y lo armó con cuatro
cañones de 4 libras con el objeto de utilizarlo en una misión botánica, traer desde Tahití hasta las Indias Occidentales, una gran cantidad de árboles del pan en un experimento destinado a probar la factibilidad de que sirvieran como una alternativa económica para alimentar a los esclavos.

El barco, renombrado Bounty, fue puesto al mando del teniente William Bligh, experto navegante que había servido bajo las órdenes del famoso capitán James Cook y conocía bien esas regiones del Pacífico.

William Bligh

La misión nunca se completó porque el 28 de abril de 1789 parte de la tripulación se amotinó, abandonó en el mar al capitán Bligh y parte de los marineros que le permanecieron leales y se establecieron en la isla de Pitcairn, quemando el Bounty.
Hay varias teorías que explican la causa del motín, la más socorrida es la supuesta arbitrariedad y crueldad del capitán Bligh, pero es posible que una mejor explicación sea que los amotinados, habiéndose acostumbrado a la vida casi idílica de las islas, en una sociedad muy permisiva en lo sexual desde el punto de vista de los europeos, no quisieran volver a la pesada vida de a bordo.

Tanita en el papel de Maimiti (1962)

Su apego a Maimiti era de lo más tierno, y yo sabía cómo debía temer la separación definitiva de ella. De los guardiamarinas, Stewart estaba tan profundamente apegado a su novia de la India como el mismo Christian. Young estaba constantemente en compañía de una chica llamada Taurua, el nombre indio de la estrella de la tarde.
(C. Nordhoff y J. N. Hall, El Motín del Bounty)

Las mujeres de Otaheite son hermosas, de suaves maneras y alegre conversación, poseen una gran sensibilidad y son lo suficientemente delicadas como para ser admiradas y queridas.
(William Bligh, Narración del motín a bordo del barco de su majestad Bounty)

El motín del Bounty entró en la historia y, como suele suceder, también en la leyenda, no siempre respetando la verdad de lo sucedido. El capitán Bligh pasó a convertirse en la cultura popular en el arquetipo del comandante brutal y despiadado que no hizo sino merecer el motín del que fue víctima.
Sin embargo se sabe que Bligh era un marino culto, con cierta afición a la ciencia y cuidadoso del bienestar de su tripulación. Se sabe también por el libro de Bitácora del Bounty que el capitán Bligh, aunque era de carácter susceptible, Bligh prefería amonestar antes que azotar y azotar en lugar de ahorcar, como era costumbre en esa época de castigos severos que hacían que la vida a bordo fuera especialmente dura.

El Pacífico es ancho, y todavía tan desconocido que nunca necesitaríamos tratar de dominarlo excepto como resultado de nuestra propia locura. En nuestra situación un líder es esencial, uno cuya voluntad debe ser obedecida sin rechistar. Debería ser innecesario decir a los marineros británicos que ningún barco, ya sea tripulado por amotinados o no, se puede manejar sin disciplina. Si estoy al mando de la Bounty debo ser obedecido. no habrá injusticia aquí. no voy a castigar a nadie sin una buena razón, pero no permitiré a ningún hombre cuestionar mi autoridad.
(C. Nordhoff y J. N. Hall, El Motín del Bounty)

Fruto del árbol del pan

El Bounty trató de alcanzar Tahití pasando por el cabo de Hornos, pero al serle imposible, tuvo que dar la vuelta y navegar hacia el Este. Esto causó que el barco llegara a Tahití con retraso, pasada la época en que podían recogerse el arbol del pan. Debido a eso, El Bounty debió permanecer en las islas durante cinco meses, durante los cuales la tripulación desembarcó y socializó con los nativos llegando incluso algunos marineros a casarse con mujeres nativas.
Cuando llegó el tiempo en que se hizo necesario zarpar con las mil plantas recolectadas, parte de la tripulación liderada por el primer oficial Fletcher Christian, quien se había casado en Tahití con la nativa Maimiti.
De la tripulación de 42 hombres 22 se amotinaron, dos no tomaron partido y 18 permanecieron leales al capitán. Bligh y los leales fueron embarcados en una lancha de 7 metros, en el que realizaron un increíble viaje de 6.500 kilómetros hasta alcanzar sanos y salvos el puerto de Coupang, en una verdadera hazaña de navegación y de resistencia.

Modelo a escala de la lancha del
Bounty con los 19 hombres a bordo.

Por la noche serví un octavo de litro de agua y 15 gramos de pan, para la cena. Por la mañana, un octavo de litro de leche de coco y un poco de pan podrido, para el desayuno; y para la cena, dividí entre todos la carne de cuatro cocos secos, y el resto del pan podrido, que sólo era comestible para personas con dificultades como las nuestras.
(William Bligh, Narración del motín a bordo del barco de su majestad Bounty)

La historia del motín ha servido de base para novelas y películas. Entre las novelas se puede nombrar la Trilogía del Bounty escrita por C. Nordhoff y J. N. Hall, el cuento Los amotinados de la Bounty de Julio Verne, la revisión histórica La Bounty de la autora Caroline Alexander y la mediocre novela Motín en la Bounty, del escritor John Boyne.

Mientras que los amotinados con sus irónicas expresiones despedían al capitán Bligh y a sus infelices compañeros, Christian, apoyado en la borda, no podía quitar los ojos de la chalupa que se alejaba. Este bravo oficial, de conducta, hasta entonces fiel y franca, había merecido los elogios de todos los capitanes a los cuales había servido y ahora se había convertido en el jefe de una banda de piratas. 
(Julio Verne, Los amotinados del Bounty)

Entre las películas están En la estela del Bounty (1933) con Mayne Lynton y Errol Flynn, El motín del Bounty (1935) con Charles Laughton y Clark Gable, Rebelión a bordo (1962) con Trevor Howard y Marlon Brando y La Bounty (1984) con Anthony Hopkins y Mel Gibson.

No hay ni que decir que las películas han contribuído a construir y aumentar la leyenda negra del capitán William Bligh como símbolo de crueldad en el mar. Lo más posible es que se atribuyera erroneamente a Bligh la notoria crueldad de Edward Edwars, el despiadado capitán del Pandora, barco que fue enviado por la Royal Navy a buscar a los amotinados con el objeto de someterlos a juicio.

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Esos Reinos olvidados

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Altered  Book Sculpture,  by Susan Hoerth












A los seres de los Reinos Olvidados
(Y a la inocencia de quienes aun creemos en ellos)

¡Ah!, de un gnomo podría hacerme amigo
y con él degustar su ale de octubre,
que feliz es quien su amistad descubre
y triste quién lo tiene de enemigo.

Con un genio prefiero no encontrarme,
que aunque deseos conceder pudiera,
se sabe que si mal humor tuviera,
podría a muchas penas condenarme.

Si en mi barca sirenas encontrase
y muy dulce canción les escuchara,
cual Ulises con sogas me amarrara
por no ser que en sus brazos naufragase.

Si con feroz dragón yo me encontrara,
a enano herrero espada le pidiera,
si no Balmunga puede otra cualquiera,
que la sangre del mónstruo derramara.

Con troll malagestado y destructivo,
ni por azar quisiera el encontrarme,
que si diese en capricho de atacarme,
me faltaran más piernas fugitivo.

Mejor disfrutaría finalmente,
de la danza de hadas en su prado,
que no puedo evitar, enamorado
estar de la mía, en el presente.

Jen-O

Mildred Cable y las hermanas French

A fines del siglo XIX comenzó a desarrollarse en Europa un creciente interés por las culturas orientales y muy pronto se realizaron una serie de viajes con interés científico, Prejevalsky, el más importante de los viajeros rusos, Aurel Steinvon le CoqSven Hedin, recorrieron el Turquestán, el desierto de Gobi y el terrible Taklamakan, en busca de los restos de antiguas ciudades budistas, de la mítica Ruta de la Seda y los rastros de la iglesia Nestoriana y la religión Maniquea que buscaron refugio de las persecuciones religiosas que sufrieron, en las profundidades del Asia.

Mildred Cable y las hermanas Francesca y Evangelina French.

Estos científicos viajaban en grandes caravanas, muchas veces con escolta armada. Pero hubo quienes viajaban en forma mucho más arriesgada. Un ejemplo notable es el trío de misioneras inglesas formado por Mildred CableFrancesca French y Eva French, quienes juntas, viajaron por las más inhóspitas, desconocidas, peligrosas, pero siempre interesantes regiones del Asia Central.

Mildred Cable era una joven inglesa nacida en 1878 que decidió hacerse misionera y trabajar en China. Para eso estudió en la Universidad de Londres lo que consideraba útil, Farmacia y Ciencias Humanas. Se comprometió con un joven que también quería ser misionero, pero que cambió de opinión a última hora y le dijo a Mildred que no se casaría con ella a menos que desistiera de viajar a China. Mildred se sumió en una depresión y ni siquiera se presentó a dar sus exámenes finales. Sin embargo un día supo que se estaba preparando una misión para China, “bajó una cortina sobre su pasado” y se embarcó, era 1901.

Viajó con Evangelina French, quién ya estaba realizando un trabajo misionero en China. Allá trabajaron juntas viajando por la región de Huozhou, junto con la hermana de Evangelina, Francesca, que se les unió.

Mildred Cable en una posada del camino.

La ciudad de Huozhou está situada en la carretera principal que conecta Taiyüanfu con Sianfu, la ruta que conecta Peking con las provincias del noroeste. Por este camino transitan largas caravanas de camellos, cargados con mercaderías de Mongolia; miles de asnos llevando sacos de harina de las fértiles llanuras del sur; carretas con tabaco y papel de las grandes ciudades del sur de la provincia, y las caravanas de viajeros, familias completas en grandes carros moviéndose a sus nuevos hogares; literas cubiertas balanceándose entre dos mulas, en las que, bajo pesadas cortinas, viajaban las esposas de algún funcionario; caminantes, vestidos de algodón azul celeste, “corredores yamen” pidiendo paso libre a gritos mientras cabalgaban furiosamente y los porteadores se combinan para formar una pintura en movimiento, interesante y hermosa, del Gran Camino, como es llamado. (Mildred Cable, El cumplimiento de un sueño)

Pero después pensaron que la misión en China debía quedar a cargo de los chinos, y decidieron  evangelizar la región occidental china, de religión musulmana, esto es en 1923. Como preparación se dedicaron a estudiar la lengua uighur para comunicarse con las mujeres musulmanas, quienes eran su principal objetivo. Formaron un equipo que trabajaría unido por el resto de sus vidas.

Un alto en el camino, después de cruzar el desierto.

Se internaron entonces por las desérticas regiones del Asia Central siguiendo las rutas caravaneras, en una carreta cargada con su equipaje y una respetable cantidad de biblias y libros de literatura cristiana, y sin más escolta que, a veces, algunos correligionarios chinos.

Mildred y Francesca escribieron en colaboración una serie de libros, en los que se encuentran valiosas descripciones de los territorios que recorrieron y las culturas que encontraron.

Las viajeras pudieron ver, desde la perspectiva del que pasa, el destino que estaban teniendo las ruinas de antiguas ciudades que los contemporáneos arqueólogos buscaban rescatar.

Ruinas en el desierto

La demolición de los edificios duraba ya mucho tiempo y pudimos observar como los campesinos derruían con sus herramientas las construcciones antiguas, destruyendo seguramente muchas reliquias en el proceso. … Por desgracia, la irrigación necesaria para el crecimiento de los cultivos es fatal para los edificios de barro, la pintura mural y todos aquellos restos que dependen para su conservación de la sequedad del desierto. 

(Mildred Cable-Francesca French, El desierto de Gobi)

Por última vez en China, 1935.

Estas tres mujeres eran independientes, de carácter fuerte y muy audaces, nunca faltaron ocasiones para demostrar que no temían a nada y que podían ser, desde el punto de vista masculino, incluso rebeldes. En una ocasión Eva French dio la comunión a sus feligreses chinos y fue criticada porque esa ceremonia se consideraba prerrogativa masculina. Lejos de asustarse con las críticas, Mildred respondió celebrando la comunión en la siguiente Pascua.

Las misioneras dejaron China en 1936 y no pudieron regresar jamás porque el Señor de la Guerra de la región en que trabajaban decretó la expulsión de todos los extranjeros en 1938.

La labor misionera de las mujeres no dio mucho fruto, el trabajo de convertir a los musulmanes demostró ser algo muy difícil por no decir imposible, pero la descripción de sus viajes y sus observaciones son un documento invaluable para el conocimiento del desierto de Gobi y la Ruta de la Seda., su aspecto y su cultura. Además de ser un ejemplo de audacia y determinación en un trabajo que al más valiente hubiera desesperanzado pero que ellas llevaron a cabo siempre juntas.

La fértil depresión de Turfán

Turfan aparece como una isla verde en medio de una infinidad de arena. Polvo y grava, en vez de agua marina, lamen sus orillas, pues la línea divisoria entre el árido desierto y la tierra fértil es tan precisa como la que separa la orilla del océano. Su fertilidad es sorprendente y produce un efecto sobrecogedor en el viajero que se adentra, dejando atrás este universo yermo y árido, en la exuberancia de Turfan. (Mildred Cable-Francesca French, El desierto de Gobi) 



Día del Libro

El 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor. Como el libro sin lectores es solamente un objeto, he querido poner aquí una serie de pinturas de atentas lectoras…

Cerámica china (¿?)
Utagawa Kunisada (1786-1865)
Vladimir Volegov (1957)

Albert Anker (1831-1910)
Attilio Baccani (siglo XIX)
Federico Zandomeneghi (1841–1917)
Jacquelyn Bischak (1961)

Jean-Baptiste Corot (1796-1875)

John Louis Wellington (¿?)
Kojima Torajiro (1881–1929)

Carl Larsson (1853–1919)
Ludovico Marchetti (1853-1909)
Hermann Fenner-Behmer (1866-1913)

Ambrosius Benson (1495–1550)

Lucrecia Borgia

Lucrezia Borgia (según Pinturicchio)

El 18 de abril de 1480 nació Lucrecia Borgia, hija de Rodrigo Borgia (que sería después el papa Alejandro VI) y de Vannozza dei Cattanei. En la cultura popular Lucrecia ha sido convertida en una lujuriosa envenenadora, pero nada hay que pruebe esa acusación.
Lo que si es cierto es que desde muy temprano fue convertida en instrumento de la política cuando a los 11 años fue comprometida con Joan de Centelles, compromiso que fue anulado poco después.

A los 13 años fue casada con Giovanni Sforza para servir a los intereses políticos de su familia. Debido a los mismos intereses se obligó a Giovanni Sforza a divorciarse de ella. La causa alegada para el divorcio fue la impotencia de Giovanni, y como esto lo convirtió en el hazmerreir de toda Italia, Sforza, para vengarse, propaló la especie de que Lucrecia mantenía relaciones incestuosas con su hermano y con su padre.

A los 18 años se le casó con Alfonso de Aragón pero fue un matrimonio que duró poco porque Alfonso murió un año después como resultado de un ataque de que fue objeto y que se rumoreó fue instigado por César Borgia, acusación que jamás ha podido ser confirmada y que nada tiene que ver con Lucrecia.
Después de la muerte de su segundo esposo, el padre de Lucrecia arregló su matrimonio con Alfonso d’Este, duque de Ferrara.
Como duquesa de Ferrara mostró siempre una vida respetable, dedicándose a la educación de sus hijos y al patrocinio de las artes.

Esta notable mujer encantaba a quienes la contemplaban con su gracia indescriptible, a la que se añadía algo de misterio, sin exclusión de una belleza clásica y dignidad. Vivacidad, gentileza y amabilidad son las cualidades que todos los contemporáneos de Lucretia descubrieron en ella. Su rostro era animado y delicado con grandes ojos azules y rodeado de cabellos dorados.
(Fernando Gregorovius, Lucrecia Borgia)

Vannozza

Lucrecia murió en 1519 a consecuencias de un mal parto, siendo muy llorada por su esposo y por sus súbditos, puesto que era querida por su caracter amable y gentil. Tenía 39 años.

En la historia, Lucrecia Borgia fue difamada por los enemigos de su familia, algo bastante común en la política, pero su peor enemigo resultó ser el escritor Victor Hugo quién, con su obra “Lucrecia Borgia” , creó la terrible leyenda negra que ahora rodea su nombre.
Victor Hugo trató de justificar la imagen que dio de Lucrecia, “si no me creen”, dijo, “lean a Tommaso Tommasi”. Lo malo es que por más que se lea a Tommasi no se encuentra lo que dice Hugo que encontró y no hay una sola evidencia de la maldad que le atribuye, por lo que se demuestra que Victor Hugo puede ser todo lo gran escritor que es, pero no leyó a Tommasi, y si lo leyó, de todos modos mintió, y mintiendo le creó a la dulce Lucrecia una mala reputación de la que tal vez nunca podrá ser rehabilitada.

Lucrecia fue usada por su familia como instrumento para sus fines políticos, fue difamada por su despechado ex esposo y fue desacreditada por los enemigos de su familia. Antes de creer todo lo que se dice de esta mujer, y que se dice solo porque uno tras otro van copiando y pegando lo que alguien dijo, sin analizarlo, debiéramos hacer nuestro lo que dice al respecto el escritor Rafael Sabatini:

La historia debe ser tan inexorable como la Justicia Divina. Antes de admitir los hechos, no sólo debemos pedir pruebas y analizarlas sino que también las fuentes mismas de tal evidencia deben ser examinadas, de manera que, en la medida de lo posible, podemos determinar qué grado de crédito que merecen. En el estudio de la historia de los Borgia, repetimos, ha habido demasiada aceptación sin cuestionamientos, además de un demasiado dar por sentados asuntos cuya incredulidad frecuentemente toca y en ocasiones sobrepasa los límites de lo imposible.
(Rafael Sabatini, La vida de César Borgia)

Venus

Venus de Milo

El 8 de abril de 1820 fue descubierta en la isla de Milos, en el Egeo, una estatua que luego se haría famosa como La Venus de Milo porque se cree que representa a la diosa Afrodita.
Es una estatua griega esculpida entre los años 130 y 110 a de C., mide 203 centímetros, por lo que es de un tamaño más grande que el natural.
Cuando fue descubierta tenía ambos brazos, pero estos se perdieron en algún momento. Al comienzo fue atribuida erróneamente a Praxíteles, pero se cree que su autor fue el escultor Alejandro de Antioquía.
Su fama se debe mayormente a la propaganda francesa y no es considerada por todos lo máximo en belleza femenina (Renoir la llamada “la gran gendarme”).

Aunque es seguramente la estatua más famosa de las que representan a la diosa del amor y la belleza, no es la única. Existió un gran número de esculturas en el mundo clásico, de las cuales algunas han llegado a nosotros en diversos estados de conservación, algunas solo sobreviven en sus copias posteriores.

Venus de Cnido

La Afrodita de Cnido es uno de los trabajos más famosos del notable escultor ateniense Praxíteles, que vivió en el siglo IV a de C. La estatua es de tamaño natural y se dice que Praxíteles utilizó como modelo a la famosa cortesana Friné. La estatua no sobrevivió y solo se conoce por sus copias.

Venus de Medici

La Venus de Medici es una escultura en marmol, del siglo I a de C., posiblemente una copia de un original en bronce de un escultor que seguía la tradición de Praxíteles.

Venus de Arlés

La Venus de Arles es una escultura de finales del siglo I a de C., posiblemente una copia de la Afrodita de Tespias de Praxíteles, cerca del año 360 a de C. Esta Afrodita está parcialmente vestida y se cree que es anterior a la desnuda Venus de Cnido.

Venus Calipigia

Calipigia vestida

La Venus Calipigia (la de hermoso trasero) es una estatua romana copia posiblemente de un original griego
del siglo IV a de C.. Está parcialmente vestida y levanta su peplo para mostrar sus caderas y el trasero. En algún momento se perdió su cabeza, la que fue restaurada en el siglo XVI. Como todas las estatuas ha sido copiada, pero es interesante como el escultor Barois se preocupó de tapar la parte más interesante de su anatomía para no ofender la moral de los espectadores.

Venus de Frejus

Una estatua de fines del siglo I a de C. o de comienzos del siglo I es la Venus de Frejus, considerada una copia de una escultura de Calímaco (420 a de C.).
Algunas partes, como el cuello, la mano izquierda y los dedos de la derecha son restauraciones modernas. Su mano izquierda sostenía la manzana del Juicio de Paris y la derecha se dispone a cubrir la cabeza.

Esta Venus está vestida con un revelador peplo y deja ver el pecho izquierdo.

Venus Esquilina

La Venus Esquilina, figura de suave línea y pechos pequeños pertenece a la escuela neoática. Su nombre se debe a que fue encontrada en la Esquilina, una de las siete colinas de Roma. Sus brazos se quebraron y perdieron debido al descuido en que cayó el jardín en el que se encontraba.

Afrodita de Myrina


No siempre Afrodita estuvo desnuda, como lo muestra esta hermosa estatuilla en terracota. Corresponde al siglo II y fue encontrada en encontrada en Myrina, Asia Menor.

Venus de Lely
Afrodita agachada

No todas las estatuas representan a la diosa de pie, en algunas está agachada, como la Venus de Lely, escultura romana de estilo helenístico que fue usada como modelo por Rubens para una de sus pinturas. Otra es la estatua del siglo II y de origen desconocido que se encuentra en el Louvre.

La diosa Afrodita, la Venus de los romanos, tuvo numerosos templos para su culto en sus diferentes advocaciones, como Venus Vixtrix (Victoriosa), Venus Genetrix (Madre) o Venus Verticordia (la que cambia los corazones), por nombrar algunas. Actualmente sigue formando parte de la cultura popular y su figura es todavía objeto de admiración.

Los canales de Marte

El 8 de abril de 2014 los planetas Tierra y Marte estarán en oposición, es decir que estarán en línea con el Sol.
Fue durante la oposición de 1877 que el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli observó al telescopio que Marte presentaba en su superficie una estructura reticular formada por líneas a las que llamó “canali”. Aunque con esta palabra el astrónomo quería designar una red de “depresiones del suelo no muy profundas”, que tal vez permitiera que el agua se extendiese por la superficie marciana, la persona que tradujo su obra al inglés usó la palabra “canals”, que indica una construcción artificial, en lugar de “channels” que indicaría una formación natural.
Esto despertó de inmediato en el público y también en autoridades científicas, la idea de la existencia de vida en Marte, una forma de vida lo suficientemente avanzada como para construir una red de canales de gran magnitud.

De ahí a que se tomara notoriedad el enigma de los canales marcianos solo hubo un paso. El famoso astrónomo Percival Lowell, descubridor después del planeta Plutón, se convirtió en el máximo defensor de la teoría de la existencia de los canales marcianos como una gigantesca obra de ingeniería hidráulica, diseñada para aprovechar los recursos hídricos del planeta.

Posteriormente quedó demostrado que el enigma no era tal y que los pretendidos canales eran solamente una ilusión óptica, pero la idea original quedó para siempre en la cultura popular.

Los escritores de ciencia ficción han tratado el tema de los canales marcianos desde diferentes ángulos, algunos simplemente los ignoran, como H.G. Wells, por ejemplo, que aunque hace llegar a los invasores desde un planeta árido y moribundo, como postulaba Schiaparelli, no menciona los canales.
Otros, los nombran solamente de pasada, como Edgar Rice Burroughs, autor de toda una serie de novelas que se desarrollan en el planeta rojo, los menciona como una obra de regadío:

La mayoría de los marcianos rojos vive en ciudades amuralladas, aun cuando muchos de ellos residen en casas de campo aisladas, aunque bien valladas y defendidas, dispersas a lo largo de las franjas de tierra ricamente irrigadas con lo que en la Tierra hemos dado en llamar los canales de Marte.
(Edgar Rice Burroughs, Un guerrero de Marte)

Burroughs no saca mayor provecho literario de los canales y solo en otra sus novelas como al pasar.
Arthur C. Clarke no los considera para nada, al igual que Isaac Asimov, que apenas los menciona por ahí:

Ten un poco de paciencia, que terminaré este asunto en seguida, aunque tenga que recorrer a nado todo el Gran Canal hasta el casquete polar en ropa interior, ¿sabes? 
(Isaac Asimov, En Puerto Marte sin Hilda).

Robert Heinlein les otorga cierta importancia en la geografía marciana, al presentarlos como un sistema hídrico sujeto a períodos de congelación y deshielo, pero no va más allá de nombrarlos en una breve línea:

Sus cabellos tenían el color de los ranúnculos en primavera, cuando el hielo deja los canales.
(Robert Heinlein, Podkayne de Marte).

El autor Lester del Rey, en cambio, en su novela Abandonados en Marte presenta la idea de los canales de una manera alternativa, diferente, son plantas, que crecen de manera lineal, como una carretera vegetal, sobre la superficie marciana de manera de conducir el agua de las regiones polares por medio de sus gruesos tallos:

No veía otra cosa que una gran masa de plantas de hojas muy gruesas y del tamaño de las de los zapallos. Pero no tenían asperezas, sino eran suaves y brillantes, y de un color verde oscuro que a la distancia parecía negro. —¿Dónde está el canal? —preguntó el muchacho. Sokolsky señaló las plantas.—Aquí mismo, Chuck. Es la mejor explicación que podría pedirse para este misterio.
(Lester del Rey, Abandonados en Marte)

Interesante es una novela de Alexei Tolstoi, La expedición a Marte, en que la confirmación por los protagonistas, de la existencia de los canales, les da la certeza de que hay seres inteligentes en el planeta, seres que debieran, dada su tecnología, ser capaces de comunicarse con los habitantes de la Tierra:

Observe usted el mapa de este planeta; está rodeado por una red de canales. No hay duda entonces de que es posible construir en Marte estaciones radio-telegráficas de un alcance extraordinario.
(...)
Loss miró por encima de la borda y vio dos líneas rectas y una curva que eran los canales que salían del acueducto. Esa era la solución del enigma. Las manchas redondas que se ven en Marte desde la Tierra son recipientes de agua de forma circular en tanto que las líneas de los triángulos y los semicírculos son canales.
(Alexei Tolstoi, La expedición a Marte)

Otros escritores tomaron los canales como la obra monumental de una civilización marciana, avanzada tecnologicamente pero desaparecida hace mucho tiempo. Los actuales marcianos solamente heredaron la red de canales sin tener claro quienes y como la construyeron:

-¿Nos permite llenar nuestras cáscaras? – preguntó el oscuro más joven. Posados sobre la arena había varios huevos de paka, pálidas cáscaras huecas; los oscuros eran de una capacidad técnica tan elemental que no tenían ni vasijas de barro. Y sin embargo, reflexionó Jack, sus antepasados habían construido el sistema de canales.
(Philip K. Dick, Tiempo de Marte)

John Benyon les da también una mirada nostálgica a los canales usados para regar los campos marcianos y como medio de comunicación para unos marcianos que ni siquiera recuerdan quienes los construyeron:

A lo largo de canales que a veces eran como mares en calma de sesenta o setenta millas de anchura, y otras veces de menos de una milla, había viajado lentamente de un lugar habitado a otro.
(…) Sus ojos estaban llenos de desiertos rojos cruzados por plácidos canales.
(John Benyon, Ningún lugar como la Tierra).

Ray Bradbury muestra un planeta Marte muerto, en el que los marcianos están presentes como fantasmas, como sombras de un pasado mejor, solo han quedado los canales, los que siguen pasando por el lado de ciudades muertas hace mucho tiempo:

Inmóviles, en silencio, miraron pasar las aguas del canal, frescas, veloces y cristalinas.
(Ray Bradbury, Crónicas Marcianas).

Las sondas enviadas a Marte demostraron la completa aridez del planeta, ya se sabe que no hay vida inteligente, buscándose como premio de consuelo alguna espora, algún rastro microscópico que permita decir que no estamos solos, por lo menos en el Sistema Solar.
La ciencia actual ha confirmado que los canales marcianos no existen y nunca existieron, que a los más podrían ser rastros dejados en la desierta superficie por huracanadas ráfagas de viento.
Eso dice la ciencia y los que solo en ella creen, para los soñadores, en cambio, los canales siguen conduciendo sus aguas, rápidas, inpertubables, eternas.

– Pero cómo, esa ciudad está muerta desde hace miles de años.
El marciano se echó a reír.
– ¡Muerta! dormí allí anoche
– Y Yo estuve allí la semana anterior y la otra, y hace un rato y es un montón de escombros. ¿No ves las columnas rotas?
– ¿Rotas? Las veo perfectamente a la luz de la luna. Intactas.
– Hay polvo en las calles – dijo Tomás. 
– ¡Las calles están limpias!
– Los canales están vacíos.
– ¡Los canales están llenos de vino de lavándula!
– Está muerta.
– ¡Está viva! – protestó el marciano riéndose cada vez más -. Oh, estás muy equivocado ¿No ves las luces de la fiesta? Hay barcas hermosas esbeltas como mujeres, y mujeres hermosas esbeltas como barcas; mujeres del color de la arena, mujeres con flores de fuego en las manos. Las veo desde aquí, pequeñas, corriendo por las calles. Allá voy, a la fiesta. Flotaremos en las aguas toda la noche, cantaremos, beberemos, haremos el amor. ¿No las ves?
(Ray Bradbury, Encuentro nocturno)

Estrellas

Las estrellas se dividen en tres clases, según la misión a que se las destina: unas cuelgan de la bóveda celeste como antorchas, y sirven para alumbrar la tierra; otras están suspendidas de manera invisible en el aire, y sirven para alumbrar los mares; y las estrellas de la tercera categoría, se mueven a voluntad entre los dedos de Alah;
(Las mil y una noches)

Las estrellas son unas esferas de plasma, masivas y luminosas. Llenan el espacio, agrupadas o solitarias, y son el objeto de estudio de los científicos, que buscan desentrañar su física, su vida y su muerte. Pero también son el sujeto predilecto de los que buscan en ellas descubrir el destino de los hombres.

Mapa celeste, China siglo VII

Con sentimiento religioso las civilizaciones antiguas se dedicaron a buscar su conocimiento, comprender qué es lo que son y como y por qué se sostienen en el cielo. Babilonios, egipcios y chinos establecieron mapas celestes. Todo con el ojo desnudo hasta que aparecieron los telescopios, permitiendo que la ciencia y el conocimiento avanzaran por el camino interminable de la curiosidad humana.

Las estrellas han guiado al hombre en sus viajes, tanto por tierra como por los mares, y están presentes en todas las mitologías, siendo sujeto de múltiples interpretaciones y personificaciones. En el mundo de la poesía, son objeto de culto y fuente de inspiración. Las estrellas acompañan al hombre desde siempre, iluminando su cielo y despertando su imaginación.

La literatura está llena de estrellas, siendo destino de viajes al infinito o de sueños lejanos. Las estrellas le han dado nombre a mujeres hermosas o a diamantes fabulosos, y así han sido objeto de amor o de codicia.


REY:           En la mujer más hermosa
               repara; que es justa cosa.
ARIAS:         ésa la llaman la Estrella
               de Sevilla.
REY:                      Si es más bella
               que el sol, ¿cómo así la ofende?
               Mas Sevilla no se entiende,
               mereciendo su arrebol
               llamarse Sol, pues es sol 
               que vivifica y enciende.
ARIAS:         Es doña Estrella Tavera 
               su nombre, y por maravilla 
               la llama Estrella Sevilla.
(Atribuída a Lope de Vega, La estrella de Sevilla)

-¡Una estrella engarzada en oro! -afirmó galantemente Cyprien, dejándose ir contra su costumbre, hasta hacer un madrigal. 
-¡Es verdad! … ¡Diríase que era una estrella! -dijo Alice batiendo alegremente palmas ¡Pues bien, hay que conservarle ese nombre! Bauticémosla: ¡La Estrella del Sur! ¿Queréis, monsieur Méré? ¿No es negra como las bellezas indígenas del país, y brillante como las constelaciones de nuestro cielo austral?
(Julio Verne, La Estrella del Sur)

Brillan también las estrellas en los cuentos, para niños, para adultos, y para adultos que siguen siendo niños, encendiendo sueños, haciendo brillar esperanzas.

—Es verdad —contestó su compañero. Mucho tienen algunos y poco tienen otros. La injusticia ha dividido el mundo en parcelas y nada está repartido por igual, excepto el dolor.
Pero, cuando estaban lamentándose de su miseria, sucedió una cosa extraña. Desde el cielo cayó una hermosa y brillantísima estrella. Deslizóse oblicuamente del firmamento y pasando entre las otras estrellas en su carrera, mientras ellos la contemplaban maravillados, pareció caer detrás de un grupo de sauces que se erguían junto a un redil de ovejas, distante a una pedrada escasa de ellos.
(Oscar Wilde, El niño estrella)

Algunos tienden a ver siempre el lado negro de las cosas; toda compasión por sí mismo les parece poca. Otros saben sonreír a los acontecimientos, son capaces de sacar optimismo del infortunio. Los primeros viven siempre bajo un cielo sombrío que presagia tormenta; los segundos saben descubrir el brillo de las estrellas aun a través de los nubarrones más negros.
(Hans Christian Andersen, Don de la estrella)

Alain caminó hacia el río para volver a ver las estrellas. Allí parecían correr, volverse líquidas e inciertas, doblarse, redondearse, velarse bajo una onda oscura y a veces dividirse en una multitud de cortas líneas espejeantes. Iban con el curso del agua, se perdían en los remolinos y morían, ahogadas por grandes macizos de hierbas. 
(Marcel Schwob, La estrella de madera)

Y, por supuesto, las estrellas son el destino final de la humanidad, que sueña con llegar a ellas, buscando satisfacer en sus mundos lejanos, sus ansias de búsqueda, su insaciable curiosidad y, por qué no decirlo, sus deseos de conquista.

En aquel limbo se hallaban inmersos inextricablemente juntos los primeros hombres que encendieron el fuego y los primeros que utilizaron la energía atómica, los primeros hombres que construyeron una canoa con sus manos y los primeros que llegaron a las estrellas. Al extremo lejano de aquel inmenso desierto de tiempo pasado, todos eran como vecinos próximos.
(Arthur Clarke, La ciudad y las estrellas)

Me ardía el rostro. «Eres un estúpido -me dije a mí mismo con indulgencia-. ¿Qué más quieres? ¿Una mujer? Ahora ya tenías una mujer. Tenías todo cuanto se puede tener aquí, además del ofrecimiento de entrar en el real. Ahora tendrás una casa, pasearás por el jardín, leerás libros, contemplarás las estrellas y repetirás con serena modestia: he estado allí. He ido y he vuelto. Y eres tan afortunado que incluso las leyes de la física han trabajado para ti: aún tienes media vida por delante, y ¿qué aspecto tiene Roemer ahora, un siglo más viejo que tú?»
(Stanislaw Lem, Retorno de las estrellas)

Rusanov miró la estrella brillante. Era un poeta lírico y sabía descubrir el suave encanto de la naturaleza rusa, sabía cómo mostrar poéticamente lo que Levitan había mostrado en sus cuadros.
Rusanov había escrito bastante poesía amorosa, y una sonrisa atravesaba a menudo sus poemas más íntimos y tristes, como un rayo de sol que atraviesa un velo de nubes. Y las estrellas eran para Rusanov el símbolo de lo lejano y lo inalcanzable.
(Valentina Zuravleva, La música de las estrellas)