El telégrafo Morse

E24 de mayo de 1844 Samuel Morse envió el mensaje “What hath God wrought” desde el Capitolio en Washington a Baltimore en Maryland para inaugurar la primera línea telegráfica.

El telégrafo (del griego tele “a la distancia” y grafos “escribir”) es un sistema de transmisión de mensajes, ya sea en forma textual o simbólica, sin que sea necesario el envío de un objeto físico. Durante el siglo XVIII se desarrollaron los telégrafos ópticos, como el que utiliza para sus venganza el conde de Montecristo.
Pero a mediados del siglo XIX los avances en el uso de la electricidad permitieron la invención de sistemas de transmisión de señales mediante impulsos eléctricos, con esto nació el telégrafo eléctrico.


En 1837 Samuel Morse desarrolló y patentó un telégrafo eléctrico que podía transmitir mensajes a distancia utilizando un código desarrollado por él y su asistente Alfred Vail, el Código Morse de puntos y rayas.

De ahí en adelante, el mundo comenzó a cubrirse de líneas telegráficas sostenidas por interminables filas de postes de madera que modificaron para siempre el paisaje y consiguieron la casi inmediatez de las comunicaciones.
Como tenía que suceder, el telégrafo comenzó a formar parte de la vida cotidiana y por lo tanto apareció en la literatura universal, transmitiendo los mensajes que serían cruciales para el desarrollo de la acción de cuentos y novelas.

En su novela Miguel Strogoff, Julio Verne muestra la importancia del telégrafo para obtener la información necesaria para tomar decisiones, pero también como fuente de noticias para los periódicos, por periodistas Blunt y Jolivet hacen uso de este invento para mantener informados a sus lectores.

¡Bah!  respondió Alcide Jolivet . Les hubiera alcanzado aunque para ello tuviera que fletar un buque a expensas de mi prima, o correr de posta en posta a veinte kopeks por versta y por caballo. ¿Qué quiere usted? El telégrafo está lejos del muelle.
 ¿A ido usted a telégrafos?  preguntó Harry Blount apretando los labios.
 Sí; he ido  respondió Alcide Jolivet con su más amable sonrisa.
 ¿Y funciona todavía hasta Kolivan?
 Esto lo ignoro, pero puedo asegurarle, por ejemplo, que funciona de Kazan a París.
 ¿Ha mandado usted un telegrama… a su prima?
 Con todo entusiasmo.
(Julio Verne, Miguel Strogoff)

De la misma manera el público inglés fue informado de la llegada de los artefactos provenientes del planeta Marte en La guerra de los mundos de H.G. Wells.

Los diarios de ese día publicaban, además de varios artículos especiales sobre el planeta Marte, un telegrama conciso y vago, que resultó aún más intrigante por su brevedad. 
Alarmados por la proximidad de una multitud, los marcianos habían matado a cierto número de personas con un arma muy rápida, según explicaba el telegrama. El mensaje concluía con estas palabras: «Aunque son formidables, los marcianos no han salido del pozo en que cayeron y parecen incapaces de hacerlo. Probablemente se debe esto a la mayor atracción de la gravedad terrestre.» Sobre este punto basaron los editorialistas sus artículos. 
(H.G. Wells, La guerra de los mundos)

En La zona ponzoñosa de Arthur Conan Doyle, el periodista Malone es involucrado en una nueva e inesperada situación mediante un enigmático telegrama enviado por el profesor Challenger.


Estaba saliendo de la sala de edición de noticias, mientras daba vueltas en mi cabeza a mi nueva misión, cuando escuché que gritaban mi nombre desde la sala de espera. Era un mensajero del telégrafo con un mensaje que había sido reenviado desde mi alojamiento en Streatham. El mensaje provenía del mismo hombre del que habíamos estado hablando, y decía así: 
‘Malone, 17, Hill Street, Streatham -. Llevar oxígeno. CHALLENGER. 
‘Traiga oxígeno! “El profesor, como yo lo recordaba, tenía un elefantino sentido del humor capaz de crear las bromas más extravagantes. ¿Sería esta una de esas bromas que solían sacudirlo a carcajadas, mientras sus ojos desaparecían, y con la boca abierta, la barba en agitación, quedaba por completo indiferente a la gravedad de lo que sucedía a su alrededor?
(Arthur Conan Doyle, La zona ponzoñosa)

Un mensaje de alto contenido dramático es el que recibe el príncipe Karenin de parte de su esposa Ana, cuestión de vida o muerte que, rápidamente enviado por el telégrafo, requiere también de una rápida reacción.

Será algo por el estilo» , se dijo con amargura al coger el segundo telegrama.
Era de su mujer. La palabra «Ana» trazada con el lápiz azul de telégrafos fue lo primero que hirió su vista.
«Ana» , leyó. Y luego: « Me muero. Pido, suplico venga. Perdonada, moriré más tranquila» .
Karenin sonrió con desdén y tiró el telegrama. Así, al primer momento, no le cabía duda alguna de que se trataba de una argucia, de un engaño.
«No se detiene ante ningún embuste. Pero va a dar a luz. Quizá padezca una fiebre puerperal. Y, ¿qué fin persigue? Que yo reconozca al niño, que me comprometa y no plantee el divorcio» , pensaba. «Pero ahí dice: “Me muero”…»
Volvió a leer el telegrama y, de pronto, el sentido directo de lo que en él estaba escrito le sorprendió.
«¿Y si fuera cierto?» , se preguntó. 
León Tolstoi, Ana Karenina)

Por otra parte, el emprendedor yankee que nos presenta Mark Twain lleva el invento del telégrafo a la Inglaterra medieval, para bien o para mal de los caballeros de la Mesa Redonda.

-El rey está aquí y está en peligro. Fuimos capturados y traídos como esclavos. No podíamos probar nuestra identidad, y el hecho es que no me encuentro en una situación propicia para intentarlo. Envía un telegrama al palacio de aquí y procura que sea convincente.
Su respuesta llegó en seguida:
-Ésos no saben nada del telégrafo. Todavía no han tenido ninguna experiencia, la línea de Londres es muy nueva. Mejor no arriesgarse con ello. Podrían colgaros. Pensad en algo distinto.
(Mark Twain, Un yankee en la corte del rey Arturo)

Hasta la aparición del teléfono y la radio el telégrafo eléctrico fue el sistema fundamental en las comunicaciones a larga distancia, mostrándose rápido y eficiente dentro de sus limitaciones.

Pero actualmente, en los tiempos de la super información, el telégrafo y sus puntos y rayas, con sus mensajeros en bicicleta repartiendo raudamente sus buenas y malas noticias, forman parte de la historia, de un pasado que se hace cada día más lejano y sobrevive solamente en el recuerdo de las generaciones ya mayores.

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8 comentarios en “El telégrafo Morse

  1. Fue realmente una revolución, una carta podía demorar semanas mientras un telegrama solo horas. Actualmente el SMS es el arte de decir mucho en pocas letras, en el telegrama lo era decir todo en pocas palabras: –llego tren viernes . Juan–, o esos que todos temían, los de malas noticias: –tia pepa murió ayer . Pedro–, o también los llamados desesperados de los extudiantes: –favor mande giro urgente . Tito–.

  2. Y aun hoy, seguramente si fallasen las nuevas tecnologías que en cuando hay un apagón se va todo a la porra, seguramente la vieja usanza del telégrafo nos sacaría a muchos de más de un apuro. Hay inventos que revolucionaron las vidas.

    Feliz domingo!!!

  3. Yo creo que la gente se va volviendo más y más cotilla con el paso de los años, por eso la información y las noticias tienen medios de transporte cada más rápidos :))

    Un abrazo y tu cafelito. ¡¡¡Qué ganas me han entrado de leer a los clásicos que has citado!!!

  4. Lo bueno de los clásicos es que siempre están disponibles para su relectura y siempre tienen algo que ofrecernos. En cuanto a las comunicaciones, sí que son más rápidas, pero a veces por ser tan rápidas carecen de profundidad…

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