Puentes

Un puente es una estructura construida para salvar un obstáculo físico como un curso de agua, un valle o un camino, de manera de proporcionar un paso sobre el obstáculo.
Seguramente el primer puente construido por el hombre fue un simple tronco de árbol cruzado sobre el arroyo que impedía el paso. De ahí en adelante los puentes se multiplicaron en número, aumentaron de tamaño, adquirieron solidez y se convirtieron en importantes.

El puente de Jerjes

Hay puentes famosos, como el que mandó construir Jerjes sobre el Helesponto, sobre 674 trirremes y pentecónteros. Los hay resistentes al paso del tiempo, como los que construyeron los romanos, otros de memoria romántica y algunos que se han convertido en símbolos, como el Puente de Londres o el de San Francisco.
El puente ha evolucionado, desde el primer tronco de árbol de un par de metros lanzado tal vez por un neanderthal, al de 160 km de largo que cruza el lago Yangcheng, en China.

Referencias a los puentes abundan en la literatura, ya sea por su contenido histórico, comercial o sentimental, porque el puente es inseparable de la historia del hombre, siempre necesitado de avanzar, de conquistar y de comunicarse. Kipling relata las dificultades que se tenían para construir en la India, país grande en tamaño y grande en dificultades.

Puente sobre el lago Yangcheng

Allí, bajo la luz del sol y ante él, se elevaba su puente, al que sólo le faltaban unas semanas de trabajo en las vigas de los tres pilares centrales… su puente, tosco y feo como el pecado original, pero pukka, permanente, que resistiría cuando hubiera perecido ya todo recuerdo del constructor,
(Rudyard Kipling, Los constructores del puente)

Pero un puente es algo que por principio, une, pueblos, razas, culturas, aunque muchas veces son destruídos por las guerras, que lo hace es separar, hecha la paz son reconstruídos, porque el hombre no puede vivir sin el vecino.

Puente sobre el Drina

Realmente, cuando decimos “une”, lo hacemos con tanta exactitud como cuando se dice: el sol sale por la mañana para que los hombres podamos ver en torno nuestro y dedicarnos a nuestros asuntos, y se pone por la tarde para que durmamos y descansemos de las fatigas del día.
En efecto: ese enorme puente de piedra, construcción preciosa y de una belleza tal que ciudades mucho más ricas y comerciales no poseen nada semejante —”en todo y por todo, no hay más que dos de ese tipo en el Imperio”, se decía antaño—, ese puente es el único paso permanente y seguro a lo largo de todo el curso medio y superior del Drina, y es, al mismo tiempo, el nudo indispensable de la carretera que une Bosnia con Servia, y aún más lejos, con las restantes partes del Imperio otomano hasta Estambul. 
(Ivo Andric, Un puente sobre el Drina)

Algunos puentes han servido también, además de sus fines comunicacionales, para muchas trapacerías. El peaje que en algunos lugares se cobra por cruzar sirve para dar prosperidad a los sinvergüenzas de siempre, que en todas partes los hay, hasta en el más lejano pueblo perdido en alguna república de por ahí.

-Usted es un zonzo, amigo Bermúdez -le dijo en esta emergencia el escribano Ferreiro, deteniéndolo en la
calle. 

-¿Por qué? -preguntó el prohombre opositor muy sorprendido.
-Porque ha obligado al intendente a romper el contrato por diez años del peaje del puente.
-¿Y a mí qué?
-Que la Municipalidad se lo concedía a usted por una bicoca… ¡Un regalito de tres a cuatro mil pesos por año!…
Bermúdez se puso verde, luego amarillo, después rojo como un tomate, enseguida pálido otra vez, y tomando el brazo del ladino Ferreiro con la mano trémula de emoción y avaricia:
-¿Y eso no se podría arreglar? -preguntó.
Se arregló, y admirablemente. Bermúdez dio vuelta al poncho. Los parroquianos del café de Cármine le sacaron el cuero; pero nuestro hombre, desollado y todo, siguió tan campante enriqueciéndose y figurando cada vez más…
(Roberto J. Payró, Cuentos de Pago Chico)

También tienen los puentes su misticismo, las geishas que buscan conseguir que sus deseos se hagan realidad, deben unir sus oraciones al trabajo de cruzar siete puentes.


Masako adoptó un tono severo: —Vuelvo a repetir lo que ya os he dicho antes. En cuanto salgamos de esta casa, ya no podréis abrir la boca, pase lo que pase, hasta que hayamos cruzado los siete puentes. Una sola palabra y no obtendréis lo deseado. Si alguien conocido nos habla, mala suerte. Sin embargo, no creo que exista ningún peligro en ese sentido. Algo más. No podéis usar dos veces el mismo camino, y es menester que nos limitemos a seguir a Koyumi, quien lo dirigirá todo.
(Yukio Mishima, Los siete puentes)

¿Por qué siete?, bueno, algo debe tener este número, porque de nuevo lo encontramos cuando Kinkaid se encuentra con Francesca,  que era hermosa, o lo había sido, o podía volver a serlo, en su búsqueda del séptimo puente cubierto del Condado de Madison.

Puente en el Condado de Madison

—Ya casi ha llegado. El puente está a sólo tres kilómetros de aquí. 
Y entonces, después de veinte años de vivir una vida estrecha, una vida de conducta rígida y sentimientos ocultos, impuesta por las tradiciones rurales, Francesca Johnson se sorprendió a sí misma diciendo: 
—Se lo mostraré con mucho gusto, si quiere. 
Nunca supo muy bien por qué lo hizo. Eran los sentimientos de una muchacha joven que aparecían como una burbuja en el agua y estallaban, tal vez, después de todos esos años. No era tímida, pero tampoco muy directa. Lo único que podía pensar era que Robert Kincaid la había atraído intensamente, después de sólo unos segundos de mirado. 
(Robert James Waller, Los puentes de Madison County)

“Mi puente”

Puentes hay muchos y en todas partes y, estoy seguro, todos tenemos uno por el que sentimos especial predilección, por lo que significó o por lo que significa para nosotros, por un episodio de la pasada niñez, por algún momento romántico, por una decisión tomada, por un exilio o por un regreso. Que cada uno lo recuerde ahora.

Más puentes en: jenofont.wordpress.com/

El Mahdí

Muhammad Ahmad bin Abd Allah

El 29 de junio de 1881, Muhammad Ahmad, lider religioso de los Sammaniya en el Sudán, se proclamó Mahdí, es decir El Esperado, mesías destinado a redimir la fé islámica. Su proclamación tuvo una respuesta inmediata debido a las firmes creencias religiosas de ese tiempo, entre las diversas sectas sudanesas, y la política terriblemente opresivas del gobierno egipcio.
Muhammad Ahmad creó un Estado Mahdista y se lanzó a la guerra contra los enemigos de su religión y de su pueblo con terrible fiereza. En 1885 logró tomar Kartúm, puesto avanzado del ejército egipcio y próspero centro del comercio de esclavos. Su ejército se caracterizaba por el fanatismo de sus integrantes, dispuestos a morir por su líder.

Hay novelas que se desarrollan durante este episodio histórico, por ejemplo Las cuatro plumas de A.E.W. Mason, en la que su protagonista, Harry Feversham, busca reivindicarse.

Aquella noche, Idris le soltó a Feversham un sermón extraordinariamente largo. Feversham supo que ahora Dios le amaba y que el ejército de Hicks Bajá había sido destruido. Los santos ángeles se habían encargado de ello; ni un solo tiro había sido disparado por los soldados de Mehedi; ni una sola lanza arrojada. Las lanzas volaron de sus manos impulsadas y guiadas por los ángeles, atravesando a los infieles.
(A.E.W. Mason, Las cuatro plumas)

Henryk Sienkiewicz, el autor de la famosa Quo Vadis, escribió una novela de corte juvenil en la que sus protagonistas viven aventuras y desventuras en el desierto y en la selva. En el desierto sudanés viven los difíciles tiempos de la rebelión mahdista.


Tarkowski y Rawlison siguieron hablando del Mahdi y la insurrección, pues aquél era entonces el tema de todas las conversaciones en Egipto. Las últimas noticias recibidas de Kartum no eran muy satisfactorias. Hacía mes y medio que las hordas habían cercado la ciudad, sin que ni el Gobierno egipcio ni el inglés se aprestaran a socorrerla, por lo cual sé temía que, a pesar de la pericia y el valor del general Gordon, acabaría por caer en manos de aquellos salvajes. Tarkowski compartía esta opinión y sospechaba que Inglaterra lo permitía deliberadamente, dejando que el Mahdi se apoderase del Sudán, desligándolo de Egipto, para arrebatárselo después al Mahdi y establecer una colonia inglesa en aquel inmenso país. Sin embargo, no se atrevió a manifestar sus sospechas, por temor a herir los sentimientos patrióticos del señor Rawlison. 
Henryk Sienkiewicz, A través del desierto)

Hay algunas novelas que tienen un punto de vista más crítico, como la de Wilbur Smith, en la que se expresan algunas opiniones acerca de los verdaderos motivos de la rebelión mahdista, al margen de su trasfondo religioso.

Ansār, fieles del Mahdí.

  —Todos sabemos que el dominio del Sudán por el Jedive de Egipto ha sido inicuo y brutal. Tras la magnífica fachada del dominio imperial han florecido la corrupción y la crueldad más indecibles. La población nativa ha estado sujeta a pachás codiciosos y sin corazón, y a un ejército de cuarenta mil hombres que se usaba para recaudar los extorsivos impuestos que imponían los pachas. Sólo la mitad de lo recaudado iba a dar a los jedives de El Cairo y el resto a las arcas personales de los pachas. La región era gobernada con la bayoneta y el kurbash, el cruel látigo de piel de hipopótamo. Los afeminados pachas de Jartum se complacían en inventar las más salvajes torturas y ejecuciones. Se arrasaban aldeas y sus habitantes eran masacrados. Árabes y negros por igual temblaban bajo la sombra del odiado «turco», pero nadie osaba protestar.
(Wilbur Smith, El triunfo del sol)

El sitio de la ciudad de Kartúm es el tema de la película Khartoum, que cuenta con la actuación de Lawrence Olivier en el papel de El Mahdi y de Charlton Heston en el del general Charles “Chino” Gordon. La película cuenta la historia desde el punto de vista europeo, es decir que los sudaneses son los malos y los británicos con los buenos, pero es así como, con demasiada frecuencia, se cuenta la historia.

La tumba de El Mahdí

El Mahdí murió por causas desconocidas seis meses después de la toma de Kartúm, pero el Estado Mahdista duró hasta 1898, cuando sus sucesor fue vencido por el general Kitchener. La tumba de Muhammad Ahmad fue destruída y sus huesos arrojados al Nilo.

Aunque los egipcios siempre reclamaron el Sudán como parte de su territorio, este fue administrado como colonia británica hasta que, a pesar de las pretenciones de Egipto, fue declarado independiente.
Muhammad Ahmad es considerado en Sudán el precursor de la independencia y su tumba fue reconstruída.

Nan Aspinwall

El extraordinario viaje a través de los Estados Unidos realizado por Nan Aspinwall, llamada Nan “Dos pistolas“, fue una gran noticia hace casi 100 años. Ahora su historia está siendo recordada, de acuerdo con el escritor y periodista Tom Moates.

A comienzos del siglo XX, los pacatos ideales victorianos limitaban todavía a las mujeres en muchos sentidos, pero unas pocas heroínas abrieron nuevos caminos en un territorio desconocido –ellas eran las originales “cowgirls“.

Estos personajes aventureros siguen siendo consideradas como las precursoras de las posteriores explosiones culturales. En unos pocos años, el espíritu audaz que encarnaban se extendió entre las mujeres como el fuego en la pradera durante una sequía.
El sufragio femenino y el movimiento por los derechos de las mujeres nacieron en gran parte gracias a las valientes mujeres que no sólo vivieron en las trincheras poco glamorosas de la vida en la frontera del Lejano Oeste, sino también a las que encarnaban nuevos ideales en los muy populares y muy concurridos espectáculos del Salvaje Oeste, en los actos de teatro, los shows de vodevil del Oeste, y los rodeos.

Nan, como la Princesa Omene

La fuerza de la herencia que dejaron las cowgirls se hace sentir todavía, y sus historias siguen siendo relevantes. Nan “Dos pistolas” es una de las figuras más prominentes. Ella no solo se destacó en el escenario del reino masculino del dominio del lazo, el tiro al blanco, el tiro con arco, la equitación, la monta de broncos y el manejo de riendas, sino también en la hermosa, sensual y completamente femenina danza oriental, que realizaba bajo el nombre de Princesa Omene.


Pero, si bien todos esos talentos la convirtieron en la estrella mejor pagada de la era de los espectáculos – la empresa conjunta del Buffalo Bill’s Wild West y el espectáculo del Lejano Oriente de Pawnee Bill – no es por ellos que merece ser especialmente recordada. Su hazaña más notable fue real, no una actuación en un escenario, y fue también increiblemente difícil y peligrosa.

Nan “Dos pistolas” realizó su obra maestra cuando entre 1911 y 1912 cabalgó de San Francisco a Nueva York en su yegua pura sangre, Lady Ellen, cubriendo 7.235 kilómetros y permaneciendo 180 días sobre la montura. A los 31 años, fue la primera mujer en cabalgar de costa a costa. Ella lo hizo usando pantalones y falda pantalón, y montando a horcajadas, ¡lo que era todavía ilegal en algunas regiones del país!. Portaba una pistola, la que tuvo que usar por lo menos dos veces en pueblos inhospitalarios. Y, cabalgó siempre sola.

Traducción de un artículo publicado en: http://retrorambling.wordpress.com

Barcos

El barco de Odiseo atacado por el cíclope.

Encontrar barcos en la literatura es tarea fácil, hace milenios que el hombre cruza los mares por uno u otro motivo, comerciales, bélicos, exploratorios, hasta románticos.
Claro que en la gran mayoría de las novelas se usa el nombre de barcos existentes, pero en muchos los nombres son ficticios (aunque a veces se haya utilizado después el nombre para dárselo a un barco real).

Puede que algunas personas no hayan leído las novelas, pero si han visto la película seguramente ubicarán el barco en cuestión. Al parecer en la antigüedad remota no se acostumbraba poner nombre a los barcos, porque si así hubiera sido costumbre, Homero no habría olvidado consignar el nombre de los barcos de Odiseo, que bien merecen ser recordados.

Pero las galeras romanas sí que tenían nombre, como la Astrea, galera en la que el príncipe Ben- Hur cumplió su condena y en la que encontró también la manera providencial en que regresó al mundo de los vivos.

Modelo del Astrea, tal como aparece
 en la película Ben-Hur (1959)


Ya era cuarto día, y el Astrea – que tal era el nombre de la galera – avanzaba a toda velocidad por el mar Jónico. El cielo estaba despejado y el viento sopló como si tuvieran la buena voluntad de todos los dioses. 
Como era posible adelantar la flota antes de llegar a la bahía al este de la isla de Citera, designado para el montaje, Arrio, un tanto impaciente, pasó mucho tiempo en cubierta. Tomó nota con diligencia de los asuntos relacionados con su barco, y quedó conforme. En la cabina, mientras se mecía en la gran silla, su pensamiento volvía continuamente hacia el remero en el número sesenta.
(Lew Wallace, Ben-Hur)

Peter Blood, sucesivamente médico, esclavo y pirata, pero también un romántico incurable, bautizó a su barco con el nombre de la dama de la que estaba enamorado irremediablemente pero también de manera imposible, Arabella Bishop.

El Arabella, en la portada de una
edición inglesa de El capitan Blood

El amor irrealizable muchas veces permanece como el ideal que guía a un hombre. Una vez tomada la decisión, se dedicó activamente al trabajo. Ogeron, el más acomodaticio de los gobernadores, le adelantó dinero para el adecuado equipamiento de su barco, el Cinco Llagas, al que renombró el Arabella. Esto fue luego de algunas dudas, temeroso de mostrar de esa forma su corazón. Pero sus amigos de Barbados lo consideraron una expresión de la ironía siempre lista de su jefe.
(Rafael Sabatin, El capitán Blood)

La aventura de navegar fue tan solo una de las aventuras vividas por Jim Hawkins, el encuentro con los piratas y la lucha en la Isla del Tesoro fueron las otras. Pero gran parte de los hechos se desarrollaron en el barco que compró el squire Trelawney para buscar la isla marcada en el misterioso mapa.

La Hispaniola en una pintura de Geoff Hunt

Querido Livesey:
Como ignoro si os encontráis ya en casa o si seguís en Londres, remito por duplicado la presente a ambos lugares.
He comprado el barco y ya está pertrechado. Está atracado en el puerto, listo para navegar. No podéis imaginar una más preciosa goleta –un niño podría gobernarla–; desplaza doscientas toneladas y su nombre es la Hispaniola.
(Robert Louis Stevenson, La isla del tesoro)

El Jolly Roger en la versión de Disney

Un extraño barco es el que aparece en la historia de Peter Pan, el Jolly Roger, con su tripulación de estrafalarios piratas al mando de su capitán, el temible James Garfio.

Una luz verde que pasaba como de soslayo por encima del Riachuelo de Kidd, cercano a la desembocadura del río de los piratas, señalaba el lugar donde estaba el bergantín, el Jolly Roger, en aguas bajas: un navío de mástiles inclinados, de casco sucio, cada bao aborrecible, como un suelo cubierto de plumas destrozadas. Era el caníbal de los mares y apenas le hacía falta ese ojo vigilante, pues flotaba inmune en el terror de su nombre.
(James M. Barrie, Peter Pan)

Entre los numerosos medios de transporte que utilizó el señor Phineas Fogg para cumplir con éxito su vuelta al mundo, están los vapores. Uno de ellos, el Mongolia, lo transportó de Brindisi a Bombay en dos días menos que lo reglamentario, detalle que sería muy importante al final del viaje, muy ajustado en el tiempo. Verne, como siempre, lo describe minuciosamente.

El Mongolia, construído en 1902, treinta años después
de que la obra de Julio Verne fuera escrita.

El miércoles 9 de octubre se aguardaba, para las once de la mañana, en Suez, el paquebote “Mongolia” de la Compañía Peninsular y Oriental, vapor de hierro, de hélice y entrepuente, que desplazaba dos mil ochocientas toneladas y poseía una fuerza nominal de quinientos caballos.
El “Mongolia” hacía sus viajes con regularidad desde Brindisi a Bombay por el canal de Suez. Era uno de los de mayor velocidad de la Compañía, habiendo sobrepujado siempre la marcha reglamentaria de diez millas por hora entre Brindisi y Suez, y de nueve millas cincuenta y tres centésimas entre Suez y Bombay.
(Julio Verne, La vuelta al mundo en 80 días)

¿Quién es el protagonista de la novela Moby Dick? ¿Ismael? ¿el capitán Acab?, pero la verdad es que el personaje principal es el barco, el Pequod, llevado por su capitán de un punto a otro del océano en busca de su terrible enemigo, la evasiva ballena blanca.

El Pequod en la versión cinematográfica
de Moby Dick (1956)

El puerto estaba absolutamente lleno de barcos de todas clases. 
A fuerza de preguntas supe que había tres barcos que se disponían a marchar para travesías de tres años. Uno de ellos era el Pequod, nombre tomado de una famosa tribu india de Massachusetts. Subí a él y pronto me convencí de que era el que nos convenía.
Era un barco pequeño más bien y con aspecto descuidado, todo él lleno de dibujos y relieves grotescos, que el capitán Peleg había mandado durante muchos años. Parecía un trofeo ambulante.
(Herman Melville, Moby Dick)

Entre los barcos grandes hay uno pequeño, una goleta pesquera, la “Estamos aquí” dedicada al bacalao en los Grandes Bancos del Atlántico Norte, en la que el insoportable y maleducado Harvey Cheyne aprende lo que es el trabajo duro pero también adquiere algunos valores que le eran absolutamente desconocidos.

La goleta We’re Here (Estamos aquí)

–Como no estoy enterado de la clase de diversiones que te gustan, jovencito, no puedo decir eso. Pero si estuviera en tu lugar, no hablaría mal del velero que la Providencia eligió para salvarte. En primer lugar, es un verdadero pecado. En segundo lugar, me ofende. Soy Disko Troop, del We’re Here (Estamos aquí), de Gloucester, cosa que pareces ignorar.
(Rudyard Kipling, Capitanes intrépidos)

Los personajes de la serie Aubrey/Mathurin de Patrick O’Brian fueron llevados al cine en la película Capitán de mar y guerra: La costa más lejana del mundo. La serie es larga y narra las aventuras de los personajes en diverso barcos de Su Majestad Británica, uno de ellos es la fragata Surprise.

Visión artística de la fragata Surprise

Sabía que a los pocos minutos de recibir la llamada tendría que decir al comandante general por qué no había obedecido sus órdenes. Puesto que la fragata Surprise, una embarcación pequeña y vieja pero con excelentes cualidades para la navegación, debía ir de Malta a Inglaterra, donde se quedaría anclada en un puerto o sería vendida o enviada al desguace, el almirante sir Francis Ives, el comandante general de la escuadra del Mediterráneo, había ordenado a Jack Aubrey pasar por un puerto de Berbería llamado Zambra.
(Patrick O’Brian, La costa más lejana del mundo)

Las terribles aventuras de Arthur Gordon Pym comienzan con un accidente al que podría asignársele un carácter premonitorio. Su fragil bote, el Ariel, es abordado por el barco ballenero Penguin en medio de una feroz tormenta. Arthur y su amigo Augustus son rescatados y, a pesar de que pudo tener fatales consecuencias, no disuade a Arthur de navegar de nuevo.

El Ariel abordado
por el Penguin

Al volver en mí, me hallaba en la cámara de un ballenero (el Penguin) que se dirigía a Nantucket. Varias personas se inclinaban sobre mí, y Augustus, más pálido que la muerte, me daba fricciones en las manos. Al yerme abrir los ojos, sus exclamaciones de gratitud y alegría excitaban alternativamente la risa y el llanto de los rudos personajes allí presentes. Entonces se nos explicó el misterio de nuestra salvación. Habíamos sido arrollados por el ballenero, que iba muy ceñido por el viento, para acercarse a Nantucket con todas las velas que podía aventurar desplegadas, y en consecuencia venía casi en ángulo recto a nuestro derrotero.
(Edgar Allan Poe, Las aventuras de Arthur Gordon Pym)

Como dijo Emily Dickinson, No hay mejor fragata que un libro para llevarnos a tierras lejanas, y si en el libro hay además una fragata, mejor todavía…

Erich Maria Remarque

El 22 de junio de 1898 nació el escritor alemán Erich Maria Remarque, famoso por su novela Sin novedad en el Frente Occidental, que por ser la más conocida puede hacer pensar que es su única obra.
Pero Remarque es autor de una serie de novelas, todas muy buenas:
Estación en el horizonte, El camino de regreso, Tres camaradas, Náufragos, Arco de Triunfo, La chispa de la vida, Tiempo de vivir y tiempo de morir, El obelisco negro, El cielo nada sabe de protegidos, La noche en Lisboa, La tierra prometida y Sombras en el Paraíso.

Durante la I Guerra Mundial Remarque luchó en el Frente Occidental, resultado herido. Terminada la guerra desempeñó diversos trabajos, entre ellos el de maestro, antes de dedicarse a escribir.
Su novela Sin novedad en el Frente Occidental, que lo llevó a la fama, narra las experiencias de los soldados alemanes en las tricheras de manera realista y sensible, y es considerada un clásico de la literatura antibélica. El tono es amargo, tanto que la novela fue tenida por desmoralizante por los espíritus nacionalistas.

Con nuestros jóvenes ojos despiertos veíamos que la noción clásica de patria, enseñada por los maestros, se realizaba allí, por el momento, en un abandono tal de la propia personalidad que nadie se hubiera atrevido a exigírsela al más ínfimo de sus sirvientes. Saludar, cuadrarse, desfilar, presentar armas, dar media vuelta a la derecha, media a la izquierda, golpear con los tacones, aguantar insultos y mil otras estupideces. 
(Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente)

El problema, según Remarque, es que la guerra no termina cuando se firma la paz, la guerra continúa viviendo en los hombres que lucharon y volvieron dañados física y mentalmente, que siguen sufriendo las consecuencias, sobre todo si resultaron vencidos. Los jóvenes, que fueron convertidos de un día para otro en soldados, no pueden ya ser, por mucho que la guerra haya terminado, reconvertidos a lo que eran anteriormente, no pueden reinsertarse en la sociedad sin problemas.
Además, las fronteras cambian, las nacionalidades se cambian o se pierden, y el mundo de la post-guerra se convierte en un nuevo campo de batalla en que los combatientes son ahora los civiles que luchan por sobrevivir, y también los desplazados y los perseguidos. Los personajes de la novela Náufragos (Ama a tu vecino) son los desplazados, aquellos a los que se les ha quitado la nacionalidad alemana y son expulsados, sin documentos válidos son deportados de un país a otro, nadie los acepta y viven cruzando una frontera para ser encarcelados y deportados a la siguiente.

Un hombre sin pasaporte es un cadaver ambulante. La única cosa que se espera de él es que se suicide… No le queda otra solución.
–¿Y con pasaporte? ¿No hay ningún sitio donde uno pueda conseguir autorización para trabajar?
–Naturalmente que no. La única cosa que usted puede obtener es el derecho a morir de hambre, en paz, en vez de vagabundear por ahí; eso ya es algo.
(Erich Maria Remarque, Náufragos)

En la novela Arco de Triunfo los personajes todavía están sufriendo las consecuencias de la I Guerra Mundial (el Nacional Socialismo es una consecuencia), cuando deben enfrentar la II Guerra. El médico Ravic, privado de su nacionalidad alemana vive el exilio en Francia, pero en calidad de desplazado, sin documentos, y vive la permanente amenaza de ser deportado. Pero aun así, la historia de Ravic y de Jeanne Madou es una historia de amor que, aunque está sujeto a la fragilidad de la permanencia de Ravic, se aferra fuertemente a la vida.

—Nosotros no morimos —murmuró, cogida del brazo de Ravic.
—No. Nosotros no. Solamente el tiempo. El maldito tiempo. Él siempre muere. Nosotros vivimos. Siempre vivimos. Cuando despiertas estás en primavera y cuando te duermes estás en otoño y, mientras tanto, hay miles de inviernos y veranos, y si nos amamos lo suficiente somos eternos e indestructibles, como la palpitación del corazón, la lluvia y el viento, y esto es mucho. Ganamos en días, mi dulce querida, y perdemos en años, pero ¿quién quiere saberlo y a quién le preocupa esto? La hora es la vida; el momento, lo más próximo a la eternidad. 
(Arco de Triunfo)

El obelisco negro es una novela especial, porque en ella aparece más marcado otro aspecto de la obra de Remarque, el humorismo. Claro está que es un humorismo algo negro, irónico, amargo. La acción de la novela se desarrolla en torno a la Agencia Funeraria de Heinrich Kroll e hijo, en 1923. La inflación es creciente y la lucha por la subsistencia es implacable, también a nivel de las funerarias.

Oskar Fuchs, el viajante para Holzmann y Klotz recurre incluso al empleo de cebollas. Antes de entrar en una casa en donde hay un difunto se provee de un par de cebollas cortadas y las huele hasta que sus ojos se llenan de lágrimas; seguidamente entra en la casa, expresa a los familiares del muerto su profunda condolencia y trata, acto seguido, de hacer una venta. Por esta razón le llaman Oscar el Lacrimoso.
(Erich Maria Remarque, El obelisco negro)

El obelisco negro es una historia de los difíciles tiempos de la readaptación de la post-guerra, pero es también una historia de amor, pero es uno distinto, atípico. El joven Ludwig trabaja en la funeraria, pero para mejorar sus entradas tiene otros trabajos adicionales, como tocar el órgano en la iglesia del hospital siquiátrico a cambio de algunos marcos y comida. Allí es donde conoce a una de las pacientes, Geneviéve, y se enamora de ella. A pesar de que este amor presenta algunas muy especiales dificultades, Ludwig se muestra particularmente fiel y visita a su novia todos los domingos.

Cuando toma ese aspecto es Jennie, una persona desconfiada, recelosa, poco atractiva, a la que no satisface nada de lo que uno haga, de lo contrario es Isabelle. Ambas, Isabelle y Jennie, son ilusorias, porque en realidad es Genevieve Terhoven y padece una enfermedad que tiene el nombre desagradable y más bien espectral, de esquizofrenia, una división de la conciencia, una personalidad dividida, y ésta es la razón de que ella se considere, una vez Isabelle, otra Jennie, una persona distinta de la que, realmente, es.
(Erich Maria Remarque, El obelisco negro)

Aparte de Sin novedad en el Frente Occidental, pareciera que la obra de Remarque no es especialmente conocida, pero hay que destacar que varias de sus obras han sido llevadas al cine: Arco de Triunfo, por ejemplo, en 1948 con Charles Boyer, en 1980 con Maximilian Schell, en 1984 con Anthony Hopkins; Tres camaradas en 1938 con Robert Taylor; Bobby Deerfield (El cielo nada sabe de protegidos) en 1977 con Al Pacino; El obelisco negro en 1988 con Udo Schenk…

Las novelas de Erich Maria Remarque siguen publicándose, tal vez no en castellano, pero en otros idiomas como el inglés, por ejemplo, sigue siendo muy leído. ¿Por qué? porque sigue siendo actual. Remarque escribió Sin novedad en el Frente Occidental en 1929, como un llamado de atención hacia lo terrible de la guerra mundial y sus consecuencias, pero luego llegó una segunda guerra. Terminada la segunda guerra ya no se ha producido otra tan grande y terrible, pero el mundo siguió lleno de pequeñas guerras y de gente sufriendo sus efectos. Así, los náufragos siguen navegando en el incierto mundo de los desplazados, los emigrantes, los indocumentados, los que nadie quiere recibir y de quienes todos desean deshacerse. El mundo no cambia, y eso hace que las novelas de Remarque sigan siendo actuales.

Solsticio

El Midsummer en Stonehenge

Un Solsticio es uno de los momentos del año en los que el Sol alcanza su mayor o menor altura aparente en
el cielo, y la duración del día o de la noche son las máximas del año, respectivamente.
El 20 de junio es en el hemisferio norte el Solsticio de Verano, en el hemisferio Sur el de Invierno.

Suecia

Pero las grandes civilizaciones se formaron en el hemisferio norte, por lo que la inmensa mayoría de las fiestas que se celebran en el Solsticio de junio corresponden al Solsticio de Verano.

Celebración en la playa de Almadraba

Este evento es celebrado en las diversas culturas con festivales y rituales religiosos, la mayoría de las veces con un fondo pagano cubierto con la capa de cristianismo asociada a la fiesta de San Juan. Algunas celebraciones son muy especiales y atraen a un buen número de personas, como El Solsticio de Verano en Stonehenge, por ejemplo.

Algunas de estas fiestas fueron transplantadas a las colonias del hemisferio sur aunque se celebran en forma limitada y forzada, puesto que con el espíritu del Solsticio de Verano se celebra tontamente el de Invierno.

El Inti Raymi

Pero en el hemisferio sur el 20 de junio es el Solsticio de Invierno, y entre las muy escasas civilizaciones que existieron bajo la línea del Ecuador, podemos recordar a los Incas, que celebraron durante su Imperio la fiesta del Inti Raymi, el Festival del Sol.
Según relata Garcilaso de la Vega el inca Pachacuti creó la festividad como una manera de afirmar el origen mítico de los Incas. Esta fiesta tenía lugar con celebraciones, procesiones y sacrificios dedicados a honrar a Inti (el Dios Sol) y agradecer a la Pachamama (la Madre Tierra).

Esta fiesta duró, por supuesto, hasta que la Iglesia Católica, la de los conquistadores, la prohibiera en 1535. Siglos después, en 1944 la fiesta se reconstruyó en base a las crónicas de Garcilaso de la Vega y actualmente se celebra en Sacsayhuamán, cerca de el Cusco (aunque de alguna manera conectada con la fiesta de San Juan).

Por su parte los Aymara, pueblo que vive en el altiplano andino del Perú, Bolivia y Chile, celebran el día en que los primeros rayos del Sol pasan por la puerta del templo de Kalasasaya y se inicia el Año Nuevo Andino con ofrendas y sacrificios de llamas al Inti (Sol) y a la Pachamama (Madre Tierra), invocándolos para que den fertilidad a la tierra, como corresponde a un pueblo eminentemente agrícola.

Aymaras saludando al sol naciente

Celebración del We Tripantu

Entre los mapuches, en el sur de Chile, se celebra en el Solsticio de Invierno el We Tripantu, fiesta del Año Nuevo Mapuche, en que se honra a Ngenechen (Dios), quién mediante Ngenko (el espíritu de las aguas) prepara a Nuke Mapu (la madre Tierra) para la renovación de la vida.

Las fiestas se siguen celebrando pero con diferentes propósitos, para reafirmar una identidad, por ejemplo, como rebelión contra la religión establecida, otras veces y finalmente, como no, con fines turísticos. Pero de todos modos, todas y cada una tienen su colorido.

Timbuktú

Cristóbal Benítez vestido de árabe

El 19 de junio de 1856 nació en Málaga, Cristóbal Benítez González, desconocido explorador español, uno de los primeros europeos en llegar a la legendaria ciudad de Timbuktú.
Cuando en 1879 el geólogo austríaco Oskar Lenz recibió el encargo de realizar una expedición a la región del Trans-Sahara de Marruecos a Senegal, con el propósito de investigar depósitos de hierro, contrató los servicios de un joven español llamado Cristóbal Benítez como intérprete del árabe.
La expedición llegó después de muchas dificultades a la ciudad de Timbuktú el  1° de julio de 1880, y la odisea fue narrada por Lenz en un muy detallado y técnico informe, pero un ralto más ameno es el realizado por Benítez.
La mayor de las dificultades, más complicada tal vez que el el cruce del desierto, fue de seguro la necesidad de hacerse pasar por musulmanes, lo que se logró gracias al dominio de árabe por parte de Benítez además de su conocimiento de las costumbres de las tribus saharianas.
Cuando los expedicionarios llegaron a la ciudad esta ya estaba hace algunos siglos en absoluta decadencia, con solo unos 20 mil habitantes, y la descripción que hace Benítez de la ciudad la deja mal parada, aunque lo asombran sus torres.

La ciudad de Timbuktú está rodeada de un bosque de mimosas; las casas están fabricadas con barro, por no existir piedra alguna, y la mayor parte de ella es de dos pisos. 
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lo único que llama la atención del viajero es el atrevimiento de fabricar torres de 10 metros de elevación sin emplear otro material que el barro seco al sol.
(Cristóbal Benítez, Viaje a Timbuktú)

Timbuktú es una ciudad del África Occidental en el país de Malí, a 20 km al norte del río Niger en el borde sur del desierto del Sahara. Tiene actualmente una población de alrededor de 50 mil habitantes y es muy pobre incluso midiéndola con los estándares africanos.
Pero en el pasado tuvo una situación priviligiada como nudo comercial para el intercambio de mercaderías entre las regiones del norte y del centro de África. Fue también uno de los más grandes centros culturales del mundo musulman durante su Era de Oro entre los siglos XV y XVI en los que florecieron las artes y la ciencia, siendo también muy importante su producción de manuscritos.

Caravana llegando a Timbuktú

El rico rey de Timbuktú tiene muchos platos y cetros de oro, algunos de lo cual pesan 1300 libras. … Él mantiene siempre 3.000 jinetes … y una gran tienda de médicos, jueces, sacerdotes y otros hombres sabios, que son generosamente mantenidos por cuenta del rey.
(Leo Africanus, Descripción de África -1550)

Posteriormente la ciudad perdió su importancia comercial debido a que los portugueses abrieron las rutas marítimas, y la decadencia final llegó con las grandes epidemias y hambrunas que despoblaron la región.

En efecto, dos horas después la reina del desierto, la misteriosa Tombuctú, que tuvo, como Atenas y Roma, sus escuelas de sabios y sus cátedras de filosofía, se desplegó bajo las miradas de los viajeros.
Fergusson seguía los menores detalles en el plano trazado por el propio Barth, y reconoció su gran exactitud. La ciudad forma un enorme triángulo en una inmensa llanura de arena blanca.
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Pero este gran centro de civilización, en que un sabio como Ahmed Baba poseía en el siglo XVI una biblioteca de mil seiscientos manuscritos, no es hoy más que un almacén de comercio de África central.
(Julio Verne, Cinco semanas en globo)

Las mejores descripciones de la ciudad se encuentran en los libros de viajeros musulmanes, como Leo Africanus o Shabeeny, que si bien tuvieron que luchar contra las viscitudes del viaje por regiones tan dificultosas, por lo menos no tuvieron que lidiar con el ambiente religioso, de tanto peligro para los infieles europeos. Es notable que a pesar que la región es muy rica en recursos minerales, es la cuarta productora de oro de África, esté tan sumida en la pobreza. Pero la descripción que hace Shabeeny, a principios del siglo XIX, antes de que el país se convirtiera en colonia francesa, nos muestra que, a pesar de todo, el comercio estaba aun muy activo.

Caravana con carga de sal

Los principales artículos que se comercian son el tabaco, cuentas de colores para collares y caracoles, que se compran en Fas por libras. Pequeñas lentes holandesas, algunas de las cuales son convexas. No llevan ni espadas, mosquetes, ni cuchillos, excepto las que se necesitan en la caravana. En la entrada del desierto compran sal gema de los árabes, las traen en cargas bien arregladas y las usan como moneda de cambio. 
El retorno se hace en polvo de oro, esclavos, marfil, y pimienta; Se prefiere el oro en polvo y se lleva a Tombuctú desde Housa en pequeñas bolsas de cuero.
(Asseed El Hage Abd Salam Shabeeny, Acerca de los Territorios de Tombuctú y Housa – 1820)

Es interesante lo que dice Shabeeny acerca de la manera como los comerciantes eran atrapados por la ciudad, que actualmente recibe solamente la visita de unos escasos y arriesgados turistas y de los estudiosos que buscan examinar algunos de los más de 700 mil manuscritos que han sobrevivido al paso de los siglos.


Joven de Malí



Los habitantes nativos de la ciudad de Tombuctú se pueden calcular a 40.000, sin contar los esclavos y los extranjeros. Muchos de los comerciantes que visitan Tombuctú están tan apegados al lugar que no pueden salir de ella, y se quedan ahí de por vida. Los nativos son todos negros: casi todo extranjero se casa con una mujer de la ciudad, que son tan hermosas que los viajeros a menudo se enamoran de ellas a primera vista.
(Asseed El Hage Abd Salam Shabeeny, Acerca de los Territorios de Tombuctú y Housa – 1820)

Para el público en general la ciudad de Timbuktú pertenece al mundo de la fantasía o le es completamente desconocida, tan desconocida como el explorador Benítez, el tenaz español que la visitó hace más de un siglo.

La batalla en que la muchacha salvó a su hermano

EL creciente avance de los estadounidenses que invadían las tierras en que viviían las tribus indias de las planicies, produjo continuos enfrentamientos. En el Tratado de Fort Laramie (1868) se estableció un gran espacio en el Territorio de Dakota, incluyendo las Black Hills, en las que los indios tendrían dominio absoluto y al que estaría prohibido el acceso de los blancos.
Este tratado duró hasta que en 1874 se descubrió oro en las Black Hills, lo que  atrajo a un buen número de mineros blancos que sin más invadieron el territorio. Presionado, el gobierno de los EE.UU. determinó comprar las tierras a los indios, para lo que llamó a lakotas y cheyennes a negociar la venta.
Algunas bandas, lideradas por Sitting Bull, Crazy Horse y otros jefes se negaron a presentarse, lo que llevó a los estadounidenses a iniciar una campaña con el objeto de reducirlos.

Fue en el transcurso de esta campaña que el 17 de junio de 1876 las fuerzas al mando del general George Crook, compuesta por alrededor de 1000 soldados, 175 guerreros Crow, 86 Shoshones y un centenar de civiles armados, se encontró con una partida formada por unos mil indios, mayoritariamente Sioux Lakotas (Oglaga, Miniconjou, Sans Arc, Pie Negros y Brule), cierto número de Cheyennes (unos 100) y algunos Arapahoes, liderados todos por el jefe sioux Crazy Horse.

La campaña de Crook fue un completo fracaso. Se encontró con que luchar contra los indios cuando los superaba en número es una cosa, y luchar contra ellos cuando las fuerzas son iguales era algo muy duro.
(Lawrence Frost)

Buffalo Calf Road Woman salvando a su hermano en un dibujo realizado por Yellow Nose, quién participó en la batalla.

Los estadounidenses resultaron derrotados por lo indios, en lo que llamaron la Batalla de Rosebud, por la
costumbre de llamar a las batallas por el lugar en que se desarrollan. Los indios, en cambio, nombraban las batallas por algún hecho especial que hubiese tenido lugar. Por esto los cheyennes la llamaron La batalla en que la muchacha salvó a su hermano. Esto debido a que, durante una de las cargas y contracargas de la batalla, el guerrero Comes in sight quedó desmontado y trató de retirarse a pie. En ese momento se desprendió de las filas indias su hermana, Buffalo Calf Road Woman, quién galopó frente a los soldados y subió a su caballo al guerrero, retirándose en medio del fuego enemigo.

Cuando un Cheyenne cargaba hacia las tropas de Mills, los blancos derribaron su caballo de un disparo, cuando trataba de retirarse a pie, se vio a otro Cheyenne zigzaguear hacia el guerrero desmontado, ayudarlo a subir a su caballo y escapar hacia sus líneas. Ese Cheyenne era la hermana del guerrero.
(Richard Wiles Jr.)

Buffalo Calf Road Woman sobrevivió a la batalla para luchar de nuevo, al lado de su esposo, Black Coyote, en la batalla de Little Big Horn, donde fue derrotado y muerto el general Custer.

Noche y miedo

ImagenNo había luna esa noche, así es que estaba oscuro. De todos modos, la escasa luz que proporcionaba el cielo estrellado nos daba la claridad suficiente para lo que pretendíamos hacer, una audaz travesura, robar fruta en el predio grande.
Bajamos por la quebrada cuidando donde poníamos los pies, no era cosa de resbalar y terminar en el fondo, al final llegamos al bajo sin nada más que algún rasguño.
Teníamos pensado como entrar al predio, el muro de piedra estaba coronado por ramas de espino, cuyas finas agujas causaban heridas dolorosas y difíciles de sanar, así es que habíamos decidido entrar por el canal.
El canal pasaba por debajo del muro y cuando venía lleno, como en esa noche, no dejaba espacio libre entre el nivel del agua y el muro, por lo que había que pasarlo sumergidos. Sabíamos que sería complicado porque debíamos entrar contra la corriente, pero eso era una ventaja puesto que al regreso no nos costaría pasar con los sacos con fruta.
Llegamos al canal y comenzamos el trabajo de pasar, al primero lo ayudamos empujando entre dos, el segundo, uno empujando y el otro tirando, finalmente pasé con la ayuda de los otros que tiraron de mi hasta que logré pasar por el estrecho túnel contra el agua que presionaba fuertemente.
Nos sentimos felices, ya estábamos adentro. Ahora solo nos faltaba cruzar por entre los altos nogales hasta llegar al campo en el que los árboles, cargados de fruta, esperaban ser cosechados. Moviéndonos rápida y silenciosamente llenamos los sacos hasta el peso que éramos capaces de cargar.
La idea había sido buena, ahora solo nos faltaba deshacer el camino y regresar. Estábamos ya entre los nogales cuando vimos la luz de una linterna, había un guardián y no lo sabíamos. El grito de –¿quién anda ahí? nos sobresaltó, soltamos los sacos y nos tiramos al suelo. Juancho se había quedado algo atrás, al lado de un gran nogal, al que trepó como un gato. Con el Pedro estábamos a la orilla del canal y nos deslizamos por el barro hasta sumergirnos en el agua, apegados a la orilla quedábamos tapados por la yerba buena.
El guardián no quería hacernos daño, seguramente se dio cuenta de que solo éramos unos niños, así es que sacó su arma y disparó al aire para asustarnos. Con el disparo escuchamos un grito y luego el golpe de un cuerpo al dar con el suelo. Salimos del agua, el mundo se vino abajo, ya nada importaba porque ya nada había, ni fruta, ni noche, ni agua, solo estábamos nosotros, dos niños llorando de miedo bajo un nogal.

Jenofonte

Kobayashi Issa

El 15 de junio de 1763 nació Kobayashi Issa, poeta y monje japonés. Es considerado uno de los cuatro maestros del haiku, junto a  Bashō, Buson y Shiki. El lugar de su nacimiento es Kashiwabara en la provincia de Shinano.

Issa se llamaba Kobayashi Nobuyuki, Issa es su seudónimo literario y significa Una taza de té. El poeta escribió más de 20 mil haiku, los que son leídos hasta el día de hoy. Sus haiku son heréticos desde el punto de vista ortodoxo de Bashō, su poesía es sencilla y usa muchas veces palabras dialectales y expresiones coloquiales.

Escribió unos mil haiku acerca de los seres más humildes, como caracoles, ranas, luciérnagas y mosquitos, por ejemplo.
En comparación, Bashō escribió solo unos dos mil haiku en total.

Aquella hoja 
de la hierba hace señas … 
a la luciérnaga 


Bebo el té solo 
cada día la mariposa 
me visita

En el jardín la mariposa
el niño se arrastra, vuela, 
se arrastra, vuela … 


Pequeño caracol 
pulgada a pulgada, ¡sube 
el Monte Fuji! 

Oh, caracol,
sube el Monte Fuji
despacio, despacio


Está a mis pies
cuándo llegó hasta aquí,
el caracol?

Cansado de escuchar
el hombre se aleja…
cigarra en la rama

Issa rompió con las formas clásicas de Buson, escribiendo con un tipo de romanticismo que renovó la poesía al incluir el autorretrato, la autobiografía y los sentimientos personales.