Edmund Dulac

Edmund Dulac  (22 de octubre de 1882 – 25 de mayo de 1953) fue un ilustrador francés naturalizado británico. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Toulouse. Se especializó en la ilustración, por ejemplo de novelas como las obras de las hermanas Brontë y de libros para niños, entre ellos los cuentos de los hermanos Grimm, de Andersen, Las mil y una noches y algunas obras de Poe. Su manejo de la línea es característico de sus emotivos dibujos, de gran colorido.
También realizó ilustraciones para revistas, como Harper’s BazaarThe American Weekly.

«¿Y de qué sirve un libro», se preguntó Alicia, «sin ilustraciones ni diálogos?»
(Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas)

El pájaro azul

La reina estaba muy feliz por el éxito de su plan. El príncipe tomó un carruaje tirado por tres grandes ranas con enormes alas, lo que hizo que el carro simplemente volara. Truitonne salió misteriosamente por una pequeña puerta, y el príncipe, que estaba a la espera de su aparición, puso sus brazos alrededor de ella y le juró fe eterna, pero, ya que no estaba de humor para hacer un largo viaje en el carruaje sin haberse antes casado con la princesa que amaba, le preguntó adonde podían ir. Ella le dijo que tenía una hada madrina llamada Soussio, quien era una persona muy famosa, y que podían ir a su castillo.
(El pájaro azul, cuento de hadas francés)

El pájaro Feng

En ese momento el ave maravillosa, como un fuego de muchos colores que descendía del cielo, se posó ante la princesa, dejando caer a sus pies el retrato. Ella abrió los ojos de asombro al ver su propia imagen. Y cuando ella hubo leído las líneas escritas en la esquina, le preguntó, temblando: 
“Dime, oh Feng-Hwang, ¿quien es él, que a pesar de estar cerca, no lo puedo ver, que conoce el sonido de mi voz a pesar de no haberme escuchado, y que puede recordar mi rostro sin haberme nunca visto visto?”
(Historia del Pájaro Feng, cuento de hadas chino)

El Príncipe Serpiente


Cuando Grannmia vio a su extraño amante, fue la única en el palacio que mantuvo la calma y el valor. Todos los sirvientes corrieron chillando cuando vieron el gran monstruo de oro entrar por la puerta y, cuando llegó a la Sala de Audiencias los Reyes huyeron en una dirección y los cortesanos en otra. Sólo la princesa quedó, temblando de asombro, y esperando a que la serpiente se manifestara. 
(El Príncipe Serpiente, cuento de hadas italiano)

La Cenicienta

‘¡Qué extraña pregunta!’ pensó Cenicienta. ‘¿Por qué las calabazas? Pero aún así, ¿por qué no? ‘Luego se apresuró a asegurar a su hada madrina que había un montón de ellas, grandes y maduras. 
Juntas salieron al oscuro jardín, y Cenicienta la guió hasta donde crecían las calabazas. 
‘Esta,’ dijo su madrina, señalando con su varita a la mejor y la más grande, ‘recógela y tráela contigo.’
(La Cenicienta, cuento de hadas francés)

Sindbad el Marino

Tan pronto como el porteador llegó ante el rico propietario de la casa, sentado entre sus invitados y rodeado del máximo lujo y magnificencia, fue recibido con la pregunta: “¿Cuál es tu nombre? ”Mi nombre es Sindbad, respondió el porteador, muy avergonzado. Ante esto, el anfitrión aplaudió y se rió en voz alta. ‘Tú sabes que me llamo también Sindbad?’ , exclamó. ‘Pero yo soy Simbad el Marino, y Simbad el de Tierra, porque a ti te gusta el contraste, y a mi también’.
(Las mil y una noches, Historia de Sindbad el Marino)

Jane Eyre

El viajero entonces se palpó pies y piernas, como para cerciorarse de si se habían roto algo o no, y alguna novedad debió de encontrar, porque se acercó a la valla junto a la que yo estuviera sentada y se sentó, a su vez.
Pensando que podría serle útil, me aproximé:
-Si se ha lastimado y necesita ayuda, puedo ir a buscar a alguien a Hay o a Thornfield Hall.
-Gracias. Yo mismo iré. No hay nada roto: es una simple dislocación.
(Charlotte Brontë, Jane Eyre)

Circe y Odiseo

«”¿Por qué, Odiseo, permaneces sentado como un mudo consumiendo tu ánimo y no tocas siquiera la comida y la bebida? Seguro que temes alguna otra desgracia, pero no tienes nada que temer, pues ya te hice un juramento.”
«Así habló, y entonces le contesté diciendo:
«”Circe, ¿qué hombre como es debido probaría comida o bebida antes de que sus compañeros quedaran libres y él los viera con sus ojos? Conque, si me invitas con buena voluntad a beber y comer, suelta a mis fieles compañeros para que pueda verlos.”
(Homero, La Odisea)

La portada de la revista Harper’s Bazar de marzo de 1917 estaba ilustrada con una de las pinturas de Edmund Dulac para la historia de la Princesa Badoura.

La Señora Badoura, Princesa de China, la hija del rey Gaiour, Señor de todos los mares y de los Siete Palacios! ¡Oh, rey! ¡No había nadie como ella en todo el mundo! Su cabello era tan oscuro como la noche de la separación y del exilio; su rostro era como el amanecer, cuando los amantes se encuentran para abrazarse; sus mejillas eran como pétalos de una anémona llena de vino. Cuando hablaba, la música nacía de nuevo en la tierra; al caminar sus pies parecían deslizarse con delicia bajo el peso de su gracia y su hermosura.
(Las mil y una noches, La princesa Badoura)

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7 comentarios en “Edmund Dulac

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