Dos periodistas alrededor del mundo

En 1872 el escritor Julio Verne publicó su novela La vuelta al mundo en 80 días. En ella describe el viaje realizado por el personaje Phileas Fogg y su ayuda de cámara Jean Passepartout. Este viaje, según cuenta la novela, fue seguido con atención por los periódicos:

Phileas Fogg, al dejar Londres, no sospechaba, sin duda, el ruido grande que su partida iba a provocar. La noticia de la apuesta se extendió primero en el Reform Club y produjo una verdadera emoción entre los miembros de aquel respetable círculo. Luego, del club la emoción pasó a los periódicos por la vía de los reporteros, y de los periódicos al público de Londres y de todo el Reino Unido.
. . . 
El “Times”, el “Standard”, el “Evening Star’, el “Morning Chronicle” y veinte periódicos más de los de mayor circulación se declararon contra el señor Fogg. únicamente el “Daily Telegraph” lo defendió hasta cierto punto.
(Julio Verne, La vuelta al mundo en 80 días)

En 1888, es decir dieciseis años después de publicada la novela, Nellie Bly (seudónimo de Elizabeth Jane Cochran), una audaz reportera del New York World propiedad de Joseph Pulitzer, presentó a su editor la idea de realizar, por primera vez, el viaje imaginado por Julio Verne.

La idea se me ocurrió un domingo. Había pasado una gran parte del día y la mitad de la noche pensando en vano en una idea para un artículo de periódico. Era mi costumbre pensar las ideas el domingo y presentarlas a mi editor para su aprobación o desaprobación el lunes. Pero las ideas no llegaron ese día y a las tres de la mañana me encontraba cansada , con dolor de cabeza y dándome vueltas en la cama. Finalmente, cansada de pensar en un tema me dije impacientemente:
“Me gustaría estar al otro lado de la tierra!”
“¿Y por qué no?” me vino el pensamiento: “Necesito unas vacaciones, ¿por qué no hacer un viaje alrededor del mundo?”
Fácilmente a un pensamiento siguió otro. La idea de un viaje alrededor del mundo que me me gustó y agregué: “Si puedo hacerlo más rápido que Phileas Fogg, debo ir.” [Nellie Bly, Around the World in Seventy-two Days]}

Presentada la idea fue rechazada de inmediato, el editor le dio sus argumentos:

“Es imposible que lo hagas”, fue la terrible sentencia. “En primer lugar, eres una mujer y necesitarías un protector, e incluso si te fuera posible viajar sola tendrías que llevar tanto equipaje que te dificultaría hacer transbordos rápidos. Además solo hablas inglés, no vale la pena seguir con esto, solo un hombre puede lograrlo”.
“Muy bien”, le dije enojada: “Manda a un hombre, y yo empezaré el mismo día para otro periódico y le ganaré”. “Creo que lo harías, dijo lentamente”.
[Nellie Bly, Around the World in Seventy-two Days.]

El 14 de noviembre de 1889 Nellie Bly abordó el SS Augusta Victoria rumbo a Europa. En su viaje la reportera utilizó trenes y vapores.

Nelly Bly solucionó el problema del equipaje de una manera práctica, según lo acotado por su editor, usó un traje que se mandó hacer con una clara especificación: “ser capaz de resistir tres meses de uso constante“, llevó también llevó un abrigo resistente y un pequeño bolso de viaje conteniendo varias mudas de ropa interior, útiles de aseo, tintero, pluma, lápices, papel, alfileres, aguja, hilo, una bata, una chaqueta, una botella pequeña, un vaso, y un frasco de crema “para evitar la sequedad de la piel en la variedad de climas que debía encontrar“. El dinero lo llevó en una bolsa atada alrededor de su cuello.

Si el 13 de noviembre de 1889, un profeta aficionado me hubiera predicho que pasaría el día de Navidad de ese año en el Océano Índico, supongo que una abierta e insultante incredulidad no debería tomarse como un juicio severo a un esforzado adivino, pero, con la debida delicadeza frente a ese caso de equivocada predicción, habría llamado su atención hacia el pasaje del Corán que dice “Dios ama al mentiroso alegre” y lo habría despachado con un “vete en paz”.
Sin embargo, pasé el día 25 de diciembre en un vapor navegando por las aguas que bañan las costas del Imperio de la India , y tuve que hacer otras cosas igual de absurdas, de las que no me habría creído capaz si me lo hubiesen dicho. Sólo puedo decir como excusa que no fueron premeditadas, y que los profetas descuidaron su oportunidad y no recibí de ellos ningún augurio.[Elizabeth Bisland, In Seven Stages: A Flying Trip Around the World.]

Mientras tanto, la revista Cosmopolitan, de John Brisben Walker, buscando competir con el World, contactó a Elizabeth Bisland, quién, ¡solo seis horas después de ser contratada para el efecto debió partir en su viaje alrededor del mundo!, pero lo hizo rumbo al Oeste, es decir en sentido contrario al de Bly.

Elizabeth Bisland afrontó el problema del equipaje de manera diferente:

Finalmente me las arreglé para meter todas las cosas absolutamente necesarias para el viaje en un baúl de buen tamaño, un gran maletín Gladstone y un bolso de mano, pero después me di cuenta, por experiencia, que mi progreso no habría tenido ningún retraso y mi bienestar y felicidad hubiesen estado mucho mejor atendidos, si hubiese llevado una segunda caja con todo lo que pude haber necesitado. Llevé para el viaje dos batas de tela, una media docena de blusas ligeras y una de noche de seda, pero pude haber llevado también mi ropa de invierno y gran parte de la de verano. Afortunadamente tuve la precaución de llevar un montón de alfileres y pinches para el pelo. [Elizabeth Bisland, In Seven Stages: A Flying Trip Around the World.]

Nellie Bly llegó finalmente a Nueva Jersey el 25 de enero de 1890, a las 3:51 p.m. después de 72 días, seis horas, once minutos y catorce segundos. El recibimiento fue multitudinario.

La estación estaba llena de miles de personas, y el momento en que puse el pie en la plataforma, todos gritaron, y los cañones de la Battery y de Fort Greene anunciaron mi llegada. Me quité la gorra y quise gritar con la gente, no porque había dado la vuelta al mundo en setenta dos días, sino debido a que estaba en casa de nuevo. [Nellie Bly, Around the World in Seventy-two Days]

La  competencia fue seguida con atención por el público, pero el New York World, que era un diario sensacionalista, ignoró sistematicamente a Bisland y prevaleció por sobre la revista Cosmopolitan, de aparición mensual. Así, la fama se la llevó Nellie Bly oscureciendo la meritoria figura de Elizabeth Bisland.
Hay que notar además, que el triunfo de Bly tuvo su punto cuestionable, puesto que, para bajar sus tiempos, puesto que venía atrasada, Pulitzer contrató un tren privado para que la llevara de San Francisco a Nueva Jersey en tiempo record.
Mientras tanto, Elizabeth Bisland se veía obligada, en un oscuro episodio, a tomar un barco lento desde Irlanda a los EE.UU., arrivando finalmente  a Nueva York el 30 de enero, completando el viaje en 76 días y medio, detrás de Bly, pero bajando también el tiempo de Fogg.

Mis obligaciones, mis preocupaciones, mis intereses, que habían permanecido en la sombra durante  estos dos últimos meses, de repente adquieren contornos definidos y vuelven a ser vivas y reales una vez más. Me siento como si hubiese estado navegando por la bahía durante una hora y ahora estaba regresando.
. . . El barco se desliza en el muelle. Puedo ver las caras alegres de mis amigos que me esperan. Mi viaje ha terminado. He dado la vuelta al mundo en setenta seis días.
[Elizabeth Bisland, In Seven Stages: A Flying Trip Around the World.]

El mayor mérito de Nellie Bly fue el de haber tenido la idea y la capacidad de convencer de que sería capaz de realizarla. El de Elizabeth Bisland fue el de decidirse a tomar el desafío sin previo aviso y llevarlo a cabo de manera completamente improvisada pero no menos eficiente.

Para la mente masculina puede ser algo hilarante la idea de que una mujer sea sacada bruscamente de su casa sin tiempo suficiente para que arregle su vestuario, y para los hombres responsables de este viaje, aparentemente lo más delicioso fue obligarme a estar lista en cinco horas para un viaje de setenta y cinco días alrededor del mundo. El porqué de esto es algo que una mujer no adivinará facilmente y que está completamente fuera del alcance de su sentido del humor. Es uno de esos recovecos de la mente masculina que mi sexo ya no trata de comprender o enmendar y del que hemos aprendido a hacer caso omiso, ignorándolo en la medida de lo posible. [Elizabeth Bisland, In Seven Stages: A Flying Trip Around the World.]

Aunque después el record fue bajado aun más por otros viajeros, lo realmente destacable es que la frase de Julio Verne: Todo lo que un hombre pueda imaginar, otro podrá realizarlo, fue cumplida por dos jóvenes y audaces mujeres.

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8 comentarios en “Dos periodistas alrededor del mundo

  1. Bueno, Fogg soborna a la tripulación del barco primero y lo compra después, pero hay que considera que ningún plan podría haber previsto a un tipo como Fix, así es que Verne pudo un obstáculo adicional a Fogg.
    En el caso de Elizabeth Bisland, los agentes de Pulitzer lograron dificultar el último tramo de Elizabeth para que se atrasara, es decir que Pulitzer jugó sucio.

  2. Esa mujeres, de carne y hueso, en una época donde ser mujer ya era un inconveniente, son heroínas que dejan atrás a la fantasía de Julio Verne. Es una historia que debería ser más conocida, por el mensaje de convicción en uno mismo que llevan.

    Gracias por dar voz. Gracias por compartir. Un cordial saludo.

  3. Casualmente comentaba anoche el largo tiempo en que las deidades eran femeninas. Decíamos que el patriarcado nacía con la posesión de tierra, que “obligaba” a que el heredero fuese en verdad heredero genético. Ese poder de la reproducción se perdió, en aras de la posesión…y así nos ha ido. Lamento el tono historiador que le doy, pero a fecha de hoy la mujer sigue teniendo que demostrar lo que a muchos hombres simplemente se les supone de entrada, y cobramos menos, y seguimos discriminadas…

    En verdad, hasta para reivindicar a algunas mujeres, parece que sólo si las valora el hombre, son valoradas. Penoso. Un cordial saludo.

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