Mildred Cable y las hermanas French

Dedicado a Albada.

A fines del siglo XIX comenzó a desarrollarse en Europa un creciente interés por las culturas orientales y muy pronto se realizaron una serie de viajes con interés científico, Prejevalsky, el más importante de los viajeros rusos, Aurel Steinvon le CoqSven Hedin, recorrieron el Turquestán, el desierto de Gobi y el terrible Taklamakan, en busca de los restos de antiguas ciudades budistas, de la mítica Ruta de la Seda y los rastros de la iglesia Nestoriana y la religión Maniquea que buscaron refugio de las persecuciones religiosas que sufrieron, en las profundidades del Asia.

Mildred Cable y las hermanas Francesca y Evangelina French.
Estos científicos viajaban en grandes caravanas, muchas veces con escolta armada. Pero hubo quienes viajaban en forma mucho más arriesgada. Un ejemplo notable es el trío de misioneras inglesas formado por Mildred CableFrancesca French y Eva French, quienes juntas, viajaron por las más inhóspitas, desconocidas, peligrosas, pero siempre interesantes regiones del Asia Central.
Mildred Cable era una joven inglesa nacida en 1878 que decidió hacerse misionera y trabajar en China. Para eso estudió en la Universidad de Londres lo que consideraba útil, como Farmacia y Ciencias Humanas. Se comprometió con un joven que también quería ser misionero, pero que cambió de opinión a última hora y le dijo a Mildred que no se casaría con ella a menos que desistiera de viajar a China. Mildred se sumió en una depresión y ni siquiera se presentó a dar sus exámenes finales. Sin embargo un día supo que se estaba preparando una misión para China y, en sus palabras, “bajó una cortina sobre su pasado” y se embarcó hacia el Lejano Oriente, era 1901.
Viajó con Evangelina French, quién ya estaba realizando un trabajo misionero en China. Allá trabajaron juntas viajando por la región de Huozhou, junto con la hermana de Evangelina, Francesca, quien se les unió.

Mildred Cable en una posada del camino.
La ciudad de Huozhou está situada en la carretera principal que conecta Taiyüanfu con Sianfu, la ruta que conecta Peking con las provincias del noroeste. Por este camino transitan largas caravanas de camellos, cargados con mercaderías de Mongolia; miles de asnos llevando sacos de harina de las fértiles llanuras del sur; carretas con tabaco y papel de las grandes ciudades del sur de la provincia, y las caravanas de viajeros, familias completas en grandes carros moviéndose a sus nuevos hogares; literas cubiertas balanceándose entre dos mulas, en las que, bajo pesadas cortinas, viajaban las esposas de algún funcionario; caminantes, vestidos de algodón azul celeste, “corredores yamen” pidiendo paso libre a gritos mientras cabalgaban furiosamente y los porteadores se combinan para formar una pintura en movimiento, interesante y hermosa, del Gran Camino, como es llamado. (Mildred Cable, El cumplimiento de un sueño)
Pero después pensaron que la misión en China debía quedar a cargo de los chinos, y decidieron  evangelizar la región del extremo occidental de China, de religión musulmana, esto es en 1923. Como preparación se dedicaron a estudiar la lengua uighur para comunicarse con las mujeres musulmanas, quienes eran su principal objetivo. Formaron un equipo que trabajaría unido por el resto de sus vidas.

Un alto en el camino, después de cruzar el desierto.
Se internaron entonces por las desérticas regiones del Asia Central siguiendo las rutas caravaneras, en una carreta cargada con su equipaje y una respetable cantidad de biblias y libros de literatura cristiana, y sin más escolta que, a veces, algunos correligionarios chinos.
Mildred y Francesca escribieron en colaboración una serie de libros, en los que se encuentran valiosas descripciones de los territorios que recorrieron y las culturas que encontraron.
Las viajeras pudieron ver, desde la perspectiva del que pasa, el destino que estaban teniendo las ruinas de antiguas ciudades que los contemporáneos arqueólogos buscaban rescatar.

Ruinas en el desierto
La demolición de los edificios duraba ya mucho tiempo y pudimos observar como los campesinos derruían con sus herramientas las construcciones antiguas, destruyendo seguramente muchas reliquias en el proceso. … Por desgracia, la irrigación necesaria para el crecimiento de los cultivos es fatal para los edificios de barro, la pintura mural y todos aquellos restos que dependen para su conservación de la sequedad del desierto. (Cable – French, El desierto de Gobi)

Por última vez en China, 1935.
Estas tres mujeres eran independientes, de carácter fuerte y muy audaces, nunca faltaron ocasiones para demostrar que no temían a nada y que podían ser, desde el punto de vista masculino, incluso rebeldes. En una ocasión Eva French dio la comunión a sus feligreses chinos y fue criticada porque esa ceremonia se consideraba prerrogativa masculina. Lejos de asustarse con las críticas, Mildred respondió celebrando la comunión, por su cuenta, en la siguiente Pascua.
Las misioneras dejaron China en 1936 y no pudieron regresar jamás porque el Señor de la Guerra de la región en que trabajaban decretó la expulsión de todos los extranjeros en 1938.
La labor misionera de las mujeres no dio mucho fruto, el trabajo de convertir a los musulmanes demostró ser algo muy difícil por no decir imposible, pero la descripción de sus viajes y sus observaciones son un documento invaluable para el conocimiento del desierto de Gobi y la Ruta de la Seda, su aspecto y su cultura. Además de ser un ejemplo de audacia y determinación en un trabajo que al más valiente hubiera desesperanzado pero que ellas llevaron a cabo siempre juntas.

La fértil depresión de Turfán
Turfan aparece como una isla verde en medio de una infinidad de arena. Polvo y grava, en vez de agua marina, lamen sus orillas, pues la línea divisoria entre el árido desierto y la tierra fértil es tan precisa como la que separa la orilla del océano. Su fertilidad es sorprendente y produce un efecto sobrecogedor en el viajero que se adentra, dejando atrás este universo yermo y árido, en la exuberancia de Turfan. (Cable – French, El desierto de Gobi) 
Puede que muchos no estén de acuerdo con la religión practicada por Mildred Cable y las hermanas French, tampoco con la política occidental de proselitismo religioso, pero hay algo que no se puede discutir, y es que el valor y la entereza moral no tienen religión, nacionalidad ni color, y que estas mujeres demostraron tenerlas en abundancia, lo que es realmente admirable.

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4 comentarios en “Mildred Cable y las hermanas French

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