Marco Antonio

arco Antonio, Consul de la República Romana, nació el 14 de enero del año 83 a. de C. Fue un político, militar,
administrador y sacerdote (los romanos podían ser todo eso).
Pero todo lo que pudo haber sido Marco Antonio, sus capacidades militares, su fidelidad a Julio César, quedó al final opacado por el último capítulo de su vida, cuando enamorado de la egipcia Cleopatra buscó hacerse con su propio reino en Oriente. Estos amores y su desastroso final fueron inmortalizados por la tragedia de Shakespeare Antonio y Cleopatra y la imagen que de él se tiene corresponde mayormente a la que entrega la obra.

Cierto, pero este amor extravagante de nuestro general rebasa la medida.
Esos ojos soberbios que resplandecían como los de un Marte con armadura 
cuando inspeccionaban los desfiles y las revistas de las tropas de guerra, 
concentran ahora todas sus funciones, absorben toda su facultad de contemplación 
en un rostro moreno. Su corazón de capitán, que en las refriegas de las grandes batallas hacía estallar sobre su pecho los lazos de su coraza, ha perdido todo su temple y sirve ahora de fuelle y de abanico para enfriar a una egipcia fogosa. (Shakespeare, Antonio y Cleopatra)

Marco Antonio tenía enemigos poderosos, uno de los más enconados fue Cicerón, y seguramente no era muy querido entre los hombres que habían sido víctimas de una de sus aficiones, las mujeres ajenas. Pero era popular entre el pueblo de Roma y muy querido por sus soldados.

Su aire jactancioso, sus bufonadas, el beber ante todo el mundo, sentarse en público a tomar un bocado con cualquiera y comer el rancho militar, no se puede decir cuánto contribuían a ganarle el amor y afición del soldado. Su liberalidad y el no dar con mano encogida o escasa para socorrer a los soldados y a sus amigos fue en él un eficaz principio para el poder. (Plutarco, Vidas Paralelas)

En el cine y la televisión, Marco Antonio ha sido representado por una lista de actores, algunos más famosos que otros, desde la primera versión de Cleopatra en 1934 hasta las series de televisión Roma e Imperio, del 2005-2007.

Dice Plutarco que Antonio confirma la máxima de Platón que dice que los caracteres extraordinarios llevan consigo tanto los grandes vicios como las grandes virtudes. Así era Marco Antonio enamorado, bebedor, belicoso, dadivoso, magnífico e insolente; consiguió grandes victorias y tuvo grandes derrotas, conquistó grandes territorios y perdió también lo conquistado.

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La Cenicienta

Uno de los más famosos cuentos de Charles Perrault (12 de enero de 1628 – 16 de mayo de 1703) es el de La Cenicienta. Pero se sabe que Perrault no es el autor, solo lo recogió de la tradición oral francesa, del mismo modo que los hermanos Grimm recogieron su versión de la tradición oral alemana.

Pero el cuento es más antiguo de lo que parece, puesto que una historia similar se encuentra en la antigüedad egipcia. Después se encuentran versiones griegas, y así hasta llegar al tiempo actual.
Pero, paralelamente existieron versiones chinas y vietnamitas, a la que hay que agregar un cuento del pueblo Abenaki (indios algonquinos del Canadá), aunque no se sabe si procede de antes de la llegada de los europeos o si se trata de un aporte de estos últimos.

Pequeños trozos de los diferentes cuentos están ilustrados por varias pinturas que representan al personaje de la Cenicienta en su vida de tribulaciones:

Hace mucho tiempo, en el antiguo país de Egipto, allí donde el agua verde del Nilo se entrega al agua azul del Mediterráneo, vivía una muchacha que había nacido en Grecia, pero había sido raptada por unos piratas y llevada a Egipto, y allí había sido vendida como esclava. Su amo había resultado ser un buen hombre, ya viejo, que pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo a la sombra de un árbol. Por eso no se enteraba de que las otras muchachas de la casa, todas libres pero siervas, hacían mofa y befa de la extranjera porque era distinta. Ellas tenían el cabello liso y negro, y el de la otra era rubio y rizado. Ellas tenían ojos castaños, y la otra tenía ojos verdes. La piel de ellas tenía el fulgor del cobre, pero la otra era de piel pálida, que quemaba el sol con rapidez, y por eso la llamaron Mejillas Rosa. Además, le hacían trabajar mucho y la reñían todo el día: “Vé al río a lavar”, “Arréglame la ropa”, “Saca a los gansos del jardín”, “Haz el pan”…  

(Cuento del Antiguo Egipto, La historia de Ródope)

Se cuenta de ella la siguiente historia: estando tomando un baño, un águila arrebató una de sus sandalias a la sirviente que se las tenía y la llevó hasta Menfis. Allí, el rey estaba administrando justicia al aire libre, y el águila, cerniéndose sobre la cabeza del monarca, le dejó caer la sandalia en el regazo. El rey, conmovido por lo extraño del fenómeno y por la hermosura de la sandalia, mandó buscar por todo el país a la muchacha que la había calzado. Cuando fue hallada en Naucratis, fue llevada a Menfis, y el rey la hizo su esposa.
(Estrabón, Historia de Ródope)

Wu tiene dos esposas, y una hija con cada una de ellas. Una de sus esposas fallece, y su hermosa y buena hija queda en manos de la madrastra, cuya hija no es tan hermosa como la huérfana, a la que obliga la madrastra a hacer todas las tareas de la casa, de tal modo que la muchacha se convierte en sierva en su propio hogar. La obligan a calzar zapatos muy pequeños para que sufra más aún mientras se encarga de las peores tareas. Al quedársele así los pies pequeños, recibirá el apodo de Yeh Shen, que significa Pies de Loto.
(Cuento chino de la Dinastía T’ang, Pies de Loto)

  
Por la noche, la madrastra le daba una estera rota y una sábana hecha jirones. La niña tenía que fregarel suelo, cortar la leña, dar de comer a los animales, hacer la comida, lavar los platos y muchas cosas más. Le salían en la manos unas ampollas enormes, pero no se quejaba. La madrastra la mandaba al bosque a buscar leña esperando que las alimañas dieran cuenta de ella, y a buscar agua a sitios muy peligrosos para que se ahogase algún día.

La pobre Arroz Partido trabajaba y trabajaba, y se le pusieron la piel renegrida y el pelo enredado. A veces, al verse reflejada en el agua, se asustaba de lo fea y lo oscura que era, y se lavaba y se peinaba con los dedos, y entonces sí que se veía guapa. 
 Cuento vietnamita, La historia de Arroz Partido)

A Cenicienta se le aparece su hada madrina. Cenicienta le pide ayuda y el hada, haciendo uso de la varita mágica, convierte una calabaza en una carroza dorada. Luego, los ratones, las ratas y las lagartijas de una trampa son convertidos, también por arte de magia, en lacayos, cocheros y caballos tordos. El hada roza con la varita mágica a Cenicienta, y entonces la ropa sucia y estropeada que lleva la muchacha se convierte en un vestido precioso de princesa. El hada madrina le regala además unos zapatos de cristal a Cenicienta para que los lleve al baile, pero le dice que tiene que volver antes de la media noche, porque si no, se romperá el hechizo.
(Charles Perrault, La Cenicienta)

Hace mucho tiempo una joven doncella y sus padres tenian una hermosa vida, al poco tiempo su madre enferma y muere ellos deciden enterrarla en una tumba que esta en una fuente. Estaban tan devastados, que todos los dias iban a llorar en donde su tumba.
Tiempo después, el hombre se casa con una mujer que tiene dos hijas de rostro muy hermoso y corazón muy duro y cruel. Vienen entonces muy malos tiempos para la pobre huérfana: la madrastra y las hermanastras le quitan los vestidos y le mandan ocuparse de la limpieza del hogar, por lo que la pobre muchacha pasa a ser prácticamente una sierva que vive llena de polvo y cenizas, así que se dirigen y se refieren a ella llamándole Cenicienta.
(Hermanos Grimm, La Cenicienta)

A la menor de tres hermanas alfareras se le asigna la tarea de cuidar del fuego, y, de tanto acercarse a la llama para avivarla, acaba por tener la cara llena de quemaduras, por quedarle muy poco pelo y por llevar siempre la ropa tiznada de hollín y de ceniza.
Un joven busca una amada, y se dice de él que es muy hermoso, pero es invisible. Su hermana, que hasta ahora es la única capaz de verlo, va anunciando por los poblados que el joven se casará con la muchacha cuya mirada también alcance a distinguirlo.
Las dos hermanastras de la cuidadora del fuego, mayores que ella, fingen haber visto pasar al príncipe en una barca que todo el mundo ha visto sin ocupante, y en seguida son desenmascaradas.
Con una ropa hecha de corteza de abedul, la cuidadora del fuego se acerca y alcanza a verlo. La hermana del joven entrega un peine a la muchacha y le dice que lo use. La hasta entonces desventurada ya está calva, pero al pasarse el peine por la cabeza, le vuelve a crecer el pelo y se le quitan las quemaduras de la cara. La muchacha y el joven se casan, y vivirán felices con la hermana de él.
(Cuento de los indios Abenaki)

Utopía

Roberto Oleotto, Utopía

Utopía es una comunidad política ideal cuyos habitantes viven bajo condiciones aparentemente perfectas. Por lo tanto utópico y utopismo son palabras que se usan para denotar una reforma visionaria que tiende a ser una imposibilidad idealista. La palabra viene del libelo publicado por Sir Tomás Moro en 1516 bajo el nombre de “Consideraciones al alto estado de la república y nueva isla de Utopía”.
(Enciclopedia Británica)

David Carbley, Utopía

(Tomás Moro) fue su ingenio admirable, su erudición rara, su constancia santa, su vida exemplar, su muerte gloriosa, docto en lengua latina y griega. Celebráronle en su tiempo Erasmo de Roterodamo y Gulliemo Budeo, como se lee en dos cartas suyas impresas en el texto desta Obra: llamóla Utopía, voz griega, cuyo significado es: “no hay tal lugar”. Vivió en tiempo y Reyno, que le fue forzoso para reprehender el gobierno que padecía, fingir el conveniente.
(Francisco de Quevedo)

James Christopher Hill, Utopía

Utopía me llamaron los antiguos, por estar tan alejada,
Émula, en nuestros días, de la ciudad platónica,
Tal vez incluso superior (pues lo que aquella sólo en letras
Dibujara, y además lo hice patente,
con hombres, recursos y óptimas leyes,
Eutopía es el nombre con que merezco ser nombrada.

(Tomás Moro)

Kerry Bennett, Utopía

Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza
cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea
cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

(Mario Benedetti, Utopía -fragmento-)

Whang Zhong Wang, Utopía

Se echó al monte la utopía
perseguida por lebreles que se criaron
en sus rodillas
y que al no poder seguir su paso, la traicionaron;
y hoy, funcionarios
del negociado de sueños dentro de un orden
son partidarios
de capar al cochino para que engorde.
¡Ay! Utopía,
cabalgadura
que nos vuelve gigantes en miniatura.
¡Ay! ¡Ay, Utopía,
dulce como el pan nuestro
de cada día!

(Joan Manuel Serrat, Utopía .fragmento-)

Gregor Ziolkowski, Utopía

Utopía
hasta cuando reposarás en aquel rumor de olas tenaces?
viajera embriagada
rozando mi equipaje con la sal del tiempo.
Muro de cartón
inmensos muros.
Errores de dios,
anillo de fuego en el centro del pecho.
Eres tu el de esas señales
regando estrellas en mi senda… ?

(Cris Garmend, Seis poemas utópicos -fragmento-)

Barbara Mendes, Utopía

Por contacto con la tierra se puede, aún, creer en la utopía:
Entonces, aplastando la mejilla quemada
contra los ásperos granos de este suelo pedregoso
-como un buen sudamericano-
alzaré por un minuto más mi cara hacia el cielo
hecho un madre
porque yo creí en la felicidad
habré vuelto a ver de nuevo las radiantes estrellas

(Raúl Zurita)

Pescadores

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George Harquette, Pescadores sacando las redes

Era un trabajo como para romper todos los huesos de la espalda, pues en un bote el agua aguanta el peso del pescado hasta el último momento, por lo que, por decirlo así, el pescador se encuentra frente a él. Pero los pocos pies de altura de las amuras de la goleta lo convierten en un peso muerto que hay que levantar. Por otra parte, la continua inclinación sobre la borda producía calambres en el estómago. Pero era un deporte excitante y furioso, mientras duró: un gran montón de pescado yacía sobre cubierta cuando los peces dejaron de morder el anzuelo.
(Rudyard Kipling, Capitanes intrépidos)

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Homer Winslow, Advertencia de niebla
El sol se levantó tenuemente del mar y el viejo pudo ver los otros botes, bajitos en el agua, y bien hacia la costa, desplegados a través de la corriente. El sol se tornó más brillante y su resplandor cayó sobre el agua; luego, al levantarse más en el cielo, el plano mar lo hizo rebotar contra los ojos del viejo, hasta causarle daño; y siguió remando sin mirarlo. Miraba al agua y vigilaba los sedales que se sumergían verticalmente en la tiniebla del agua. Los mantenía más rectos que nadie, de manera que a cada nivel en la tiniebla de la corriente hubiera un cebo esperando exactamente donde él quería que estuviera por cualquier pez que pasara por allí. Otros los dejaban correr a la deriva con la corriente y a veces estaban a sesenta brazas cuando los pescadores creían que estaban a cien.
   (Ernest Hemingway, El viejo y el mar) 


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Robert Red, Pescadores cornualleses en el mar

Son hombres de la bahía a tiempo completo – hay apenas un centenar a la izquierda del South Fork – también debían ser barqueros competentes, hombres netos, carpinteros y mecánicos, y la mayoría podría hacer buen dinero comerciando, pero valoran la independencia por sobre la seguridad, prefiriendo trabajar en su propio horario, responsable sólo ante sus propias familias. Defensores de su libertad hasta el extremo de la terquedad, deseando sólo que los dejen solos, nunca han pedido y nunca han recibido subvenciones directas de la ciudad o del condado, estatal o federal.
(Peter Mathiessen, La vida de los hombres)

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George Haquette, Pescador

Todas las tardes el joven Pescador se internaba en el mar, y arrojaba sus redes al agua. Cuando el viento soplaba desde tierra, no lograba pescar nada, porque era un viento malévolo de alas negras, y las olas se levantaban empinándose a su encuentro. Pero en cambio, cuando soplaba el viento en dirección a la costa, los peces subían desde las verdes honduras y se metían nadando entre las mallas de la red y el joven Pescador los llevaba al mercado para venderlos. Todas las tardes el joven Pescador se internaba en el mar. Un día, al recoger su red, la sintió tan pesada que no podía izarla hasta la barca. Riendo, se dijo: —O bien he atrapado todos los peces del mar, o bien es algún monstruo torpe que asombrará a los hombres, o acaso será algo espantoso que la gran Reina tendrá deseos de contemplar.
Oscar Wilde, El pescador y su alma.

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Charles Henry Gifford, Tomando las redes

Para colocar una de esas redes hacen falta dos pescadores; uno que rema en el bote mientras que el otro, de pie a popa, va echando cuidadosamente la red. Cuando está extendida, cubriendo todo el ancho del río, los marineros amarran el bote a un extremo de la red y se dejan ir a la deriva con ella.
Al irnos acercando a la flota no observamos la actividad nerviosa que nuestra aparición solía provocar. Por el contrario, cada bote seguía tranquilamente amarrado a su red, y los pescadores no nos prestaban la más mínima atención.
Pero no siguió siendo así mucho tiempo, porque al irnos acercando a la red más próxima, los hombres a quienes pertenecía soltaron su bote y fueron remando lentamente hacia tierra. 
El resto de los botes no dio la menor señal de intranquilidad.
(Jack London, Siete cuentos de la Patrulla Pesquera)

Playas

(Lady in blue)

Mi Jardín 
– al igual que la playa –
me dice que hay 

– un mar –
Eso es el verano –

(Emily Dickinson)

 

(Mark Lovett)

En una playa solitaria y desierta,
dónde la blanca espuma se derrama,
(Mary Darby Robinson)

 
(Michel & Inessa Garmach)

 

 
 
 
 
Mientras caminas 
por el borde del agua,
pensando en conceptos
que no puedo imaginar,
(Amy Clampitt)

(Steve Henderson)

Te vi desde la playa,
cuando la mañana brillaba,
El ruido de las aguas 
se escuchaba gratamente;
Llegué cuando el sol 
sobre la playa 
estaba declinando,
el rumor seguía allí, 
pero las aguas 
se habían ido.
(Thomas Moore)

 
 

(Steve Hanks)


Yo no. Yo camino,
a lo largo de la playa
Demasiado inquieto para sentarme
Perdido en mis pensamientos
Buscando conchas, personas,
y el cristal de la playa.
(Raymond A. Foss)

(Vicente Romero Redondo)

Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
(Antonio Machado)


Árboles

Árbol duro y altivo, que gustas  

Nicolai Dunbovskoy, El roble

de escuchar el rumor del Océano
y gemir con la brisa marina
de la playa en el blanco desierto,
¡yo te amo!, y mi vista reposa
con placer en los tibios reflejos
que tu copa gallarda iluminan
cuando audaz se destaca en el cielo,
despidiendo la luz que agoniza,
saludando la estrella del véspero.
Pero tú, sacra encina del celta,
y tú, roble de ramas añosas,
sois más bellos con vuestro follaje
que si mayo las cumbres festona
salpicadas de fresco rocío
donde quiebra sus rayos la aurora,
y convierte los sotos profundos
en mansión de gloria.
(Rosalía de Castro)

Ylli Haruni, Sauce llorón

Dónde van los campos grises
en monótona carrera?
Van a lejanos países
donde los espera.

A la orilla de un estero
donde hay sauces angustiados,
canta alegre el carretero
frente a sus bueyes cansados.
(Carlos Pezoa Véliz)

Vincent van Gogh, Camino con álamos

 
Los álamos de plata
se inclinan sobre el agua,
ellos todo lo saben, pero nunca hablarán.
El lirio de la fuente
no grita su tristeza.
¡Todo es más digno que la Humanidad!
La ciencia del silencio frente al cielo estrellado,
la posee la flor y el insecto no más.
La ciencia de los cantos por los cantos la tienen
los bosques rumorosos
y las aguas del mar.
(Federico García Lorca)

Joaquín Agrasot, Paisaje con encinas

¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas;
humildad y fortaleza!
Mientras que llenándoos va
el hacha de calvijares,
¿nadie cantaros sabrá,
encinares?
(Antonio Machado)

Anglana Camarasa, La higuera

Por eso
Cada ves que yo paso a su lado
Digo, procurando  Hacer dulce y alegre mi acento
– ¡Es la higuera el más bello
De los árboles todos del huerto! –
Si ella escucha,
Si comprende el idioma en que hablo,
¡Que dulzura tan honda hará nido
En su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche,
Cuando el viento abanique su copa
Embriagada de gozo le cuente
-¡Hoy a mi me dijeron hermosa!-
(Juana de Ibarbourou)
 

Ivan Shiskin, Bosque de pinos

El pinar al viento
vasto y negro ondula,
y mece mi pena
con canción de cuna.

Pinos calmos, graves
como un pensamiento,
dormidme la pena,
dormidme el recuerdo.

Dormidme el recuerdo,
asesino pálido,
pinos que pensáis
con pensar humano.
(Gabriela Mistral)


Nenúfares

En el agua y la lluvia
el nenúfar
y sus dos flores erguidas. 

Basho

El ocaso lanzaba sus rayos supremos

Y el viento mecía los nenúfares pálidos;
Los grandes nenúfares, entre las cañas,
Lucían tristemente sobre las aguas quietas.
Yo, erraba solo, paseando mi llaga
A lo largo del estanque, entre los sauces
Donde la vaga bruma evocaba un gran
Fantasma lechoso desesperándose
Y llorando con la voz de los ánades
Que se llaman batiendo sus alas
Entre los sauces donde yo erraba solo
Paseando mi llaga; y la espesa mortaja
De las tinieblas vino a ahogar los supremos
Rayos del ocaso en esas olas pálidas
De los nenúfares entre las cañas,
Los grandes nenúfares sobre las aguas quietas.

Paul Verlaine

Tan frescas como el rocío 
sobre las flores de la mañana
las hojas de los nenúfares se esparcen flotando,
sobre la superficie del agua clara,

a través de la cual tratamos en vano 
de ver el fondo.
Tu Fu

El lago azul de los bosques
cargado está de nenúfares;
temblando en círculos blancos

hace zozobrar la barca.
Y yo paseo a la orilla
como si estoy esperando
que ella surja de los juncos
y caiga dulce en mi pecho;
que saltemos a la barca,
que el agua nos balancee,
que se me escape el timón
y los ramos se me escapen;
que flotemos dulcemente
bajo el claror de la luna,
que el viento gima en los juncos
y el agua ondulando cante.
Pero ella no llega… Solo,
en vano sufro y suspiro
junto al lago azul cargado
de la flor de los nenúfares.

Mihail Eminescu

Y los lirios y el viento, y la floresta, y el cielo, y el trueno, y los suspiros de los nenúfares se callan; y la luna cesa de subir, vacilante, su sendero de los cielos; y el trueno expira; y el relámpago se apaga; y las nubes se suspenden inmóviles; y las aguas caen, inertes y niveladas; y los árboles cesan de balancearse y los nenúfares no tienen más suspiros; y no hay más murmullo entre las aguas, ni la sombra de un sonido en todo el vasto desierto sin límites.
Edgar Allan Poe

 
No remuevas el poso de tu vida.
Si hay légamo en el fondo,qué importa: 

está muy hondo,
y mancillar no logra los cristales.
Sobre el agua dormida,
puede aún retratarse la escondida
verdura de las frondas estivales…
El légamo no merma
la transparencia casta de la fuente,
a condición de que en el fondo duerma
perennemente,
o de que síntoma de su existencia
sea sólo la nítida presencia
mar de nenúfares blancos, desmayados
de amor sobre los límpidos espejos
del agua, y cuyos tallos alargados
nos dan la flor… ¡dejando el cieno lejos!

Amado Nervo

 https://jenofont.wordpress.com/2015/01/06/nenufares/