Pescadores

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George Harquette, Pescadores sacando las redes

Era un trabajo como para romper todos los huesos de la espalda, pues en un bote el agua aguanta el peso del pescado hasta el último momento, por lo que, por decirlo así, el pescador se encuentra frente a él. Pero los pocos pies de altura de las amuras de la goleta lo convierten en un peso muerto que hay que levantar. Por otra parte, la continua inclinación sobre la borda producía calambres en el estómago. Pero era un deporte excitante y furioso, mientras duró: un gran montón de pescado yacía sobre cubierta cuando los peces dejaron de morder el anzuelo.
(Rudyard Kipling, Capitanes intrépidos)

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Homer Winslow, Advertencia de niebla
El sol se levantó tenuemente del mar y el viejo pudo ver los otros botes, bajitos en el agua, y bien hacia la costa, desplegados a través de la corriente. El sol se tornó más brillante y su resplandor cayó sobre el agua; luego, al levantarse más en el cielo, el plano mar lo hizo rebotar contra los ojos del viejo, hasta causarle daño; y siguió remando sin mirarlo. Miraba al agua y vigilaba los sedales que se sumergían verticalmente en la tiniebla del agua. Los mantenía más rectos que nadie, de manera que a cada nivel en la tiniebla de la corriente hubiera un cebo esperando exactamente donde él quería que estuviera por cualquier pez que pasara por allí. Otros los dejaban correr a la deriva con la corriente y a veces estaban a sesenta brazas cuando los pescadores creían que estaban a cien.
   (Ernest Hemingway, El viejo y el mar) 


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Robert Red, Pescadores cornualleses en el mar

Son hombres de la bahía a tiempo completo – hay apenas un centenar a la izquierda del South Fork – también debían ser barqueros competentes, hombres netos, carpinteros y mecánicos, y la mayoría podría hacer buen dinero comerciando, pero valoran la independencia por sobre la seguridad, prefiriendo trabajar en su propio horario, responsable sólo ante sus propias familias. Defensores de su libertad hasta el extremo de la terquedad, deseando sólo que los dejen solos, nunca han pedido y nunca han recibido subvenciones directas de la ciudad o del condado, estatal o federal.
(Peter Mathiessen, La vida de los hombres)

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George Haquette, Pescador

Todas las tardes el joven Pescador se internaba en el mar, y arrojaba sus redes al agua. Cuando el viento soplaba desde tierra, no lograba pescar nada, porque era un viento malévolo de alas negras, y las olas se levantaban empinándose a su encuentro. Pero en cambio, cuando soplaba el viento en dirección a la costa, los peces subían desde las verdes honduras y se metían nadando entre las mallas de la red y el joven Pescador los llevaba al mercado para venderlos. Todas las tardes el joven Pescador se internaba en el mar. Un día, al recoger su red, la sintió tan pesada que no podía izarla hasta la barca. Riendo, se dijo: —O bien he atrapado todos los peces del mar, o bien es algún monstruo torpe que asombrará a los hombres, o acaso será algo espantoso que la gran Reina tendrá deseos de contemplar.
Oscar Wilde, El pescador y su alma.

Charles Henry Gifford - Handling nets
Charles Henry Gifford, Tomando las redes

Para colocar una de esas redes hacen falta dos pescadores; uno que rema en el bote mientras que el otro, de pie a popa, va echando cuidadosamente la red. Cuando está extendida, cubriendo todo el ancho del río, los marineros amarran el bote a un extremo de la red y se dejan ir a la deriva con ella.
Al irnos acercando a la flota no observamos la actividad nerviosa que nuestra aparición solía provocar. Por el contrario, cada bote seguía tranquilamente amarrado a su red, y los pescadores no nos prestaban la más mínima atención.
Pero no siguió siendo así mucho tiempo, porque al irnos acercando a la red más próxima, los hombres a quienes pertenecía soltaron su bote y fueron remando lentamente hacia tierra. 
El resto de los botes no dio la menor señal de intranquilidad.
(Jack London, Siete cuentos de la Patrulla Pesquera)

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Playas

(Lady in blue)

Mi Jardín 
– al igual que la playa –
me dice que hay 

– un mar –
Eso es el verano –

(Emily Dickinson)

 

(Mark Lovett)

En una playa solitaria y desierta,
dónde la blanca espuma se derrama,
(Mary Darby Robinson)

 
(Michel & Inessa Garmach)

 

 
 
 
 
Mientras caminas 
por el borde del agua,
pensando en conceptos
que no puedo imaginar,
(Amy Clampitt)

(Steve Henderson)

Te vi desde la playa,
cuando la mañana brillaba,
El ruido de las aguas 
se escuchaba gratamente;
Llegué cuando el sol 
sobre la playa 
estaba declinando,
el rumor seguía allí, 
pero las aguas 
se habían ido.
(Thomas Moore)

 
 

(Steve Hanks)


Yo no. Yo camino,
a lo largo de la playa
Demasiado inquieto para sentarme
Perdido en mis pensamientos
Buscando conchas, personas,
y el cristal de la playa.
(Raymond A. Foss)

(Vicente Romero Redondo)

Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
(Antonio Machado)


Árboles

Árbol duro y altivo, que gustas  

Nicolai Dunbovskoy, El roble

de escuchar el rumor del Océano
y gemir con la brisa marina
de la playa en el blanco desierto,
¡yo te amo!, y mi vista reposa
con placer en los tibios reflejos
que tu copa gallarda iluminan
cuando audaz se destaca en el cielo,
despidiendo la luz que agoniza,
saludando la estrella del véspero.
Pero tú, sacra encina del celta,
y tú, roble de ramas añosas,
sois más bellos con vuestro follaje
que si mayo las cumbres festona
salpicadas de fresco rocío
donde quiebra sus rayos la aurora,
y convierte los sotos profundos
en mansión de gloria.
(Rosalía de Castro)

Ylli Haruni, Sauce llorón

Dónde van los campos grises
en monótona carrera?
Van a lejanos países
donde los espera.

A la orilla de un estero
donde hay sauces angustiados,
canta alegre el carretero
frente a sus bueyes cansados.
(Carlos Pezoa Véliz)

Vincent van Gogh, Camino con álamos

 
Los álamos de plata
se inclinan sobre el agua,
ellos todo lo saben, pero nunca hablarán.
El lirio de la fuente
no grita su tristeza.
¡Todo es más digno que la Humanidad!
La ciencia del silencio frente al cielo estrellado,
la posee la flor y el insecto no más.
La ciencia de los cantos por los cantos la tienen
los bosques rumorosos
y las aguas del mar.
(Federico García Lorca)

Joaquín Agrasot, Paisaje con encinas

¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas;
humildad y fortaleza!
Mientras que llenándoos va
el hacha de calvijares,
¿nadie cantaros sabrá,
encinares?
(Antonio Machado)

Anglana Camarasa, La higuera

Por eso
Cada ves que yo paso a su lado
Digo, procurando  Hacer dulce y alegre mi acento
– ¡Es la higuera el más bello
De los árboles todos del huerto! –
Si ella escucha,
Si comprende el idioma en que hablo,
¡Que dulzura tan honda hará nido
En su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche,
Cuando el viento abanique su copa
Embriagada de gozo le cuente
-¡Hoy a mi me dijeron hermosa!-
(Juana de Ibarbourou)
 

Ivan Shiskin, Bosque de pinos

El pinar al viento
vasto y negro ondula,
y mece mi pena
con canción de cuna.

Pinos calmos, graves
como un pensamiento,
dormidme la pena,
dormidme el recuerdo.

Dormidme el recuerdo,
asesino pálido,
pinos que pensáis
con pensar humano.
(Gabriela Mistral)


Nenúfares

En el agua y la lluvia
el nenúfar
y sus dos flores erguidas. 

Basho

El ocaso lanzaba sus rayos supremos

Y el viento mecía los nenúfares pálidos;
Los grandes nenúfares, entre las cañas,
Lucían tristemente sobre las aguas quietas.
Yo, erraba solo, paseando mi llaga
A lo largo del estanque, entre los sauces
Donde la vaga bruma evocaba un gran
Fantasma lechoso desesperándose
Y llorando con la voz de los ánades
Que se llaman batiendo sus alas
Entre los sauces donde yo erraba solo
Paseando mi llaga; y la espesa mortaja
De las tinieblas vino a ahogar los supremos
Rayos del ocaso en esas olas pálidas
De los nenúfares entre las cañas,
Los grandes nenúfares sobre las aguas quietas.

Paul Verlaine

Tan frescas como el rocío 
sobre las flores de la mañana
las hojas de los nenúfares se esparcen flotando,
sobre la superficie del agua clara,

a través de la cual tratamos en vano 
de ver el fondo.
Tu Fu

El lago azul de los bosques
cargado está de nenúfares;
temblando en círculos blancos

hace zozobrar la barca.
Y yo paseo a la orilla
como si estoy esperando
que ella surja de los juncos
y caiga dulce en mi pecho;
que saltemos a la barca,
que el agua nos balancee,
que se me escape el timón
y los ramos se me escapen;
que flotemos dulcemente
bajo el claror de la luna,
que el viento gima en los juncos
y el agua ondulando cante.
Pero ella no llega… Solo,
en vano sufro y suspiro
junto al lago azul cargado
de la flor de los nenúfares.

Mihail Eminescu

Y los lirios y el viento, y la floresta, y el cielo, y el trueno, y los suspiros de los nenúfares se callan; y la luna cesa de subir, vacilante, su sendero de los cielos; y el trueno expira; y el relámpago se apaga; y las nubes se suspenden inmóviles; y las aguas caen, inertes y niveladas; y los árboles cesan de balancearse y los nenúfares no tienen más suspiros; y no hay más murmullo entre las aguas, ni la sombra de un sonido en todo el vasto desierto sin límites.
Edgar Allan Poe

 
No remuevas el poso de tu vida.
Si hay légamo en el fondo,qué importa: 

está muy hondo,
y mancillar no logra los cristales.
Sobre el agua dormida,
puede aún retratarse la escondida
verdura de las frondas estivales…
El légamo no merma
la transparencia casta de la fuente,
a condición de que en el fondo duerma
perennemente,
o de que síntoma de su existencia
sea sólo la nítida presencia
mar de nenúfares blancos, desmayados
de amor sobre los límpidos espejos
del agua, y cuyos tallos alargados
nos dan la flor… ¡dejando el cieno lejos!

Amado Nervo

 https://jenofont.wordpress.com/2015/01/06/nenufares/

Gorriones

El gorrión de Lesbia

sparrow olga levchenko
Olga Levchenko, Gorrión

¡Oh tú, mi gorrión! que haces las delicias de mi amada;
contigo ella acostumbra a juguetear teniéndote en su regazo;
a ti, incitándote a una amorosa pelea, 
te suele ofrecer la punta de su dedo,
provocando tus enrabietados, pero cariñosos, picotazos;
y lo hace, sobre todo, cuando a esa magnífica mujer que es mi amada
le place entregarse contigo a ese, no sé por qué, dulce pasatiempo
y suave alivio para sus pesares.
¡Contigo, así, calma, además según me sospecho,
una acuciante necesidad amorosa!
¡Ojalá que a mí, jugando así, aliviarme pudieras
los sombríos temores y las molestas preocupaciones de mi alma!

Catulo (87 – 57 a.de C.)

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Yoshimoto Gesso, Gorrión y bambú

Los gorriones

Dentro todo es silencio y sombra todavía;
afuera entre las rejas de los amplios balcones
que doran las primeras claridades del día
revuelan bulliciosos y a solas los gorriones.
Son bandada, y oyéndolos, acaso, se diría
que de alegres coloquios fueran conversaciones
esas músicas locas de tanta algarabía
y que en prueba amorosa hasta entonan canciones.
Libres, despreocupados en agreste existencia,
dichosos visitantes del matinal concierto
dan vibrante poesía al ambiente prosaico;
pero purgan a veces, también, su independencia,
que al abrir la ventana caído en el mosaico
suele encontrarse alguno —abiertas alas— muerto.

Marilina Rébora (1919-1999)

 El gorrión

sparrow paul hopkinson
Paul Hopkinson, Gorrión

Una avecilla pequeña, de plumaje marrón,
revolotea junto a mi ventana,
algunas notas gorjea, brevemente
antes de golpear el cristal,
trina de nuevo, y salta una vez,
para llamar mi atención a su canto;
pero yo, que trabajo, no le presto atención,
entonces, ignorada, se aleja volando.
Así las aves de la paz, la esperanza y el amorvienen revoloteando desde arriba a la tierra, llegan al alféizar de las ventanas de la vida, 
para aliviar nuestra carga de males terrenales;
pero nosotros, sumergidos en el ruido del tráfico,

estamos demasiado ocupados para dejarlos entrar, con el corazón marchito y los sentidos embotados,
no sabremos lo que perdimos hasta que se hayan ido.

 
Paul Laurence Dunbar (1872-1906)

 
El pequeño gorrión
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Kuromitsu Shikegi, Gorriones
Pequeña alma tierna,
elegiste mi poema para cantar.
Vienes, brincas, te arremolinas
entre las margaritas de mis versos
que asciende un viento salado y verdusco
venido del mar.
Tú, alma de azul,
amiga fiel de mis albas,
que tienes las alas totalmente púrpuras,
del fluído color de la mañana.
Tus pequeños ojos relucientes,
donde se refleja la alegría de la primavera,
Los escondes para reposar un instante
en las estrofas más aterciopeladas y
algodonosas de mi poema.
Kimura Ritsurei, Gorriones
¡ Vienes para saludar al poeta 
qué sueña sobre un rhyton de oro
de su Tracia natal,
donde simbolizan , en majestad,
Dionysos y Eriope!
Punzas
delicadamente las bayas de los acentos
y las gotas de agua de las vocales!
¡ Bullicio primaveral,
Qué da envidia de amar,
de cantar,
de vivir!…
¡ Gorrión
qué hace de mi corazón
un árbol celeste !

 
Athanase Vantchev de Thracy (1940 – )
 


Los gorriones

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Paul Wolber, Gorriones

Bajan de nueva cuenta hasta el jardín
bajan en grupo, solos, en parejas
en busca de semillas o de pan,
de agua fresca, de frutos o de insectos
pero los amilana una mirada.
Siguiendo los atávicos auspicios
de su naturaleza, los gorriones
alzan el vuelo y tímidos se posan
en los cables de luz… como si fueran
las notas de un rondó en el pentagrama.

Alberto Blanco (1951 – )

Playas

Lady n Blue

Lady in Blue

 

 

Mi Jardín – al igual que la playa –
me dice que hay – un mar –
Eso es el verano –
(Emily Dickinson)

mark lovett

(Mark Lovett)

 

 

 

 

En una playa solitaria y desierta
Dónde la blanca espuma se derrama,
(Mary Darby Robinson)

(Michael & Inessa Garmash)

Toes in the sand Michael & Inessa Garmash

 

 

Mientras caminas por el borde del agua,
pensando en conceptos
que no puedo imaginar,
(Amy Clampitt)

 

 

Steve Henderson

(Steve Henderson)

 

 

Te vi desde la playa,
cuando la mañana brillaba,
El ruido de las aguas se escuchaba gratamente;
Llegué cuando el sol sobre la playa
estaba declinando,
el rumor seguía allí, pero las aguas
se habían ido.
(Thomas Moore)

greg harris

(Greg Harris)

 

 

Yo no. Yo camino, a lo largo de la playa
Demasiado inquieto para sentarme
Perdido en mis pensamientos
Buscando conchas, personas,
y el cristal de la playa.
(Raymond A. Foss)

Vicente Romero Redondo

(Vicente Romero Redondo)

 

 

 

Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
(Antonio Machado)

Nuevo Año

Wilson Zambrana Delgado, Nuevo día

No me gusta mucho eso de los propósitos para el Año Nuevo. ¿Por qué hacer una lista de lo que se supone se hará dentro de un año? ¿Por qué esperar a que cambie un número en el calendario, para decidir hacer algo que puede hacerse cada día?. Lo más común es que los propósitos pensados el día 31 de diciembre sean olvidados el 1° de enero.
¿Por qué las personas no celebran la llegada de un nuevo día?, ¡Feliz Nuevo Día!, sin importar si hay sol, está nublado o llueve, es un nuevo día que se nos ha regalado, para vivirlo, no para que reneguemos de él (¡otro día más! ¡de nuevo al trabajo!). Es verdad que los afanes diarios pueden hacerse pesados, pero ¿cómo se hacen más llevaderos, refunfuñando o sonriendo?. Es mejor recibir cada día con ánimo positivo, con alegría, tal como acostumbramos recibir un nuevo año, y también con propósitos, pero no de esos enormes, de difícil cumplimiento, sino de esos fáciles, tan fáciles que los olvidamos, como saludar al portero, sonreir a la cajera del supermercado, no clamar al cielo porque el semáforo tarda mucho ni despotricar contra el gobierno. En suma, vivir cada día como nos hemos propuesto vivir el nuevo año, felices de haberlo recibido, porque así como una casa se construye con ladrillos, un año se construye con los días ¿y cómo podremos construir un año luminoso si usamos días grises?. En suma, es mejor tratar de vivir cada día como nos hemos propuesto vivir el nuevo año, pero con un sólo propósito, el de ser felices de haberlo recibido, porque cada mañana en que despertamos es eso lo que tenemos ante nosotros, un nuevo día, para ser vivido.