Amantes

Amantes, según el diccionario, son un hombre y una mujer que se aman. Pero también existe una acepción que le da a la palabra el significado de hombre y mujer que tienen relaciones amorosas ilícitas. De ambos significados hay innumerables ejemplos en la literatura y en la historia, ¿cómo hacer una selección?, algunos dirán que faltan los famosos Romeo y Julieta, otros, que debieran estar ncluídos John Lennon y Yoko Ono, en fin, no tendrán más remedio que aceptar los escasos ejemplos que he puesto. Algunos alacanzaron la felicidad, otros no, pero todos consiguieron la eternidad..

La reina Dido es un personaje trágico, enamorada perdidamente de Eneas, queda atrapada entre su amor por el héroe troyano, el juramento de fidelidad eterna que hizo al espíritu de su difunto esposo Siqueo, y los manejos políticos de las diosas Juno y Venus. Después de consumar su amor son separados por las circunstancias, Eneas sigue su viaje para cumplir con su destino en Italia mientras Dido se suicida.
 

Nathaniel Dance-Holland, Encuentro de Dido y Eneas

A la misma gruta Dido y el caudillo troyano acuden. La Tierra, la primera, y Prónuba Juno dan la señal; brillaron los fuegos y cómplice el aire del casamiento en su alta cumbre ulularon las Ninfas. Aquél fue el primer día de la muerte y la causa primera de las desgracias; pues ni de apariencias ni de opinión se deja llevar Dido ni planea ya un amor a escondidas: casamiento lo llama, con este nombre esconde su culpa. 
(Virgilio, La Eneida)

Tito, el hijo mayor del emperador Tito Flavio Vespasiano, vivió una historia de amor con la princesa judía Berenice. Berenice era una princesa ntelgente, adinerada y politicamente influyente. A pesar de la diferencia de edades, la princesa era 11 años mayor que su amante, se sabe que tuvieron una muy buena relación, hasta que Tito se convirtió en emperador. Era politicamente inaceptable que el emperador de Roma tuviera como esposa a una princesa extranjera, por lo que Tito la envió de regreso a su tierra.

Gerard de Lairesse, Tito se separa de Berenice

Tito, después de ocho días de retiro austero,
finalmente deja de llorar a su padre Vespasiano.
El amante regresa entonces a los brazos de su amor.
Y si creo, señor, lo que se rumorea en la corte,

tal vez durante la noche la feliz Berenice
cambie su nombre de reina a emperatriz.

(Pierre Corneille, Tito y Berenice)

Lancelote del Lago, uno de los Caballeros de la Mesa Redonda, se enamora de la reina Ginebra, la esposa de su jefe, el rey Arturo. Aunque en un principio el caballero es mantenido a distancia por la dama, ella cae finalmente en los brazos de su amante.
Sorprendidos in fraganti, Lancelote debe luchar para defender rescatar a Ginebra de la muerte a que ha sido condenada, el episodio divide a los caballeros del reino y finalmente los amantes terminan separados.

James Draper, Ginebra y Lancelote

—Señor, pregunta ella, ¿no soportaríais por nada del mundo que no os lo dijera? —Ciertamente, responde el rey, conviene que me lo digáis. ——Os lo diré, pues, de tal forma que no os mentiré en una sola palabra. Es cierto, comienza Morgana, y no sé si lo sabéis aún, que Lancelote desde el primer día que recibió la orden de caballería ama a la reina Ginebra y por amor de la reina, cuando era novel caballero, hizo todas las hazañas que llevó a cabo.
(Anónimo, La muerte de Arturo)

   
De acuerdo con la leyenda, el rey Cofetua no estaba interesado en las mujeres y se consideraba inmune al amor. Sin embargo un día, cuando miraba por una ventana de su palacio, divisó a una mendiga vestida de harapos. Victima de un amor a primera vista, el rey decidió que no tenía más alternativa que hacerla su esposa o suicidarse.
Para encontrarla salió a las calles a repartir limosnas a los mendigos, y cuando la mendiga, que se llamaba Penelofón, se adelantó a recibir su moneda, el rey le pidió que se casara con él. Penelofón aceptó y se convirtió en la reina.

Henry Matthew Brock, Cofetua y la mendiga

Ella es más hermosa que el día,
y brillante como la luna,
aunque vestida de harapos,
mientras unos admiran sus tobillos
otros admiran sus ojos,
unos sus cabellos oscuros
y otros su dulce apariencia.
Tan dulce eran su rostro, 
y su gracia angelical,
como nunca en la tierra se había visto,
que Cofetua hizo un solemne juramento:
¡Esta mendiga será mi reina!
(Anónimo, Romance del rey Cofetua y la mendiga)

Cuando en 1807, Napoleón iba camino de Varsovia, le salió al encuentro una hermosa joven, era María Waleska, una condesa polaca. Cuando tiempo después la encontró de nuevo en un baile realizado en Varsovia, el emperador se enamoró de ella, de sus ojos azules, sus bucles rubios, su juvenil entusiasmo y vivaz inteligencia. María fue la más sensible, fiel y apasionada de las amantes de Napoleón, le dio un hijo y se mantuvo fiel a su amante hasta en la adversidad.

Francis Marshall, Napoleón ofrece flores a Walewska

Me quedé inmóvil, mirándole desaparecer a lo lejos, mis manos apretando el ramo contra mi corazón, mi espíritu pleno de mil nuevos pensamientos. Me acuerdo de haber pensado: “¿Es un sueño?
¿Realmente he visto y hablado al gran Napoleón, el gran Napoleón quien me ha dado este recuerdo, tan halagador para mis esperanzas, una prenda que vale más a mi parecer que todas las riquezas del mundo?” Mi compañera me golpeó algunas veces con el codo y me empujó para regresarme a la realidad.
(María Walewska, Recuerdos)

Eduardo era Príncipe de Gales, en 1931, cuando conoció a Wallis Simpson, en ese entonces casada con su segundo esposo, comenzando luego una relación amorosa. El romance prosperó hasta que algunos meses después de ser coronado rey como Eduardo VIII, este le propuso matrimonio a Wallis, lo que provocó un escándalo social y una crisis política.
Eduardo decidió entonces renunciar al trono y contraer matrimonio aunque eso le costó el exilio.

Eduardo y Wallis

Todos ustedes conocen las razones que me han inducido a renunciar al trono. Quisiera hacerles comprender que, al tomar esta resolución, no he olvidado en absoluto al país o al Imperio, a los cuales, primero como príncipe de Gales y más tarde como Rey, he dedicado veinticinco años de servicio.
Pero pueden creerme si les digo que me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como Rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo.
(Eduardo VIII, Discurso de Abdicación)

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26 comentarios en “Amantes

  1. Notable el amor de Lancelote, el de Napoleón, y el rey que se enamoró de una mendiga.
    En ficción, menciono el conflictivo amor de Batman-Bruce Wayne y Talia Al Ghul. ¿Algo más conflictivo que un heroe y una villana siendo amantes?

  2. ¡Qué rapidez en confeccionar esta entrada tan literaria!. Me ha gustado mucho, Jenofonte.Todo lo que nos muestras denotan tus conocimientos de buen lector.
    De esta entrada me resulta muy curiosa la leyenda del rey Cofetua, desconocida totalmente para mí.

    ¡Buen trabajo, Jeno!

    Cariños.

  3. Tito fue un hombre del que nadie pudo decir nada malo (lo que es extraordinario tratándose de un emperador romano), pero la presión política debe haber sido muy grande (nadie quería que su hermano Domiciano fuera emperador). Lo considero más bien digno de lástima.
    En el caso de Eduardo VIII, eran muchos los que creían que no servía para rey, detestaba el protocolo y además se le atribuía germanofilia.

  4. Todas las historias podrían haber terminado bien, si el amor hubiera sido suficientemente fuerte. Aplaudo a los que sostuvieron sus relaciones más allá de las consecuencias, porque se puede tenerlo todo, pero si no se ha amado de nada sirve.
    Muy buena selección, variada y que muestra distintos finales. Igual prefiero los que fueron felices 🙂
    Un abrazo!

  5. El enamorarse siempre trae consecuencias, y estas pueden ser de todo tipo, incluidas la económicas, y estas también se convierten en escollos importantes donde el amor se estrella.

  6. ¿Qué es un amor prohibido, y por qué atraen sus historias? Es cierto que hay amores que se enfrentan a las diferencias sociales y religiosas, pero también los hay con problemas politicos. De los seis casos que se muestran, cuatro tuvieron que enfrentarse a la politica, ya sea nacional o internacional, y sus consecuencias afectaron o dejaron de afectar a millones de personas, la pregunta es ¿es más importante el bienestar de una persona que el de millones? Los románticos posiblemente respondan que sí y los realistas que no.
    ¿Y los otros amores prohibidos? de los seis casos, tres involucraron un adulterio, es decir que, por muy grande que sea el amor, siempre hubo terceras personas perjudicadas de alguna manera. El amor de Lancelote y Ginebra era muy grande, y se enfrentó a todo, incluso a una posible condena a muerte y al final terminó con ambos amantes separados y enclaustrados. ¿Que la historia hubiera resultado mejor con un final feliz?, es indudable que sí, desde el punto de vista de Lancelote y Ginebra y de los románticos que leen la historia, pero ¿qué pasa con Arturo? ¿de qué es culpable, para ser condenado a perder a la mujer amada?. Es evidente que las historias de amor son apasionantes, pero nadie se pregunta que pensaron el esposo de María Walewska o el de Wallis Simpson, de la romántica y bien vendida historia de amor que vivían sus esposas.
    También está el problema de la notoriedad de los personajes, un matrimonio, uno de barrio, que se ha mantenido a lo largo de 40 años, con un amor como el del primer día, ¿no son acaso amantes? porque el término peyorativo no es el único válido, también ellos son amantes en todo el sentido de la palabra y, seguramente, en 40 años han tenido que sortear mil y una dificultades para mantener vivo su amor, aunque sus problemas cotidianos no se presten para escribir una historia.

  7. Jenofonte! siempre es un deleite leerte… y como no, dar cuenta de tus ingeniosos comentarios. Me han encantado todas las historias… pero sobre todo, la perspectiva de los aportes de al menos uno de sus protagonistas… y eso es lo que pasa como has mencionado antes al pregunta por el pobre Rey Arturo… en estas historia no hay solo dos protagonistas…

  8. Lo que hace más interesante al amor prohibido es eso, que tiene el sabor de lo prohibido. Como dijo el gran Mark Twain:

    “Adán no era más que un hombre… eso lo explica todo. No quería la manzana porque le gustara, la quería porque estaba prohibida. El error estuvo en no prohibir la serpiente. Entonces se hubiera comido a la serpiente”

  9. Una exposición excelente de amores muy conocidos, que me llevan a la reflexión que cuando el alma se enamora solo eso es lo que valora, sin límites de fronteras, creencias o color de piel, menos aún condicciones sociales. y así debe ser, un placer leerte.
    Un saludo Marta

  10. Me resisto a considerar el amor como algo prohibido. Pienso que en contraposición al amor están las posibles consecuencias de dejarse arrastrar por el. Eso es lo que las personas que aman han de sopesar y aquilatar muy bien. El posible daño que se provoque puede tener unas consecuencias muy superiores a los placeres que ese amor pueda proporcionar. No es sólo el precio que los amantes han de pagar, sino el precio que hacen pagar a otros.
    Un abrazo.

  11. Creo que al amor, cuando llega, poco le importan las diferencias que puedan existir. Es algo que se celebra, y si se puede, se vive. Habrán finales varios, o no, -me gustan los finales felices, es decir los que no terminan- aunque los amores que no progresan, guardan una fuerza pasional muy intensa… Las historias de amor, entre tantas historias de mezquindad, guerras, ambiciones, etc, son las que rescatan a muchos personajes. Como siempre, una gran muestra de conocimiento literario, histórico y artístico. Te felicito!
    Besos!
    Gaby*

  12. Qué difícil hacer una selección de historias de amantes, te felicito porque las que elegiste son algunas de las más importantes. Quizas habría que agregar a Madame Bovary como para tener en el asunto central a la mujer.

    Abrazo

  13. El amor es algo tan complicado, y desde muy antiguo los hombres han debatido sobre él: “Entonces –dijo Ciro– ¿cómo es que, si el estar enamorado es voluntario, no es posible dejar de amar cuando uno quiera?”
    Sin embargo sabemos que también el amor puede morir, algunas veces lentamente, otras veces bruscamente, y que incluso puede convertirse en lo opuesto, el odio.

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