Pausa para el café

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Franz Schams, En la botella azul. Este fue el primer Café que se instaló en Viena.

El café es una bebida que se prepara con las semillas, tostadas y molidas, de la planta llamada cafeto. El café, una de las bebidas más populares del mundo, tiene un efecto estimulante debido a su contenido de cafeína. Se sabe que un consumo exagerado de café es perjudicial para la salud, sin embargo un consumo moderado puede ser beneficioso. En el transcurso de la historia el café ha sido prohibido en algunos lugares por motivos económicos y en algunos grupos humanos por motivos religiosos.

Los primeros Cafés, establecimientos destinados a su consumo, aparecieron en Constantinopla en 1475 y en Europa Occidental en el siglo XVII en Venecia y en Viena.

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Sergey Ignatenko, El café de la tarde.

Preparo el café en mi infiernillo de alcohol y vierto en él unas gotas de kirsch. Esto lo aprendí en Francia y a pesar de la inflación siempre me ingenio para tener schnaps. Mi salario nunca alcanza para un traje nuevo —sencillamente no puedo ahorrar el dinero para ello, pierde su valor con demasiada rapidez— pero me proporciona siempre los medios para mis pequeños lujos, como por ejemplo, la adquisición alguna que otra vez de una botella de brandy.
(Erich Maria Remarque, El obelisco negro)

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Edward Killngworth, Café y lectura en el jardín.

Si te ordenan hacer café para las damas después de la cena, y la cacerola se desborda mientras corres al piso principal a buscar una cuchara para removerlo, o estás pensando en otra cosa, o intentando hurtarle un beso a la doncella, limpia los lados de la cacerola con un trapo para los platos, sirve el café con arrojo, y, cuando tu señora lo juzgue demasiado flojo, y te interrogue para saber si se ha derramado, niégalo en redondo, jura que has puesto más café de lo normal, que no te has alejado de él ni una pulgada, que te has esmerado en hacerlo mejor que de costumbre porque tu señora tenía invitadas, que los sirvientes de la cocina ratificarán lo que dices. Ante esto, verás cómo las otras damas dictaminan que tu café es excelente, y tu señora confesará que tiene el paladar estragado: en lo venidero no se fiará de sí misma, y tendrá más cuidado al encontrar faltas.
(Jonathan Swift, Instrucciones a los sirvientes)

cafe en venecia

Manuel Domínguez , Café en Venecia

Al día siguiente, me desperté completamente curado. Pensé que un baño me sería altamente beneficioso, y me fui a sumergir, durante algunos minutos, en las aguas de aquel mar que es, sin género de duda, el que tiene más derecho que todos al nombre de Mediterráneo.
Volví a la gruta con un excelente apetito. Hans estaba cocinando nuestro frugal almuerzo. Como disponía de agua y fuego, pudo dar alguna variación a nuestras ordinarias comidas. A la hora de los postres, nos sirvió algunas tazas de café, y jamás este delicioso brebaje parecióme tan exquisito al paladar.
(Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra)

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daniel israel, preparando un café turco

Daniel Israel, Preparando un café turco

No dijo más y Oblomov también guardó silencio.
—Después de moler el café —añadió la dueña de la casa como para sí misma— tengo que cortar el azúcar y acordarme de enviar a buscar canela.
—Tendría usted que casarse —dijo Oblomov de pronto—. Veo que es usted una excelente ama de casa.
La mujer sonrió y empezó a guardar el café en un bote de cristal.
—Se lo digo en serio —añadió Oblomov.
—¿Quién querría casarse conmigo teniendo dos hijos? —contestó Agafia Matveievna y empezó a contar algo mentalmente—. «Dos docenas. ¿Las pondré todas?»
Y dejando el bote del café en la alacena, corrió a la cocina. Oblomov se metió entonces en su habitación y empezó a leer.
«¡Qué joven y fuerte es esta mujer! ¡Y qué ama de casa! Querría casarse…», se dijo, e inmediatamente empezó a pensar en Olga.
(Iván Gobcharov, Oblomov)

En el acogedor restaurante en una calle tranquila de París ... Konstantin Razumov

Konstantin Razumov, En un restaurant de París

Sandra decidió venir a Roma para hacerme compañía en el vuelo interno que nos llevaría a Milán. Para afrontar y mitigar la tensión de la espera, un amigo de Frosinone, Cristian, acompañó a Sandra para compartir (o tal vez soportar) el tiempo de espera hasta que yo desembarcara. Tomar café y mirar el reloj constantemente fueron sus únicas ocupaciones en el aeropuerto de Fiumicino. Finalmente llegó mi avión y aterricé en suelo italiano, y a los pasajeros se nos permitió bajar a la terminal de llegadas. Lentamente caminé por el estrecho túnel que me llevaba hacia la salida. Fui el último en salir, porque me movía muy despacio. Al fin, las puertas automáticas se abrieron y al mismo tiempo pude ver que Sandra estaba allí. A pesar de ver su sonrisa, fue fácil deducir en su mirada los sentimientos que le inspiraban los moretones de mi cara. Le di un beso y saludé al paciente Cristian.
—¡Tendrías que haber visto cómo estaba de nerviosa! Debemos de haber bebido 200 tazas de café —dijo de inmediato.
(Simone Moro, Estrellas en el Annapurna)

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Edward Hopper, Automat

Nos levantamos y fuimos a tomar el café a la sala. En la pared había una escena veneciana copiada de Canaletto. Todos los cuadros de esa casa parecían representar lugares extranjeros; y la señorita Keene se marchaba a Koffiefontein. Entonces yo pensaba que nunca se me daría la oportunidad de viajar tan lejos. Deseé que la señorita Keene se quedara allí, en Southwood.
—Tiene usted por delante un camino muy largo… —dije.
—Si hubiera algo que me retuviera aquí… ¿Un terrón o dos?
—Sin azúcar, gracias.
¿Era una invitación para que yo hablara? Desde entonces me lo he preguntado siempre. No la quería y ella, por cierto, tampoco estaba enamorada de mí, pero quizá pudimos haber construido una vida en común.
(Graham Greene, Viajes con mi tia)

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Anna Silivonchik, Café en la cama

Para dejarlo claro: el desayuno estadounidense promedio, en la más simple y común de sus formas, consiste en café y bistec; bueno, en Europa, el café es una bebida desconocida. Usted puede conseguir lo que el hotelero europeo piensa que es café, pero este se parece tanto al producto verdadero como la hipocresía podria parecerse a la santidad. Es una clase de sustancia debil, sin caracter, desprovista de espíritu, y casi tan imposible de beber como si hubiera sido hecha en un hotel americano. La leche que agregan es lo que los franceses llaman “leche cristiana”, porque ha sido bautizada.
(Mark Twain, A tramp abroad)

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Un comentario en “Pausa para el café

  1. Dedicaste una entrada al té, y ahora le toca al café, yo soy cafetera, me gusta su cultura y su historia y me deleito con su sabor y su aroma. Un abrazo

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