Semilla

No juzgues cada día por la cosecha que has recogido, sino por las semillas que has sembrado.
(Robert Louis Stevenson)

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En seguida se presentaron tres pares de manos, cogieron el trigo y desaparecieron. Baba-Yaga, después de comer hasta saciarse, se acostó y ordenó a Basilisa: 
-Mañana harás lo mismo que hoy, y además tomarás del granero un montón de semillas de adormidera y las escogerás una a una para separar los granos de tierra.
Y dada esta orden se volvió del otro lado y se puso a roncar, mientras Basilisa pedía consejo a la Muñeca. Ésta repitió la misma contestación de la víspera: 
-Acuéstate tranquila después de haber rezado. Por la mañana se es más sabio que por la noche; ya veremos cómo lo hacemos todo.
Por la mañana la bruja se marchó otra vez, y la muchacha, ayudada por su Muñeca, cumplió todas sus obligaciones. Al anochecer volvió Baba-Yaga a casa, visitó todo y exclamó:
-¡Mis fieles servidores, mis queridos amigos, venid a prensar mi simiente de adormidera! 
Se presentaron los tres pares de manos, cogieron las semillas de adormidera y se las llevaron. La bruja se sentó a la mesa y se puso a cenar.
-¿Por qué no me cuentas algo? -preguntó a Basilisa, que estaba silenciosa-. ¿Eres muda?
-Si me lo permites, te preguntaré una cosa.
-Pregunta; pero ten en cuenta que no todas las preguntas redundan en bien del que las hace. Cuanto más sabio se es, se es más viejo.
(Basilisa la hermosa, Cuento Ruso)

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Al poco rato de sostener esta conversación, llegó a casa de la anciana un mensajero del rey, que invitó al príncipe a acompañarle hasta palacio. Allí, el soberano, rodeado de toda su corte, le entregó cincuenta kilos de semilla de mostaza, ordenándole que extrajese el aceite que contenía y se lo llevara a palacio el día siguiente a la misma hora.
– Quien desee casarse con mi hija tiene que hacer cuanto yo le ordene -explicó el Rajá.- Si no es capaz de ello, tengo que matarlo. Por lo tanto, si no consigues extraer todo el aceite de esas simientes, te mandaré decapitar.
Al oír esto y ver lo que abultaban los cincuenta kilos de semilla, el príncipe sintióse muy desanimado, pues comprendió que le sería imposible salir airoso de aquella prueba.
Como no podía hacer otra cosa, cogió la semilla y se la llevó a casa de la anciana. Estuvo reflexionando varias horas acerca de su situación, sin llegar a decidir nada. De pronto, acordóse de la reina de las hormigas, y apenas acababa de pensar en ella la vio aparecer. – ¿Cuál es el motivo de tu tristeza? -preguntó el animalito
El hijo del Rajá le mostró el montón de simiente de mostaza y replicó: – ¿Cómo puedo extraer en un día todo el aceite que contiene esta semilla? Sin embargo tengo que hacerlo antes de mañana, o seré decapitado por orden del Rajá de este país.
(El hijo del Rajá y la princesa Labam, Cuento Indio)

Éranse uSIL08-10062-a-500x713na vez dos hermanos que habían sentado plaza de soldados. El uno era rico, y el otro, pobre. El pobre, queriendo salir de su miseria, licencióse y se hizo campesino, dedicándose a cavar y labrar su pedacito de tierra, en el que sembró zanahorias.
Germinó la semilla y brotó una zanahoria que no cesaba de crecer. Crecía a ojos vistas; cada día era más alta y más recia, y bien podía llamársele la reina de las zanahorias, pues jamás se había visto ni se verá otra igual.
Al fin, llegó a alcanzar un tamaño tan extraordinario, que llenaba un carro y se necesitaban dos bueyes para transportarla; y el campesino no sabía qué hacer con ella, ni si habría de ser su suerte o su desgracia. Al fin, pensó: «Si la vendo, no sacaré gran cosa. Si me la como, lo mismo puedo comerme las pequeñas. Lo mejor será llevarla al Rey y regalársela como una cosa rara, en prueba de acatamiento».
En consecuencia, la cargó en el carro, enganchó a él dos bueyes y se encaminó a la Corte para ofrecerla al Rey.
—¡Vaya una hortaliza extraña! —exclamó éste—. He visto en mi vida muchas maravillas, pero jamás un monstruo así. ¿De qué clase de semilla ha salido? ¿O tal vez es que tú eres un favorito de la suerte, y por ello te suceden estas cosas?
—Nada de eso —respondió
(La zanahoria, Cuento Alemán)

a5c1b52575f5dadd5420e1e50b8f1979Durmióse Luis. Cuando despertó ya no había ni montaña ni trazas de ella; el suelo estaba tan liso como la palma de la mano. Entonces fue corriendo al castillo y dijo al hechicero: – Ya he gastado los zapatos de hierro he aplanado la montaña. ¿Me devolverá ahora mi alma? – Hoy, no; váyase a descansar. Mañana le daré trabajo.
Al día siguiente el hechicero le entregó un cesto enorme lleno de semillas de árboles.
– Siembre esto y tráiganos para desayunar los frutos que haya dado.
Luis tomó el cesto y se dirigió al lugar que ocupaba antes la montaña.
– Jamás podré hacer crecer árboles y madurar sus frutos en tres horas ­ pensaba con desaliento.
Pero un pajarito, posado en un zarzal, empezó a cantar:
– Soy Blancaflor; te ayudo y te vigilo. Dame ese cesto y duerme tranquilo.
Cuando se despertó, el cesto, vacío, estaba a su lado; y en los árboles recién brotados maduraban sabrosísimos frutos.
(Los zapatos de hierro, Cuento Español)

Pearce-Seed

Esta es la historia del señor Wolo y el señor Kuta. El señor Wolo es un ave y el señor Kuta es una tortuga. El señor Wolo tenía hambre. ¡Papapapapaap! ¡Tenía mucha hambre! ¡El señor Wolo siempre tenía hambre! Acostumbraba a coger algunas semillas de los campos. Pero ese año había pocas semillas. Las lluvias habían llegado tarde y se fueron pronto. Los granjeros estaban preocupados porque no podían llenar sus graneros. Lo hicieron todo para proteger sus cosechas. Uno de los granjeros se había construido una pequeña cabaña en su campo. Se sentaba allí todo el día para mirar su campo. Estaba muy preocupado. Cada tarde inspeccionaba su campo. Cada tarde algunas semillas se perdían.
– Debe de ser ese ave – se decía -. Durante todo el día lo veo sentado en el árbol. Estoy seguro que ese ave se come mis semillas. ¡Pero espera ave! Te cogeré.
(El señor Wolo y el señor Kuta, Cuento Africano)

Katalog-NasinniaWainamoinen encaminó sus pasos a través de aquella isla situada en medio del mar, a través de aquella tierra desolada y sin árboles. Largos años vivió en la tierra estéril, en la isla sin nombre.
Y pensó en su espíritu, meditó en su cerebro: “¿Quién vendrá ahora a sembrar este campo? ¿quién lo llenará de gérmenes fecundos?”
Sampsa, el dios de los campos, sembró el agro; derramó el grano sobre las llanuras y las ciénagas, sobre el talud y la tierra blanda, y en los espacios rocosos. Sembró el pino en las colinas, el abeto en los altoza¬nos, el brezo en las arenas, y plantó los jóvenes arbustos en los valles.
El viejo, el impasible Wainamoinen, acudió a ver la obra de Sampsa. Observó que los jóvenes retoños se habían desarrollado, que los árboles habían crecido. Sólo la semilla de la encina no había fecundado; sólo el árbol de Jumala no había echado raíces.
(Kalevala, Mitología Finlandesa)

Como las semillas, pensó. El viento las trae, pero no siempre caen donde nosotros queremos.
Rangel Ignatov, Adiós Amor)

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10 comentarios en “Semilla

  1. Estaba deseando leer tu aporte a la palabra de Sindel, sabía que nos volverías a regalar otra entrada genial. La primera frase estuve a punto de utilizarla yo tambien, me alegro de no haberlo hecho, aquí luce mejor. Saltos y brincos

  2. Me encanta llegar aquí y leer esos fragmentos que elegis para cada palabra. Es un paseo por diferentes historias y estilos que muchas veces tengo olvidados, y leerlos me fomenta las ganas de volver a ellos.
    Todas las semillas son preciosas, y las imágenes muy originales.
    Gracias por tu impecable aporte.
    Un abrazo.

  3. ¡Qué buena cosecha de leyendas y cuentos de simientes has armado! jeje… si bien hay mucho para reflexionar, se me ocurre divagar sobre lo caprichosos que eran esos monarcas para casar a sus hijas!… siempre poniéndoles difíciles pruebas a los posibles candidatos y nunca dándole la prioridad al criterio de evaluación personal de las princesas jejeje
    Un abrazo

    • Bueno, podríamos darle una connotación negativa por tratar a las princesas como objetos, pero por otra parte hay que comprender a los padres (reyes y todo), que no quieren que su hija se case con el primero que pase sino con uno que realmente se esfuerce y la merezca. Después de todo el esposo de la princesa será el próximo rey, ¿no te parece?.

  4. Has dado una vuelta por muchos paises. No los conocía, incluso el español que me sonaba, no creía que tenía ese título.
    Un abrazo

  5. Me encantó la frase de Stevenson. Muy aplicable a lo que hacemos en estos sitios, que día a día sembramos y cosechamos (seguidores, comentarios y devoluciones) después de un tiempo

    Saludos!

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