Y semillas

La germinación de la semillaTATIANA TAYGANOVOY

Tatiana Tayganovoy, La germinación de la semilla

Los primeros pasos por la arena se volvieron más pesados, porque transportaban maletas viejas, bolsas de ropa deshilachadas, utensilios caseros, prendas de vestir sueltas. Pero a Raimundo le molestaba su propio envoltorio. Cuando pisó la plataforma de madera de la Plaza Ecuador, empotrada sobre el agua, echó una mirada de reconocimiento. Sus ojos atravesaron la calle principal, la única que en verdad subsistía. En seguida la recorrió entera caminando hacia el norte y penetró, confundido con la columna de rostros cubiertos por los bultos, en la estación de ferrocarril inglés, atestada de bloques de piedra, retorcidos vagones y cobertizos vacíos en los patios, todo muriendo junto al misterio de los acantilados.
Sobre una tarima inclinada, un oficial de ejército, con rictus tenso en su cara de examinador, hombros erguidos, miraba venir a los últimos rezagados.
Después de un rato, golpeó en la cartuchera con las manos, se puso en jarras, echó la cabeza hacia atrás y dijo como aguzando la mirada:
—Parece que no están todos. —Después se agachó frotándose la barbilla. Se hizo un silencio muy grande que separaba al oficial de los hombres con sus toscos equipajes en el suelo—.
(Volodia Teitelboim, La semilla en la arena)

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Amy Granfield, Caída de la semilla de Arce

Por todas partes en Ganímedes los otros colonos estaban dirigiéndose a lugares parecidos, una vez destruido su espurio equipo de guerra, cumplido su propósito. Iban equipados de las más diversas maneras, pero todos tan completamente como Sweeney. Éste disponía de un vehículo de diez ruedas para la nieve en el cual serían redistribuidos los seis neumáticos que quedaban para convertirlo en un adecuado tractor pesado, y llevaba el compartimento posterior lleno de herramientas, semillas, medicinas, comida y combustible de reserva. También tenía una esposa.
La Tierra visitaría Ganímedes, por supuesto. Pero no encontraría nada. El interior del pi de Howe había sido arrasado tras el despegue de la nave de supervivencia. En cuanto a la gente, sería inofensiva, ignorante, y estaría muy dispersa.
Campesinos, pensó Sweeney. Silbando, cruzó el polo norte. Únicamente campesinos.
(James Blish, Semillas estelares)

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Delilah Smith, Semillas de amapola

Dos de los nuestros habían huido durante la noche, y por eso no nos pusimos en camino antes de que amaneciera, como era habitual. Para matar el rato, tendimos al débil sol de la mañana nuestros bastos capotes verdes, todavía húmedos a causa del diluvio caído la noche anterior, y contemplamos las turbias aguas del río, que entreveíamos más allá de unas higueras que se alzaban al otro lado del camino, del que nos separaba un seto bajo. La intensa lluvia había dejado el camino lleno de surcos, por los que corría un agua cristalina. El río bajaba muy crecido, porque aguas arriba se había roto una presa por la acción conjunta de la lluvia y el deshielo, y su corriente embravecida emitía un sordo rugido y arrastraba perros, gatos y ratas muertos a una velocidad vertiginosa.
Al cabo de un rato, los niños y las mujeres de la aldea se congregaron en el camino; nos miraban con ojos en los que se mezclaban la curiosidad, la timidez y una insolencia contenida; de vez en cuando, intercambiaban rápidos comentarios en voz baja o soltaban bruscas carcajadas, lo que nos irritaba sobremanera. Para ellos, éramos seres de otro planeta.
(Oe Kenzaburo, Arrancad las semillas, fusilad a los niños)

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Hasan Kale, Micropintura en semilla

La semilla fue llevada por el espacio hace cuatro, cinco, seis billones de años. Entonces la semilla no era más que una semilla, no tenía conocimiento de sí. Era impulsada por los vientos electrónicos y magnéticos del universo, y para ella no existían ni el tiempo ni el espacio Todo era azar, y la semilla no tenía idea de qué quería ni cuál era su último destino. Se movía a través de un espacio estrellado, increíble, pero también por un espacio vacío, porque entonces las estrellas y las galaxias eran sólo pequeños focos de iluminación en el infinito.
(Howard Fast, La semilla pragmática)

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Veronique Oodian, Semilla

—Pero, doctor Gobie… — empecé a decir.
—Me hago cargo de lo que puede significar para usted, Sir; sin embargo, le ruego que la persuada. No en beneficio mío ni en el de su familia, sino en el de todos. Tenemos que ser muy cautelosos; los resultados de la acción más insignificante son inimaginables. Tiene que haber orden y armonía, y hay que mantenerlos. Si una sola semilla cae fuera de lugar ¿quién será capaz de predecir qué resultado dará? Por eso la ruego que la convenza…
Le interrumpí hablando con suavidad, porque en cualquier caso, era evidente que el asunto le afectaba mucho.
—Un momento, doctor Gobie, me parece que debe haber algún error. No tengo ni la menor idea de qué me está hablando.
Se contuvo con expresión de desmayo.
—¿Usted…?— empezó y luego meditó un momento frunciendo el entrecejo —. ¿Quiere decir que todavía no conoce a Tavia?— me preguntó.
(John Wyndham, Semillas del tiempo)

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9 comentarios en “Y semillas

  1. Qué gusto volver a leer tus selecciones, hay dos que me llamaron mucho la atención, me dieron ganas de seguir leyendo las de Howard Fast y la de Oe Kenzaburo.
    Muchas gracias por este lindo aporte!
    Saludos =)

  2. Tus aportes siempre nos conducen a espacios diferentes donde nada nos deja indiferentes y esta vez has logrado hacer germinar unas cuantas semillas de interés.
    Besos

  3. Kenzaburu es un autor muy crudo, no solo en el título de sus obras, pero muy especial.
    Lo que más me gusta de las semillas son sus formas y colores y su poder de germinar.Incluso germinan en el pensamiento de los hombres dando lugar a bellas obras como las que haces referencia en esta entrada.
    Saludos, Jeno.

  4. Semillas de amapola de Delilah Smith me gusta mucho y si no te importa me la guardo, los textos de los libros que has seleccionado son cuanto menos sorprendentes. Un abrazo

  5. No puedo creer el de Veronique Oodian, ¡qué sorpresa! es la misma idea (mejor lograda) que tuve hace mucho.
    El mío es de 2007 y el de ella de 2013… voy a reclamar derechos de autor jajaja

    Saludos Jenofonte

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