Victor Vasnetsov

Boyan el bardo

Victor Vasnetsov, Boyan, el bardo

Victor Mijailovich Vasnetsov. Fue un pintor ruso especializado en temas mitológicos e históricos. Nació el 15 de mayo de 1848 en el pueblo de Lopyal, perteneciente al Gobierno de Vyatka, actualmente Kirov. En su tierra natal Vasnetsov estudió en un seminario, donde trabajó en un taller de iconos. Después de graduarse del seminario, viajó a San Petersburgo con el propósito de estudiar arte. Entró a la Academia Imperial de Arte donde al tiempo pasó a formar parte del movimiento Peredvizhniki, un grupo de artistas que se rebelaron contra el academicismo.
En 1876 fue invitado a unirse a la colonia Peredvishniki en Paris. Allí estudió pintura clásica y contemporánea, para moverse al año siguiente a Moscú, y fue en ese tiempo en que Vasnetsov pintó algunas de sus famosas obras inspiradas en cuentos de hadas rusos. Vasnetsov obtuvo gran reconocimiento por su trabajo de decoración de iglesias y catedrales. Kusnetsov murió en Moscú el 23 de julio de 1926.

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Victor Vasnetsov, La princesa rana.

La princesa rana

Sucedió hace muchos años que un zar tenía tres hijos. Cuando llegaron a la mayoría de edad los llamó y les dijo: “Hijos míos, ya estoy viejo y necesito que ustedes se casen, para alcanzar a ver a mis nietos”.
Los hijos le respondieron: “Si es así, padre, denos su bendición, pero ¿con quién podríamos casarnos?”
“Hijos míos”, dijo el zar, “tomen sus arcos, salgan al campo abierto, y lancen una flecha. Donde sea que la flecha caiga encontrarán a su esposa”.
Los hijos tomaron sus arcos y salieron al campo, y cada uno de ellos lanzó su flecha. La flecha del hermano mayor cayó en casa de un boyardo, y fue recogida por su hija. La flecha del segundo cayó en el patio de un rico comerciante y fue recogida por su hija. Pero la flecha del hermano menor, Iván, voló más lejos y no se vio donde fue a caer, por lo que él comenzó a caminar para buscarla. Llegó a un pantano, y en el pantano encontró una rana que sostenía la flecha en su boca. Entonces le dijo: “Rana, devuélveme la flecha”.
Pero la rana le respondió: “Entonces tómame como tu esposa”.
“No puede ser”, le dijo el príncipe, ¿cómo podría tomar a una rana por esposa?.
“Deberás hacerlo, porque esa es la voluntad del zar”.
El príncipe se resistió a los hechos, pero al final tuvo que aceptar que ese era su destino, y llevó a la rana consigo.
Entonces el zar hizo que se celebraran los tres matrimonios; el de su hijo mayor con la hija del boyardo, la del segundo con la hija del comerciante, y la del desafortunado príncipe Iván con la rana.
Después del matrimonio el zar llamó a sus hijos y les dijo: “Quiero saber cual de mis nueras es la que cose mejor. Cada una deberá confeccionarme una camisa para mañana en la mañana”.
Los hijos se inclinaron en acatamiento y se fueron cada uno donde su esposa. Pero cuando el príncipe Iván llegó a su casa, solo atinó a sentarse sintiéndose muy desdichado.
La rana llegó saltando y le preguntó: “¿Por qué estás tan triste, prícipe Iván? ¿tienes algún problema?
“Mi padre ha ordenado que le hagas una camisa para mañana”, le respondió.
“No te preocupes, príncipe Iván”, dijo la rana. Vete a la cama, te sentirás mejor después de que hayas dormido”.
Cuando el príncipe se hubo dormido, la rana salió al balcón, se quitó la piel de rana y se convirtió en la princesa Vasilisa la sabia, una muchacha tan bellas que no hay palabras con que describirla. Batió palmas y exclamó: “Mis fieles sirvientes, escúchenme. Para mañana deben coserme una camisa como las que mi padre solía usar”.
Cuando el príncipe despertó al día siguiente, encontró a la rana saltando en el piso, pero sobre la mesa había una camisa. Se alegró mucho y, tomándola, se la llevó a su padre. Cuando llegó ante el zar este estaba recibiendo a sus hijos mayores. El hijo mayor mostró la camisa hecha por su esposa. El zar la recibió y dijo: “Esta es una camisa como cualquier otra”. Luego tomó la segunda camisa y dijo: “Con esta solo iría al baño”.
Entonces el príncipe Iván desenvolvió su camisa y se vio que estaba bordada en oro y plata, en un hermoso diseño. El zar la tomó y dijo: “Esta sí es una camisa para ser usada en ocasiones especiales”.
Los hermanos mayores regresaron a sus casas murmurando acerca de la esposa de su hermano menor. Pero por la tarde el zar los llamó a todos y les dijo: “Que cada una de sus esposas hornee un pan para mañana, quiero saber cual es la que cocina mejor”. (continua)

La princesa que nunca sonreía

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Victor Vasnetsov, Nesmeyana, la princesa que nunca sonreía

Érase una vez, en un país muy lejano, una princesa que se negaba a sonreír. Ni una sola vez, que alguien pudiera recordar, se vio que sus labios esbozaran una sonrisa. Su padre el rey, angustiado, ofreció un cofre lleno de monedas de oro a quién la hiciera sonreir. Se presentaron bufones de todas partes, vestidos con sus trajes coloridos, realizando toda clase de cómicas payasadas. Los nobles le presentaron las joyas más variadas y hermosas buscando hacerla sonreír. Incluso la gente del pueblo se esforzó, presentándole toda clase de espectáculos humorísticos. Pero la princesa seguía con su ánimo sombrío.
Hasta el mayor hechicero del reino quiso intentarlo. Con sus actos de magia logró hacer aparecer toda clase de cosas maravillosas.
La princesa las miró, tocó una que otra con la punta del pie. y dijo: “No veo nada que merezca una sonrisa”.
El rey se indignó y mirando a su hija exclamó: “¡Ya es demasiado, estoy cansado de tu comportamiento!”. Y salió de la habitación seguido de su esposa, la reina.
La princesa se quedó, indiferente a la reacción de sus padres. El hechicero la miró sin decir palabra.
Gruñendo, se paseó de un lado al otro, mirando a la princesa de vez en cuando.
De pronto se detuvo, con el aspecto de quién tiene una idea repentina. Hizo un pase con su varita mágica y ,con un estallido luminoso, el hechicero y la princesa desaparecieron. (continua)

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Victor Vasnetsov, Alionushka

Alionushka

Hace mucho tiempo vivieron un rey y una reina; ellos tuvieron un hijo, llamado Ivanushka, y una hija, Alionushka. Cuando los padres murieron, los niños quedaron solos y decidieron irse a recorrer el mundo.
Caminaron, caminaron y caminaron hasta que un día llegaron a un gran estanque, cerca del cual pastaba un rebaño de vacas. “Tengo sed”, dijo Ivanushka. “Quiero beber”. “No lo hagas, hermano, o te convertirás en un becerro”, le dijo Alionushka. El hermano le hizo caso y siguieron caminando. Caminaron y caminaron hasta que llegaron a un rio, cerca del cual se encontraba un grupo de caballos. “¡Ah, hermanita!”, dijo Ivanushka, “¡Si tan solo supieras la sed que tengo!” “No bebas, hermano, o te convertirás en un potrillo”. Ivanushka la escuchó y siguieron caminando. Caminando y caminando llegaron a un lago, cerca del cual estaba un rebaño de ovejas.
“¡Ah, hermanita, estoy terriblemente sediento!”, dijo Ivanushka. “No bebas, hermano, o te convertirás en cordero”. Ivanushka se resignó y siguieron caminando hasta llegar a un arroyo cerca del cual se encontraba una piara de cerdos.
“¡Ah, hermanita, tengo que beber!”, dijo Ivanushka.
(continua)

Las zarinas del mundo subterráneo (fragmento)

tres princesas del mundo subterráneo

Victor Kusnetzov, Las zarinas del mundo subterráneo

“Quiero pasar la prueba”, fue la respuesta de Iván.
“Ven conmigo entonces -dijo el dragón”. Por fin llegaron a la piedra negra y el dragón le dijo a Iván que tratara de moverla.
“-¿Quieres decir esto?” dijo Iván, pateándola como al descuido con la punta de su bota.
“Sí, eso es justo lo que quería decir!”
“-Pero ¿Por qué no pudieron hacerlo mis hermanos? “, dijo Iván. Se dio cuenta de que la piedra estado cubriendo una profunda abertura en el suelo.
“Tal vez lo intentaron demasiado”, contestó el dragón.
“Me pregunto qué tan profundo es”,  Iván se arrojó al suelo y miró hacia abajo sobre el borde. Los lados de la abertura iban directamente hacia abajo, como en un pozo, y terminaban en la oscuridad. Con un escalofrío Iván se alejó rápidamente de la orilla y le preguntó el dragón:
“¿Qué hay ahí debajo?”
“¿Qué?, lo de abajo? ¡Son los reinos subterráneos, por supuesto!”
“Nunca he oído hablar de ellos – qué es lo que son?”preguntó Iván.
“¿No lo sabes? Entre otros, el Reino de Cobre, el Reino de Plata y el Reino de Oro. En cada reino hay una Zarina”.
“Está bien, es bueno saberlo!” dijo Iván. “Entonces, ¿dónde está la esposa con quien se supone que debo casarme cuando pase la prueba?
“¡Abajo! Deberás casarte con una de las zarinas”.
“¿Casarme con una de ellas? ¡No, gracias! ¡Yo no voy a ir a los reinos subterráneos! ¡Podrían matarme ahí abajo!”
De repente, el dragón rugió: “¡Es por eso que estás aquí, Ivan! ¡Debes liberar a las princesas!”
Algo asustado por repentina fiereza del dragón, y deseando estar a salvo en casa, Iván murmuró:
“Tengo que pensarlo primero”.

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