Hormigas

Las hormigas son insectos de la fAnt-individual-amilia Formicidae, pertenecen, junto con las avispas y las abejas, al orden Himenóptera. La hormigas evolucionaron a partir de unos antecesores similares a las avispas en el Periodo Cretáceo Medio, entre 110 y 130 millones de años atrás. Se estima que existen más de 20 mil especies.
Las hormigas viven en colonias de diverso tamaño dependiendo de la especie. Algunas colonias pueden ser pequeñas mientras otras consisten en millones de individuos ocupando grandes territorios.
Las hormigas están repartidas por toda la superficie de la Tierra, exceptuando la Antártica y algunos lugares demasiado inhóspitos. Su éxito en tan diversos medios se atribuye a organización social y su habilidad para modificar su hábitat, recoger recursos y defenderse.

Anda a ver la hormiga, perezoso, mira sus costumbres y te harás sabio.  Ella no tiene jefe, ni mayordomo, ni amo. Asegura en el verano su provisión, recoge durante la siega su comida. 
(Proverbios 6:6,8)

Dice una leyenda que la hormiga actual era en otros tiempos un hombre que, consagrado a los trabajos de la agricultura, no se contentaba con el producto de su propio esfuerzo, sino que miraba con envidia el producto ajeno y robaba los frutos a sus vecinos. Indignado Zeus por la avaricia de este hombre, le transformó en hormiga. Pero aunque cambió de forma, no le cambió el carácter, pues aún hoy día recorre los campos, recoge el trigo y la cebada ajenas y los guarda para su uso.
(Fábulas de Esopo)

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Carolyn Watson Dubesch

Las hormigas son capaces de trabajar las veinticuatro horas del día, desde marzo hasta noviembre, sin tomarse el menor descanso; sin embargo, cada bajada de la temperatura las adormece. Por eso es raro que una expedición salga de viaje más de un día. La ciudad de las hormigas llevaba mucho tiempo planteándose este problema. Sabía que era importante extender los territorios de caza y conocer países lejanos, donde crecen otras plantas y donde viven otros animales con otras costumbres.
En el milenio 850, Bistin-ga, una reina roja de la dinastía Ga (dinastía del Este, desaparecida hace cien mil años), había concebido la loca ambición de conocer los «extremos» del mundo. Había enviado centenares de expediciones hacia los cuatro puntos cardinales. Ninguna de ellas volvió.
La reina actual, Belo-kiu-kiuni, no era tan ambiciosa. Su curiosidad se satisfacía con el descubrimiento de esos pequeños coleópteros dorados que parecen piedras preciosas (y que se encuentran en el profundo Sur), o con la contemplación de las plantas carnívoras que le llevaban a veces vivas y con raíces y que ella esperaba domesticar algún día.
Belo-kiu-kiuni sabía que la mejor manera de conocer nuevos territorios era ampliar aún más la Federación. Cada vez más expediciones a larga distancia, cada vez más ciudades hijas, cada vez más puestos avanzados, y se hace la guerra contra todos los que quieran frenar este progreso.
Claro que la conquista del mundo remoto sería larga, pero esta política de cortos y obstinados pasos estaba de perfecto acuerdo con la filosofía general de las hormigas. «Despacio pero siempre adelante».
(Bernard Werber, Las hormigas)

 

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Pat Berkendorff

 

 

 

Supongamos que las hormigas comenzaran a metodizar sus conocimientos y que, así como nosotros centuplicamos nuestro poder merced a la tradición y a la escritura, inventaran armas, fundaran imperios y sostuvieran guerras organizadas estratégicamente …¿Por que no pensar en la posibilidad de todo esto?… El ingeniero recordó los detalles recogidos por el capitán acerca de aquellas hormigas misteriosas y formidables contra las cuales iban a luchar. Según todos los testimonios, disponían de un veneno tan mortífero como el de las peores serpientes, y obedecían a jefes más aptos por lo visto que las hormigas cortadoras y acarreadoras a que se habla referido Da Cunha. Y por si esto fuese poco, eran carnívoras, valerosas, y en lugar de partir después de haber limpiado las casas de granos e insectos, permanecían irreductiblemente fieras, igualmente dispuestas a no compartir con el hombre ningún dominio. Nada turbaba la quietud de la noche. El agua susurraba contra los costados del navío, y en lo alto, en torno de la luz del mástil, agitábase un zumbar de falenas. De pronto, la voz somnoliente de Guérilleau dijo en la oscuridad, mientras el cuerpo daba una vuelta para en seguida inmovilizarse de nuevo:
-¿Qué podemos hacer contra esas hormigas? Y Holroyd fue rescatado del horror de su siniestro ensueño por el clarinear de un mosquito que giraba en torno de su frente, dispuesto a clavar su aguijón.
(H. G. Wells, El imperio de las hormigas)

Beijing's Today Art Museum

Esculturas de hormigas, Museo de Arte Actual de Beijing

Había existido un hombre llamado Joe, un mutante, un más que hombre… Joe se había preocupado por las hormigas doce mil años atrás. Se había preguntado por qué las hormigas habían progresado tanto y luego se habían detenido, por qué habían llegado aparentemente a un callejón sin salida.
El hambre, quizás, había razonado Joe… La continua necesidad de acumular comida para poder sobrevivir. Las invernadas, quizá, el estancamiento del sueño invernal. La cadena de los recuerdos se rompía, había que comenzar de nuevo. Todos los años eran un génesis para las hormigas.
De modo que (había dicho Andrew, la cabeza calva brillante bajo el sol) Joe eligió un hormiguero, y se convirtió a sí mismo en un dios que cambiaría el destino de las hormigas. Las alimentó para que no tuvieran que luchar contra el hambre. Encerró la colonia en una cúpula de vidrio e instaló un servicio de calefacción para que no tuviesen que invernar.
Y la idea dio resultado. Las hormigas comenzaron a progresar. Fabricaron carritos y fundieron minerales. Esto era por lo menos lo que se veía, pues los carritos corrían por la superficie y el humo surgía de unas diminutas chimeneas. Qué otras cosas hacían, qué otras cosas aprendían allá en lo hondo de sus túneles, era imposible saberlo.
Joe estaba loco, había dicho Andrew… y sin embargo quizá no estaba tan loco.
(Clifford Simak, Ciudad)

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4 comentarios en “Hormigas

    • Me gusta “Ciudad”, con sus leyendas perrunas y las hormigas heredando la Tierra (de Simak también me gustan “Estación de Tránsito” y “Maxwell al cuadrado”).
      Los tres autores aceptan la idea de la colonia de hormigas como un “superorganismo” que actua colectivamente como un todo unificado.

  1. Me gustó lo que extrajiste de Bernard Werber.
    Conocí un chico que vivía en Ushuaia que cuando viajó a en Bs As y vio una legión de hormigas les tenía un miedo tremendo.

    ¿te gusta alguna versión cinematográfica sobre hormigas?

    Abrazo

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