Postapocalíptica

El “Boletín de los Científicos Atómicos” actualizará hoy el “Reloj del Apocalipsis”, que en 2015 quedó a sólo tres minutos de la catastrófica medianoche.
(Noticia aparecida en la prensa de hoy, 26 de enero del 2016)

La literatura postapocalíptica es aquella que considera una catástrofe global que pone al borde de la extinción a la especie humana. Normalmente entra en lo que es ciencia ficción o de horror.shelley
Las causas del desastre son muy variadas y pueden ser naturales, como un cambio climático o el impacto de un cuerpo celeste, causados por el hombre, lo que sería una
guerra nuclear, o externos, una invasión extraterrestre violenta. Las novelas se desarrollan en torno a los sobrevivientes y su lucha por mantener la existencia de la raza humana. Precedentes de este tipo de literatura se encuentran en la Epopeya de Gilgamesh y en el Libro del Génesis, donde la raza humana es casi eliminada del planeta debido a una gigantesca inundación.
La primera literatura postapocalíptica moderna es la novela de Mary Shelley (autora de Frankestein, entre otras obras) llamada El último hombre.

En la novela de Walter M. Miller Jr., Cántico a Leibowitz, la Tierra ha sido devastada por la guerra nuclear produciendo una edad oscura. Una orden religiosa mantiene un monasterio en que los monjes se esfuerzan en recuperar y conservar los remanente del conocimiento humano copiando afanosamente cualquier trozo de documento recuperado.

Tan sólo oleibowitz_3chenta años atrás, el venerable Boedellus había escrito, con evidente deleite, a su padre abad que la pequeña expedición que dirigía había descubierto los restos de, según sus palabras, «el lugar de una pista de lanzamiento intercontinental, completada con varios fascinantes tanques subterráneos de almacenamiento». Nadie en la abadía supo nunca lo que el venerable Boedellus quiso decir con «pista de lanzamiento intercontinental»; pero el padre abad que en aquella época gobernaba decretó severamente que los anticuarios monásticos debían, a partir de aquel momento y bajo pena de excomunión, evitar tales «pistas». La carta del abad fue lo último que se supo del venerable Boedellus, de su grupo, su «pista de lanzamiento» y del pequeño pueblo que había crecido sobre esa pista.  (Walter M. Miller Jr. Cántico a San Leibowitz)

En El mundo sumergido de James G. Ballard, las altas temperaturas han fundido los hielos polares sumergiendo en el agua a gran parte de la tierra. Se han formado grandes mares tropicales y la flora y la fauna evolucionan rápida y extrañamente.J. G. Ballard_1962_The Drowned World

A veinte metros de profundidad, entre los edificios, corría una avenida gris y recta, y a los lados de la calzada se veían todavía los cascos herrumbrados de los automóviles. En el centro de la ciudad, muchas lagunas estaban rodeadas por un anillo intacto de edificios, y en ellas no había mucho barro. Libres de vegetación —excepto algunas pocas algas flotantes—, las calles y tiendas casi intactas eran como las imágenes reflejadas de unos edificios que ya no estaban allí.
La mayor parte de la ciudad se había derrumbado hacía tiempo, y sólo los edificios de estructura de acero de la zona comercial y financiera habían sobrevivido a la presión de las aguas. Las casas de ladrillo y las fábricas bajas de los suburbios habían desaparecido completamente, sepultadas bajo mareas de cieno.
(James G. Ballard, El mundo sumergido)

Roger Zelazny es el autor de la novela Y llámame Conrad (Tú, el inmortal). Después de una guerra nuclear, la Tierra tiene a lo sumo 4 millones de habitantes, los que comparten el planeta con una serie de animales mutantes. La Tierra es además propiedad de los veganos, una raza extraterrestre de piel azul, que la usa con fines turísticos.

conrad2Me representé después a la humanidad, incómodamente instalada en la estación de Titán, trabajando en las oficinas de la Tierra, soportando humillaciones en Taler y Bakab, arreglándoselas como puede en Marte o haciendo más o menos lo propio en ltylpab, Divbah, Litán y un par de docenas más de otros mundos de la Confederación Vegana. Pensé entonces en los veganos.
Esas gentes de color azul, con sus curiosos nombres y sus hoyuelos como rastro de viruelas, nos recogieron en los días fríos y nos alimentaron cuando estábamos hambrientos. Sí. Apreciaron el hecho de que nuestras colonias en Marte y Titán se vieran de repente obligadas a bastarse a sí mismas -tras el suceso de los Tres Días- y permanecieran así heroicamente durante casi un siglo, hasta que por fin lograron poner a punto un vehículo interestelar aceptable. Como gorgojos algodoneros (la imagen es de Emmet) buscábamos ansiosos un hogar, porque habíamos acabado con el nuestro.
(Roger Zelazny, Y llámame Conrad)

Una extraña nube purpúrea se desplaza por el mundo matando a la humanidad. Un expedicionario polar encuentra al regresar al barco, que la tripulación está muerta. Se las arregla para retornar a Inglaterra solo para descubrir que nadie en el mundo ha sobrevivido salvo él mismo, el último hombre sobre la Tierra. M. P. Shiel es el autor de La nube purpúrea, novela que se ganó el elogio de H. G. Wells.

A dos metros de mis pies se hallaba ahora un grupo de tres cadáveres; una muchacha campesina nubenoruega, de falda verde, justillo escarlata y bonete escocés; el segundo era un viejo noruego de típicos calzones hasta la rodilla y gorro de visera; y el tercero un, al parecer, judío polaco, con gabardina y gorro de orejeras.
Me acerqué más a donde los cadáveres yacían más apiñados entre el muelle y una fuente de piedra en medio de aquella especie de plaza, y vi entre gentes del norte dos mujeres elegantemente ataviadas, españolas o italianas, y la más amarilla mortalidad de un mogol, probablemente un magiar, un gran negro en indumentaria de zuavo, una veintena de evidentes franceses, dos feces marroquíes, el turbante verde de un jerife y el blanco de un ulema.
No pude por menos de hacerme la pregunta: «¿Cómo es que estos extranjeros llegaron hasta este poblado nórdico?»
Y mi corazón, que latía con inusitada violencia, respondió: «Ha habido una estampida irrefrenable y loca hacia el norte, hacia el oeste, de todas las razas del Hombre; y lo que aquí contemplo no es sino la espuma lejana de la furiosa ola».
(M. P. Shiel, La nube purpúrea)

De J.-H. Rosny aîné es la novela corta La muerte de la Tierra. El planeta se ha secado, casi no queda agua, y los restos de la humanidad vive alrededor de algunos oasis, practicamente resignados a desaparecer mientras una nueva y extraña raza metálica comienza a aparecer.

la-mort-de-la-terre—¡El peligro no es inmediato! — murmuró Targ.
Un rumor recorrió el oasis; surgían hombres en las inmediaciones de los poblados y de los trigales. Un individuo rechoncho, cuyo cráneo macizo parecía puesto directamente sobre el torso, apareció al pie del Gran Planetario. Abría desmesuradamente unos ojos pobres, en una cara color de yodo; sus manos, planas y rectangulares, oscilaban al extremo de sus cortos brazos.
—¡Veremos el fin del mundo! —gruñó—. Seremos la última generación de los hombres.
Detrás suyo resonó una risa cavernosa. Dane, el centenario, se mostró con su bisnieto y una mujer de ojos rasgados y cabellos de bronce, que andaba con la misma ligereza que los pájaros.
—No, no lo veremos —afirmó—. La muerte de los hombres será lenta… El agua disminuirá hasta que no queden más que algunas familias en torno a un pozo. Y así, aún será más terrible.
—¡Veremos el fin del mundo! — repitió obstinadamente el hombrecillo rechoncho.
—¡Tanto mejor! —exclamó el bisnieto de Dane—. ¡Que la tierra se beba hoy mismo las últimas fuentes!
(J.-H. Rosny aîné, La muerte de la Tierra)

Ruinas y barbarie es lo que ha quedado a consecuencias de una guerra nuclear, pero lo peor está por llegar. La humanidad se enfrenta a la extinción mientras la radioactividad remanente provoca el aumento de nacimientos de mutantes y niños con terribles malformaciones en esta obra de Poul Anderson, El mundo en el crepúsculo.

—Así lo creían…, ¡ellos! —Repentinamente Robinson adoptó un aire sombrío y un frío resplandor andersonasomó a sus ojos—. ¿No se ha fijado en los animales y en las plantas? Hay muchos menos que antes y…, bien, aunque no he guardado la cuenta, al menos la mitad de los que son sacrificados tienen alguna anormalidad interna o externa.
Drummond fumó unos instantes de su pipa bien cargada de tabaco. Respondió con calma:
—Si recuerdo bien la biología que estudié en el Ins¬tituto, me explicaron que una vasta mayoría de las mutaciones no son siempre desfavorables. Hay muchas más formas de no hacer algo, que de hacerlo. La radiación podría esterilizar a un animal, o producir diversos grados de cambio genético. Se podría tener una mutación tan violentamente letal que el poseedor nunca nacería o moriría pronto. Se tienen todas las clases de factores más o menos desventajosos, o puede ser que una mutación por azar no haga mucha diferencia en un sentido u otro. O en algunos pocos casos raros, podría obtenerse algo favorable; pero sin que pudiera afirmarse que el poseedor de tal mutación fuese un verdadero miembro de la especie. Las mutaciones favorables, en sí mismas, usualmente implican pagar el precio de la parcial o total pérdida de algunas otras funciones biológicas normales.
(Poul Anderson, El crepúsculo del mundo)

En la novela de Philip K. Dick, Torneo Mortal, la Tierra ha quedado practicamente desabitada debido al empleo en la guerra de las radiaciones Hinkel. Un nuevo descubrimiento científico ha logrado extender la vida de los sobrevivientes, pero la mayoría es estéril. Después, una guerra perdida con los vugs, criaturas provenientes de Titán, terminó con la Tierra convertida en un tablero de juegos para los extraterrestres.

Torneo mortal_0Pete se aproximó al viejo MV-3 y lo sostuvo en sus manos, como en su juventud lo había hecho. Aquella arma tenía ciento treinta años de antigüedad. ¿Dispararía aún? Quién iba a preocuparse…, no había nadie a quien matar. Solamente un psicópata pensaría en buscar a alguien para hacerlo y, aún así, probablemente cambiaría de opinión. Después de todo, apenas si quedaban diez mil personas en toda California… Volvió a dejar el antiguo rifle en el rincón que antes había ocupado.
Aquella arma no había sido diseñada primitivamente como para atacar personalmente. Sus diminutos cartuchos A estaban preparados para penetrar en la sólida coraza de los tanques soviéticos TL-90 y pulverizarlos. Recordando las películas de entrenamiento que había visto en aquellos días, Pete pensó que le habría gustado captar la visión de una gran muchedumbre humana, aunque hubiese sido de chinos rojos… «Yo te saludo, Bernhardt Hinkel —pensó cáusticamente—, inventor de las últimas armas indoloras…, no, no habían herido a nadie, tuviste razón. No sentimos nada, nadie se dio cuenta. Pero entonces…»
Se estimuló en la medida de lo posible el injerto de la glándula Hynes, y no fue tiempo perdido semejante esfuerzo, ya que gracias a ello, aún quedaba gente viva. Y si ciertas combinaciones de varón y hembra resultaban fértiles, no era, por tanto, la esterilidad una condición absoluta, sino más bien un estado relativo. Se podía, en teoría, tener hijos, de hecho, unos cuantos entre ellos los tenían.
(Philip K. Dick, Torneo mortal)

La literatura postapocalítica es tan abundante que no hay manera de poner siquiera una lista sin dejar afuera una buena cantidad. Las que aquí se nombran son una pequeña parte solamente, una selección absolutamente personal y reñida seguramente con los gustos de los demás, pero eso no tiene la menor importancia.

 

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4 comentarios en “Postapocalíptica

  1. Conozco varios de los autores que mencionás. Y de las novelas, sólo he leído dos.
    Cantico a…tiene una interesante premisa, sobre la preservación del conocimiento en un mundo postapocaliptico.

    Tú, el inmortal es una gran novela, con interesantes personajes, empezando por el protagonista, que no es inmortal pero sí tiene una longevidad no precisada, con astucia, capacidad de luchar. Un hallazgo que la novia sea llame Casandra. Y no es menor, aunque aparece tardiamente, el perro del protagonista.

    Saludos.

    • Bueno, los autores tienen su fama, tal vez Philip K. Dick sea el más conocido, la película “Blade Runner”, basada en una de sus obras, fue un éxito.
      Como suele suceder, las obras seleccionadas corresponden a mis gustos personales, después de todo este tipo de literatura es muy abundante, poner más de ellas excede las posibilidades de este blog.
      De todas, sin embargo, puedo decir que si tuviera que seleccionar dos, me quedaría con “Y llámame Conrad” y “Cántico a San Leibowitz”. En la novela de Zelazny todos los personajes son interesantes, incluyendo al “azul”.

  2. Qué buena entrada Jenofonte!
    No puedo dar muchos datos sobre las obras literarias, pero hay una canción de Iron Maiden que habla exactamente sobre el Reloj del Apocalipsis, se llama “2 minutes to midnight”. Así fue como descubrí de que se trataba ese reloj

    Recuerdo varias películas de este género, y también por ejemplo la serie, el comic y el videojuego de Cadillacs and Dinosaurs, cuya trama se sitúa varios siglos en el futuro, en donde el ser humano vive en pequeñas colonias y los dinosaurios vuelven a dominar la Tierra. Algo de eso hice
    http://www.frodorock.blogspot.com.ar/2013/06/antes-de-cadillacs-xenozoic-tales.html

    Y cómo olvidarme del capítulo de los Simpsons en que Homero entra al refugio anti bombas (para ver si lo compraba) en el instante en que los franceses arrojan una atómica a los yanquis, siendo el único sobreviviente en la ciudad… o eso parece. Es muy similar al libro que reseñaste de Poul Anderson, ahora que lo pienso.

    Me llamó la atención que los marcianos en el de Roger Zelazny se llamen veganos.

    Abrazo!

    • La verdad es que eso del reloj me parece una buena tontería, pero al leer la noticia se me ocurrió poner algo.
      Lo de los Cadillacs y Dinosaurios lo había escuchado al pasar, pero como no soy de juegos, no tenía idea de qué se trata (hasta ver tu entrada). Pero lo que son las películas postapocalípticas, existe un gran número, de todas las categorías y calidades. Personalmente lo que son los zombies no me entusiasman, creo que es un recurso barato, aunque tengan sus seguidores. Hay cosas mejores, como “Omega Man” (1971), “Soylent green” (1973), “Mad Max” (1979-1981), “Cartas de un hombre muerto” (1989)… etc…
      Haces un buen aporte, gracias.
      (Los extraterrestres son de Vega, en la constelación de la Lira, lo de la Sociedad Vegana no se de donde lo habrá sacado su fundador).

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