Gogol

El 31 de marzo de 1809 nació el escritor y dramaturgo ucraniano Nicolás Gogol.
El sitio Nikolai_Gogolnatal del escritor fue el poblado cosaco de Sorochinetz, en Ucrania.
De la obra de Gogol se dice que refleja una mirada impresionista de la vida y del pueblo. En sus comienzos estuvo muy influenciado por el ambiente en que vivió, pero después desarrolló su visión satírica, sobre todo de la clase política rusa, corrupta en exceso.
Llegó en 1820 a San Petersburgo, donde ejerció como funcionario público y se dio a conocer entre los círculos literarios.
Con Tardes en una granja cerca de Dikanka (1831), colección de relatos cortos, se inició como escritor. Publicó en 1836 la obra teatral El inspector, feroz sátira sobre la corrupción.
Entre 1826 y 1848 vivió en Roma, donde escribió una de sus principales novelas, Las almas muertas (1842). En 1842, apareció El abrigo, un relato corto acerca de un pobre funcionario, víctima de la injusticia social.
Realizó un viaje en peregrinación a Tierra Santa y a su regreso cayó bajo la influencia de un sacerdote fanático, quien le convenció de que sus obras narrativas eran pecaminosas. Destruyó una gran cantidad de manuscritos inéditos, entre ellos la segunda parte de Las almas muertas. Nikolás Gogol falleció el 4 de marzo de 1852, en Moscú, al borde de la locura.

Las almas muertas es una novela considerada como fundamental en la literatura rusa del siglo XIX. Constituye un ácido retrato de la clase media rusa, su mentalidad, su caracter, sus fallas y sus defectos. Su protagonista, Pavel Ivanovich Chichikov, y los personajes con los que se relaciona, son los típicos de los tiempos de Gogol.

Chichikov_and_SobakevichAl mismo tiempo Chichikov, que no tenía nada que hacer, se entretuvo contemplando la ancha mole de Sobakevich. Contemplaba sus espaldas, que parecían la grupa de un caballo de Viatka, y sus piernas, semejantes a los guardacantones de hierro que ponen en las aceras, y no pudo por menos de pensar: «¡Bien te ha dotado Dios! Eres como ésos de los que se dice que han sido mal cortados, pero bien cosidos… ¿Eras ya un oso al nacer, o te transformó en oso la vida en este alejado rincón del mundo, las sementeras, el constante trato con los campesinos, convirtiéndote en un hombre mezquino? Pero no, estoy seguro de que habrías sido exactamente lo mismo aunque te hubieran dado una educación a la moda, lanzado al mundo y residido en San Petersburgo, en lugar de en este perdido rincón. La única diferencia consiste en que ahora engulles media espalda de cordero con gachas y unas empanadas del tamaño de un plato, y entonces habrías comido chuletas con trufas. Ahora tienes bajo tu autoridad a los campesinos; os entendéis bien y si te comportas bien con ellos es solamente porque te pertenecen y saldrías perdiendo. Entonces mandarías sobre unos funcionarios a los que tratarías con dureza, pensando que no te pertenecían, o robarías al Tesoro. ¡No, el que nace con el puño cerrado jamás abrirá la mano!
(Gogol, Las almas muertas)

El Inspector es una obra de teatro satírica, una comedia de errores que pone en evidencia la corrupción que reinaba en Rusia al mismo tiempo que muestra hasta donde pueden llegar la codicia y la estupidez humana.

inspector

Alcalde: —Vista o no vista, señores, ya lo saben: están avisados. Por mi parte, he tomado algunas medidas.- ¡Les aconsejo que hagan lo mismo! ¡Sobre todo a usted, Artemio Filípovich! Sin duda, el inspector querrá examinar antes que todo el hospital…. de modo que le conviene adecentarlo; hágales cambiar los gorros de dormir a los enfermos y déles ropa limpia, para que no parezcan unos herreros, como sucede habitualmente cuando andan por la casa.
Artemio Filípovich: —Bueno, eso es fácil. Podemos cambiarles los gorros.
Alcalde: —Sí. Y, además, convendría escribir encima de cada cama, en latín o algún otro idioma (eso ya es cosa suya, Cristian Ivánovich), el nombre de cada enfermedad y la fecha en que se enfermó cada paciente… Está mal eso de que sus pupilos, Artemio Filípovich, fumen un tabaco tan fuerte que lo hace estornudar a uno apenas entra. Además, sería preferible que no fueran tantos; pueden atribuirlo inmediatamente a la falta de cuidados o a la ineptitud del médico.
Artemio Filípovich: —¡Oh! En cuanto a las curaciones, yo y Cristian Ivánovich hemos tomado ya nuestras medidas; cuanto más dejemos obrar a la naturaleza, mejor…, no usamos medicamentos caros. El hombre es un ser simple; si se tiene que morir, se morirá lo mismo; si se tiene que curar, se curará. Además, a Cristian Ivánovich le costaría trabajo entenderse con ellos: no sabe una sola palabra de ruso.
(Gogol, El Inspector)

La feria de Sorochinetz es un cuento, la acción se desarrolla en el pueblo natal de Gogol y forma parte de la colección llamada Tardes en una granja cerca de Dikanka, y es el primer libro del autor.

soro gogol—En realidad, soy como una criatura —exclamó riéndose—; me da miedo dar un paso— y al decir esto empezó a golpear el suelo con los pies, y cuanto más avanzaba, más audaz se sentía. Finalmente, su mano izquierda descendió, apoyándose sobre la cadera, y la joven se puso a bailar con el espejo ante sí, taconeando y canturreando su canción favorita.
En este instante se asomó Cherevik por la puerta, y al ver a su hija bailando ante el espejo, se detuvo. La miró largo rato, riéndose del nunca visto capricho de la muchacha, que, abstraída en sus pensamientos, parecía no darse cuenta de nada; pero al escuchar los conocidos sonidos de la canción, las venillas de Cherevik comenzaron a agitarse, y con los brazos orgullosamente en jarras, se adelantó y se puso a bailar en cuclillas, olvidando todos sus asuntos.
La sonora risa del compadre hizo estremecerse a ambos. —¡Vaya!… ¡El padre y la hija celebrando la boda! ¡Vengan, pues, pronto! ¡Ha llegado el novio!
(Gogol, La feria de Sorochinetz)

Taras Bulba es una novela histórica acerca de un cosaco zaporogo y sus dos hijos. La novela corresponde al romanticismo nacionalista y a diferencia de la mayoría de la obra de Gogol, sus personajes no están exagerados ni son caricaturescos. Desde el punto de vista de las autoridades rusas, esta novela fue considerada “demasiado ucraniana”.

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Hacía ya largo tiempo que las altas hierbas les rodeaban por todos lados; de suerte que sólo se veían las gorras negras de los cosacos por encima de los ondulantes tallos, cuando Bulba, saliendo de su meditación, exclamó de repente:
-¡Eh, eh!, ¿Qué significa eso, muchachos? Están ustedes muy silenciosos; diríase que se han vuelto frailes. Al diablo todas las ideas negras.
Aprieten sus pipas con los dientes, espoleen sus caballos, y corramos de modo que no pueda alcanzamos un pájaro.
Y los cosacos, inclinándose sobre el arzón de la silla, desaparecieron en la espesa hierba. Ya no se vieron ni siquiera sus gorras; solamente el rápido paso que marcaban en la hierba indicaba la dirección de su carrera.
El sol se había alzado en un cielo sin nubes y derramaba por la estepa su luz cálida y vivificante.
(Gogol, Taras Bulba)

El abrigo es un cuento de Gogol que tuvo una gran influencia en la literatura rusa, Se dice que Dostoievski es el autor de la cita: “Todos procedemos de El abrigo de Gogol”.

illustrations-for-the-overcoatY de este modo se enteraron en la oficina de la muerte de Akakiy Akakievich. Al día siguiente su sitio se hallaba ya ocupado por un nuevo empleado. Era mucho más alto y no trazaba las letras tan derechas al copiar los documentos, sino mucho más torcidas y contrahechas. Pero ¿quién iba a imaginarse que con ello termina la historia de Akakiy Akakievich, ya que estaba destinado a vivir ruidosamente aún muchos días después de muerto como recompensa a su vida que pasó inadvertido? Y, sin embargo, así sucedió, y nuestro sencillo relato va a tener de repente un final fantástico e inesperado.
En San Petersburgo se esparció el rumor de que en el puente de Kalenik, y a poca distancia de él, se aparecía de noche un fantasma con figura de empleado que buscaba un abrigo robado y que con tal pretexto arrancaba a todos los hombres, sin distinción de rango ni profesión, sus abrigos, forrados con pieles de gato, de castor, de zorro, de oso, o simplemente guateados: en una palabra: todas las pieles auténticas o de imitación que el hombre ha inventado para protegerse.
(Gogol, El abrigo)

La Perspectiva Nevsky es la avenida principal de San Petersburgo, y no solo le da el nombre a este cuento de Gogol, sino que además es descrita en él con verdadero detalle. El cuento se divide en dos partes, en la primera el protagonista es un pintor romántico e ingenuo, en la segunda lo es un oficial tosco y realista. Cada uno de ellos sigue a una hermosa mujer que ha visto en la avenida.

Con oculto temblor se apresuraba hacia aquel objeto de su atención que tanto lo había
asombrado, pareciendo extrañarse él mismo de su atrevimiento. La criatura desconocida que se había apoderado de sus pensamientos y de sus sentimientos volvió de repente la cabeza y lo miró.nevsky prospekt ¡Dios mío!… ¡Qué rasgos prodigiosos!… La maravillosa frente, de una blancura cegadora, estaba sombreada por el magnífico cabello. Una parte de los maravillosos bucles caía bajo el sombrero y rozaba la mejilla, teñida de un fresco y fino rubor producido por el frío nocturno. La boca parecía cerrarse sobre un enjambre de maravillosos ensueños. ¡Todos cuantos recuerdos conservamos de la niñez, todo cuanto nos conduce al ensueño o a la callada inspiración -como nos conduce la lamparita ante la imagen-, todo parecía unirse y reflejarse en su armoniosa boca! Miró a Peskarev, y el corazón de éste latió bajo aquella mirada. Lo miraba y un sentimiento de indignación se traslucía en su mirada por verse objeto de aquella persecución tan descarada; pero aun el mismo enfado era encantador en aquel rostro maravilloso.
(Gogol, La Perspectiva Nevsky)

Primeras palabras (2)

Si hay algo que propiamente pueda conocerse con el nombre de lectura, habría de ser una actividad voluptuosa y absorbente; debiéramos recrearnos en el libro, ensimismarnos, y emerger de la lectura con la mente colmada de la más viva y caleidoscópica danza de imágenes, incapaces de conciliar el sueño o de desarrollar un pensamiento continuado. Si el libro es expresivo, las palabras deberían desde ese momento sonar en nuestros oídos como ruido de rompientes, y el relato, si es un relato, reaparecer ante nuestros ojos en mil viñetas coloreadas.
(Robert Louis Stevenson, Charla sobre la novela)

¿Muchachas? No; nada de muchachas. Si se trata de hacer un poco de jarana en la hostería, de cantar un rato, siempre dispuesto. Pero nada más. Ya tengo mi novia que me esperguareschia todas las tardes junto al tercer poste del telégrafo en el camino de la Fábrica. Tenía yo catorce años y regresaba a casa en bicicleta por ese camino. Un ciruelo asomaba una rama por encima de un pequeño muro y cierta vez me detuve.
Una muchacha venía de los campos con una cesta en la mano y la llamé. Debía tener unos diecinueve años porque era mucho más alta que yo y bien formada.
–¿Quieres hacerme de escalera? –le dije.
La muchacha dejó la cesta y yo me trepé sobre sus hombros. La rama estaba cargada de ciruelas amarillas y llené de ellas la camisa.
–Extiende el delantal, que vamos a medias –dije a la muchacha.
Ella contestó que no valía la pena.
–¿No te agradan las ciruelas? –pregunté.
–Sí, pero yo puedo arrancarlas cuando quiero. El árbol es mio: yo vivo allí –me dijo.
(Giovanni Guareschi, Don Camilo)

sandokanLa noche del 20 de diciembre de 1849 un violento huracán descargaba su furia sobre la salvaje isla de Mompracem, cueva de piratas, de siniestra fama, situada en el mar de la Malasia a pocos centenares de millas de la costa occidental de Borneo.
En el cielo, a impulso de un viento irresistible, corrían negras masas de vapores, que al deshacerse arrojaban sobre la espesa floresta de la isla furioso aguacero; el mar, embravecido por el huracán, hervía en gigantescas olas y el infernal ruido de aquella masa de agua en conmoción, se confundía con el rugir siniestro del trueno.
Formaba en esa parte de la isla una estrecha bahía en cuyo fondo, a la vivísima luz de los relámpagos, se podía divisar una fortificación que la defendía, emplazada en una escollera donde aparecían numerosos navíos anclados, con su velamen amainado. Sobre la encrespada superficie del mar rielaba una luz que se escapaba de dos ventanas, vivamente iluminadas, de una gran cabaña construida en la alta cima de una roca que parecía tallada a pico y que caía sobre el mar.
(Emilio Salgari, Los tigres de la Malasia)

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Es curioso que a mi edad -cumplí cincuenta y cinco en mi último cumpleaños- me sorprenda tomando una pluma para intentar escribir un relato. !Quién sabe qué tipo de relato resultará cuando lo haya escrito, si es que llego al final de la aventura! He hecho muchas cosas en mi vida, que se me antoja muy larga, debido quizá a que empecé muy joven. A una edad en que los otros chicos estaban en el colegio, yo me ganaba la vida como comerciante en la vieja colonia. Desde entonces, he sido comerciante, cazador, soldado y minero. Sin embargo, hace sólo ocho meses que me sonrió la fortuna. Es una fortuna cuantiosa -aún no sé a cuánto asciende-, pero no creo que quisiera volver a pasar por los últimos quince o dieciséis meses para obtenerla. No; no lo volvería a hacer aun sabiendo que iba a salir sano y salvo, con fortuna y todo. Pero resulta que soy un hombre tímido, enemigo de la violencia, y estoy verdaderamente harto de aventuras. 
(Henry R. Haggard, Las minas del rey Salomón)

stalingradLa nieve se arremolinaba en la estepa sin límites. Espesos torbellinos azotaban los tanques alineados en formación cerrada, los unos tras los otros, sobre lo que debía de ser una carretera. Las tripulaciones se habían arrastrado bajo los vehículos o se arrebujaban en el lado protegido del viento, para resguardar sus rostros helados de los mordiscos de la tempestad.
Hermanito estaba bajo nuestro Panzer IV. Porta se había confeccionado una especie de colchón entre las cadenas, y parecía una enorme lechuza de nieve, con la cabeza hundida entre los hombros; entre sus piernas se acurrucaba el legionario, aterido.
El absurdo avance había cesado por el momento, sin que nadie nos hubiese dicho el motivo; de cualquier manera, a todo el mundo le daba igual. Permanecer allí, a la espera, o hacer otra cosa, poco importaba. No dejaba de ser la guerra.
(Sven Hassel, Batallón de Castigo)

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La Ley, como dice la cita, establece una justa norma de vida que no es fácil de seguir. He sido muchas veces amigo de un mendigo, en circunstancias que a ambos nos impedían descubrir si el otro era digno. Todavía me falta ser hermano de un príncipe, aunque en una ocasión conocí de cerca a quien pudo haber sido un verdadero rey, y me prometieron la posesión de un reino: un ejército, un tribunal de justicia, rentas y principios políticos, todo de una vez. Pero ahora mucho me temo que mi rey esté muerto, y si quiero una corona tengo que buscarla por mi cuenta.
Todo empezó en un tren que hacía el camino entre Ajmir y Mhow. Un déficit de presupuesto me obligaba a viajar no ya en segunda clase, que sólo cuesta la mitad que la primera, sino en intermedia, que es realmente espantosa. En clase intermedia no hay cojines y, o bien la población es intermedia, es decir, eurasiática o nativa, lo cual resulta horrible durante un largo viaje nocturno, o bien se trata de una población de vagos, que es divertida pero que siempre anda ebria. Los de intermedia no compran nada en la cantina del tren. Llevan su propia comida en hatillos y tarros, y les compran dulces a los vendedores nativos, y beben agua en los charcos del camino. Éste es el motivo de que cuando llega el calor saquen a los de intermedia muertos de los vagones, y de que en cualquier estación la gente los mire por encima del hombro.
Rudyard Kipling, El hombre que sería rey)

vlcsnap-2012-07-17-14h12m08s68“Hablando del rey de Roma”, susurró La Fosse en mi oído, y, movido por las palabras y lo significativo de su mirada, me volví en la silla.
La puerta se abrió, y bajo el dintel se destacó la corpulenta figura del conde de Chatellerault. Ante él un lacayo en mi librea blasonada de rojo y dorado estaba recibiendo, con la espalda doblada obsequiosamente, su sombrero y su capa.
Un repentino silencio cayó sobre la asamblea, donde hace un momento este mismo hombre había sido el tema de nuestra conversación, y quedaron en silencio los ingenios que hacía un instante, habían convertido su nombre y el cortejo en el Languedoc –del que había regresado recientemente con la vergüenza de la derrota– en objeto de risa y burla despiadada. El suspenso se respiró en el aire, ya que habíamos oído decir que Chatellerault tuvo la mala fortuna de ser eliminado de las listas de Cupido, y no esperábamos verlo unirse tan pronto a una mesa en la que, –o al menos de eso me jactaba yo– reinaba el regocijo.
(Rafael Sabatini, Bardelys el magnífico)

El ardiente sol de Siria no había alcanzado aún su punto de mayor elevación en el cruzadohorizonte, cuando un caballero cruzado que había abandonado su lejano hogar, en el Norte, para unirse a la hueste de los Cruzados en Palestina, atravesaba lentamente los arenosos desiertos que rodean al Mar Muerto, llamado también lago Asfaltites, donde las aguas del Jordán se reúnen en un mar interior, que no envía a otro alguno el tributo de sus olas.
El peregrino guerrero había caminado entre rocas y precipicios durante la primera parte de la mañana. Más tarde, saliendo de aquellos roqueños y peligrosos desfiladeros, había salido a la gran llanura en que las ciudades malditas provocaron, en tiempos lejanos, la directa y terrible venganza del Omnipotente.
El viajero olvidó las fatigas, la sed y los peligros de la jornada, al recordar la espantosa catástrofe que había convertido en árido y triste desierto el encantador y fértil valle de Siddim, antes regado y bello como el Paraíso, y reducido hoy a una soledad requemada por los rayos del sol y condenada a eterna esterilidad.
(Walter Scott, El Talismán)

 

Ciego

Ciego(a) es la persona que carece del sentido de la vista.

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Arpista ciego, pintura egipcia del Imperio Medio

Y le dije: “Por Alah, ¡oh derviche! si no quieres que me separe de ti con el corazón descontento por cosa tan fútil, después de tantas de importancia como me has concedido, no tienes más que untarme el ojo derecho con esta pomada, pues yo no sabría. Y en verdad que no te dejaré más que con esta condición”.
Entonces el derviche se puso muy pálido y su rostro tomó un aire de dureza que no conocía yo en él, y me dijo: “Te vuelves ciego con tus propias manos”. Y tomó un poco de pomada y me la aplicó alrededor del ojo derecho y en el párpado derecho. Y ya no vi más que tinieblas con mis dos ojos, y me convertí en el ciego que ves, ¡ oh – Emir de los Creyentes!
Y al sentirme en aquel estado lamentable, volví en mí de pronto y exclamé, tendiendo los brazos al derviche: “Sálvame de la ceguera, ¡oh hermano mío!” Pero no obtuve ninguna respuesta, y se mantuvo él sordo a mis súplicas y a mis gritos, y le oí poner en marcha los camellos y alejarse, llevándose lo que había sido mi parte y mi destino.
(Las mil y una noches, 876° Noche)

En una palabra, Durrance se había quedado ciego. Contó el resto de su historia. Había ordenado a sus hombres que le llevaran a Uadi Halfa y luego, con el deseo de ocultar su desgracia todo el tiempo que le fuera posible, les había hecho prometer que guardarían silencio. Calder escuchó el relato hasta el fin y después se puso en pie.—Hay un médico. Es muy hábil y, para ser un sirio, sabe mucho. Le traeré aquí en secreto y veremos lo que dice. Tal vez su ceguera sea temporal.Sin embargo, poco después, el médico sirio hizo una mueca y sacudió la cabeza. Aconsejó que Durrance marchara inmediatamente a El Cairo. Era caso para un especialista. Él, personalmente, vacilaría antes de emitir opinión, aunque, naturalmente, siempre existía la esperanza de que se curara.
(A. E. W. Mason, Las cuatro plumas)

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John Everett Millais, La niña ciega

El torrente que antaño que bajaba a la llanura en anchurosa vena desciende hoy repartido por entre rocosas hendiduras, y el recuerdo, transmitido de generación a generación, de las palabras torpes v sugeridoras del desterrado, creó la leyenda de que una raza de hombres ciegos existía en un lugar arcano de la montaña; leyenda que se hubiera convertido en mito si una casualidad milagrosa no la hubiese, hace poco, revelado en todo su horror. Mientras tanto, la misteriosa enfermedad siguió el curso terrible de sus estragos afligiendo a los habitantes de la aislada colonia.
La vista de los ancianos se debilitó hasta obligarlos a ayudarse con el tacto para todos sus menesteres; la de los jóvenes fue decreciendo Y tornándose confusa, y los recién nacidos vinieron ya al mundo sin vista.
(H. G. Wells, El país de los ciegos)

 

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Caton Woodville, Recuerdos

—Perdone usted, señorita —dijo—. Mi pregunta va a parecerle absurda; pero, en realidad, no puedo formularla de otro modo. ¿Hay aquí una señorita que se llama Maisie?
—¿Maisie? ¡Yo soy! —respondió una voz fresca que resonó en el fondo de un ancho sombrero de paja.
—Entonces, es preciso que yo haga mi presentación —dijo él, en tanto que su caballo piafaba, levantando una espesa nube de polvo blanco—. Me llamo Torpenhow. Dick Heldar es mi mejor amigo y… y… debo decirle que se ha quedado ciego…
—¿Ciego? —preguntó Maisie, sin comprender—. No es posible. No puede estar ciego.
—Hará unos dos meses, sin embargo, que lo está por completo.
Maisie levantó el rostro, terriblemente pálido.
—¡Oh, no, no; ciego no!… ¡No quiero que esté ciego!…
(Rudyard Kipling, La luz que se extingue)

 

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N. C. Wyeth, El ciego Pew

Recordaba el martes como un día de confuso malestar y de un increíble dolor de cabeza. A
eso de las cuatro de la tarde ya no aguantó más. Tocó el timbre. Y ordenó que la dejaran tranquila aunque se anunciasen cometas, terremotos, o aun el mismo día del juicio. Después de ese ultimátum se tomó una fuerte dosis de píldoras somníferas que en su estómago vacío actuaron con la eficacia de un knock-out.
Desde entonces no se había enterado de nada hasta esa mañana, su padre la despertó entrando en la habitación llevándose los muebles por delante.
—Josella —estaba diciendo, —en nombre de Dios llama al doctor Mayle. Dile que estoy ciego, totalmente.
Josella se había asombrado al advertir que ya eran las nueve. Se levantó de un salto y se vistió apresuradamente. La servidumbre no había respondido ni a sus llamados ni a los de su padre. Cuando dio con ellos descubrió horrorizada que también estaban ciegos.
(John Wyndham, El día de los trífidos)

strogoffApareció el verdugo. Esta vez llevaba su sable desnudo en la mano, pero este sable, al rojo vivo, acababa de retirarlo del rescoldo de carbones perfumados que ardían en el recipiente.
¡Miguel Strogoff iba a ser cegado, siguiendo la costumbre tártara, pasándole una lámina ardiendo por delante de los ojos!
El correo del Zar no intentó resistirse. ¡Para sus ojos no existía nada más que su madre, a la que devoraba con la mirada! ¡Toda su vida estaba en esta última visión! Marfa Strogoff, con los ojos desmesuradamente abiertos, con los brazos extendidos hacia él, lo miraba…
La lámina incandescente pasó por delante de los ojos de Miguel Strogoff.
Oyóse un grito de desesperación y la vieja Marfa cayó inanimada sobre el suelo.
Miguel Strogoff estaba ciego.
(Julio Verne, Miguel Strogoff)

 

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Alvar Cawen, El músico ciego

Egil acabó por volverse completamente ciego. Un día de invierno, cuando el tiempo era frío, Egil se acercó al fuego para calentarse; los criados de la cocina dijeron entre sí que era increíble que un hombre como había sido Egil estuviera a sus pies impidiéndoles hacer su trabajo.
«Dejadme en paz -dice Egil- si me agacho junto al fuego. No nos enfademos por la falta de sitio.»
«Ponte en pie -dice una sierva- y vete a tu cuarto y déjanos trabajar.»
Egil se levantó y se fue a su cuarto, y dijo:
            Me tambaleo cuando voy
            ciego a sentarme al fuego,
            piedad de mujeres pido,
            en mis ojos llevo penas,
            aunque un rey me dio oro
            y un príncipe feroz tuvo
            placer, y se ablandó,
            por palabras que yo dije.
Una vez, también, cuando Egil iba a calentarse junto al fuego, un hombre le preguntó si tenía frío en los pies, y le dijo que no se estirara hasta ponerlos en el fuego. «Así será -dice Egil-, pero difícil me ha de resultar controlar mis pies, pues no veo; ¡es tan horrible estar ciego!»
(Snorri Sturlusson, Saga de Egil Skallagrimssom)

Primeras palabras

Por lo que a mí respecta, me gustaba que el relato empezase en una vieja posada al borde del camino, donde, «hacia el final del año 17…», unos caballeros con sombreros de tres picos jugaban a los bolos. Un amigo mío prefería las costas de Malabar bajo la tormenta, un barco que daba tumbos hacia Barlovento, y un individuo ceñudo de proporciones hercúleas que recorría la playa a grandes zancadas; a buen seguro que era un pirata.
(Robert Louis Stevenson, Ensayos literarios)

Cuéntame, Musa, laodyssey-illustration historia del hombre de muchos senderos, que anduvo errante mucho después de asolar la sagrada Troya; vió muchas ciudades de hombres y conoció su talante, y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros. Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo, pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas, ¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron, y en tal punto acabó para ellos el día del retorno. Diosa, hija de Zeus, también a nosotros, cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.
Ello es que todos los demás, cuantos habían escapado a la amarga muerte, estaban en casa, dejando atrás la guerra y el mar. Sólo él estaba privado de regreso y esposa, y lo retenía en su cóncava cueva la ninfa Calipso, divina entre las diosas, deseando que fuera su esposo.
(Homero, La Odisea)

bennetEs una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
––Mi querido señor Bennet ––le dijo un día su esposa––, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
––Pues así es ––insistió ella––; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo. El señor Bennet no hizo ademán de contestar.
––¿No quieres saber quién lo ha alquilado? ––se impacientó su esposa.
––Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.
Esta sugerencia le fue suficiente.
(Jane Austen, Orgullo y prejuicio)

corazon

Hoy hemos empezado el nuevo curso. Han pasado como un sueño los tres meses de vacaciones transcurridos en el campo. Mi madre me llevó esta mañana al grupo escolar «Baretti» para matricularme como alumno de quinto. Mientras tanto pensaba en el campo e iba de bastante mala gana. Las calles adyacentes eran un hervidero de chiquillos, y las dos librerías próximas al grupo estaban llenas de padres y de madres que compraban carteras, cartillas, libros, estuches o plumieres con útiles de trabajo y cuadernos. Delante de la escuela se agolpaba tanta gente, que el bedel hubo de pedir la presencia de guardias muni-cipales para que mantuviesen orden y quedase expedita la entrada.
Cerca de la puerta sentí unos golpecitos en el hombro. Me los dio mi anterior maestro de cuarto, alegre, jovial, de pelo rubio, rizoso y encrespado, que me dijo:
-¿Qué, Enrique? ¿Nos separamos para siempre?
(Edmundo de Amicis, Corazón)

patriarch pondA la hora de más calor de una puesta de sol primaveral en «Los Estanques del Patriarca» aparecieron dos ciudadanos. El primero, de unos cuarenta años, vestido con un traje gris de verano, era pequeño, moreno, bien alimentado y calvo. Tenía en la mano un sombrero aceptable en forma de bollo, y decoraban su cara, cuidadosamente afeitada, un par de gafas extraordinariamente grandes, de montura de concha negra. El otro, un joven ancho de hombros, algo pelirrojo y desgreñado, con una gorra de cuadros echada hacia atrás, vestía camisa de cow boy, un pantalón blanco arrugado como un higo y alpargatas negras. El primero era nada menos que Mijaíl Alexándrovich Berlioz , redactor de una voluminosa revista literaria y presidente de la dirección de una de las más importantes asociaciones moscovitas de literatos, que llevaba el nombre compuesto de MASSOLIT ; y el joven que le acompañaba era el poeta Iván Nikoláyevich Ponirev, que escribía con el seudónimo de Desamparado.
(Mijail Bulgakov, El maestro y Margarita)

alice

Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener  nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?», se preguntaba Alicia.
Así pues, estaba pensando (y pensar le costaba cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas la compensaría del trabajo de levantarse y coger las margaritas, cuando de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados.
No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!» (Cuando pensó en ello después, decidió que, desde luego, hubiera debido sorprenderla mucho, pero en aquel momento le pareció lo más natural del mundo). Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.
(Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas)

richEn un cuarto del palacio del cardenal, palacio que ya conocemos, y junto a una mesa llena de libros y papeles, permanecía sentado un hombre con la cabeza apoyada en las manos.
A sus espaldas había una chimenea con abundante lumbre, cuyas ascuas se apilaban sobre dorados morillos. El resplandor de aquel fuego iluminaba por detrás el traje de aquel hombre meditabundo, a quien la luz de un candelabro con muchas bujías permitía examinar muy bien de frente.
Al ver aquel traje talar encarnado y aquellos valiosos encajes; al contemplar aquella frente descolorida e inclinada en señal de meditación, la soledad del gabinete, el silencio que reinaba en las antecámaras, como también el paso mesurado de los guardias en la meseta de la escalera, podía imaginarse que la sombra del cardenal de Richelieu habitaba aún aquel palacio.
(Alejandro Dumas, Veinte años después)

war and peace

Bien. Desde ahora, Génova y Lucca no son más que haciendas, dominios de la familia Bonaparte. No. Le garantizo a usted que si no me dice que estamos en guerra, si quiere atenuar aún todas las infamias, todas las atrocidades de este Anticristo (de buena fe, creo que lo es), no querré saber nada de usted, no le consideraré amigo mío ni será nunca más el esclavo fiel que usted dice. Bien, buenos días, buenos días. Veo que le atemorizo. Siéntese y hablemos.
Así hablaba, en julio de 1805, Ana Pavlovna Scherer, dama de honor y parienta próxima de la emperatriz María Fedorovna, saliendo a recibir a un personaje muy grave, lleno de títulos: el príncipe Basilio, primero en llegar a la velada. Ana Pavlovna tosía hacía ya algunos días. Una gripe, como decía ella gripe, entonces, era una palabra nueva y muy poco usada . Todas las cartas que por la mañana había enviado por medio de un lacayo de roja librea decían, sin distinción: «Si no tiene usted nada mejor que hacer, señor conde o príncipe , y si la perspectiva de pasar las primeras horas de la noche en casa de una pobre enferma no le aterroriza demasiado, me consideraré encantada recibiéndole en mi palacio entre siete y diez. Ana Scherer.»
(León Tolstoi, La guerra y la paz)

Dacirorío y Parisátile tuvieron dos hijos: el mayor, Artajerjes; el menor, Ciro. Enfermó Darío, y sospechando que se acercaba el fin de su vida quiso que los dos hijos estuviesen a su lado. El mayor se encontraba ya presente, y a Ciro lo mandó a llamar del gobierno de que le había hecho sátrapa, nombrándole al mismo tiempo general de las tropas que se estaban reuniendo en la llanura de Castolo. Acudió, pues, Ciro, llevando consigo a Tisafernes, a quien tenía por amigo, y escoltado por trescientos hoplitas griegos a las órdenes de Jenias de Parrasia. Muerto Darío y proclamado rey Artajerjes, Tisafernes acusa a Ciro ante su hermano diciéndole que conspiraba contra él. Créelo el rey y prende a Ciro con intención de darle muerte. Pero la madre consiguió con súplicas que lo enviase de nuevo al gobierno. Y Ciro, de vuelta, después de haber corrido tal peligro y con el dolor de la afrenta, se puso a pensar en la manera de no hallarse en adelante a merced de su hermano y aun, si fuese posible, ser rey en su lugar.
(Jenofonte, Anabasis)

La palabra

Según el diccionario una palabra es una unidad lingüística dotada de significado. Tambiénintroduccin-al-griego puede ser la representación gráfica de la palabra hablada. Pero de ahí en adelante definir el concepto de palabra puede ser muy complejo.
Puede tener la palabra significados muy elevados, el Evangelio de Juan comienza con: En el principio era el Palabra, y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. El Corán también establece la importancia de la palabra cuando dice: Di a los judíos y a los cristianos. ¡Oh gentes de las Escrituras! ¡venid a oír una sola palabra;

Pero, para el caso de hoy, me he decidido por algo menos complicado, algunas palabras mágicas.
Las palabras mágicas son las que tienen un propósito especial, en los cuentos, actuan de forma sobrenatural logrando efectos extraordinarios que no se pueden conseguir por medios naturales.

ali babaLuego pensó: “¡Por Alah! ¡he retenido, sin embargo, la fórmula que abre y la fórmula que cierra! ¡No sé si ensayarla un poco, solamente para ver si en mi boca tienen la misma virtud que en boca de ese espantoso bandido gigante!” Y olvidando toda su antigua pusilanimidad, e impelido por la voz de su destino, Alí Babá el leñador se encaró con la roca y dijo: “¡Sésamo, ábrete!” Y no bien fueron pronunciadas con insegura voz las dos palabras mágicas, la roca se separó y se abrió con amplitud. 
(Las mil y una noches, Historia de Alí Babá)

marypoppins

 

¡Es supercalifragilisticoespialidoso,
aunque suene extravagante, ¡raro y espantoso!
¡Si lo dice con soltura sonará harmonioso,
supercalifragilisticoespialidoso!
(Canción de Mary Poppins)

 

abra

Como si la plaga no viniera de la mano de Dios sino que fuese una especie de posesión por un espíritu maligno, que debía ser aventado con cruces, signos del zodíaco, papeles atados con cierto número de nudos, sobre los cuales se escribían ciertas palabras o se dibujaban ciertos signos, particularmente la palabra Abracadabra, dispuesta en forma de triángulo o pirámide,
(Daniel Defoe, Diario del año de la peste)

rumpel

 

Se sentó en un rincón de la habitación y se puso a llorar por su triste destino; de pronto se abrió la puerta y un hombrecillo de extraño aspecto entró cojeando y le dijo: Buenos días, hermosa doncella, ¿por qué estás llorando?. ¡Ay!, le respondió ella, tengo que hilar esta paja en oro y no se como hacerlo. ¿Qué me das, dijo el hombrecillo, si lo hago por ti?. Mi collar, respondió la doncella. Él aceptó, se sentó ante la rueca, y cuando gritó: ¡Sim Sala Dimla rueda comenzó a girar alegremente mientras la paja se convertía en oro.
(Hermanos Grimm, Rumpelstiltskin)

 

tenniel_color_alice_drink_meDe nada servía quedarse esperando junto a la puertecita, así que volvió a la mesa, casi con la esperanza de encontrar sobre ella otra llave, o, en todo caso, un libro de instrucciones para encoger a la gente como si fueran telescopios. Esta vez encontró en la mesa una botellita («que desde luego no estaba aquí antes», dijo Alicia), y alrededor del cuello de la botella había una etiqueta de papel con la palabra «Bébeme» hermosamente impresa en grandes caracteres.
(Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas)

 

 

Salagadula mechica bula bíbidi-cenicientabábidi-bú
siete palabras de magia que son
bíbidi-bábidi-bú
Salagadula mechica bula bíbidi-bábidi-bú
yo hago milagros con esta canción
bíbidi-bábidi-bú
tu Salagadula mechica róbula bú
pero si quieres un gran amor
di bídibi bádibi bú
Salagadula menchica bula bíbidi-bábidi-bú
todo se logra con solo decir
bídibi bádibi bídibi bádibi bídibi bádibi bú.
(Canción del Hada madrina de Cenicienta)

Stork“¿No deberíamos seguir, glorioso Señor?”, Preguntó el Visir.
“No, Ali ben Manzar,” dijo el califa. “Tenemos hechizos que deshacer.”
Mientras hablaba, el pájaro carpintero se posó al lado de ellos. “¿Qué fue ese ruido?” preguntó con ansiedad.
“Ya lo sabrás, querida princesa,” dijo el califa. Luego de tomar aliento, clamó, “Calasavair!”
Se produjo un remolino de alas, picos y plumas -y allí, en el lugar de dos cigüeñas aparecieron el califa y su visir.
“Princesa”, dijo el califa, volviéndose hacia el asombrado pájaro carpintero, “¿Me haces el honor de ser mi esposa?”
Otro remolino de plumas, y allí apareció una joven de hermosa figura y dulces ojos ,“El honor será mío,” dijo ella con timidez, y le ofreció la mano.
(El califa cigüeña, cuento de Bagdad)

Así, pues, la Bruja Maligna sacó el Gorro de Oro del armario y se lo puso enwinged monkeys la cabeza, hecho lo cual se paró sobre su pie izquierdo y dijo lentamente:
Epe, pepe, kake!
Después se paró sobre el pie derecho y agregó:
Jilo, jolo, jalo!
Acto seguido se plantó bien sobre ambos pies y gritó a toda voz:
Zizi, zuzi, zik!
Y el encanto mágico empezó a dar sus frutos, pues se oscureció el cielo y empezó a oírse un extraño zumbido. Era el batir de muchas alas al que siguieron charlas y risas, y el sol brilló de nuevo al aclararse el cielo, mostrando a la Bruja Maligna rodeada por una multitud de monos, todos ellos dotados de un par de enormes y poderosas alas.
El más grande de todos, que parecía ser el jefe, voló cerca de la Bruja y le dijo:
-Nos has llamado por tercera y última vez. ¿Qué nos ordenas?
(L. Frank Baum, El mago de Oz)

Harún al-Rashid

El 17 de marzo del año 763 es una de las fechas tentativas para el nacimiento de Harún al-Rashid, quinto califa abásida. Su nombre significa Aarón el Justo y gobernó entre los años 786 y 809, dentro de lo que se considera la Edad Dorada del Islam. Durante su reinado florecieron la ciencia, la cultura y el comercio. Estableció en Bagdad la llamada Casa de la Sabiduría, una biblioteca que llegó a ser legendaria. La capacidad intelectual, política y militar de Harún le valió pasar tanto a la historia como a la leyenda, lo que se nota en el libro Las mil y una noches, donde se encuentran numerosas historias referentes a su vida y a su corte, sobre todo las relacionadas con las salidas que hacía el califa, de incógnito, para conocer los problemas de sus súbditos.

 

harun en la noche con giafar

Harún al-Rashid, con Giafar y Massrur, en las calles de Bagdad.

Entre diversos cuentos, se cuenta ¡oh rey afortunado! que el califa Harún al-Raschid salió de su palacio una noche con su visir Giafar, su visir Al-Fazl, su favorito Abu-lshak, el poeta Abu-Nowas, el portaalfanje Massrur y el capitán de Policía Ahmad-la-Tiña. Y disfrazados de mercaderes, se dirigieron todos al Tigris y se metieron en una barca, dejándose llevar por la corriente a la ventura. Porque, al ver al califa poseído de insomnio y con el espíritu preocupado, Giafar le había dicho que para disipar el fastidio nada era más eficaz que ver lo no visto todavía, oír lo no oído todavía y visitar un país que todavía no se ha recorrido.
(Las mil y una noches, 515° Noche)

 

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Eloise-Caroline Huitel, Harún al-Rashid y el poeta

—Querido —dijo el larguirucho, bollándole un ojo detrás de los impertinentes rotos—, ¿y cómo
sabe usted que yo no las tengo? ¿Juzga por mi traje? ¡No lo haga nunca, queridísimo guarda! Puede meter la pata a base de bien. Lea otra vez la historia del famoso califa Harún al-Rashid. Pero ahora, dejando la historia para mejor ocasión, quiero advertirle que voy a dar una queja de usted al director: Le contaré unas cuantas cosas y me temo que usted tendrá que abandonar su puesto entre las relucientes lunas.

(Mijail Bulgakov, El maestro y Margarita)

 

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Gaspare Landi, Harún al-Rashid y los sabios

Pero, caballero repuso la joven , esas sociedades orientales, en medio de las cuales habéis pasado una parte de vuestra vida, son fantásticas como los cuentos que hemos oído de su hermoso país. Allí se puede suprimir a un hombre impunemente, ¿conque es verdadero el Bagdad o el Bassora del señor Galland? Los sultanes y visires que gobiernan esas sociedades, y que constituyen lo que se llama en Francia el gobierno, son otros Harún al-Raschid y Giaffar, que no sólo perdonan al envenenador, sino que lo hacen primer ministro, si el crimen ha sido ingenioso, y en este caso hacen grabar la historia en letras de oro para divertirse en sus horas de tedio.
(Alejandro Dumas, El conde de Montecristo)

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Harún al-Rashid recibe a una embajada europea

 

–En Bagdad siempre ocurren cosas desagradables –contestó el sultán– Aquí cortamos cabezas con la misma facilidad que usted corta perejil.
–Yo nunca corté ni piqué perejil –respondió la reina–. ¡Lo que yo quiero saber es si recientemente ha desaparecido alguien en Bagdad!
–Sólo mi tío, el califa Harún al Rashid –dijo el sultán– Tres noches atrás desapareció de su cama con su mujer y diez niños.
(Roald Dahl, El gran gigante bonachón)

 

 

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La Casa de la Sabiduría

 

Bloom, abriéndose paso por entre ellas veloz, se planta su capucha de califa y su poncho y
aligera escaleras abajo con la cara de lado. El desconocido Harún al-Raschid pasa sigilosamente por detrás de los troneras silenciosos y aprieta el paso por la verja con el paso raudo del leopardo que desparrama su rastro tras él, sobres rotos empapados en anís. La vara de fresno señala su zancada.
(James Joyce, Ulises)

 

 

 

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Leon Carré, Ilustración

«Uno de los principales músicos kurdos, llamado Ziryab (Pájaro Negro) por su tez oscura, nacido cerca de Mosul en 789, actuó en Bagdad ante Harún al-Rashid. Caído en desgracia por rivalidades musicales marchó al exilio y recorrió las cortes árabes del Norte de África. En 822 desembarcó en Algeciras y fue recibido en Córdoba por Abderramán II. Adquirió pronto gran influencia debido a su natural talento político y enorme versación en los usos más modernos de aquel tiempo. Enriqueció la gastronomía con los espárragos… revolucionó la música: introdujo el pectro de garra de águila para tañer el tambur (laúd largo); cambió las cuerdas de seda por las de tripa; creó en Córdoba el primer conservatorio de Europa y compuso las primeras nubas, fuente histórica del cante jondo y del flamenco…
(José Miguel Varas, El correo de Bagdad)

¿Adónde?

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Igor Mashkov, El acordionista

 

¿Adónde vas, manzanita?
Vas a caer en el agua… ¿A Moscú?
¿Se ha escapado usted de los lobos
y quiere volver al bosque?»
¿Adónde vas, manzanita?
Si caes en las garras de los alemanes
ya no volverás… ¡oh, manzanita! ¿adónde vas?
Quiero a un blanco y yo soy roja…
¿Adónde vas, manzanita?”
(Canción folklórica rusa)

 

 

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Malcolm Greensmith, Golondrina en vuelo

 

¿A dónde irá veloz y fatigada
la golondrina que de aquí se va?
Oh, si en el viento se hallará angustiada
buscando abrigo y no lo encontrará.
Junto a mi lecho le pondré su nido
en donde pueda la estación pasar;
también yo estoy en la estación perdido.
¡Oh, cielo santo!, y sin poder volar.
(Narciso Serradell, La golondrina)

 

 

 

 

daniel gerhartz café

Danier Gerhartz, En el Café

No pregunto por las glorias ni las nieves,
quiero saber dónde se van juntando
las golondrinas muertas,
adónde van las cajas de fósforos usadas.
Por grande que sea el mundo
hay los recortes de uñas, las pelusas,
los sobres fatigados, las pestañas que caen.
¿Adónde van las nieblas, la borra del café,
los almanaques de otro tiempo?
Pregunto por la nada que nos mueve;
en esos cementerios conjeturo que crece
poco a poco el miedo,
y que allí empolla el Roc.
(Julio Cortázar, El interrogador)

 

 

Enrique_Simonet_-_Chopos

Enrique Simonet, Dobles chopos en el rio

 

Agua, ¿dónde vas?
Riyendo voy por el río
a las orillas del mar.
Mar, ¿adónde vas?
Río arriba voy buscando
fuente donde descansar.
Chopo, y tú ¿qué harás?
No quiero decirte nada.
Yo…, ¡temblar!
¿Qué deseo, qué no deseo,
por el río y por la mar?
(Cuatro pájaros sin rumbo
en el alto chopo están.)
(Federico García Lorca, Agua, ¿dónde vas?)

 

g. harvey jinetes en la noche

G. Harvey. Jinetes en la noche.

Cruzaba en ese momento
Un paso de angostos bordes:
A la derecha, el abismo,
Tinta o residuo de noche;
Adelante, los jinetes;
A la izquierda-muro- el monte.
Seguí avanzando en la sombra,
Hacia las sombras inmóviles.
Transpuesto el paso difícil,
me tropecé con sus voces:
-¿ A dónde marcha el amigo?
– Al pueblo de más al norte.
Me esperan mi vieja madre
y mis hermanos menores.
Los dejé un día de marzo;
cinco años van, desde entonces.
(Oscar Castro, Romance del hombre nocturno)

 

norte

ThisArtToBeYours, Luces del Norte

 

 

 

 

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: A donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.
(Juan Ramón Jiménez)

 

 

 

edmund dulac princesa badoura

Edmund Dulac, La princesa Badoura

¡Oh casa! ¡Si a la mañana pasase el ser amado,
saludando con señas amorosas,
Devuélvele de parte nuestra un saludo
delicioso y perfumado,
porque no sabemos adónde
nos llevará la suerte esta noche!
¡Ni yo misma sé hacia qué lugares
me transporta el viaje,
pues me conducen de prisa, y con equipaje ligero!
¡Vendrá la noche, y un pájaro
oculto en los ramajes
anunciará con sus endechas moduladas
la noticia de nuestro triste destino!
Dirá con su lenguaje: “¡Qué dolor!
¡Cuán cruel es separarse de quien se ama!”
¡Y cuando vi ya llenas las copas de la separación
y a la suerte dispuesta a ofrecérnoslas a pesar nuestro,
He gustado con resignación el amargo brebaje!
¡Pero la resignación ¡ay! no podrá nunca procurarme el olvido!
(Las mil y una noches, 402° Noche)

Promesa

alan maley

Alan Maley, La promesa

 

No hay sino disimular
y hacerse nuevas, señor.
Sospecho que lo mejor
con mujeres, es no dar.
No dar, mas sí prometer
cuanto su afán nos indique;
que no hay mujer que no pique
en promesas, si es mujer.
Mira bien si te has lucido
prometiendo…¡Ya soy diestro!
¡A buen hora eres maestro,
después que te han esprimido!
(Lope de Vega, El anzuelo de Fenisa)

 

 

 

The Promise henry scott tuke

Henry Scott Tuke, La promesa

– Pues bien, no tienes que ir tan lejos para ser mi mujer. Las circunstancias han cambiado, y soy yo quien vengo para ser tu marido.
– Tienes razón al decir que las circunstancias han cambiado… ¡Sí, horriblemente…!
Ilka pronunció esta última palabra con tal expresión de dolor, que todo su cuerpo se estremeció.
– Querida Ilka, aun a cambio de exacerbar el terrible recuerdo, he querido hablar contigo. No quiero prolongar la conversación… Quiero solamente que mantengas tus promesas…
– ¡Mis promesas, Vladimir, mis promesas…! – exclamó la infeliz, conteniendo a duras penas los sollozos- . Cuando las hice era digna para hacerlas… hoy…
– ¡Hoy, como siempre, eres la más digna de las mujeres!
(Julio Verne, Un drama en Livonia)

razumov

Konstantin Razumov, Danza

 

 

¡Con jugueteos amables, con caricias enardecidas, hice escurrirse el velo que ostentaba, y de sus hombros ¡oh redondez de perlas! se escurrió la túnica también!
¡Y apareció medio desnuda entonces, surgiendo de la ropa que la rodeaba cual surge de su cáliz una flor!
¡Como la noche corría ante nosotros su cortina de sombras, quise ser más audaz a la sazón; y le dije: ¡Coronemos el acto!”
Pero ella contestó: “¡Mañana seguiremos!”
Fuí a ella al día siguiente, y le dije: “¡Cumple tu promesa!” Se echó a reír y me contestó: “¡El día borra las palabras de la noche!”
(Las mil y una noches, 379° Noche)

 

 

 

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Lawrence Alma-Tadena, Promesa de primavera

Si no, dime: ¿cuándo, ¡oh traidor!, respondí a tus ruegos con alguna palabra o señal que pudiese despertar en ti alguna sombra de esperanza de cumplir tus infames deseos? ¿Cuándo tus amorosas palabras no fueron deshechas y reprehendidas de las mías con rigor y con aspereza? ¿Cuándo tus muchas promesas y mayores dádivas fueron de mí creídas, ni admitidas? Pero, por parecerme que alguno no puede perseverar en el intento amoroso luengo tiempo, si no es sustentado de alguna esperanza, quiero atribuirme a mí la culpa de tu impertinencia, pues, sin duda, algún descuido mío ha sustentado tanto tiempo tu cuidado; y así, quiero castigarme y darme la pena que tu culpa merece.
(Miguel de Cervantes, El Quijote de la Mancha)

 

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––No haré ninguna promesa de esa clase. ¡Señorita Bennet! ¡Estoy horrorizada y sorprendida! Esperaba que fuese usted más sensata. Pero no se haga usted ilusiones: no pienso ceder. No me iré hasta que me haya dado la seguridad que le exijo.
––Pues la verdad es que no se la daré jamás. No crea usted que voy a intimidarme por una cosa tan disparatada. Lo que Su Señoría quiere es que Darcy se case con su hija; pero si yo le hiciese a usted la promesa que ansía, ¿resultaría más probable ese matrimonio? Supongamos que esté interesado por mí; ¿si yo me negara a aceptar su mano, cree usted que iría a ofrecérsela a su prima? Permítame decirle, lady Catherine, que los argumentos en que ha apoyado usted su extraordinaria exigencia han sido tan frívolos como irreflexiva la exigencia.
(Jane Austen, Orgullo y prejuicio)

 

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Kim Robetti, Promesa

 

– No es ahora ocasión de hablar de eso – contestó ella evitando aquellas ardientes miradas, y los brazos que trataban de estrecharla. – ¿Pues, cuándo? – fue la fogosa pregunta de él.
– Cuando Teodoro haya sido arrojado de Montferrato.
-¿Eso es una promesa, Valeria?…
Dejándose llevar por la exaltación, contestó ella: – El hombre que consiga el triunfo de nuestra causa, podrá pedirme lo que quiera. ¡Lo juro!
(Rafael Sabatini, Bellarión)

 

prométeme connie Chadwell

Connie Chadwell, Prométeme

Visora, los desengaños
sonaron locos hechizos
en mí de promesas vanas,
que ya sepulta el olvido.
No más crédito engañoso,
no llantos de cocodrilos,
pues escapé, gloria al cielo,
seguro de sus peligros.
El emperador te adora;
es mi señor, yo le sirvo;
tú eres suya de derecho,
por despojo le has cabido.
No afrentan deshonras reales;
pues tu fortuna lo quiso,
ama al César, y perdona.
(Tirso de Molina, El mayor desengaño)

 

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Steve Atkinson, Promesa

¡Señor Cornelius!
¡Oh! Puedes tomarlos, Rosa, no causas ningún mal a nadie, niña mía. Estoy solo en el mundo; mi padre y mi madre han muerto; no he tenido nunca hermana ni hermano; no he pensado nunca en enamorarme de nadie, y si alguien se ha enamorado de mí, no lo he sabido jamás. Por otra parte, ya puedes ver, Rosa, que estoy abandonado, ya que en esta hora solamente tú estás en mi calabozo, consolándome y socorriéndome.
Pero, señor, cien mil florines…
¡Ah! Seamos formales, querida niña dijo Cornelius . Cien mil florines serán una hermosa dote a tu belleza; obtendrás los cien mil florines porque estoy seguro de mis bulbos. Los tendrás pues, querida Rosa, y no os pido a cambio más que la promesa de que te cases con un muchacho valiente, joven, al que ames y que te ame tanto a ti como yo amaba las flores.
(Alejandro Dumas, El tulipán negro)

Eclipses

tablilla babilónica

Tablilla babilónica que contiene un listado de eclipses.

La inscripción en una tablilla encontrada en Ugarit (actual Ras Shamra en Siria) ha sido interpretada como el registro de un eclipse ocurrido el 5 de marzo del año 1223 a. de C. Esto la convertiría en el registro más antiguo conocido de un eclipse.

Un eclipse es un evento astronómico que ocurre cuando un objeto astronómico es oscurecido temporalmente, ya sea porque pasa por la sombra de otro cuerpo o porque otro cuerpo pasa entre él y el espectador.
Desde el punto de vista de nuestro planeta, los eclipses pueden ser solares, cuando la sombra de la Luna pasa sobre la superficie de la Tierra, o lunar, cuando la Luna se mueve dentro de la sombra de la Tierra.

Paul Jacob Naftel 1870 eclipse painting - Le Conte

Paul Jacob Naftel, Eclipse

Efectivamente, es cierto que el sol se eclipsa por la interposición de la luna, la luna por la intercalación de la tierra,y ambos eclipses son equivalentes,ya que con su respectiva interposición la luna quita a la tierra (y la tierra a la luna) los mismos rayos de sol; también, que al introducirse la luna, se originan inmediatamente las tinieblas y, a su vez, el tal astro se oscurece por la sombra de la tierra; asimismo, que la noche no es otra cosa que la sombra de la tierra, pues la forma de la sombra es similar a un cono o a una peonza con el pico hacía arriba porque cae sobre la luna exclusivamente por su punta y no excede su altura, siendo así que ningún otro astro se oscurece del mismo modo y que una figura como ésa siempre termina en punta.
(Plinio el viejo (siglo I), Historia Natural)

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Robin Samiljan, Eclipse lunar

GLOSTER. Los recientes eclipses de sol y de luna no nos auguran nada bueno. Aunque la razón natural lo explique de uno u otro modo, el afecto sufre las consecuencias: el cariño se enfría, la amistad se quebranta, los hermanos se desunen; en las ciudades, revueltas; en las naciones, discordia; en los palacios, traición; y el vínculo entre el hijo y el padre se rompe. Este canalla de hijo encaja en el augurio: es el hijo contra el padre. El rey traiciona un instinto natural: es el padre contra el hijo.
(William Shakespeare, El rey Lear)

 

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W. Kranz, Eclipse

-No veo ninguna razón para suponer tal cosa -replicó-. Los eclipses siempre llegan a su tiempo. Al menos, esa es mi experiencia con ellos, y el calendario dice explícitamente que será visible en África. He hecho unos cálculos lo mejor que he podido, sin conocer nuestra posición exacta, y supongo que el eclipse empezará aquí alrededor de las diez mañana por la noche, y durará hasta las doce y media. Durante una hora y media, o quizá más, la oscuridad será absoluta.
-Bien -dijo sir Henry-, supongo que debemos correr ese riesgo.
Yo asentí, aunque tenía mis dudas, porque los eclipses no son ninguna tontería, y envié a Umbopa a llamar de nuevo a los jefes.
(Henry R. Haggard, Las minas del rey Salomón)

 

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Carmen Guedez, Eclipse

Miré entonces hacia arriba y entonces me di cuenta de que el monje se había quedado inmóvil, petrificado. Como siguiendo un mismo impulso, la multitud se levantó lentamente y se quedó mirando hacia el cielo. Seguí la dirección de sus miradas y vi, tan cierto como que dos y dos son cuatro, ¡que mi eclipse estaba comenzando! La vida volvió a hervir en mis venas. ¡Era un hombre nuevo! La franja negra se propagó poco a poco dentro del disco solar, mi corazón latía cada vez más de prisa, mientras los concurrentes y el sacerdote seguían mirando fijamente hacia el cielo, inmóviles. Sabía bien que sus miradas se volverían hacia mí en seguida. Cuando así ocurrió, estaba preparado: había adoptado de las actitudes más grandiosas de todo mi repertorio el gesto hierático, el brazo extendido señalando el sol. El efecto resultaba sublime.
(Mark Twain, Un yanqui en la corte del rey Arturo)

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Antonie Caron, Astrónomos estudiando un eclipse

 

 

Calculan el año por las revoluciones del sol y de la luna, pero no lo subdividen en semanas. Conocen bien los movimientos de esos dos luminares y comprenden la teoría de los eclipses. Esto es lo más a que alcanza su progreso en astronomía.
(Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver)

 

 

 

eclipse

Eclipse

 

 

 

¿Ves aparecer su cara, que, a pesar del velo, brilla tanto como la luna en el horizonte?
¡Su esplendor alumbra la sombra de los templos en donde se la adora, y el sol entra en tinieblas cuando ella pasa!
¡Su frente eclipsa a la rosa y su mejilla a la manzana! ¡Y su mirada expresiva conmueve al pueblo y le encanta!
¡Por ella, si un mortal la viese, sería víctima del amor y se abrasaría en los fuegos del deseo!
(Las mil y una noches)

 

Las Sabinas

 

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Nicholas Poussin, El rapto de las Sabinas

El 1° de marzo del año 752 a.de C, Rómulo, el legendario primer rey de Roma celebró el primer Triunfo Romano después de su victoria sobre los Caeninenses, tiempo después del episodio conocido como el Rapto de las Sabinas.

Este episodio es legendario y ocurrió porque Rómulo y sus seguidores necesitaban mujeres para formar familias. Entraron en negociaciones con sus vecinos los sabinos pero estos se negaron a proporcionarles mujeres. A consecuencias de esta negativa, los romanos tomaron a las mujeres por la fuerza. Cuando años después se enfrentaron romanos y sabinos, las mujeres sabinas, ahora esposas y madres de romanos, se interpusieron entre los combatientes y lograron que se estableciera la paz. Este episodio ha sido objeto de numerosas representaciones artísticas.

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Jacopo Ligozzi, El rapto de las Sabinas

Además de las pinturas, algunas de las cuales son presentadas aquí, también se han realizado esculturas como la muy famosa de Giambologna. En el cine se pueden nombrar: Siete novias para siete hermanos (1954) inspirada en la historia, la película española El rapto de las Sabinas (1962) y The rape of the sabine women del 2006.

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Charles Christian Nahl, El rapto de las Sabinas-el cautiverio.

Fue entonces cuando las Sabinas, cuyos secuestro había llevado a la guerra, despojándose de todo temor mujeril en su aflicción, se atrevieron en medio de los proyectiles con el pelo revuelto y las ropas desgarradas. Corriendo a través del espacio entre los dos ejércitos, trataron de impedir la lucha y calmar las pasiones excitadas apelando a sus padres en uno de los ejércitos y asus maridos en el otro, para que no incurriesen en una maldición por manchar sus manos con la sangre de un suegro o de un yerno, ni para legar a la posteridad la mancha del parricidio. «Si», gritaron, «están hastiados de estos lazos de parentesco, de estas uniones matrimoniales, vuelquen su ira sobre nosotras; somos nosotras la causa de la guerra, somos nosotras las que han herido y matado a nuestros maridos y padres. Mejor será para nosotras morir antes que vivir sin el uno o el otro, como viudas o huérfanas». Ambos ejércitos y sus líderes fueron igualmente conmovidos por esta súplica. Hubo un repentino silencio y apaciguamiento. Entonces los generales avanzaron para disponer los términos de un tratado. No sólo resultó que se hizo la paz; ambas naciones se unieron en un único Estado, el poder efectivo se compartió entre ellos y la sede del gobierno de ambas naciones fue Roma.
(Tito Livio, Historia de Roma)

 

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Jacques-Louis David, La intervención de las Sabinas

Rómulo, en primer lugar, haciendo robar ochocientas o pocas menos, no las tomó todas para sí, sino solamente a Hersilia, según se dice, y las demás las distribuyó a los principales ciudadanos; además de esto, tratando después con estimación y amor e igualdad a las mujeres, hizo ver que aquella primera violencia e injuria se había convertido en una acción honesta y en un medio muy político de unión: ¡tan íntimamente enlazó y estrechó a las dos naciones entre sí, y tan bello origen dio de benevolencia y poder a la república!
Pues de la reverencia, amor y consistencia que imprimió a los matrimonios, el tiempo mismo es testigo; porque en cerca de doscientos treinta años no hubo hombre que se resolviese a apartarse de la compañía de su mujer, ni mujer de la de su marido;
(Plutarco, Vidas Paralelas)

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Sebastiano Ricci, Batalla entre Romanos y Sabinos