Ciego

Ciego(a) es la persona que carece del sentido de la vista.

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Arpista ciego, pintura egipcia del Imperio Medio

Y le dije: “Por Alah, ¡oh derviche! si no quieres que me separe de ti con el corazón descontento por cosa tan fútil, después de tantas de importancia como me has concedido, no tienes más que untarme el ojo derecho con esta pomada, pues yo no sabría. Y en verdad que no te dejaré más que con esta condición”.
Entonces el derviche se puso muy pálido y su rostro tomó un aire de dureza que no conocía yo en él, y me dijo: “Te vuelves ciego con tus propias manos”. Y tomó un poco de pomada y me la aplicó alrededor del ojo derecho y en el párpado derecho. Y ya no vi más que tinieblas con mis dos ojos, y me convertí en el ciego que ves, ¡ oh – Emir de los Creyentes!
Y al sentirme en aquel estado lamentable, volví en mí de pronto y exclamé, tendiendo los brazos al derviche: “Sálvame de la ceguera, ¡oh hermano mío!” Pero no obtuve ninguna respuesta, y se mantuvo él sordo a mis súplicas y a mis gritos, y le oí poner en marcha los camellos y alejarse, llevándose lo que había sido mi parte y mi destino.
(Las mil y una noches, 876° Noche)

En una palabra, Durrance se había quedado ciego. Contó el resto de su historia. Había ordenado a sus hombres que le llevaran a Uadi Halfa y luego, con el deseo de ocultar su desgracia todo el tiempo que le fuera posible, les había hecho prometer que guardarían silencio. Calder escuchó el relato hasta el fin y después se puso en pie.—Hay un médico. Es muy hábil y, para ser un sirio, sabe mucho. Le traeré aquí en secreto y veremos lo que dice. Tal vez su ceguera sea temporal.Sin embargo, poco después, el médico sirio hizo una mueca y sacudió la cabeza. Aconsejó que Durrance marchara inmediatamente a El Cairo. Era caso para un especialista. Él, personalmente, vacilaría antes de emitir opinión, aunque, naturalmente, siempre existía la esperanza de que se curara.
(A. E. W. Mason, Las cuatro plumas)

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John Everett Millais, La niña ciega

El torrente que antaño que bajaba a la llanura en anchurosa vena desciende hoy repartido por entre rocosas hendiduras, y el recuerdo, transmitido de generación a generación, de las palabras torpes v sugeridoras del desterrado, creó la leyenda de que una raza de hombres ciegos existía en un lugar arcano de la montaña; leyenda que se hubiera convertido en mito si una casualidad milagrosa no la hubiese, hace poco, revelado en todo su horror. Mientras tanto, la misteriosa enfermedad siguió el curso terrible de sus estragos afligiendo a los habitantes de la aislada colonia.
La vista de los ancianos se debilitó hasta obligarlos a ayudarse con el tacto para todos sus menesteres; la de los jóvenes fue decreciendo Y tornándose confusa, y los recién nacidos vinieron ya al mundo sin vista.
(H. G. Wells, El país de los ciegos)

 

caton woodville recuerdos

Caton Woodville, Recuerdos

—Perdone usted, señorita —dijo—. Mi pregunta va a parecerle absurda; pero, en realidad, no puedo formularla de otro modo. ¿Hay aquí una señorita que se llama Maisie?
—¿Maisie? ¡Yo soy! —respondió una voz fresca que resonó en el fondo de un ancho sombrero de paja.
—Entonces, es preciso que yo haga mi presentación —dijo él, en tanto que su caballo piafaba, levantando una espesa nube de polvo blanco—. Me llamo Torpenhow. Dick Heldar es mi mejor amigo y… y… debo decirle que se ha quedado ciego…
—¿Ciego? —preguntó Maisie, sin comprender—. No es posible. No puede estar ciego.
—Hará unos dos meses, sin embargo, que lo está por completo.
Maisie levantó el rostro, terriblemente pálido.
—¡Oh, no, no; ciego no!… ¡No quiero que esté ciego!…
(Rudyard Kipling, La luz que se extingue)

 

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N. C. Wyeth, El ciego Pew

Recordaba el martes como un día de confuso malestar y de un increíble dolor de cabeza. A
eso de las cuatro de la tarde ya no aguantó más. Tocó el timbre. Y ordenó que la dejaran tranquila aunque se anunciasen cometas, terremotos, o aun el mismo día del juicio. Después de ese ultimátum se tomó una fuerte dosis de píldoras somníferas que en su estómago vacío actuaron con la eficacia de un knock-out.
Desde entonces no se había enterado de nada hasta esa mañana, su padre la despertó entrando en la habitación llevándose los muebles por delante.
—Josella —estaba diciendo, —en nombre de Dios llama al doctor Mayle. Dile que estoy ciego, totalmente.
Josella se había asombrado al advertir que ya eran las nueve. Se levantó de un salto y se vistió apresuradamente. La servidumbre no había respondido ni a sus llamados ni a los de su padre. Cuando dio con ellos descubrió horrorizada que también estaban ciegos.
(John Wyndham, El día de los trífidos)

strogoffApareció el verdugo. Esta vez llevaba su sable desnudo en la mano, pero este sable, al rojo vivo, acababa de retirarlo del rescoldo de carbones perfumados que ardían en el recipiente.
¡Miguel Strogoff iba a ser cegado, siguiendo la costumbre tártara, pasándole una lámina ardiendo por delante de los ojos!
El correo del Zar no intentó resistirse. ¡Para sus ojos no existía nada más que su madre, a la que devoraba con la mirada! ¡Toda su vida estaba en esta última visión! Marfa Strogoff, con los ojos desmesuradamente abiertos, con los brazos extendidos hacia él, lo miraba…
La lámina incandescente pasó por delante de los ojos de Miguel Strogoff.
Oyóse un grito de desesperación y la vieja Marfa cayó inanimada sobre el suelo.
Miguel Strogoff estaba ciego.
(Julio Verne, Miguel Strogoff)

 

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Alvar Cawen, El músico ciego

Egil acabó por volverse completamente ciego. Un día de invierno, cuando el tiempo era frío, Egil se acercó al fuego para calentarse; los criados de la cocina dijeron entre sí que era increíble que un hombre como había sido Egil estuviera a sus pies impidiéndoles hacer su trabajo.
«Dejadme en paz -dice Egil- si me agacho junto al fuego. No nos enfademos por la falta de sitio.»
«Ponte en pie -dice una sierva- y vete a tu cuarto y déjanos trabajar.»
Egil se levantó y se fue a su cuarto, y dijo:
            Me tambaleo cuando voy
            ciego a sentarme al fuego,
            piedad de mujeres pido,
            en mis ojos llevo penas,
            aunque un rey me dio oro
            y un príncipe feroz tuvo
            placer, y se ablandó,
            por palabras que yo dije.
Una vez, también, cuando Egil iba a calentarse junto al fuego, un hombre le preguntó si tenía frío en los pies, y le dijo que no se estirara hasta ponerlos en el fuego. «Así será -dice Egil-, pero difícil me ha de resultar controlar mis pies, pues no veo; ¡es tan horrible estar ciego!»
(Snorri Sturlusson, Saga de Egil Skallagrimssom)

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16 comentarios en “Ciego

  1. Pensé que ibas referirte a Homero, de quien se decía que era ciego.

    Recuerdo esa historia de las mil y una noches.

    Conozco esa historia de E día de los trifidos por una adaptación al cine.

    Y tengo que leer esa historia de H.G. Wells, quien aludió a la ceguera en El hombre invisible, quien llega a evitar a un ciego, por sus otros sentidos más desarrollados.

    Leiste libros que yo no.

    Saludos.

    • Traté de poner personajes literarios, Homero quedó fuera por el “dicen que era ciego”, lo mismo que en el caso de Belisario, “dicen que lo cegaron”).
      Hay dos adaptaciones al cine de “El día de los trifidos”, la primera de 1963 y la segunda del 2009, esta última algo deficiente para mi gusto. Recomiendo el libro.
      La historia de “Las mil y una noches” es la del ciego que pedía que lo abofetearan.

  2. Muy bien documentado en tus razonamientos de la ceguera en este caso física, para mi la peor es de los que ven, pero no quieren ver; “No es más ciego el que no ve, sino el que no quiere ver”. Magnifico trabajo amigo, has echo que recuerde a personajes que en ocasiones había leído.

    Te mando un fuerte abrazo y pasa una feliz semana.

  3. Espectacular selección de textos, una vez más! Me han encantado todos pero el de Kipling y el de las Mil y una noches por demás.
    Muy buenas obras acompañan las letras, las completan.
    Todo tipo de ciegos, por elección, por desgracia, por naturaleza. Los peores son los que pueden ver, pero no lo hacen.
    Un abrazo.

  4. Que buena selección, los textos son magníficos. Dicen que la necedad es igual que la ceguera.
    Me encanta leer a H. G. Wells sus relatos de ciencia ficción me han acompañado desde siempre, sus obras son impresionantes. El día de los trífidos, es una obra maravillosa, que teniendo en cuenta fue escrita cuando aún no se había explotado la ciencia ficción por otros escritores. Miguel Strogoff de Julio Verne aún no he leído pero está en mi lista de espera. Las imágenes son bellas. Un placer leer tu entrada.
    Beso

  5. Todo un tratado sobre la ceguera. Volveré sobre algunos párrafos más adelante, los considerobastante interesantes,.
    Gracias y un beso.

  6. Mira, yo vengo aquí y la verdad aprendo mucho. Algunas cosas las conozco, otras son un auténtico descubrimiento. Así que solo me queda darte de nuevo las gracias.

    Un beso enorme.

  7. ¡Cuánto disfruto cuando llego aquí! …y aprendo. Algunos autores como Verne o Kipling me encantan, y hace mucho que no leo nada de ellos, o releo. Los otros no los conocía y me han encantado, con lo cual sigo agregando títulos a mi interminable lista de “libros a leer”… creo que tendré que pedir unas dos vidas más!!!

    Un beso grande.

  8. No puedo menos que acordarme de algunos poemas de Borges sobre la ceguera y del tango “La cieguita”
    Me llama la atención (y no debería, ya que es un consuelo para el ciego) que en las diferentes pinturas que pusiste aparecen tres instrumentos musicales diferentes

    Abrazo!

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