Mara

maraCuando el señor Mortímer me llamó a su oficina para encargarme un trabajo, según él de la máxima importancia y extrema confidencialidad, debo reconocer que me sentí orgulloso. Seguramente el jefe, con su experiencia, conocía bien el efecto que podían tener las palabras ampulosas y grandilocuentes sobre el más joven del equipo de abogados de Sheffield & Mortimer, es decir, yo, porque la verdad es que en ese momento me sentí capaz y decidido a dejarme el pellejo en la delicada misión, si fuese necesario, por la gloria y el prestigio de tan antigua firma.
La misión se veía fácil, localizar a una heredera para que se hiciera cargo de un cuantioso legado del que Sheffield & Mortimer es albacea. La última dirección conocida estaba en París, por lo que el trabajo, además de fácil, podía favorecerme con evidentes ventajas.
Los problemas comenzaron cuando no me fue posible encontrar a la famosa heredera. Según me informaron en el Hotel Daval, donde se suponía alojada, la dama en cuestión había partido a Roma la semana anterior. Gracias a un incentivo, que esperaba poder cargar a gastos, pude enterarme de que había reservado en el Prati del Castello. La molestia producida por el frustrado paseo en París se transformó en algo de entusiasmo en vista de que podría visitar la Basílica de San Pedro, ubicada a unos cuantos pasos del hotel, según me dijeron.
Pero no pudo ser, la fulana ya no se encontraba en el lugar, y comencé allí una tenaz persecución siguiendo su rastro a Viena y de ahí a Praga, Budapest y Sofía, para caer finalmente en el espantoso aeropuerto de Sheremetievo en Moscú, donde tuve que esperar un día entero por un vuelo a Kazajistán.
Almaty también fue una decepción y ahora, profundamente desanimado, y dispuesto a presentar mi renuncia indeclinable a Sheffield & Mortimer apenas regrese a Londres, me encuentro en un avión destartalado rumbo a Singapur, con escalas en Biskek, Dusanbé, Timbú, Katmandú y Bangkok.
Mientras intento llamar la atención de la azafata, a quien parece que entrenaron para no sonreir jamás, leo de nuevo el nombre de la escurridiza y desagradable heredera de la tía Ágatha. Más que nombre parece una maldición, Mara Laira…

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13 comentarios en “Mara

  1. He leído otros relatos y basándome en las definiciones que han hecho de ella tiene suerte el representante de la firma de abogados de no encontrarla. Lo mejor el nombre de la tía de la legataria. Un abrazo

    • Al parecer existe un pequeño malentendido, ya que no aparece en el relato la palabra fortuna. Hay quienes afirman que escucharon decir a miss Priscilla Porter, prometida de Percival Smith-Jones, ex empleado de Sheffield & Mortimer, actualmente internado en una clínica de reposo en Bath, que el cuantioso legado consiste en 24 gatos, cinco de ellos de raza persa, además de un loro llamado Mathew qué, debido a que perteneció originalmente a una profesora de Literatura Inglesa, es capaz de recitar los 154 sonetos de Shakespeare.

  2. Oh, no sabía que habías vuelto a publicar. me alegra un montón.
    hay que ser un gran artista para meterse en un personaje de ficción creado por otra persona.

    Un abrazo y tu cafelito.

  3. Basándome en lo que voy conociendo de Mara Laira, no me extraña en absoluto ese ajetreo. Son las ventajas de pertenecer a dos mundos distintos y distantes.
    Enhorabuena por el relato.
    Un abrazo.

  4. Me ha encantado la trama de tu relato. Pobre hombre pasar toda esa odisea para venir a encontrarla en su último vuelo. No me esperaba ese genial final. =)
    Abrazo

  5. Recorrer el mundo tratando de alcanzar a quien cada vez más demuestra ser ‘inalcanzable” jeje…Esta inefable Mara ha desplegado mil y una faceta distinta ante nuestros intentos jueveros de describirla y ‘atraparla”
    =)
    Un abrazo

  6. Una trama muy bien lograda, un abogado que no logra dar caza a una heredera viagera y escurridiza y que acaba agotado, se nota que no conoce bien a Mara Laira. Muy buen escrito, besos.

  7. Interesante relato. Tiene algo de lo que le gusta al Demiurgo en No lo soporto: azafatas.
    Por un momento me hizo recordar al videojuego Carmen Sandiego.
    Creo que esta historia debería continuar.

    Abrazo!

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