Samarcanda

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Sello de Samarcanda

Samarkanda es una ciudad de Uzbekistán, en el Asia Central. Es una de las ciudades más antiguas de esa zona geográfica que aun se encuentra habitada. En el siglo XIV fue la capital de Tamerlán. Existe evidencia de actividad humana desde el Paleolítico tardío y se estima que Samarcanda fue fundada entre los siglos VIII y VII a.de C. Siendo capital de la Satrapia Sogdiana, fue tomada por Alejandro Magno, cuando era conocida como Marakanda.
Samarcanda tuvo una gran importancia comercial por estar situada en la Ruta de la Seda, entre China y el Mediterráneo.

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V. Verestschagin, Shaki-Sindha

Afirman que Alejandro fundó ocho ciudades en la Bactriane y en la Sogdiane, pero que también destruyó algunas como Cariatas de la Bactriane, donde Calístenes había sido capturado y encarcelado, Maracanda (Samarcanda) de la Sogdiane y Cira, la última fundación de Ciro, situada a orillas del río Yaxartes, que formaba la frontera con el imperio persa;
(Estrabón, Geografía)

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Dmitri Ivnitki, Samarcanda


Lo acompañan todos los nobles del Islam vestidos con prendas finas y montando en caballos, los príncipes de Arabia, los príncipes de Togarma y Daylam (Gilan) y los príncipes de Persia, Media y Ghuzz, y los príncipes de la tierra de Tíbet , que está a tres meses de distancia, y hacia el oeste de los cuales se encuentra la tierra de Samarcanda. (…)

Él se llama Sultan-al-Fars-al-Khabir en árabe (el poderoso soberano de Persia), y es él quien gobernaba desde el río Samara a la ciudad de Samarcanda, y al río Gozán, y las ciudades de Media y la montañas de Chafton.
(Benjamín de Tudela, Itinerario)
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Johanne Leonhart, Mercado matutino en Samarcanda

El viernes, veintiuno de noviembre, los embajadores partieron de aquí, de Samarcanda, siguiendo un camino rápido, llano y habitado. Durante seis días de viaje encontraron un país muy poblado, que se les proporcionó todas las cosas que necesitaban, como vivienda y alimentación, y el jueves veintisiete de noviembre llegaron a una gran ciudad cuyo nombre es Bukara.
(Diario de la embajada castellana a Tamerlán)

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Daniel Smith, Samarcanda

En lo alto de la colina de Tsjopane vi una especie de terraplenes de tierra, donde, supuse, habían estado las baterías enemigas. Yo quería examinarlas más de cerca. En lo alto, de repente me encontré de pie, y mucho me llamó la atención el panorama que se desplegaba ante mis ojos.
Samarcanda estaba allí para mí, en una corona de jardines y arboledas. Por encima de sus jardines de recreo y las casas antiguas, las mezquitas se levantaban soberbias, majestuosas. Yo, el desconocido del norte, entraría por las puertas de la famosa ciudad, ¡Samarcanda, la capital de Timur el Cojo!
(Vasili Vasilevich Vereshagin, De Orenburgo a Samarcanda)

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Vasili Verestschagin, Mezquita de Shir-Dor

Dulce cabalgar por la tarde desde los manantiales 
cuando las sobras son gigantes en la arena,
y suavemente a través del silencioso sonar de las campanas
A lo largo del Dorado Camino a Samarcanda.
No viajamos solo por comerciar;
Los ardientes vientos encienden nuestros fieros corazones:
del deseo de conocer lo que no será conocido,
tomamos el Dorado Camino a Samarcanda.
¡Abre la puerta, oh, guardián de la noche!
Ah, viajeros, está abierta. ¿Por qué tierra
dejaron ustedes la suave luna de la ciudad de las delicias?
¡Nosotros tomamos el Dorado camino a Samarkanda!
¿Qué hay acerca de ustedes, señoras?. Siempre ha sidó así.
Los hombres son insensatos y extraños.
Ellos tienen sus sueños y no piensan en nosotras.
Tomamos el Dorado Camino a Samarcanda.
(James Elroy Flecker, La historia de Hasán de Bagdad)

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Richard Zommer, Samarcanda

En este país hay cristianos nestorianos, que tienen su Iglesia y su credo. Los de la provincia hablan un idioma propio. En su totalidad se recorre en cinco jornadas. Dejémosla para tratar de Samarcanda.
Samarcanda es una grande y noble ciudad. Los habitantes son cristianos y sarracenos, y son vasallos del sobrino del Gran Khan, que, no obstante, no es su amigo, pues varias veces ha probado su enemistad hacia él. Es el verdadero amo.
(Marco Polo, Viajes)

¡En cuanto al príncipe Hossein, que era el más joven de los tres príncipes, te ruego ¡oh rey afortunado! que acerques a mí tu oído, pues he aquí lo que le aconteció!
Después de un largo viaje que nada tuvo de extraordinario verdaderamente, llegó a una ciudad que le dijeron era Samarcanda. Y en efecto, era Samarcanda al-Ajam, la propia ciudad en que ahora reina tu glorioso hermano Schahzamán, ¡oh rey del tiempo! Y al día siguiente al de su llegada el príncipe Hossein se presentó en el zoco, que en la lengua del país se llama Bazar. Y aquel bazar le pareció muy hermoso.
(Las mil y una noches, 809° Noche)

adrian Gorlanov primavera en samarkanda

Adrian Gorlanov, Primavera en Samarcanda

En los llanos alrededor de Samarcanda hay muchas aldeas muy pobladas con gentes que el gran Señor hizo venir de otras tierras conquistadas. Toda esa extensión circundante es territorio muy abastecido de todas cosas, así de pan como de vino, carne, frutas, aves y carneros muy grandes, y hay de éstos tantos que pueden comprarse dos por un ducado. En cuanto al cereal, la cebada tiene tan gran mercado que por medio real dan fanega y media; y de arroz, hay tanto que es infinito. Y por esta abundancia pusieron a la ciudad el nombre de Samarcanda, que significa «aldea rica», aunque otra versión dice que procede de Maracanda, que era como se llamaba antiguamente, cuando fue conquistada por Alejandro Magno.
(Fernando Martínez Laínez, Embajada a Samarcanda)

Franz Roubaud - Market Street near the Registan Square, Samarkand

Franz Roubaud, Calle del Mercado en Samarcanda

El Mar Euxino, al norte de Anatolia, el Mediterráneo al oeste, el Caspio al este y al sur el Golfo Arábigo, aportarán los marciales trofeos que con nosotros llevaremos a Persia. Haremos luego que mi Samarcanda nativa, cuyo señorial asiento bañan las olas de cristal del Jaertis, sea famosa en los más remotos
continentes, porque allí construiré mi palacio real, cuyas brillantes torres ofuscarán a los cielos y mandarán al infierno la fama de la torre de Ilion. Por las calles, con tropeles de reyes vencidos, cabalgaré con una armadura cual el sol dorada y en mi yelmo campeará un triple penacho incrustado de diamantes que centellearán en el aire advirtiendo que soy el emperador de los tres mundos.
(Christopher Marlowe, Tamerlán el Grande)

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León Bennet, Ilustración para Claudio Bombarnac

Nuestro itinerario nos conduce frente al gran bazar de Samarkanda. El arba se detiene en una de las entradas de la vasta rotonda, después de haber atravesado una parte de la ciudad vieja, cuyas casas sólo tienen planta baja, sin apariencia alguna de comodidad.
He aquí el bazar, donde están acumulados, en cantidad enorme, tejidos de lana, moquetas de vivos colores, chales de lindo dibujo, todo arrojado en confuso montón sobre el mostrador. El comprador y el vendedor regatean acaloradamente. Entre aquellas telas veo un tisú de seda llamado kanaus, que parece muy solicitado por los elegantes de Samarkanda, aunque sea inferior en cualidad y en colores a los productos similares de Lyon.
Sin embargo, la señora Caterna parece atraída como lo sería ante los escaparates del Bon Marché o del Louvre.
(Julio Verne, Claudio Bombarnac)

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