El Puente de Brooklyn

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Emily Warren Roebling

El puente de Brooklyn, originalmente conocido como el New York and Brooklyn Bridge o como el East River Bridge, fue abierto al uso público el 24 de mayo de 1883.
Mantuvo durante muchos años el record del puente colgante más largo del mundo, su estilo arquitectónico es neogótico y se convirtió en un icono de la ciudad de Nueva York.
El diseño original fue realizado por John Augustus Roebling, quién murió a consecuencias de un accidente mientras supervisaba la construcción. Continuó el trabajo su hijo Washington Roebling. Después de que Roebling sufrió un accidente de descompresión que lo dejó incapacitado, su esposa, Emily Warren Roebling estudió matemáticas avanzadas y cálculo, de manera que pudo convertirse en su asistente en la supervisión de la construcción del puente. Es considerada una persona fundamental en el éxito obtenido por esta gran obra de ingeniería.

viktor schreckengost

Viktor Schreckengost

Palpita en estos días más generosamente la sangre en las venas de los asombrados y alegres neoyorkinos: parece que ha caido una corona sobre la ciudad, y que cada habitante la siente puesta sobre su cabeza: afluye a las avenidas, camino de la margen del Rio Este, muchedumbre premiosa, que lleva el paso de quien va a ver maravilla: y es que en piedra y acero se levanta la que fue un dia una ligera en la punTa del lápiz de un constructor
atrevido: y tras de quince años de labores, se alcanza al fin, por un puente colgante de 3.455 pies, Brooklyn y New York.
(José Martí, El puente de Brooklyn)

leonid afremov

Leonid Afremov

El señor Ito estaba señalando el Puente de Brooklyn. —¿El… eh… puente, señor Ito? —atiné a decir con sobriedad. Por lo que sabía, el Puente de Brooklyn tenía un solo atributo histórico: era el blanco de una serie de bromas tan antiguas que ya no causaban gracia. El Puente de Brooklyn era lo que los estafadores de las viejas historietas vendían tradicionalmente a los turistas incautos, a los patanes y a los despistados, junto con partidas de uranio falso y ladrillos pintados de oro.
—¿Quiere comprar el Puente de Brooklyn, señor Ito? —dije sin poder contener una nota irónica. Era tan hermoso; me había hecho pasar las de Caín, y por último se había puesto tan por encima de todo, y ahora yo lo estaba llamando idiota en la cara y no lo sabía.
De hecho, me respondió cabeceando ansiosamente como el fulano cándido de una vieja broma y dijo: —Por cierto. ¿Está en venta?
(Norman Spinrad, Una cosa bella)

max lanchak

Max Lanchak

Tiendo a advertir las ruinas en las cosas, quizás porque nací en Italia… Llegué acá a mis veinticinco. En esos días, Al Capone, el cartaginense más famoso, aprendía su oficio en este empedrado, y el mismísimo Frankie Yale fue partido al medio por una ráfaga de ametralladora en la esquina de Union Street, a sólo dos cuadras de acá.
Hubo muchos aquí que fueron baleados justamente por hombres injustos. Acá la justicia es muy importante.Pero esto es Red Hook, no Sicilia. Y el barrio enfrenta la bahía de este lado del Puente de Brooklyn, el que da al mar. Éstas son las fauces de Nueva York tragándose los tonelajes del mundo. Y ahora somos casi civilizados, casi norteamericanos. Ahora transo por la mitad, y eso me gusta más. Por eso ya no guardo un revólver en mi escritorio. Y mi trabajo carece de todo romanticismo.
(Arthur Miller, Panorama desde el puente)

marcel duchamp

Marcel Duchamp

Mingus estaba escribiendo una novela, envolviendo mi incomodidad con su calidez de viejo narrador. No tenía sentido, solo era un regalo que acepté agradecido. No mencionó la naturaleza peculiar del escenario de nuestro reencuentro, pese a que su espectáculo tenía que pasar por un intercomunicador. El escenario no lo soportaba. Su sonrisa era cálida, el aspecto radiante de Mingus del otro lado del plexiglás parecía indicar que poseía una visión binocular que excluía los alrededores. Recordé cómo la ciudad había retrocedido ante nosotros al subir al paseo del puente de Brooklyn a contemplar las pintadas de las paredes y pensé entonces que aquel siempre había sido uno de los talentos de Mingus.
(Jonathan Lethem, La fortaleza de la soledad)

anne gifford

Anne Gifford

La primera película que vi en mi vida, que era un noticioso que mostraba el puente de Brooklyn y un chino con su coleta caminando sobre el puente bajo la lluvia. Tenía solamente siete u ocho años cuando vi esta película en el sótano de la vieja iglesia presbiteriana de Brooklyn, en la calle Tres al sur. Después vi centenares de películas en las que siempre parecía llover y siempre se desarrollaban terribles persecuciones, se derrumbaban las casas y la gente desaparecía a través de una puerta trampa, y se arrojaban tortas, y la vida humana era cosa de poco valor, y faltaba totalmente la dignidad humana.
(Henry Miller, El ojo cosmológico)

  • En la portada: El puente de Brooklyn, de Luis Domingo García.
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