San Petersburgo

El 27 de mayo del año 1703, Pedro el Grande, zar de Rusia, fundó la que sería su nueva Capital, la ciudad de San Peterburgo (Sankt Petersburg). El motivo de la fundación fue la necesidad que tenía Rusia de salir a Occidente por un puerto mejor que el de Arkangelks, que queda cerrado por los hielos durante el invierno.
Al iniciarse la Primera Guerra Mundial, en 1914, el zar Nicolás II determinó cambiar el nombre de la ciudad a Petrogrado (un nombre que Pushkin había propuesto en uno de sus poemas), eliminando las palabras alemanas Sankt y burg. En 1924, días después de la muerte de Lenin, la ciudad cambió de nuevo de nombre para pasar a llamarse Leningrado. En 1991 un referendum decidió que la ciudad retomase el nombre original de San Petersburgo.
Geograficamente San Petersburgo está situada en la desembocadura del rio Neva en la Bahía de Neva en el Golfo de Finlandia. Ha sido apodada La ciudad de las tres revoluciones, La Venecia del Norte y Palmira del Norte. El erudito Lomonosov la apodó Petrópolis.

Artemis Artists Association St Petersburg Church of the Resurrection

Artemis Artists, Iglesia de la Resurrección

Después de un silencio misterioso del telégrafo, que duró unos dos o tres días, empezaron a llegar las primeras noticias de los sucesos de Petrogrado, noticias confusas y caóticas. Una emoción vivísima se adueñó del pueblo obrero de Nueva York, formado por tantas razas. La gente quería, y a la vez temía, esperar. La Prensa americana estaba en la más lamentable desorientación. De todas partes afluían a la Redacción del Novii Myr periodistas, interviuvadores, informadores, repórters. Durante algunos días, nuestro periódico fué el blanco de la expectación  toda la Prensa neoyorquina. De las redacciones y organizaciones socialistas nos estaban telefoneando a cada momento.
(León Trotsky, Mi vida)

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Ferdinand.Viktor Perrot, Catedral de San Nicolás

Conservo un recuerdo particularmente vivo de cierta noche en el barracón de los infecciosos. No era una noche como las demás, sino una noche blanca. Una de las últimas noches blancas del aquel año. No se parecía en nada a las de Leningrado. Ni cielo dorado, ni moles de piedra adormecidas, como pretendía Pushkin. Se sentía, por el contrario, algo como primitivo, algo profundamente hostil al hombre en aquella extensión blanca y gelatinosa, donde parecían oscilar los contornos de las formas habituales: colinas, arbustos, edificios.
(Evgenia Ginzburg, El vértigo)

Petr vereschagin

Petr Vereschagin, San Petersburgo

Nuestro corresponsal en San Petersburgo informa de que ayer, a las seis y media de la mañana, en la calle Znamenskaya, se produjo una explosión que hizo saltar en pedazos uno de los pisos de la cuarta planta del edificio donde se ubica el lucrativo centro comercial del consejero Vartano. Tras personarse en el lugar, la policía descubrió el desfigurado e irreconocible cadáver de un hombre joven. El piso estaba arrendado a un tal
señor P., un tutor, a quien, según todos los indicios, correspondería el cuerpo encontrado. A juzgar por el aspecto que ofrecía, la vivienda podría haber sido utilizada como laboratorio químico clandestino. El consejero estatal Brilling, que dirige las pesquisas, mantiene la hipótesis de que en el piso se elaboraban ingenios explosivos para la organización terrorista de los nihilistas. La investigación continúa.
(Boris Akunin, El ángel caído)

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Ferdinand-Viktor Makovskiy, Festival en la Plaza Admiralteyskaya

A las once de la mañana siguiente, Vronsky fue a la estación del ferrocarril de San Petersburgo para esperar a su madre, y a la primera persona que halló en la escalinata del edificio fue a Oblonsky, el cual iba a recibir a su hermana, que llegaba en el mismo tren.
–¡Hola, excelentísimo señor! –gritó Oblonsky –. ¿A quién esperas?
–A mi madre –repuso Vronsky, sonriendo, como todos cuando encontraban a Oblonsky. Y, tras estrecharle la mano, agregó–: Llega hoy de San Petersburgo.
–Te esperé anoche hasta las dos. ¿Adónde fuiste al dejar a los Scherbazky?
–A casa –contestó Vronsky–. Pasé tan agradablemente el tiempo con ellos que no me quedaban ganas de ir a sitio alguno.
–Conozco a los caballos por el pelo y a los jóvenes enamorados por los ojos –declamó Esteban Arkadievich con idéntico tono al empleado con Levin.
(León Tolstoi, Ana Karenina)

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Alexander Semionov, Suvorovsky Prospekt

Aquel hombre, para quien la gran misión de Vittorin se había convertido en su destino, fumó su cigarrillo hasta el final guardando silencio. Luego preguntó:
—¿Conoce usted a nuestro Baratynski? ¿No conoce a Jevgeny Baratynski, sus elegías?
«Una vez fuiste, ciudad orgullosa, dominadora de la tierra.
Ahora, ante el esplendor de tus ruinas,
el peregrino se detiene sólo con gestos de queja.
¿Te abandonan los guardas valientes de la victoria?
Muda te elevas sobre el tiempo
cual sarcófago de generaciones muertas.»
Baratynski llamó a su elegía «Roma», pero hoy tendría que llamarse «San Petersburgo». Poseo el original de este
poema, escrito por la propia mano de Baratynski.
(Leo Perutz, ¿Adónde vas, manzanita?)

plaza del teatro

Artemis Artists, Plaza del Teatro

En la época de nuestro relato, los medios de transporte por las interminables llanuras de las provincias bálticas se reducían a dos, Coche correo o telega: no existía otro vehículo a disposición dé los viajeros. a menos que el viajero quisiera recorrerlas a pie o a caballo. Ferrocarril no había más que el que prestaba servicio por el litoral de Estonia, rodeando el golfo de Finlandia. Si Revel se encontraba en comunicación con San Petersburgo,
las otras dos capitales de Livonia y Curlandia, Riga y Mitau, no estaban unidas por línea férrea alguna con la capital del imperio ruso.
(Julio Verne, Un drama en Livonia)

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2 comentarios en “San Petersburgo

  1. Interesante la historia de la ciudad a través de su cambio de nombres, me aclara mucho las confusiones que me crearon los viejos mapas que tenía en la escuela. Curiosamente Leningrado es el que mejor suena en castellano, pero el que más desentona con el origen y fundación.

    Abrazo!

    • Después de tener tres nombres volvió al original, cosas de la politica, supongo. Tal vez Leningrado fue un buen nombre para una ciudad en la que comenzó la más grande de las revoluciones, San Petersburgo suena en realidad, más a pasado añejo que a otra cosa.

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