Ramsés II

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El 31 de mayo del año 1279 adeC es la fecha en que se calcula que Ramsés II, llamado el Grande, se convirtió en faraón de Egipto. Hijo del gran Seti I, Ramsés fue el tercer faraón de la 19° Dinastía y es considerado como el más poderoso de los faraones del Imperio Egipcio.
Durante su reinado construyó ciudades y templos, entre ellos la ciudad de Pi-Rameses en el delta del Nilo, a la que convirtió en su capital.
En las fuentes griegas se le conoce como Ozymandias, de la transliteración de uno de sus nombres ceremoniales, Usermaatre.

“Rey de reyes soy yo, Ozymandias. Si alguien quiere saber cuán grande soy y donde yazco, que supere alguna de mis obras” (Según Diodoro Siculo)

abu simbel

Abu Simbel

Entre sus obras arquitectónicas se encuentran el Rameseum, en Tebas y los muy famosos templos de Abu Simbel.
La más destacada de las consortes de Ramsés es Nefertarti, mujer hermosa e inteligente, con dominio de la escritura jeroglífica y hábil diplomática. Ramsés y Nefertari se casaron cuando aun eran adolescentes y antes de que Ramsés accediera al trono. Su preparación le permitió desempeñar importantes labores diplomáticas y su importancia para su esposo quedó evidenciado en su estatua monumental en Abu-Simbel.

nefertari

Nefertari Meritmut

Son famosas, porque están muy documentadas, las campañas bélicas que Ramsés desarrolló para ampliar y mantener el Imperio Egipcio. Venció a los piratas Sherden que asolaban el Mediterráneo Oriental, se expandió a Nubia, más allá de la Primera Catarata, por el Oeste ejerció cierto control sobre Libia, pero sus actividades más famosas fueron las campañas contra el Imperio Hitita por el dominio de Siria, entre las cuales destaca la Batalla de Kadesh, acción de resultado indeciso pero que fue anunciado como victoria egipcia por el eficiente aparato de propaganda de Ramsés.
El faraón murió a los 90 años y le sucedió su 13° hijo, Merneptah, hijo de Isetnofret, segunda esposa de Ramsés.
Ramsés II fue sepultado en el Valle de los Reyes, pero después fue movido a otras tumbas. Su momia se encuentra actualmente en el Museo Egipcio en El Cairo, triste destino para tan grande faraón.

Ramses-statue

Ramsés II

No solo debieron pagar con crecido número de cabezas de ganado, gravamen harto pesado, sino que, quienquiera tuviese fuerza suficiente debía pagar también con su trabajo, prestando servicios en las inmensas construcciones de toda suerte que se levantaban sin descanso en Egipto.
Particularmente a partir de Ramsés, el segundo de su nombre, que reinando en Tebas, hizo de las construcciones más extravagantes su placer y deleite. Construyó en todo el país magníficos y costosos templos, y en el delta del Nilo amplió y mejoró el largo canal que reuniendo el brazo oriental del Nilo con los lagos Amargos, unía al mismo tiempo al Mediterráneo con la extremidad del Mar Rojo,
(Thomas Mann, Los diez mandamientos)

ramp3Era bueno que el padre y el hijo no tuvieran ningún contacto; frente a un ser tan poderoso como Seti, Ramsés no habría tenido otra elección que la rebelión o la aniquilación. En realidad, la tradición tenía cosas positivas; los padres no eran los mejor situados para criar a sus hijos.
La actitud de Tuya, gran esposa real y madre de Ramsés, era muy diferente; Sary era uno de los pocos en constatar su marcada preferencia por su hijo menor. Cultivada, refinada, conocía las cualidades y los defectos de cada cortesano; reinando como auténtica soberana en la casa real, velaba sobre el estricto respeto de la etiqueta y gozaba tanto de la estima de los nobles como de la del pueblo. Pero Sary tenía miedo de Tuya; si la importunaba con temores ridículos, se desacreditaría. La reina no apreciaba a los charlatanes; una acusación
infundada le parecía tan grave como una mentira. Más valía callar antes que pasar por un profeta de mal augurio.
(Christian Jacq, El hijo de la luz)

Meritamen1

Meritamen, hija de Ramsés y Nefertari

Y cuando regresé estaba airado nada menos que Ramsés. Mas yo sabía que su ira sería pasajera: ¿acaso no oscurecen a menudo las nubes al Sol? Mas cuando pasan aquéllas, los rayos vuelven a brillar. Muchos han advertido el parecido de mi padre con el Sol y han quedado enormemente sorprendidos.
(Lord Dunsany, La hija de Ramsés)

Las ciudades de la Delta no tenían nada que envidiarles a las del Alto Egipto, ni por la antigüedad, ni por el esplendor de sus monumentos. Devastadas por los hiksos, descuidadas por los reyes de la XVIII dinastía, fueron restauradas, agrandadas, embellecidas, por los ramesidas. Ramsés II se hallaba muy a gusto en la Delta oriental.
Esa región había sido la cuna de su familia. Apreciaba el clima tan suave, los prados, las grandes extensiones de agua, los viñedos, que producían un vino más dulce que la miel. A orillas del brazo tanítico, en una pradera barrida por el viento, se hallaba una antigua ciudad de teólogos, centro de culto del dios Seth, asiento también de una escuela artística original desde tiempos muy remotos. Se llamaba Hatuarit.
(Pierre Montet, La vida cotidiana en Egipto)

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Cartuchos de Ramsés II

-Bueno, sí, por un lado está esa cuestión -respondió Julie haciendo un esfuerzo-. Y después iremos a Luxor y Abu Simbel. Espero que estéis en forma para un viaje pesado. Pero, desde luego, si no queréis acompañarnos…
-Abu Simbel -intervino Alex-. ¿No están ahí las estatuas gigantes de Ramsés II?
Ramsés tomó la mitad del pescado con los dedos y la engulló sin dificultad. A continuación hizo lo mismo con la segunda. Una curiosa sonrisa apareció en los labios de Elliott, pero Ramsés no lo vio. Estaba mirando a Henry fijamente. Julie creyó que en cualquier momento iba a empezar a gritar.
-En realidad hay estatuas de Ramsés el Grande por todo Egipto -comentó Elliott, sin dejar de observar cómo Ramsés limpiaba el resto de la salsa con pan-. Ramsés dejó más monumentos de su persona que ningún otro faraón.
(Anne Rice, La Momia)

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Kadesh

Llegamos ahora a una puerta más pequeña. Un centinela nos permitió pasar sin que se intercambiara ni una palabra. Llegamos así a otro patio.
—Usan las riendas de una manera espléndida —comentó Hathfertiti.
—Pero es nuestro abuelo quien perfeccionó el estilo —dijo mi padre.
—¿Es verdad? —preguntó ella.
—Sí —respondió Menenhetet—. En los años anteriores a la batalla de Kadesh. Por eso triunfamos ese día.
Dijo esto con tanto placer, que mi madre no pudo evitar un comentario:
—Yo creía que el vencedor de Kadesh había sido Ramsés II, y no vuestros aurigas.
—El Faraón siempre gana las batallas —dijo Menenhetet.
(Norman Mailer, Noches de la antigüedad)

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3 comentarios en “Ramsés II

  1. Gran personaje histórico, que ha inspirado grandes ficciones, como La hija de Ramses, que leí.
    Incluso Qzymandias es nombre que asume uno de los personajes más destacados de Watchmen.
    Tiene sentido con tanta épica, con la construcción de templos y ciudades, y con una consorte tan destacada.

  2. Hace poco vi un documental acerca de cómo tuvieron que reubicar el Abu Simbel en la década del sesenta, ya que estaba a punto de ser alcanzado por las aguas.
    Buena entrada, que me recuerda que pronto tengo que continuar con “el evangelio según Frodo” ya que lo abandoné al llegar a los diez mandamientos
    Abrazo!

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