John Wyndham

John Wyndham (10 de julio de 1903 – 11 de marzo de 1969) fue un escritor inglés de ciencia ficción. Escribió también bajo los seudónimos de John Beynon y Lucas Parkes. Varias de sus obras pertenecen al género post-apocalítico.
En sus primeros años como escritor, entre 1925 y 1931, publicó bajo el nombre de John Beynon algunos cuentos de detectives y de ciencia ficción, pero fue en 1951 cuando escribió con el nombre de John Wyndham, la novela El día de los trífidos, la que tuvo un éxito inmediato y lo estableció como escritor de ciencia ficción.
Después escribió otras seis novelas: Kraken acecha, La Crisálidas, Los cuclillos de Midwich, The Outward Urge, Dificultades con los líquenes y Choky. Algunos de sus cuentos se encuentran en el libro Semillas del tiempo

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Escena de El día de los trífidos

Su fama como escritor de ciencia ficción se sustenta principalmente en cuatro de sus novelas: El día de los trífidos, Kraken acecha, La Crisálidas y Los cuclillos de Midwich.
Han sido llevados a la pantalla El día de los trífidos, Los cuclillos de Midwich y Chocky. A series de televisión se adaptaron algunos cuentos como: Tiempo para descansar y Una marciana tonta.

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Cuando un día que usted sabe que es miércoles comienza como si fuese domingo, algo anda muy mal en alguna parte.
Lo sentí tan pronto como desperté. Y sin embargo, cuando se me aclaró un poco la mente, comencé a dudar. Al fin y al cabo, era muy posible que fuese yo el que estaba equivocado, y no algún otro. Seguí esperando, acicateado por la duda. Pero pronto tuve mi primera prueba objetiva: me pareció oír que un reloj distante daba las ocho. Escuché con atención y desconfianza. Pronto otro reloj comenzó a emitir unas notas altas y perentorias. Con gran tranquilidad dio ocho indiscutibles campanadas. Entonces supe que pasaba algo raro.
Sólo por accidente no asistí al fin del mundo; bueno, el mundo que había conocido durante treinta años. A casi todos los sobrevivientes les pasó lo mismo.
(El día de los Trífidos)

 

 

Yo soy un testigo digno de crédito; usted es kraken-acecha-john-wyndhamun testigo digno de crédito; prácticamente, todos los hijos de Dios somos, según estimación propia, testigos dignos de crédito…, lo cual da lugar a que, de un mismo asunto, se tengan versiones e ideas muy diferentes. Casi las únicas personas que yo conozco que estaban completamente de acuerdo en todos los puntos sobre lo que vieron la noche del 15 de julio eran Phyllis y yo. Pero, como daba la casualidad de que Phyllis era mi esposa, la gente decía -a espaldas nuestras, naturalmente- que yo la había «convencido a pesar suyo», idea que sólo podía ocurrírsele al que no conociera a Phyllis.
La hora era las once y cuarto de la noche; el lugar, latitud treinta y cinco, unos veinticuatro grados al oeste de Greenwich; el barco, el Guinevere; la ocasión, nuestra luna de miel. Sobre estos datos no existe discusión posible. El crucero nos había llevado a Madeira, las Canarias, las islas de Cabo Verde, y había vuelto hacia el norte para enseñarnos las Azores en nuestro viaje de regreso a casa. Nosotros, Phyllis y yo, paseábamos por cubierta, tomando el aire. Del salón llegaban hasta nosotros la música y el jaleo del baile, y el crooner aullaba por alguien. El mar se extendía ante nosotros como una llanura plateada a la luz de la luna. El barco navegaba tan suavemente como si lo hiciera por un río. Nosotros contemplábamos en silencio la inmensidad del mar y del cielo.
(Kraken Acecha)

Cuando Duncan Weaver compró a Lellie… No, plantearlo de este modo podría resultar dumbinconveniente. Cuando Duncan Weaver pagó a los padres de Lellie mil libras como compensación por la pérdida de los servicios de la muchacha, había pensado pagar seiscientas, o, en caso absolutamente necesario, setecientas libras.
En Port Clarke, todas las personas a las cuales había consultado le aseguraron que no tendría que pagar más de seiscientas libras. Pero la cosa no resultó tan sencilla como parecían creer en Port Clarke. Las tres primeras familias marcianas con las que había establecido contacto no se mostraron dispuestas a vender a sus hijas a ningún precio; la siguiente, pidió 1.500 libras y no rebajó ni un céntimo; los padres de Lellie empezaron pidiendo también 1.500 libras, pero acabaron por rebajar la cifra a 1.000, cuando vieron que Duncan no estaba dispuesto a dejarse engañar.
(Una marciana tonta)

semillasEl panorama no era gran cosa. Para ojos que habían visto los paisajes terrestres, no era más que una parte cualquiera del escenario corriente de Marte. Hacia el frente y a la izquierda, las lisas aguas con su sedosa superficie, se extendían hasta el horizonte. A una milla o más hacia la derecha, se percibía la baja costa de arenas rojizoamarillentas de las que sobresalían matojos de plantas semejantes a los juncos o grupos de arbustos escuálidos. En la lejanía se divisaban las blancas coronas de las montañas purpúreas.
Bert dejaba que el bote le fuera llevando bajo el suave calor del mediodía. Tras él, la estela se iba extendiendo en blandas ondulaciones que pronto se aquietaban. Más atrás, el inmenso silencio se cerraba de nuevo y no quedaba nada que indicase que él había pasado por allí. En el transcurso de su lento viaje de varios centenares de millas el paisaje apenas había cambiado.
(Tiempo para descansar)

Cuando yo era muy pequeño, soñaba a veces con una ciudad, cosa algo extraña por cuanto eso
sucedía sin saber yo siquiera lo que era una ciudad. Pero aquella ciudad, apiñada en la curvatura de una gran bahía azul, me venía una y otra vez a la mente. Podía ver sus calles y los edificios que las enmarcaban, la parte que daba al mar, e inclusive los barcos anclados en el puerto; sin embargo, despierto, yo nunca había visto el mar o algún barco. . .

Y los edificios eran muy distintos a los que yo conocía. El tráfico de las calles era raro, pues los las-crisalidas-john-wyndham edhasacarruajes corrían sin caballos que los arrastraran; y en ocasiones había cosas en el cielo, como brillantes en forma de peces que desde luego no eran pájaros.
La mayor parte del tiempo veía este maravilloso lugar a la luz del día, pero a veces era por la noche cuando las luces, semejantes a hileras de relucientes gusanos, discurrían a lo largo de la costa, y unos cuantos de ellos parecían ser chispas esparcidas por el agua o el aire.
Se trataba de un sitio bonito y fascinante, y en una oportunidad, cuando aún seguía siendo demasiado joven para saber más, pregunté a Mary, mi hermana mayor, dónde podría encontrarse esta hermosa ciudad.
Ella meneó la cabeza y me contestó que no existía tal lugar, al menos entonces. Quizás, me sugirió, yo estuviera soñando con algo que había existido muchísimo tiempo antes. Los sueños eran sensaciones muy divertidas, y no tenían explicación razonable; así que era probable que yo estuviera viendo un poco del mundo de otra época, es decir, el maravilloso mundo en el que había vivido el Viejo Pueblo antes de que Dios enviase la tribulación.
(Las Crisálidas)

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2 comentarios en “John Wyndham

    • Duncan firmó un contrato para trabajar en un asteroide durante cinco solitarios años. El lugar puede ser aburrido así es que ¿por qué no llevar una mujer? Pero a la única que podría llevar es a una marciana, es por eso que compra a Lellie

      “-Una marciana tonta me va a costar un montón de dinero.
      -¿Tonta? dijo el agente, mirándole.
      -Esos marcianos ni siquiera saben por qué están en el mundo.
      -Hum… -murmuró el agente-. Usted no ha vivido nunca aquí, ¿verdad?”

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