Recuerdo

La memoria es el proceso mediante el cual se codifica, almacena y recupera la información recibida por el cerebro, es decir, los recuerdos. En la mitología griega Mnemosina es la personificación de la memoria. Ella es una titánida, hija de Urano y de Gaia, madre a su vez de las nueve Musas.

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Edward Lamsom Henry, Recuerdos

¿Qué responderíamos si vinieran a darnos quejas de amor?
¿Qué haríamos si el amor nos dañara?
¡Si confiáramos a un intérprete que respondiese en nuestro nombre,
este intérprete no sabría traducir todas las quejas de un corazón enamorado!
¡Y si sufrimos con paciencia y en silencio la ausencia del amado,
pronto nos pondrá el dolor a las puertas de la muerte!
¡Oh dolor! ¡Para nosotros sólo hay penas y duelo: las lágrimas resbalan por las mejillas!
Y tú, querido ausente, que has huído de las miradas de mis ojos
cortando los lazos que te unían a mis entrañas.
Di, ¿conservas algún recuerdo de nuestro amor pasado,
una huella pequeña que dure a pesar del tiempo?
¿O has olvidado, con la ausencia, el amor que agotó mi espíritu
y me puso en tal estado de aniquilamiento y postración?
(Las mil y una noches)

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Karamissa, Recuerdos

Fue cuando estuvo de pie ante la misma puerta, con la orden requisitoria en el bolsillo, mientras su corazón palpitaba y en el interior de la vivienda el barón Pistolkors tocaba una gavota de Bach… ¿Qué se había hecho de aquellos sonidos? Habían sido barridos por el viento. Las habitaciones estaban ahora desiertas y ya no se oía respirar a nadie. En algún lugar del mercado de baratijas estaba el violín. En algún lugar cualquiera del patio de la cárcel habían enterrado el cadáver del antiguo chambelán, que se había despedido del mundo tocando la melodía melancólica y apasionada de «La furiosa». Se había despedido así de sus recuerdos.
(Leo Perutz, ¿Adónde vas, manzanita?)

recuerdos de amor Yarovaya Kseniya Alekseyevna

Kseniya Yarovaya, Recuerdos de amor

Yo fui de Céfalo; yo 
soy de Céfalo, y seré
de Céfalo, que esta fe
no murió cuando él murió.
Ella vive, y vive en mí
Céfalo, ni ha de tener
otro dueño a quien querer
alma que una vez rendí.
No soy yo de las mujeres
que piensan más de una vez,
y vos mismo sois jüez
en amorosos placeres.
Aquella que allí pasó,
pasa en la memoria en mí;
si a Céfalo dije sí,
diré a todo el mundo no.
(Lope de Vega, La bella Aurora)

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Frederick McCubbin, Recuerdos de otoño

Una hora sumida en estas reflexiones, en un sombrío día de noviembre, con una llovizna empañando los objetos que podían verse desde la ventana, fue suficiente para hacer más que bienvenido el sonido del coche de Lady Russell y, pese al deseo de irse, no pudo abandonar la Casa Grande, o decir adiós desde lejos a la quinta, con su oscura y poco atractiva terraza, o mirar a través de los empañados cristales las humildes casas de la villa, sin sentir pesadumbre en su corazón. Las escenas pasadas en Uppercross lo volvían precio-so. Tenía el recuerdo de muchos dolores, intensos una vez, pero acallados en ese momento y también algunos momentos de sentimientos más dulces, atisbos de amistad y de reconciliación, que nunca más volverían y que nunca dejarían de ser un precioso recuerdo. Todo esto dejaba tras de sí… todo, menos el recuerdo.
(Jane Austen, Persuasión)

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Vijay Belgave, Recuerdos

Mientras estaba sentado, inconsciente de que había empezado a estremecerse por el frío de la noche marciana, se puso el sol. Al cabo de un rato, se movió envarado y despabilándose vadeó hasta subir por la borda. Phobos reflejaba una luz tenue sobre los campos y las áridas tierras de la lejanía. La torre en ruinas era una sombra informe.
Bert permaneció mirando a la gran oscuridad donde había estado su hogar. Marte era una trampa que le mantenía vivo, pero no podía permitir que lo domase. No quería que le engatusasen para que disminuyese el rencor que tenía contra la providencia. Se debía a la Tierra, a las cosas de la Tierra y a su recuerdo. Hubiese sido mejor morir cuando las montañas y océanos de la Tierra se abrieron, convertirse en una mota más entre los millones que como recuerdo describían sus órbitas en la oscuridad. En aquel momento la existencia no era para vivirla sino una señal de protesta contra los designios del destino.
(John Wyndham, Tiempo para descansar)

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Yuli Yulevich Klever, Recuerdos de otoño

PRÓSPERO.- Llegó la hora. El instante
te manda abrir oídos. Obedece
y préstame atención. ¿Te acuerdas
de antes que viviéramos en esta cueva?
Creo que no, porque entonces no tenías
más de tres años.
MIRANDA.- Sí me acuerdo, padre.
PRÓSPERO.- ¿De qué? ¿De alguna otra casa o persona?
Dime una imagen cualquiera
que guarde tu recuerdo.
MIRANDA.- La veo muy lejana,
y más como un sueño que como un recuerdo
del que dé garantía mi memoria. ¿No tenía
yo a mi servicio cuatro o cinco damas?
PRÓSPERO.- Sí, Miranda, y más. Pero, ¿cómo es que eso
aún vive en tu mente? ¿Qué más ves
en el oscuro fondo y abismo del tiempo?
Si te acuerdas de antes de llegar aquí,
recordarás cómo llegaste.
(William Shakespeare, La Tempestad)

Memories George Henry Boughton

George Henry Boughton, Recuerdos

En las noches de luna suelo recordar la entonacion de la vieja sonata y recordar lo ido. Nada de aquello vive ya. La rubia extranjera es la mujer de un hombre grueso. ¡Nunca más, asistiremos a las citas sagradas! No te sera dado oir la tristeza de nuestra amiga buena.
Pero yo si. Yo te recuerdo en las noches de luna, yo te recuerdo lejos fde La buena madre, en una patria de malos extravíos.
Y cuando en las tardes, sobre mi mesa con flores y versos, veo aquella revista antigua donde yo escribia versos para la rubia extranjera, recuerdo tristemente la vieja sonata escandinava.
Medito y sueño. Y a medianoche me duermo recordándo las citas de los claros de luna: la rubia extranjera, la sonata y yo.. ., en aquella ventana donde habia un jarron lleno de lirios, donde el anciano músico tenia en su instrumento la sonata escandinava y las fantasias de su recordada patria del norte.
(Carlos Pezoa Véliz, La sonata escandinava)

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