José y la mujer de Putifar

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Simone Contarini, José y la mujer de Putifar

Una de las historias muy conocidas de la Biblia es la de José, el hijo de Jacob. Y uno de los episodios interesantes corresponde al problema que tuvo José con la esposa de su amo, Putifar.
No se conoce el nombre de la mujer, pero las tradiciones hebrea y árabe le dan el nombre de Zuleika. El episodio ha sido objeto de variadas interpretaciones y un sinnúmero de obras de arte.

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Lazzaro Baldi, José y la mujer de Putifar

José era de aspecto varonil y de buena presencia. Por causa de eso la esposa de su amo puso sus ojos en José y le dijo: «Acuéstate conmigo.»
Pero éste se negó y le dijo: «Mi señor confía tanto en mí que no se preocupa para nada de lo que pasa en la casa y ha puesto en mis manos cuanto le pertenece.
Aquí mismo tengo tanto poder como él. Nada me ha prohibido, excepto a ti, porque eres su esposa, ¿Cómo voy a hacer entonces este mal tan grande, pecando contra Dios?»
Y aunque ella insistía, día tras día, José se negaba a acostarse a su lado y estar con ella.
Cierto día, José entró para cumplir su oficio y no había allí ninguno de los sirvientes.
La mujer, que estaba sola, tomándolo de la ropa le dijo: «Acuéstate conmigo.» Pero él, dejándole su ropa en la mano, salió huyendo.
Ella, entonces, llamó a sus sirvientes y les dijo:
«Miren, han traído a este hebreo para que se burle de nosotros. Ha querido aprovecharse de mí, pero yo he gritado.
Al sentir que yo gritaba pidiendo auxilio salió huyendo y dejó su ropa en mis manos.»
(La Biblia – Génesis 39:7-15)

El Corán recoge también la historia, pero en este caso se dice que José estuvo a un paso de escuchar a la mujer (él tuvo la misma intención) pero lo pensó mejor.

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Sergei Solomko, José y la mujer de Putifar

Cuando José llegó a la edad de la pubertad, le dimos la sabiduría y la ciencia: así es como recompensamos a los que obran el bien.
La mujer en cuya casa se hallaba, concibió una pasión por él; cerró todas las puertas de la habitación9 y le dijo: Ven aquí. -¡Dios me preserve de tal!, respondió José. Mi amo me ha dado una generosa hospitalidad. Los malvados no prosperan.
Pero ella lo solicitó, y él tuvo la misma intención; pero recibió una advertencia de su Señor. Se la hemos dado para apartarlo del mal, de una fealdad, pues era de nuestros servidores sinceros.
Entonces ambos corrieron hacia la puerta, él para huir, ella para retenerle, y la mujer rasgó la túnica de José por detrás.
(El Corán, Sura XII 22-25)

Cuando por fin pudieron leerse los numerosos papiros egipcios, los estudiosos se encontraron con grandes sorpresas. Una de ellas fue la Novela de los dos hermanos, clara fuente en que bebieron los autores del Génesis.

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Jean Baptiste Napier, José y la mujer de Putifar

“El hermano menor encontró a la esposa de su hermano mayor cuando se estaba aderezando el tocado. Y entonces le dijo:
“—Levántate y dame simiente para poderla llevar al campo; pues mi hermano ha dicho: “¡Date prisa y no te entretengas!”
“Cargóse, pues, la simiente a la espalda y salió de casa con la pesada carga… Entonces ella le dijo:
“—¡Tienes mucha fuerza! Cada día lo estoy notando… ¡Ven! ¡Echémonos una hora!.. Te resultará agradable. Y, además, te haré hermosos vestidos.
“Pero el joven se irritó como un leopardo del Sur… debido a las malas palabras que ella le había dirigido, y entonces le contestó:
“—¿Qué grosería es ésta que me acabas de decir? ¡No vuelvas a repetírmelo! Tampoco yo lo diré a nadie…
(Egipto 1200 a.de C., Novela de los dos hermanos)

Los comentaristas bíblicos han visto siempre a la esposa de Putifar como ejemplo de mujer pecadora y malvada, pero algunos poetas han tenido una visión distinta, y no condenan el profundo amor que una persona puede sentir por otra, cualquiera sean las circunstancias.
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Guido Reni,  José y la mujer de Putifar

¡Oh corazón desdichado y tembloroso!
Tan fuerte es tu angustia como tu dolor:
un solo pensamiento domina a los demás,
un solo sentimiento hiere mi pecho,
lo aplasta y lo domina todo
más que mi falta, más que mi caída:
no es la vergüenza, el miedo, el remordimiento,
es un pensamiento, ¿él no me ama?
(Jami, poeta persa s.XV, Poema de José y Zuleika)

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Lo mismo sucede con Thomas Mann, que en su novela José y sus hermanos tiene una visión más comprensiva de la atormentada mujer de Putifar y su amor imposible .

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El Guercino,  José y la mujer de Putifar

Todo el mundo sabe lo que dijera Mut-em-enet, la esposa titular de Putifar, cuando “posó” los ojos en José, el joven mayordomo de su esposo. Nosotros no queremos ni podemos poner en duda que un día, en el colmo del extravió, en un paroxismo de la desesperación, terminó por hablarle así, y que empleó en realidad la fórmula terriblemente directa y brutal que la tradición le asigna, sin rodeos, como si una proposición libertina, lanzada a quemarropa, fuera fácil de concebir en boca de esta mujer, como si nada le costara, como si no fuera, más bien, el grito tardío de la suprema angustia de su alma y de su cuerpo.
(Thomas Mann, José y sus hermanos)

(c) The Forestry Commission; Supplied by The Public Catalogue Foundation

Benedetto Genari el Joven, José y la mujer de Putifar

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5 comentarios en “José y la mujer de Putifar

  1. Los pintores muestran a la mujer de nombre desconocida como realmente atraída, suplicando lastimosamente algo de atención, quien parece cruel al rechazarla. Sobre todo en las versiones de Napier y Reni.

    Hay episodios similares en los mitos griegos, Belerofonte, Peleo recibieron proposiciones similares. Con la diferencia de que Peleo fue detestable, decapitó a Astidamia, pasando con su ejercito, por encima de sus restos. Menos drastico habría sido aceptarla.

    • Bueno, debemos entender que las historias contadas en la biblia tienen un propósito didáctico, por lo tanto siempre nos encontraremos con situaciones del tipo blanco/negro, esta vez le tocó a José dar el ejemplo del buen comportamiento y a la mujer de Putifar el del malo. Me llamó la atención la versión del Corán, en ella José también siente la tentación, pero la vence. Me pareció más razonable, porque de la tentación, acerca de cualquier cosa, muchos hemos estado también a un paso de ceder (el que no haya pasado por eso, que lance la primera piedra…).

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