Vicente Blasco Ibañez

David Delamare, Baile de disfraces

Ella dudó un instante mientras exploraba mentalmente su pasado. Luego se apresuró a decir sonriendo, como si le regocijasen sus propias palabras:
     -Lo conozco. Usted es el caballero Tannhäuser, que tuvo amores con Venus.
     Esto fue en el Selec Hotel de Aviñón. a las ocho de la noche. Claudio Borja, que la había observado de lejos durante la comida, abandonó su mesa para apostarse junto al hall, y al verla llegar preguntó en español:
     -¿No es usted la señora de Pineda?… Tuve el honor de que me presentase en Madrid… Tal vez no se acuerda usted.
     Pero ella no lo había olvidado, y después de reír unos instantes pareció pedirle perdón con sus ojos por esta alegría espontánea.
     Los dos evocaron en su memoria cómo se habían visto por primera vez. Fue luego de una comida en casa del señor Bustamante, senador español que explotaba por vanidad personal las relaciones entre los pueblos hispanoamericanos.
     Los comensales habían hablado en el salón de sus personajes predilectos en la literatura y en la Historia. Cada uno iba manifestando qué héroe hubiese querido ser.
     Estela, la hija del dueño de la casa, joven de ademanes encogidos y voz tímida, sentía no haber sido la Ofelia de Shakespeare; su padre, el solemne don Arístides, dudaba entre Licurgo y el cardenal Jiménez de Cisneros; un viejo general optaba por Julio César.
     Todos desearon conocer el personaje predilecto de la hermosa Rosaura Salcedo, viuda de Pineda, rica dama argentina, en cuyo honor daba Bustamente su banquete; pero esta señora, de paso en Madrid, que residía gran parte del año en París o viajaba  por el resto de Europa, se negó modestamente a revelar su heroína. No tenía ninguna. Estaba contenta de ser lo que era.

(Vicente Blasco Ibañez, El papa del mar)

 Vicente Blasco Ibáñez (29 de enero 1867 – 28 de enero 1928) fue un periodista, político y novelista español.

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Orgullo y Prejuicio

42475El 27 de enero de 1813 fue publicada, por Egerton, la novela Orgullo y Prejuicio de la escritora Jane Austen. Fue bien recibida y vio una segunda edición en noviembre del mismo año. Una tercera edición salió publicada en 1817.

Orgullo y Prejuicio narra la historia del desarrollo emocional de la protagonista, Elizabeth Bennet, quién aprende el error que significa el hacer juicios apresurados y logra comprender la diferencia que existe entre lo que es superficial en las personas y lo que es esencial. La novela describe los problemas del matrimonio, la educación, el dinero, las convenciones sociales, la moralidad, los modales y costumbres inglesas durante la época de la Regencia. Un tema importante es el de la necesidad de realizar un matrimonio por motivos económicos, pero sin amor, frente al deseo natural de casarse por amor aun contra la presión social.
La novela ha inspirado un cierto número de obras literarias y ha sido adaptada al cine y la televisión numerosas veces, siendo las versiones más famosas la de 1940 con Greer Garson y Laurence Oliver, la de 1995 con Jennifer Ehle y Colin Firth y la del 2005 con Keira Knightley y Matthew Macfayden.

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Jane Odiwe, Reunión en Meryton

El mejor ejemplo es la forma en la que hablaron de la fiesta de Meryton. Bingley nunca había conocido a gente más encantadora ni a chicas más guapas en su vida; todo el mundo había sido de lo más amable y atento con él, no había habido formalidades ni rigidez, y pronto se hizo amigo de todo el salón; y en cuanto a la señorita Bennet, no podía concebir un ángel que fuese más bonito. Por el contrario, Darcy había visto una colección de gente en quienes había poca belleza y ninguna elegancia, por ninguno de ellos había sentido el más mínimo interés y de ninguno había recibido atención o placer alguno. Reconoció que la señorita Bennet era hermosa, pero sonreía demasiado. La señora Hurst y su hermana lo admitieron, pero aun así les gustaba y la admiraban, dijeron de ella que era una muchacha muy dulce y que no pondrían inconveniente en conocerla mejor. Quedó establecido, pues, que la señorita Bennet era una muchacha muy dulce y por esto el hermano se sentía con autorización para pensar en ella como y cuando quisiera.

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––Realmente, señor Collins ––exclamó Elizabeth algo acalorada–– me confunde usted en exceso. Si todo lo que he dicho hasta ahora lo interpreta como un estímulo, no sé de qué modo expresarle mi repulsa para que quede usted completamente convencido.
––Debe dejar que presuma, mi querida prima, que su rechazó ha sido sólo de boquilla. Las razones que tengo para creerlo, son las siguientes: no creo que mi mano no merezca ser aceptada por usted ni que la posición que le ofrezco deje de ser altamente apeteci­ble. Mi situación en la vida, mi relación con la familia de Bourgh y mi parentesco con usted son circunstan­cias importantes en mi favor. Considere, además, que a pesar de sus muchos atractivos, no es seguro que reciba otra proposición de matrimonio. Su fortuna es tan escasa que anulará, por desgracia, los efectos de su belleza y buenas cualidades. Así pues, como no puedo deducir de todo esto que haya procedido sinceramente al rechazarme, optaré por atribuirlo a su deseo de acrecentar mi amor con el suspense, de acuerdo con la práctica acostumbrada en las mujeres elegantes.

wickhamEl señor Denny se dirigió directamente a ellas y les pidió que le permitiesen presentarles a su amigo, el señor Wickham, que había venido de Londres con él el día anterior, y había tenido la bondad de aceptar un destino en el Cuerpo. Esto ya era el colmo, pues pertenecer al regimiento era lo único que le faltaba para completar su encanto. Su aspecto decía mucho en su favor, era guapo y esbelto, de trato muy afable. Hecha la presentación, el señor Wickham inició una conversación con mucha soltura, con la más absoluta corrección y sin pretensiones. Aún estaban todos allí de pie charlando agradablemente, cuando un ruido de caballos atrajo su atención y vieron a Darcy y a Bingley que, en sus cabalgaduras, venían calle abajo. Al distinguir a las jóvenes en el grupo, los dos caballeros fueron hacia ellas y empeza­ron los saludos de rigor. Bingley habló más que nadie y Jane era el objeto principal de su conversación.

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Anna/Elena Barbusso, La carta

«Gracechurch Street, 8 de septiembre.
»Mi querida sobrina: Acabo de recibir tu carta y voy a dedicar toda la mañana a contestarla, pues creo que en pocas palabras no podré decirte lo mucho que tengo que contarte. Debo confesar que me sorprendió tu pregunta, pues no la esperaba de ti. No te enfades, sólo deseo que sepas que no creía que tales aclaraciones fueran necesarias por tu parte. Si no quieres entenderme, perdona mi impertinencia. Tu tío está tan sorprendido como yo, y sólo por la creencia de que eres parte interesada se ha permitido obrar como lo ha hecho. Pero por si efectivamente eres inocente y no sabes nada de nada, tendré que ser más explícita.
»El mismo día que llegué de Longbourn, tu tío había tenido una visita muy inesperada. El señor Darcy vino y estuvo encerrado con él varias horas. Cuando yo regresé, ya estaba todo arreglado; así que mi curiosidad no padeció tanto como la tuya. Darcy vino para decir a Gardiner que había descubierto el escondite de Wickham y tu hermana, y que les había visto y hablado a los dos: a Wickham varias veces, a tu hermana una solamente. Por lo que puedo deducir, Darcy se fue de Derbyshire al día siguiente de habernos ido nosotros y vino a Londres con la idea de buscarlos. El motivo que dio es que se reconocía culpable de que la infamia de Wickham no hubiese sido suficientemente conocida para impedir que una muchacha decente le amase o se confiara a él. Generosamente lo imputó todo a su ciego orgullo, diciendo que antes había juzgado indigno de él publicar sus asuntos privados. Su conducta hablaría por él. Por lo tanto creyó su deber intervenir y poner remedio a un mal que él mismo había ocasionado. Si tenía otro motivo, estoy segura de que no era deshonroso… Había pasado varios días en la capital sin poder dar con ellos, pero tenía una pista que podía guiarle y que era más importante que todas las nuestras y que, además, fue otra de las razones que le impulsaron a venir a vernos.

Alicia

(Alice Jackson)

–Llama al primer testigo –dijo el Rey.
Y el Conejo dio tres toques de trompeta y gritó:
–¡Primer testigo!
El primer testigo era el Sombrerero. Compareció con una taza de té en una mano y un pedazo de pan con mantequilla en la otra.
–Os ruego me perdonéis, Majestad –empezó–, por traer aquí estas cosas, pero no había terminado de tomar el té, cuando fui convocado a este juicio.
–Debías haber terminado –dijo el Rey–. ¿Cuándo empezaste?
El Sombrerero miró a la Liebre de Marzo, que, del brazo del Lirón, lo había seguido hasta
allí.
–Me parece que fue el catorce de marzo.
–El quince –dijo la Liebre de Marzo.
–El dieciséis –dijo el Lirón.
–Anotad todo esto –ordenó el Rey al jurado.
Y los miembros del jurado se apresuraron a escribir las tres fechas en sus pizarras, y
después sumaron las tres cifras y redujeron el resultado a chelines y peniques.
–Quítate tu sombrero –ordenó el Rey al Sombrerero.
–No es mío, Majestad –dijo el Sombrero.
–¡Sombrero robado! –exclamó el Rey, volviéndose hacia los miembros del jurado, que
inmediatamente tomaron nota del hecho.
–Los tengo para vender –añadió el Sombrerero como explicación–. Ninguno es mío. Soy
sombrerero.
Al llegar a este punto, la Reina se caló los anteojos y empezó a examinar severamente al
Sombrerero, que se puso pálido y se echó a temblar.
–Di lo que tengas que declarar –exigió el Rey–, y no te pongas nervioso, o te hago
ejecutar en el acto.
Esto no pareció animar al testigo en absoluto: se apoyaba ora sobre un pie ora sobre el otro,
miraba inquieto a la Reina, y era tal su confusión que dio un tremendo mordisco a la taza de
té creyendo que se trataba del pan con mantequilla.

(Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas)

 Charles Lutwidge Dodgson (27 de enero 1832 – 14 de enero de 1898), mejor conocido como Lewis Carroll, fue un escritor, matemático, lógico, diácono y fotógrafo inglés.

Lewis Carroll

Charles Lutwidge Dodgson, (27 de enero de 1832 – 14 de enero de 1898).más conocido como Lewis Carroll, fue un escritor, matemático, lógico, fotógrafo y diácono inglés, famoso por su obras Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y su sequela A través del espejo, que se convirtieron en clásicas y tiene reconocimiento universal.
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Como fotógrafo produjo unas 3 mil fotografías, de las que menos de un tercio sobrevivieron al tiempo y a la destrucción deliberada. Los temas de sus fotografías fueron retratos de hombres, mujeres y niños, paisajes, esqueletos, muñecas, perros, estatuas y árboles..
También inventó un aparato llamado nictógrafo, que permitía escribir en la oscuridad y juegos como una versión primitiva del Scrabble.

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B. L. Kearley

¿Cómo te sientes ahora, querida? continuó, dirigiéndose a Alicia.
–Tan mojada como al principio –dijo Alicia en tono melancólico–. Esta historia es muy seca, pero parece que a mi no me seca nada.
–En este caso –dijo solemnemente el Dodo, mientras se ponía en pie–, propongo que se abra un receso en la sesión y que pasemos a la adopción inmediata de remedios más radicales…
–¡Habla en cristiano! –protestó el Aguilucho–. No sé lo que quieren decir ni la mitad de estas palabras altisonantes, y es más, ¡creo que tampoco tú sabes lo que significan! (Lewis Carroll, Alicia)

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Ooi Choon Liang Liang

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–¡De buena me he librado ! –dijo Alicia, bastante asustada por aquel cambio inesperado, pero muy contenta de verse sana y salva–. ¡Y ahora al jardín!
Y echó a correr hacia la puertecilla. Pero, ¡ay!, la puertecita volvía a estar cerrada y la llave de oro seguía como antes sobre la mesa de cristal. «¡Las cosas están peor que nunca!»,
pensó la pobre Alicia. «¡Porque nunca había sido tan pequeña como ahora, nunca! ¡Y
declaro que la situación se está poniendo imposible!»
Mientras decía estas palabras, le resbaló un pie, y un segundo más tarde, ¡chap!, estaba
hundida hasta el cuello en agua salada. Lo primero que se le ocurrió fue que se había caído de alguna manera en el mar. «Y en este caso podré volver a casa en tren», se dijo para sí. (Alicia había ido a la playa una sola vez en su vida, y había llegado a la conclusión general de que, fuera uno a donde fuera, la costa inglesa estaba siempre llena de casetas de baño,
niños jugando con palas en la arena, después una hilera de casas y detrás una estación de
ferrocarril.) Sin embargo, pronto comprendió que estaba en el charco de lágrimas que había
derramado cuando medía casi tres metros de estatura. (Lewis Carroll, Alicia)

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Rodney Matthews

Un gran rosal se alzaba cerca de la entrada del jardín: sus rosas eran blancas, pero había allí tres jardineros ocupados en pintarlas de rojo. A Alicia le pareció muy extraño, y se acercó para averiguar lo que pasaba, y al acercarse a ellos oyó que uno de los jardineros decía:
–¡Ten cuidado, Cinco! ¡No me salpiques así de pintura!
–No es culpa mía –dijo Cinco, en tono dolido–. Siete me ha dado un golpe en el codo.
Ante lo cual, Siete levantó los ojos dijo:
–¡Muy bonito, Cinco! ¡Échale siempre la culpa a los demás!
–¡Mejor será que calles esa boca! –dijo Cinco–. ¡Ayer mismo oí decir a la Reina que
debían cortarte la cabeza!
–¿Por qué? –preguntó el que había hablado en primer lugar.
–¡Eso no es asunto tuyo, Dos! –dijo Siete.
–¡Sí es asunto suyo! –protestó Cinco–. Y voy a decírselo: fue por llevarle a la cocinera
bulbos de tulipán en vez de cebollas.
Siete tiró la brocha al suelo y estaba empezando a decir: «¡Vaya! De todas las
injusticias…», cuando sus ojos se fijaron casualmente en Alicia, que estaba allí
observándolos, y se calló en el acto. Los otros dos se volvieron también hacia ella, y los tres
hicieron una profunda reverencia.
–¿Querrían hacer el favor de decirme –empezó Alicia con cierta timidez– por qué están
pintando estas rosas?
(Lewis Carroll, Alicia)

14

–¡Que el jurado considere su veredicto! –ordenó el Rey, por centésima vez aquel día.
–¡No! ¡No! –protestó la Reina–. Primero la sentencia… El veredicto después.
–¡Valiente idiotez! –exclamó Alicia alzando la voz–. ¡Qué ocurrencia pedir la sentencia
primero!
–¡Cállate la boca! –gritó la Reina, poniéndose color púrpura.
–¡No quiero! –dijo Alicia.
–¡Que le corten la cabeza! –chilló la Reina a grito pelado.
Nadie se movió.
–¡Quién le va a hacer caso? –dijo Alicia (al llegar a este momento ya había crecido hasta
su estatura normal)–. ¡No son todos más que una baraja de cartas!
Al oír esto la baraja se elevó por los aires y se precipitó en picada contra ella. Alicia dio un pequeño grito, mitad de miedo y mitad de enfado, e intentó sacárselos de encima…
(Lewis Carroll, Alicia)

51jsylxmcjl-_sx322_bo1204203200_Respecto de las matemáticas, publicó varios libros bajo su nombre real, acerca de geometría, álgebra, lógica matemática y matemática recreacional.

Dodgson desarrolló nuevas ideas en el campo del álgebra linear, la probabilidad y el estudio de las elecciones. Su trabajo matemático recibió renovada atención a fines del siglo XX y se ha revaluado su contribución a la lógica simbólica.

25 de enero

El 25 de enero nacieron dos pintores rusos, casualmente con el mismo apellido aunque separados por un siglo.

También nacieron dos grandes escritores, ganadores de una merecida fama que permanece en el tiempo.

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Ivan Ivanovich Shishkin (25 de enero de 1832 – 20 de marzo de 1898) fue un pintor ruso asociado al movimiento Peredvižniki. Nació en Elabuga, que en esa época foramba parte del Gobierno de Vjatka, actual república de Tatarstan. Estudió en la Escuela de Moscú de Pintura, Escultura y Arquitectura  y después en la Academia Imperial de Arte. Después de continuar sus estudios en Europa regresó a Rusia para convertirse en miembro de la Academia Imperial de San Petersburgo y fue profesor de pintura. Se convirtió en miembro de la Peredvižniki y de la Sociedad Rusa de Pintores de Acuarelas. Fue famoso por sus paisajes forestales.

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Adeline Virginia Woolf (25 de enero de 1882 – 28 de marzo de 1941) fue una escritora inglesa modernista. Comenzó a escribir profesionalmente en 1900 y es considerada una innovadora en la lengua inglesa. Entre sus obras más famosas están “La señora Dalloway”, “Al faro”, “Las olas” y “Los años“.dalloway

La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores. Porque Lucy ya le había hecho todo el trabajo. Las puertas serían sacadas de susgoznes; los hombres de Rumpelmayer iban a venir. Y entonces, pensó Clarissa Dalloway, ¡qué mañana! -fresca como si fuesen a repartir la a unos niños en la playa.
¡Qué deleite! ¡Qué zambullida. Porque eso era lo que siempre había sentido cuando, con un leve chirrido de goznes, que todavía ahora seguía oyendo, había abierto de golpe las puertaventanas y se había zambullido e n el aire libre de Bourton. Qué fresco, qué tranquilo, más que ahora desde luego, estaba el aire en las primeras horas de la mañana; como el aleteo de una ola, el beso de un a ola, frío y cortante y sin embargo (para los dieciocho años que tenía entonces), solemne, sintiendo, como sentía allí de pie en la ventana abierta, que algo terrible estaba a punto de suceder;
(Virginia Woolf, La señora Dalloway)

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Georgy Shishkin (25 de enero de 1948) es un pintor ruso nacido en Sverdlovsk (hoy Ekaterinburgo). Se graduó en la Academia de Arquitectura y Artes de los Urales y en la Universidad Estatal Stroganov de Artes e Industria de Moscú. Fue profesor de dibujo y pintura durante diez años en la Academia de los Urales. Es conocido por su serie de obras llamada “Sueños de Rusia“.

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William Somerset Maugham (25 de enero de 1874 – 16 de diciembre de 1965) fue un escritor británico. Escribió 21 novelas y más de 100 cuentos, además de obras de teatro, biografías y libros de viaje.
Entre sus obrs más famosas se cuentan “Servidumbre humana”, “El filo de la navaja”, “El velo pintado” y “La Luna y seis peniques”.

servidumbreEl alba apuntó gris y oscura. Las nubes se apelotonaban en el cielo y la crudeza del aire anunciaba nieve. Una niñera entró en una estancia en la que dormía un niño y descorrió las cortinas de la ventana; dirigió una distraída mirada a la casa de enfrente, una casa revestida de estuco y provista de un soportal. A continuación se acercó a la cama del niño.
—Despierta, Philip —dijo.
Apartó las ropas del lecho, cogió al niño entre sus brazos y se lo llevó al piso de abajo. El niño continuaba medio dormido.
—Tu mamá te llama.
La niñera abrió la puerta de una habitación y avanzó con el niño hasta el lecho ocupado por una mujer: era la madre. Ésta tendió los brazos hacia el niño y el chiquillo se acurrucó junto a ella, sin preguntar por qué le habían despertado. La madre le besó en los ojos, y en sus frágiles manos sintió el calor del cuerpecito del niño a través de la camisa larga de franela. Lo estrechó contra sí.
—¿Duermes, tesoro? —le preguntó.
Su voz era tan débil que parecía venir de muy lejos. El niño no contestó, pero en sus labios apareció una sonrisa.
Sintióse feliz en aquel gran lecho caliente, entre aquellos brazos que lo oprimían tierna y afectuosamente. Trató de hacerse aún más pequeño y dio a su madre un sonoro beso. Un momento después cerraba los ojos, quedándose dormido profundamente.
(Somerset Maugham, Servidumbre Humana)

Un recluta de 1813

—La gloria no es para nosotros, Zebedeo; es para los que viven bien, comen bien, duermen bien. Esos bailan y se divierten, como cuentan los papeles, y, por añadidura, se quedan con la gloria que nosotros ganamos a fuerza de sudores, de ayunos y de rompernos los huesos. Los infelices como nosotros, que van por fuerza a la guerra, si al fin vuelven a su casa, perdido el hábito de trabajar y acaso algún miembro, no saborean la gloria. Durante los siete años de servicio, muchos de sus antiguos camaradas, que valían lo mismo que ellos, y que incluso no trabajaban tan bien, han ganado dinero, han abierto una tienda, se han casado con las novias de los soldados, han tenido hijos, son hombres de posición, concejales, personas importantes, y cuando los que vuelven de buscar gloria matando hombres pasan con sus galones en la manga, los miran por encima del hombro; y si, por desgracia, tienen colorada la nariz a fuerza de beber aguardiente para sostener el ánimo en las lluvias, en la nieve, en las marchas forzadas, mientras los otros bebían buen vino, dicen: «¡Son unos borrachos!» Y aquellos reclutas que no deseaban más que permanecer en sus casas, y trabajar, se convierten en unos mendigos. Eso es lo que pienso, Zebedeo; no encuentro que eso sea justo, y preferiría que los amigos de la gloria fuesen a batirse en persona y nos dejasen tranquilos a los demás.
(Erckmann-Chatrian, Un recluta de 1813)

Sofia Kovalevskaia

kowalevskaiaSofia Vassilievna Kovalevskaïa (15 de enero de 1850 – 10 de febrero de 1891) fue una matemática y escritora rusa. Debido a que en Rusia no estaba permitido el ingreso de mujeres a la educación superior, debió estudiar en el extranjero. Pero para eso necesitaba el permiso de su padre o de su esposo. Su padre le negó el permiso por lo que Sofía hizo un matrimonio de conveniencia con el joven científico Vladimir Kovalevski. Se inscribió en la Universidad de Heidelberg en 1869, donde siguió los cursos de Hermann Ludwig von Helmholtz y Leo Königsberger. Viendo sus posibilidades, sus profesores le aconsejaron estudiar en Berlin con el profesor Karl Weierstrass. Al no poder ingresar a la Universidad de Berlin debido a su sexo, estudió en forma particular con Weierstrass, llegando a ser uno de sus alumnos preferidos.

601Trabajó en un teorema de Cauchy mejorándolo de manera que fue conocido como el teorema de Cauchy-Kowalevski. Obtuvo el doctorado en la Universidad de Göttinger. En 1884 fue nombrada profesora en la Universidad de Estocolmo. Obtuvo el premio Bordin de la Academia de Ciencias de Paris por su “Estudio sobre el caso particular del problema de la rotación de un cuerpo alrededor de un punto fijo” y el Premio de la Academia de Ciencias de Estocolmo.

De su obra literaria se pueden nombrar: Memorias de George Eliot, Recuerdos de la infancia, La familia Vorontsov y La lucha por la felicidad.