Saladino

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Águila de Saladino

El 26 de marzo de 1669, An-Nasir Salah ad-Din, mejor conocido como Saladino, se convirtió en Emir de Egipto. Es famoso en Occidente por su campaña contra los Cruzados en el Levante (antes y durante la Tercera Cruzada), conquistando Siria y recuperando Jerusalén. Fundó la dinastía Ayyubida y en la cumbre de su poder su sultanato incluyó Egipto, Siria, Mesopotamia Superior, el Hejaz, Yemen y el Norte de África.
Saladino tuvo siempre una reputación favorable en Occidente, como militar hábil y gobernante generoso, sobre todo gracias a la novela de Walter Scott El Talismán. En el mundo musulmán permanece como símbolo y el Águila de Saladino forma parte del escudo de armas de Egipto y del Gobierno de Kurdistán.

Salah Ad-DinLos selyúcidas, divididos como estaban, no podían montar un eficaz contraataque contra los cruzados. Y cuando el contraataque se produjo, no estuvo conducido por un turco, sino por un hombre de ascendencia armenia que había nacido en Mesopotamia.
Era Salah al-Din («honor de la fe») y había nacido en Tikrit , a orillas del Tigris, situada a mitad de camino entre Bagdad y las antiguas ruinas de Nínive. Una aventurera vida de guerras contra los cruzados lo había llevado a adueñarse de Egipto. En el 1171, derrocó al gobierno fatimí y proclamó el retorno de Egipto a la doctrina sunní.
Reformó el gobierno y la economía egipcios y también se apoderó de Siria. En el 1187, derrotó a los cruzados y retomó Jerusalén; pronto invadió todo el territorio restante que había estado en poder de ellos.
Para recuperar al menos parte de las posesiones cristianas, fue necesaria otra cruzada, cuyo jefe fue Ricardo Corazón de León, monarca de Inglaterra. El campeón musulmán ganó fama inmortal en la leyenda bajo la forma cristiana de su nombre, Saladino.
(Isaac Asimov, El Cercano Oriente)

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Fragonard, Saladino en Jerusalén

Por lo que a nosotros respecta, seguimos alcanzando grandes victorias sobre los francos, tanto en el país de Jerusalén como en el país de Siria. Y con ayuda de Alah, después de muchas batallas gloriosas, el sultán Saladino acabó por vencer completamente a los francos y a todos los infieles; llevó cautivos a Damasco a los reyes de éstos y a sus jefes, a los cuales había hecho prisioneros tras de tomar todas las ciudades costeras que poseían y pacificar todo el país. ¡Gloria a Alah!
Entretanto, iba yo un día a vender una hermosísima esclava en las tiendas donde acampaba todavía el sultán Saladino. Y le enseñé la esclava, que quiso comprar él. Y se la cedí por cien dinares solamente. Pero el sultán Saladino (¡Alah le tenga en su misericordia!) no poseía encima más que noventa dinares, porque empleaba todo el dinero del tesoro en llevar a buen término la guerra contra los descreídos. Entonces, encarándose con uno de sus guardias, le dijo el sultán Saladino: “¡Conduce a este mercader a la tienda en que están reunidas las jóvenes prisioneras llegadas últimamente, y que escoja entre ellas la que más le guste para reemplazar los diez dinares que le debo!” Así obraba en su justicia el sultán Saladino.
(Las mil y una noches, 553° Noche)

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Estatua de Saladino en Damasco

La espléndida hueste avanzó a los acordes de la música militar, y cuando se encontró con los cristianos, partió sus filas a derecha e izquierda, a fin de que éstos pasaran por en medio, entre dos columnas. Ricardo púsose a la cabeza de su formación, convencido de que se acercaba Saladino en persona. No tardó en ver que en el centro de aquella guardia personal, rodeado por sus oficiales de cámara y de odiosos negros guardianes de los harenes orientales, cuya fealdad destaca todavía más merced a la riqueza de los vestidos que llevan, venía el sultán mostrando el aspecto y las maneras del hombre en cuya frente la Naturaleza ha escrito: «¡Éste es un rey!». Con su blanquísimo turbante, túnica y anchos calzones orientales y una faja de seda escarlata, sin ningún adorno, Saladino habría podido parecer el más sencillamente vestido de sus guardias. Pero un examen más detenido permitía distinguir en su turbante aquella inestimable piedra preciosa que los poetas llamaron Mar de Luz; el diamante en que estaba grabado su sello, y que llevaba engarzado en una sortija, valía, probablemente, tanto como todas las joyas de la corona de Inglaterra; y un zafiro que remataba el mango de su cangiar, casi valía tanto como el diamante.
(Walter Scott, El Talismán)

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Retrato de Saladino


PATRIARCA.
Algo se me ocurre, iré directamente dónde el sultán
De acuerdo con la capitulación,
la que Saladino ha jurado, él debe apoyarnos
en todos los privilegios, todas las doctrinas
que pertenecen a nuestra santísima fe.
Gracias a Dios, tenemos el original con nosotros,
tenemos su firma y su sello
Y lo llevaré fácilmente a reflexionar
cuán peligroso es para el Estado
que no se le crea. Todos los lazos cívicos se rompen,
como el lino tocado por el fuego, cuando los súbditos dejan de creer.
(Gotthold Ephraim Lessing, Natán el Sabio)

saladino entrando a jerusalen

Saladino entrando a Jerusalén

Isaac Ibn Yakub es un judío estudioso de la Ley de Dios y cronista de sus antepasados. Su vida transcurre sin muchos preámbulos en la ciudad de Damasco hasta que, una tarde del verano del año 1184 recibe una inesperada visita. El hombre, sentado en un rincón de su habitación, le tiene un buen empleo: escribir sobre los acontecimientos que están a punto de sucederse en el mundo del Islam para dejar un registro completo y testimonio riguroso a las generaciones venideras. Le asegura que el Reino Cristiano de Jerusalén está a punto de desmoronarse y los musulmanes y judíos recuperarán sus preciados templos de Al-Khadisiyya y Sión. Finalmentele entrega una carta con la que debe presentarse en el palacio del sultán y se marcha. Pero detrás de su estampa, Ibn Yakub descubre en la pose de caballero, el andar determinado y el rostro ennoblecido a la persona de Salah ad-Din Yussuf Ibn Ayyub: el sultán Saladino.
(Ali Tariq, El libro de Saladino)

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2 comentarios en “Saladino

    • No puedo recomendar el libro porque es de Walter Scott, es decir que es lectura de jóvenes del siglo pasado. Pero puedo decir que leerlo me fue entretenido como todo lo de este autor.

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