Arthur Conan Doyle

Sir Arthur Ignatius Conan Doyle KStJ, DL (22 de mayo de 1859 – 7 de julio de 1930) fue un escritor inglés famoso especialmente por sus novelas de detectives protagonizadas por su personaje Sherlock Holmes. En 1887 publicó Estudio en escarlata, primera de cuatro novelas acerca de Holmes y el Dr. Watson. Además, Doyle publicó más de cincuenta relatos acerca de su famoso detective.
Debido a esto, Doyle es considerado piedra fundamental de la literatura de detectives.
Pero además, Arthur Conan Doyle fue un prolífico escritor cuyas obras incluyen fantasía, ciencia ficción, obras de teatro, poesía y novelas históricas.

Sus obras más conocidas, aparte de las de Sherlock Holmes, son las que tienen como protagonista al irascible profesor George Edward Challenger. Estas son El mundo perdido, La zona ponzoñosa, El país de la niebla, Cuando la tierra aulló y La máquina desintegradora.
Entre las novelas históricas se puede nombrar La Guardia Blanca, que se desarrolla durante la Guerra de los Cien años y Las hazañas del brigadier Gerard, de la época napoleónica.
Historias del crepúsculo y lo desconocido incluye seis relatos del ámbito sobrenatural. Entre ellos están El gran experimento de Keinplatz, El lote 249 y El anillo de Thoth.

Varias de sus obras han sido adaptadas al cine en numerosas ocasiones. Sherlock Holmes cuenta con más de cincuenta películas e innumerables series televisivas. De El mundo perdido debe haber unas veinte adaptaciones y además ha servido de inspiración a otra serie de películas del tema mundos perdidos.

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Holmes y Watson

––Busco alojamiento ––repuse––. Quiero ver si me las arreglo para vivir a un precio razonable.
––Cosa extraña ––comentó mi compañero––, es usted la segunda persona que ha empleado esas pala-bras en el día de hoy.
––¿Y quién fue la primera? ––pregunté.
––Un tipo que está trabajando en el laboratorio de química, en el hospital. Andaba quejándose esta mañana de no tener a nadie con quien compartir ciertas habitaciones que ha encontrado, bonitas a lo que parece, si bien de precio demasiado abultado para su bolsillo.
––¡Demonio! ––exclamé––, si realmente está dispuesto a dividir el gasto y las habitaciones, soy el hombre que necesita. Prefiero tener un compañero antes que vivir solo.
El joven Stamford, el vaso en la mano, me miró de forma un tanto extraña.
––No conoce todavía a Sherlock Holmes ––dijo––, podría llegar a la conclusión de que no es exacta-mente el tipo de persona que a uno le gustaría tener siempre por vecino.
––¿Sí? ¿Qué habla en contra suya?
––Oh, en ningún momento he sostenido que haya nada contra él. Se trata de un hombre de ideas un tanto peculiares…, un entusiasta de algunas ramas de la ciencia. Hasta donde se me alcanza, no es mala persona.
(Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata)

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El profesor Challenger expulsando a un periodista del Courier

––Espero que pueda usted entablar un contacto amistoso; o por lo menos dialogar con ese individuo ––dijo por fin¬ Posee usted, por lo que puedo apreciar, el don de entablar relaciones con la gente. Supongo que es cuestión de simpatía, de magnetismo animal, de vitalidad juvenil o de algo por el estilo. Yo mismo lo he sentido.
––Es usted muy amable, señor.
––Entonces, ¿por qué no prueba su suerte con el profesor Challenger, de Enmore Park?
Debo reconocer que esto debió producirme un leve sobresalto, porque exclamé:
––¿Challenger? ¡El profesor Challenger, el famoso zoólogo! ¿No fue ése el hombre que le rompió la crisma a Blundell, el cronista del Telegraph?
El redactor jefe de noticias se sonrió ásperamente.
––Qué, ¿le afecta eso? ¿No me dijo que buscaba aventuras?
––En este oficio hay que hacer frente a todo, señor ––le con¬testé.
––Exacto. Y presumo que no siempre estará en tal ánimo violento. Pienso que Blundell se encontró con él en un mal momento o lo encaró de manera equivocada. Puede que usted tenga mejor suerte o que se maneje maneje con él con mayor tacto. Estoy seguro de que este asunto se ajusta a sus recursos, está en su línea de trabajo. Y a la Gazette le convendría explotarlo.
(Arthur Conan Doyle, El mundo perdido)

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Gerard ante el Emperador

—Bueno, señor Gerard —me dijo al cabo, colocando un dedo en uno de los alamares de mi pelliza—. Me han dicho que es usted oficial de mérito. Su coronel lo ha elogiado mucho.
Quería yo haber contestado brillantemente, pero lo único que recordé fue la frase de Lasalle de que yo era todo bigotes y espuelas, de modo que seguí callado. El emperador debió de conocer en mi cara lo que me pasaba, y como al fin no contesté, no pareció descontento y dijo:
—Creo que es usted el hombre que me hace falta. No me faltan hombres valientes y entendidos. Pero uno resuelto que…
No acabó la frase, y por mi parte no sabía lo que quería decir. Me conformé con asegurarle que podía contar conmigo hasta la muerte.
—Sabe usted manejar el sable, según me han dicho.
—Bastante bien, Señor —contesté.
—Su regimiento le eligió a usted para representarle en el gran asalto para el campeonato.
Me alegré de ver que conocía tan bien mis proezas.
—Mis compañeros me hicieron ese honor.
—¿Y para soltarse la mano, insultó usted a seis maestros de armas durante la semana que precedió al asalto?
—Siete veces me batí en siete días, señor.
—¿Y no sacó usted ni un arañazo?
—El maestro de armas del 23 de ligeros me tocó en el codo izquierdo.
—¡No quiero oír hablar más de esa clase de calaveradas! —gritó de pronto, con un acceso de aquellas cóleras terribles—. ¿Creen ustedes que doy esos cargos a soldados veteranos para que ustedes se ejerciten contra ellos con terceras y cuartas? ¿Cómo lo haré para retar a Europa si mis soldados usan unos contra otros la espada que les confío? Si me habla usted más de sus desafíos, le haré pedazos con estos dedos.
(Arthur Conan Doyle, Las hazañas del brigadier Gerard)

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El profesor von Baumgarten rie a carcajadas

De pronto, como si estuviera despertando de un sueño, el profesor estiró sus brazos largos y delgados. Se frotó los ojos y levantándose de su silla miró hacia todos lados, como si le costara darse cuenta del lugar y la situación en que se encontraba. Con gran sorpresa y disgusto de la mayor parte del público, el profesor lanzó una terrible maldición. A continuación preguntó:
-¿Dónde demonios estoy? ¿Qué infiernos ocurrió? ¡Pero si ya recuerdo! Estoy en un absurdo experimento hipnótico. Pero puedo asegurarles que esta vez no tuvo éxito porque no recuerdo nada de nada desde que quedé inconsciente. Hicieron un largo viaje para nada mis distinguidos sabios amigos. Todo esto sólo ha sido una broma muy graciosa.
Mientras decía esto, el profesor reía a carcajadas y se golpeaba los muslos. El publico se sintió terriblemente agredido por este comportamiento increíble La cosa hubiera terminando muy mal si no hubiera intervenido el joven Fritz von Hartmann. Acababa de recobrar sus sentidos y se había puesto de pie. Avanzando hacia el público dijo:
-Tengo que pedir disculpas por la conducta de este hombre. Si bien pudo parecerles serio al principio del experimento, es un muchacho muy atolondrado. Todavía está bajo los efectos de la reacción hipnótica.
(El gran experimento de Keinplatz)

249Una figura negra y encogida, que apenas se distinguía contra el fondo oscuro, se movía en la sombra del seto, silenciosa y furtiva. Mientras la miraba, la sombra había avanzado una veintena de pasos, y seguía acercándose. En medio de la oscuridad vislumbró un cuello descarnado y aquellos dos ojos que le perseguirían por siempre en sus pesadillas. Lanzó un grito de terror y echó a correr por la avenida de grava, como si le fuera en ello la vida. Allí estaban las luces rojas, como señales de salvación, a menos de un tiro de piedra. Era un corredor afamado, pero jamás había corrido como corrió esa noche.
(Arthur Conan Doyle, El lote N°249)

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2 comentarios en “Arthur Conan Doyle

  1. Algo conozco de este autor, como su creencia en las hadas, tomó en serio el episodio de las hadas de Cottegley.
    He leído varias novelas y bastantes relatos de Sherlock Holmes, gran personaje del policial de enigma. Y que me parece que incluso anticipa el policial negro, en algunos rasgos como la investigación en lugares marginales, los irregulares del Baker Street.

    No conozco tanto el personaje del profesor Challenger, aunque he visto adaptaciones del mundo perdido.
    Y leí esto en Axxon

    http://axxon.com.ar/rev/159/c-159cuento14.htm

    Interesante entrada

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