Abanico

lady_with_an_ivory_fan—Claro que existe una diferencia de bastante peso. En el matrimonio, por ejemplo, se entiende que el marido debe sostener a su mujer, en tanto que ésta tiene la obligación de cuidar y hacer grato el hogar. El hombre debe suministrar los alimentos; la mujer, las sonrisas; en cambio, en el baile los deberes están cambiados: es el hombre quien debe ser amable y complaciente, en tanto que la mujer provee el abanico y la esencia de lavanda. Evidentemente, tal era la diferencia que le impedía a usted establecer una comparación.
(Jane Austen, La Abadía de Northanger)

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jesus holguera

(Jesús Holguera)

-Que pescó a esa gente… -repitió la señora Gowan, tamborileando con sus dedos en su abanico-. Los encontró… Los descubrió. Dio con ellos…
-No puedo decirle dónde mi amigo el señor Meagles presentó por primera vez a su hija al señor Henry Gowan.
-Sin duda los pescaría en Roma; pero no importa… Y ahora, dígame (entre nosotros, desde luego), es plebeya.
-La verdad, señora -replicó Clennam-, yo mismo soy tan indudablemente plebeyo que no puedo juzgar.
-¡Eso es hablar claro! -comentó la señora Gowan, abriendo su abanico-. De donde infiero que usted opina que los modales de esa chica igualan a su aspecto, ¿verdad?
(Charles Dickens, La pequeña Dorrit)

alexander-roslin

(Alexander Roslin)

Ella se había enmascarado cuidadosamente, como lo imponían las costumbres venecianas. Bajo el pequeño sombrero de tres puntas con lazos de oro, un bauta de seda negra, esa pequeña mantilla bordada en encaje, le cubría la cabeza y caía sobre los hombros del abrigo de satén negro que ocultaba completamente su figura.
Cuando se quitó el antifaz de seda blanca, Marc-Antoine saltó hacia ella con un grito que era más motivo de preocupación que de alegría; Porque el rostro que se mostraba enmarcado en las líneas negras de la bauta era más diáfano que nunca en su palidez. Sus ojos oscuros eran pozos nostálgicos a través de las cuales un alma miraba hacia afuera con dolor y algo de miedo. El temblor de su pecho indicaba una respiración nerviosa y acelerada. Apretaba su mano izquierda, que estaba cerrada sobre un abanico blanco, cuyo marco dorado estaba decorado con joyas.
(Rafael Sabatini, El antifaz veneciano)

japaneseLa joven llevaba un quimono de color melocotón con un ancho cinturón de oro y unas zapatillas también doradas. Blackthorne vio que ella lo miraba. Era evidente que la joven y Omi hablaban de él. No sabía cómo reaccionar ni qué tenía que hacer y, por consiguiente, no hizo nada. Esperó pacientemente gozando con la visión de la mujer y con la pulcritud y el calor de su presencia. Se preguntó si ella y Omi serían amantes, o si ella sería la esposa de Omi, y si era efectivamente real.
Omi le preguntó algo y ella le respondió y agitó el abanico verde que aleteó y brilló al sol, y rió con una risa musical, delicada y exquisita. Omi sonrió y después giró sobre sus talones y se alejó. Volvía a ser el samurai.  (James Clavell, Shogún)

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edoardo tofano

(Edoardo Tofano)

¡Válgame Dios, qué linda estaba! A sus encantos naturales, duplicados por la dulce emoción que teñía de suave rosicler su rostro, unía el más elegante y gracioso atavío que la fecunda inventiva de una mujer enamorada puede idear. ¡Cómo lucían aquellos incendiarios ojos, que a cada movimiento de sus pupilas dejaban entrever llamaradas del cielo! ¡Qué sonrisa tan deliciosa la de sus rojos labios!, ¡qué gracia en el abanico!, ¡qué caídas las de la mantilla!, ¡qué deslumbradora claridad, qué irradiación de hermosura desde la peineta hasta las puntas de los diminutos pies! Yo estaba trastornado de admiración.
(Benito Pérez Galdós, Memorias de un cortesano de 1815)

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alfred stevens La Dame A L'Eventail

(Alfred Stevens)

LADY WINDERMERE.- Londres está lleno de mujeres que confían en sus maridos. Cualquiera puede reconocerlas. ¡Tienen un aspecto tan absolutamente desdichado! Yo no quiero ser una de ellas. (Apartándose de él.) Lord Darlington, ¿quiere usted devolverme mí abanico? Gracias… Un abanico es una cosa muy útil, ¿verdad?… Tengo necesidad de un amigo esta noche, lord Darlington; no sabía que lo iba a necesitar tan pronto.
LORD DARLINGTON.- ¡Lady Windermere! Yo sabía que este momento iba a llegar algún día; pero ¿por qué esta noche?
LORD WINDERMERE (Aparte.).- Se lo diré. Debo decírselo. Sería terrible que sucediese aquí cualquier escena. Margarita…
PARKER.- ¡Mistress Erlynne!
(LORD WINDERMERE se estremece. Entra mistress Erlynne, muy elegante y muy digna. Lady Windermere aprieta su abanico y luego lo deja caer al suelo. Se inclina fríamente ante mistress Erlynne, quien le devuelve amablemente su saludo, y avanza por el salón.)
(Oscar Wilde, El abanico de lady Windermere)

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