La belle dame sans merci

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Walter Crane, La belle dame sans merci

La Belle Dame sans Merci (La hermosa dama sin piedad) es una balada escrita por el poeta romántico inglés John Keats (1795 – 1821)
El poema ha servido de tema a los pintores: Frank Dicksee, Frank Cadogan Cowper, John William Waterhouse, Arthur Hughes, Walter Crane, y Henry Maynell Rheam.

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John William Waterhouse

¡Oh! ¿Qué pena te aflige, caballero,
que vagas pálido y solitario?
Los juncos del lago están marchitos;
y ningún pájaro canta.

¡Oh! ¿Por qué sufres, caballero,
tan demacrado y maliciento?
La ardilla ha llenado su granero
y la mies ya fue guardada.

Un lirio veo en tu frente,
húmeda de angustia y el rocío de la fiebre,
y en tus mejillas una rosa descolorida,
también se ha marchitado.

Una dama encontré en la pradera,
de belleza completa, como una hija de las hadas;
largos eran sus cabellos, su pie ligero,
y sus ojos hechiceros.

frank dicksee

Frank Dicksee

Tejí una guirnalda para su cabeza,
y brazaletes y un cinturón perfumado.
Ella me miró como si me amase,
y dejó oír un dulce gemido.

Yo la subí a mi dócil corcel,
y solo a ella vieron mis ojos ese día;
pues sentada en la silla
cantaba una canción de las hadas.

Ella me dió raíces de delicados sabores,
y miel silvestre y rocío celestial,
y sin duda en su lengua extraña me decía:
«Te amo de verdad».

mark fishman

Mark Fishman

Me llevó a su gruta encantada,
y allí lloró y suspiró tristemente;
y cerré yo sus ojos hechiceros
con cuatro besos.

Ella me hizo dormir con sus caricias
y allí soñé (¡Ah, pobre de mí!)
el último sueño jamás soñado
sobre la fría ladera de la colina.

Ví pálidos reyes, y también princesas,
y blancos guerreros, pálidos como la muerte;
Ellos gritaban: «¡La belle dame sans merci
te ha cautivado! »

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Robert Anning Bell

Y vi en la sombra sus labios abrirse 
en espantosa advertencia;
y he aquí que desperté,
y me encontré en la fría ladera de la colina.

Es por eso que ahora me encuentro,
errabundo, pálido y solitario;
aunque los juncos del lago estén marchitos,
y ningún pájaro canta.

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Henry Mayner Rheam

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Arthur Hughes

 

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Escher

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M.C. Escher, Noche y Día

deac93efdcce4628af1da552fdc60b07--escher-art-mc-escherMaurits Cornelis Escher (17 de junio de 1898 – 27 de marzo de 1972) mejor conocido como M. C. Escher, fue un artista gráfico holandés, famoso por sus grabados en madera, litografías y medias tintas.
Aunque Escher creía que no tenía habilidades matemáticas y no tenía estudios en esa materia, su obra es esencialmente matemática, gracias a una comprensión visual e intuitiva. Sus obras incluyen objetos imposibles, exploraciones del infinito, de la reflexión, la simetría y la perspectiva, con poliedros, geometría hiperbólica y teselados.

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El mundo del arte no consideró seriamente a Escher, y su fama proviene de la cultura popular y del interés que despertó en los matemáticos.

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El carácter de las mujeres

Carácter de las niñas
(Bernardino Guajardo, poeta popular, 1885)

Las Josefas son celosas,5e0fa26a041713b5f95a7589a22c2fd0--victorian-ladies-vintage-ladies
Simpáticas las Marías,
Afables las Rosalías
I querendonas las Rosas;
Amables las Sinforosas,
Constantes las Margaritas,
Apacibles las Anitas,
Humildes las agustinas.
Formales las Serafinas
I engañadoras las Ritas.

Alegres son las Julianas
I las Martas enojonas,
Las Jertrudis agravonas,
Caritativas las Juanas,
Orgullosas las Damianas,02685a49921bed03c0b5d710065b58e8--berges-portrait-paintings
Traidoras las Doroteas,
Injeniosas las Andreas,
Desconfiadas las Elenas,
Pacientes las Magdalenas
E indolentes las Tadeas.

Traviesas son las Clorindas
I divertidas las Petas,
Las Anastasias coquetas,
Tenaces las Gumercindas,
Chinchosas las Rudecindas,
Halagüeñas las Manuelas,
Obedientes las Adelas,
Veleidosas las Antonias,
De mal genio las Polonias,images (4)
Cariñosas las Gabrielas.

Honradas son las Teodoras,
Mui sensibles las Clarisas,
Emprendedoras las Luisas.
De buen carácter las Floras,
Honestas las Isidoras,
Ostentosas las Nazarias,
Temibles las Candelarias,
Joviales las Micaelas,
Mui astutas las Fidelas
I perversas las Leocadias.

Por último la Mauricia485px-William-Adolphe_Bouguereau_-_Gabrielle_Cot_-_Sotheby's
Es como la Josefina,
Amable, constante y fina,
Igual a la Fidelicia;
La Justa con la Dionisia,
La Ines i la Celedonia,
Sin ninguna ceremonia
Las muchachas varoniles,
Llegando a los quince abriles
Cada una es una demonia.

Lectura compartida

paraiso perdidoA veces los soldados leían en voz alta algunos libros de Gogol y de Pushkin que tenía conmigo. Comenzaban en cualquier parte del libro y se detenían en cualquier parte también, y siempre me parecieron interesados. Uno de ellos le mostró a otro la famosa carta en Eugenie Oniegin de Pushkin y dijo que era muy buena. Le pedí que leyera un poema llamado Besg, que trata de unos pequeños demonios que desvían un trineo en medio de una tormenta de nieve. Dijeron que era bueno porque se podía cantar. Los soldados no leen mucho realmente. No tienen tiempo; pero el libro que encontré que casi todos habían leído fue El Paraíso Perdido de Milton. Cuando hace dos años un maestro de escuela en el gobierno de Tambow me dijo que El Paraíso Perdido era el libro más popular de la biblioteca del pueblo, me sorprendió y pensé que era un caso aislado. jeromeEn una feria de Moscú, durante la Semana Santa del año pasado, me di cuenta de que había cinco o seis ediciones diferentes de traducciones del poema de Milton, con ilustraciones, que iban de 12 rublos a 30 kopeks y mientras miraba a uno de ellos un mujic se acercó a mí y me aconsejó que lo comprara. “Es muy interesante”, dijo. “Hace reír y llorar.” Ahora entiendo por qué Milton es para el campesinado ruso lo que Shakespeare es para la nación alemana. A ellos les gusta la narración de acontecimientos sobrenaturales que combinan la fantasía de un cuento de hadas y la autoridad de la Escritura, algunas veces los hace reir y el lenguaje elevado les da el mismo placer que estar en la iglesia. El maestro de escuela en Tambow también me dijo que a los campesinos no les gusta leer novelas históricas o historias porque dicen que son meras Vydumki (invenciones). Es posible comprar El Paraíso Perdido en casi cualquier aldea. Compré una edición ilustrada en una pequeña estación entre Harbin y Baikal. Otro autor sherlockinglés que es universalmente popular, no entre los soldados, sino entre los oficiales, los profesionales y las clases altas y medias, es Jerome K. Jerome. Él se ha convertido para la presente generación en un clásico popular de la misma manera que Dickens lo fue para la generación anterior. Era posible comprar una edición barata de sus obras en cada estación de ferrocarril donde había una librería entre Moscú y Harbin. Los libros de Conan Doyle también eran universalmente populares. Nunca me encontré con un oficial que no hubiera oído hablar de Sherlock Holmes. Los oficiales solían llevar una gran cantidad de revistas. Estas revistas contenían en gran parte traducciones del inglés; de las obras de Jerome, de wellsWells, de Kipling, de Conan Doyle, de Marie Corelli y de la Sra. Humphrey Ward. Los oficiales solían preguntarme quién era el autor inglés más popular. Solía ​​responder que pensaba que era Rudyard Kipling. Esto los asombraba por cuando lo consideraban un poco infantil. Pero tal vez sus historias perdían su encanto en la traducción. La señora Humphrey Ward, solían decir, era una autora realmente seria. Las traducciones de Wells y Conan Doyle solían publicarse como series en varias revistas a la vez.”

Maurice Baring, Lecturas compartidas, 1905

Manuel Magallanes Moure

Manuel Magallanes Moure. Poeta chileno. Nació en la Serena el 8 de noviembre de 1878. Realizó sus estudios humanísticos en Santiago. Vivió largos años en la ciudad de San Bernardo, en la calle Eyzaguirre donde realizaba tertulias literarias. Editó la revista Chile Ilustrado (1902). Participó en la Revista Cómica, colaboró en El Mercurio, Las Ultimas Noticias y la revista Zigzag. En 1904 recibió a la Colonia Tolstoyana. Se casa en 1903 con su prima Amalia Villa Magallanes. Se desempeñó como Secretario Municipal y Alcalde de San Bernardo. Funda en 1911 el periódico La Reforma que se mantuvo hasta 1916.  La poesía de Manuel Magallanes Moure se enmarca dentro del contexto del romanticismo, lejos del realismo criollo y del naturalismo crudo de los escritores de su época.
Y como todo romanticismo que se precie de tal, el trabajo del escritor rumba sus pasos hacia versos sencillos, simples, de mucho sentimiento, donde el paisaje, especialmente todo lo concerniente al mar (buques, playas, olas), cobra especial realce.En 1922 viajó en misión oficial a Europa. Falleció el 19 de enero de 1924 a los 45 años de edad. 

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¿Recuerdas? Una linda mañana de verano. 
La playa sola. El vuelo de alas grandes y lerdas. 
Sol y viento. Florida…el mar azul. ¿Recuerdas? 
Mi mano suavemente oprimía tu mano. 

Después, a un tiempo mismo, nuestras lentas miradas 
posáronse en la sombra de un barco que surgía 
sobre el cansado límite de la azul lejanía, 
recortando en el cielo sus velas desplegadas. 

Cierro ahora los ojos; la realidad se aleja, 
y la visión de aquella mañana luminosa 
en el cristal oscuro de mi alma se refleja. 

Veo la playa, el mar, el velero lejano, 
y es tan viva, tan viva la ilusión prodigiosa, 
que a tientas, como un ciego, vuelvo a buscar tu mano.

ventana

Aquella tarde única se ha quedado en mi alma.
Su luz flota en la sombra de mi noche interior.

Sólo una fugitiva vislumbre en la ventana,
sólo un azul reflejo, nada más que un vapor
de luz que se filtraba por las breves junturas,
sólo un vaho de cielo, no más que una ilusión
de claridad fluyendo por entre los postigos.
Nada más que el ensueño de aquel suave fulgor.

Sólo esa fugitiva vislumbre en la ventana.
No más. Y en la penumbra, libres al fin, tú y yo.
En silencio llegaba yo al fondo de la dicha;
con infantil dulzura, tú gemías de amor.

Sólo el azul reflejo de aquella tarde única…
¿No ves tú en la ventana? ¿No ves tú? Quizá no.
Acaso no lo viste, porque cuando yo inmóvil
me quedé contemplando aquel suave fulgor,
tú en aquellos momentos de lánguido reposo
dormías dulcemente sobre mi corazón.

Veo la fugitiva vislumbre en la ventana,
oigo el ritmo apacible de tu respiración.
Te siento. En la penumbra te siento. Eres tú misma
que te duermes, ya mía, sobre mi corazón.

Rural Love

Amor que vida pones en mi muerte
como una milagrosa primavera:
ido ya te creí, porque en la espera,
amor, desesperaba de tenerte.

era el sueño tan largo y tan inerte,
que si con vigor tanto no sintiera
tu renacer, dudara, y te creyera,
amor, sólo un engaño de la suerte.

Mas te conozco bien, y tan sabido
mi corazón, te tiene, que, dolido,
sonríe y quiere huirte y no halla modo.

Amor que tornas, entra. Te aguardaba.
Temía tu regreso, y lo deseaba.
Toma, no pidas, porque tuyo es todo.

they-did-not-expect-him-by-Ilya-Repin-234

Me detuve en la entreabierta
puerta de mi oscuro hogar
y besó mi boca yerta
aquella bendita puerta
que me convidaba a entrar.

Mi corazón fatigado
de luchar y de sufrir,
cuando escuchó el sosegado
rumor del hogar amado
de nuevo empezó a latir.

Fue como el lento regreso
de la muerte hacia la vida,
como quien despierta ileso
tras fatal caída al beso
de alguna boca querida.

Adentro una voz serena
decía cosas triviales
y había un dejo de pena
en esa voz suave y llena
de cadencias musicales.

La voz suave de la esposa
despertó mi corazón,
aquella voz amorosa
que en otra edad venturosa
me arrulló con su canción.

Desfallecido de tanto
batallar y padecer,
llevando en los ojos llanto
y en el alma desencanto
llegué ante aquella mujer.

Caí junto a su regazo
y en él mi cabeza hundí,
y unidos en mudo abrazo
de nuevo atamos el lazo
que en mi locura rompí.

Ni reproches ni gemidos…
sólo frases de perdón
brotaron de esos queridos
labios empalidecidos
por tanta y tanta aflicción.

«Llora, llora -me decía-.
Yo sé que llorar es bueno»…
Mudo mi llanto caía
y ella mi llanto bebía
y me estrechaba a su seno.

Nunca, nunca he de olvidar
sus palabras de cariño
ni el amoroso cantar
con que tras lento llorar
me hizo dormir como a un niño.