Eugène Delacroix

 

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La libertad guiando al pueblo. Obra de Delacroix que llegaría a convertirse en un verdadero símbolo de Francia.

Ferdinand Victor Eugène Delacroix (26 de Abril de 1798 – 13 de agosto de 1863) fue unpintor, muralista y litógrafo francés, máximo representante de la Escuela Romántica Francesa. Su manejo del pincel y sus efectos sobre el color influenciaron a los Impresionistas, mientras que su pasión por lo exótico inspiro a los artistas del Simbolismo. Como litógrafo, ilustró obras de Shakespeare, Walter Scott y Goethe. 
Entre sus rivales se encontraba el neoclásico Ingres y entre sus amigos y seguidores a Géricault.

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La masacre de Quios. La simpatía que sintió Delacroix por la causa de los griegos lo llevó a pintar esta obra de tremenda fuerza dramática.


Aunque estudió con Guérin, en el estilo neoclásico de David, fue influenciado por el colorido y el estilo del barroco Rubens.
Su obra más famosa y difundida es “La libertad guiando al pueblo”, pero muchas de sus pinturas se destacan por su fuerza dramática, como las que tienen como tema la guerra de los griegos contra los turcos., él veía en los norafricanos 

Sus viajes al Norte de África lo llevaron a pintar temas orientales, despertando su interés por el Orientalismo.

A pesar de las dificultades que significaba acceder a mujeres musulmanas sin velo, Delacroix se las arreglo para pintar su obra “Mujeres de Argel en sus habitaciones.

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Mujeres de Argel

Más de 100 pinturas y dibujos son los que Delacroix realizó en el Norte de África, él veía en los norafricanos unas actitudes y una vestimenta que asociaba a las de los antiguos griegos y romanos.

Entre su legado se encuentra su participación en la creación de la Sociedad Nacional de Bellas Artes.

 

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Dragones

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El dragón es un animal mítico que aparece en numerosas culturas en el mundo. En general se puede decir que respecto de los dragones hay dos líneas principales en cuanto a su origen, la de la cultura europea y la de la cultura asiática. En América, no existe el dragón en las culturas prehispánicas, pero se dice que Quetzalcoatl podría asociarse al dragón de tipo oriental.

dragonLas dos versiones del dragón, la occidental y la oriental, pueden haber surgido independientemente, pero es posible también que en el transcurso del tiempo se hayan influenciado mutuamente.
En todo caso, hay diferencias en la forma, el dragón europeo es una criatura con cuatro patas y con alas, y que respira fuego. El dragón asiático también tiene cuatro patas pero rara vez tiene alas, su forma es más alargada.
En Europa el dragón apareció durante la Edad Media, con mucha frecuencia asociado al mal, mónstruos que deben ser combatidos y muertos, usualmente por santos o héroes. Tal vez la imagen del dragón en la cultura europea provenga de la mitología sumeria, en la que un dragón marino es vencido por el dios Baal. De ahí pasó a la tradición hebrea en la que el Leviatán, una especie de dragón marino, es vencido por Yahvé. Tal vez las historias más famosas relativas a dragones sean las de la mitología germánica, con el dragón Fafnir, y la de San Jorge, que vence a un dragón que se había vuelto antropófago.
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En Asia, en cambio, el dragón es un ser inteligente, de naturaleza benevolente y asociado a la buena suerte. En China, cuyos dragones son los más conocidos, estos seres tienen un estatus especial, y son muchos los héroes que fueron engendrados a causa de la unión de sus madres con dragones . Los dragones chinos pueden ser masculinos o femeninos.
En la literatura moderna aparecen con frecuencia los dragones, como ocurre en las obras de Tolkien, Rowling y Martin, donde son parte importante de los argumentos.
En el arte los dragones han sido representados con frecuencia, su imagen basada en la absoluta libertad de sus creadores, aunque conservando su forma reptiliana, sus patas, alas y aliento de fuego.

lahamu“Tiamat creó víboras y dragones, y el monstruo Lahamu, Y huracanes, y perros furiosos, y hombres escorpión, Y fuertes tempestades, y hombres de pescado, y carneros; Portaban armas crueles, sin miedo a la pelea. Sus órdenes eran poderosas, nadie podía resistirlas; Ella hizo once tipos de monstruos “.
(Antigua Babilonia, Historia de la Creación)

St.-George-and-the-DragonAsí, mientras hablaban, apareció el dragón y corrió hacia ellos, y San Jorge subió a su caballo, sacó su espada y trazó con ella la señal de la cruz, y cabalgó con fuerza contra el dragón que venía hacia él, y lo golpeó él con su lanza y lo hirió y lo arrojó al suelo. Y después de decir a la doncella: Sácate el cinturón, y átalo alrededor del cuello del dragón y no tengas miedo. Cuando lo hizo, el dragón la siguió como si hubiera sido una bestia mansa y doméstica. Luego ella lo condujo a la ciudad, y la gente huyó por montañas y valles, y dijo: ¡Ay! ¡Ay! estaremos todos muertos. Entonces San Jorge les dijo: “No duden de nada, sin más, crean en Dios, Jesucristo, y pidan ser bautizados y mataré al dragón”. Entonces el rey fue bautizado y todo su pueblo, y San Jorge mató al dragón y le cortó la cabeza, y ordenó que el cuerpo fuera arrojado al campo, y se necesitaron cuatro carros con bueyes para sacarlo de la ciudad. (Anónimo, La vida de San Jorge)

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Sigfrido tuvo un éxito completo en su descenso sobre Lygni, a quien mató, junto con muchos de sus seguidores. Luego salió de su reino reconquistado y regresó con Regin para matar a Fafnir. Juntos cabalgaron a través de las montañas, que se elevaban cada vez más alto hasta que llegaron a una gran extensión de desierto que, según Regin, era la guarida de Fafnir. Sigurd cabalgó solo hasta que conoció a un extraño tuerto, quien le dijoó que cavara trincheras en el medio de la pista por la cual el dragón arrastraba diariamente su babosa longitud hasta el río para saciar su sed, y esperó en una de estas hasta que el monstruo pasó por encima de él, y empujó su espada directamente en su corazón.
(Mitología nórdica)

Los Targaryen de antaño iban a la guerra a lomos de dragones. Trató de imaginarse Queen_Alysanne_by_Trishkell_IIIcómo se sentiría a horcajadas del cuello de un dragón, elevándose por el aire—. Sería como estar en la cima de una montaña, pero mejor. Vería el mundo entero debajo de mí. Si volara muy alto, hasta podría ver los Siete Reinos, y tocar el cometa con las manos.»
(George R.R. Martin, Canción de hielo y fuego)

chan da beiLa leyenda de Yü Huang relata que en la antigüedad existía un reino llamado Kuang Yen Miao Lo Kuo, cuyo rey era Ching Tê, su reina se llamaba Pao Yüeh. A pesar de que habían pasado los años años, ella no había logrado tener un hijo. Por un edicto de palacio, los sacerdotes taoístas fueron convocados para que realizaran sus ritos. Recitaron oraciones con el objeto de que llegara un heredero al trono. Durante la noche siguiente, la Reina tuvo una visión. Lao Chün se le apareció, montando un dragón, y cargando a un niño en sus brazos. Él flotó hacia abajo en el aire en su dirección. La Reina le suplicó que le diera al niño como un heredero al trono. “Estoy dispuesto”, dijo. “Aquí está.” Ella cayó de rodillas y le dio las gracias. Al despertar se encontró encinta. Al final de un año nació el Príncipe.
(Anónimo, La leyenda de Yü Huang)

Adrienne Bolland

adrienne-bollandAdrienne Armande Pauline Bolland, ( – 

El 25 de agosto de 1920 se convirtió en la primera mujer en atravesar el canal de la mancha en aeroplano viajando desde Francia a Inglaterra (Harriet Quimby lo habia hecho desde Inglaterra a Francia).

Caudron_G.3_coloured_drawingEn 1920 fue enviada a la Argentina por René Caudron para realizar vuelos de exhibición y demostración en Buenos Aires. Fue allí dónde comenzó a planear el cruce de la cordillera de los Andes.

Para realizarlo despegó desde el aeródromo de Los Tamarindos en Mendoza a las 6:35 de la mañana hora argentina del 1° de abril de 1921. El vuelo lo realizó en su aeroplano Caudron G.3 de 80 Hp. Lo hizo sin contar con mapas ni conocer la región, aterrizando sin problemas en el aeródromo de El Bosque a las 10 de la mañana hora chilena, donde fue vitoreada por el numeroso público presente y recibida por las autoridades militares a los sones de los himnos nacionales interpretados por la banda del Regimiento de Ferrocarrileros.

adrienne8A los pocos días Adrienne Bolland regresó a la Argentina para seguir cumpliendo el contrato de la firma en Buenos Aires, el viaje lo hizo en Ferrocarril puesto que dejó el avión en Chile.

Recibió la Medalla al Mérito de Chile, la Medalla de Oro del Club Aéreo de Buenos Aires y la Legión de Honor de Francia.

ADRIANNE SELLOEn 1971 Air France celebró el cincuentenario del cruce de los Andes poniendo a disposición de Adrienne Bolland un avión especial que la trajo a Chile, con 30 de sus amigos, vía Brasil, Uruguay y Argentina. Fue homenajeada en la Escuela de Aviación donde los cadetes entonaron un himno especialmente compuesto para ella.
Adrienne Bolland falleció en 1975 a los 79 años.

El autor y el personaje

Un cuento de Nino Guareschi. 

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Cuando uno se imagina las innumerables prepotencias que el autor puede concentrar, si así se le antoja, en el héroe de su novela, es como para asustarse.
El autor puede hacer con él todo lo que le dé la gana. Según su capricho, puede hacerlo morir lo mismo en el primer capítulo que en el último, puede prestarle sentimientos que no correspondan ni poco ni mucho con sus condiciones físicas — esto es, dar un carácter de hombre sanguíneo a un hombre de temperamento linfático o nervioso, y viceversa—, puede hacerle llorar, reir, ponerse enfermo, volverse loco o enamorarse a su gusto.
Él es, en resumen, como un pequeño Dios para su personaje.
Puede hacer que se enamore de la muchacha que a él le plazca como autor, aunque no le gusta al héroe. Si quiere puede incluso hacerlo enamorar de una vieja.
Nada más fácil, pues no tiene más que escribir: “Ramberto levantó los ojos lentamente y miró sonriendo a la vieja. De pronto tuvo la sensación de que un dulcísimo sentimiento nacía en él. Amaba…”
¿Qué cuesta escribir una cosa así? Y ya tenemos al pobre Ramberto enamorado locamente de una anciana. Ya lo tenemos suspirando por la vieja y soñando con la vieja. Y todo porque el autor, en un momento de maldad pura, lo ha escrito así.
No sé si he expresado claramente mi idea.
Yo, por ejemplo, conocía a un escritor que era, sin duda alguna, la maldad personificada. Él, en el fondo, odiaba a los héroes de sus novelas. Era un hombre pequeño y, por decirlo así, medio jorobado, y se divertía creando unos personajes hermosos, robustos, con unos hombros cuadrados, con un pecho fuerte y unas mandíbulas poderosas, para darse después el gusto de hundirles en el mayor de los desprestigios. Hacía que unos piratas chinos los ataran y los amordazaran o hacía que se enamorasen de mujeres bellas y fatales que se burlaban de ellos en sus propias barbas. Luego, como si no tuviera bastante con todo esto, los hacía morir miserablemente en el último capítulo.
Una vez creó un magnífico tipo de héroe, un hermoso joven que. después de haber hecho todos los oficios —marinero, contrabandista, jugador profesional, maestro de boxeo, profesor de baile, etc., etc. — se enamoraba perdidamente de una muchacha rubia con los ojos azules como el mar o cualquier cosa de este género y, después de muchos esfuerzos que se iban dilatando hasta el fin de la novela para conquistarla, no sólo no lo conseguía, sino que caía en las aguas profundas de un pequeño lago insignificante y se hundía como un plomo ahogándose miserablemente.
El héroe en cuestión se llamaba Carlos Pantera, si mal no recuerdo, y tenía apenas treinta años en el momento de su muerte.
Habían transcurrido unos seis meses desde la aparición de la novela y el autor ya no pensaba ni siquiera en ella cuando alguien llamó un día a su puerta.
El escritor fue a abrir y se encontró cara a cara con un joven alto y robusto, con la cara bronceada por el sol de los trópicos y de facciones enérgicas.
—Buenos días — dijo el joven entrando.
—Buenos días — contestó el escritor —. A ¿ qué debo el honor de esta visita ?
El joven sonrió malignamente.
—Yo — dijo — soy Carlos Pantera.
El escritor también sonrió.
—Comprendo — repuso—. Un caso curioso de homonimia. Usted se llama, por una rara casualidad, precisamente como uno de los héroes de mis novelas y ha venido a protestar… Son cosas que pueden ocurrir y que…,
—No — dijo el joven, resueltamente.
—¿ Cómo?
El extraño visitante miró a su alrededor con circunspección, después cerró la puerta detrás de sí, dió algunos pasos por la habitación y se sentó.
—Yo — afirmó — soy verdaderamente Carlos Pantera, el protagonista de su última novela.
Una pausa llena de signos interrogantes y de exclamación.
—Como puede usted ver — añadió después de un momento de silencio —, no estoy muerto.
El escritor se sobresaltó.
—Sin embargo — exclamó —, yo le he hecho ahogar en el lago de Thub. ¡Lo recuerdo muy bien!…
¡Ah, ah! repuso el joven. Se lo ha creído, ¿eh? Usted es un cretino.
—¡Caballero! intentó protestar el escritor.
—¡ Es usted un cretino y un bandido! Se ha olvidado usted de que en mi juventud me hizo ser marinero del “María Adelaida”, y se ha olvidado sencillamente de que los marineros, por regla general, saben nadar como peces. Y yo, efectivamente, me he salvado nadando.
Se frotó enérgicamente las manos y prosiguió:
—No sólo nado y he logrado salvarme, sino que después de haberme librado de su influencia, porque usted me creía muerto y ya no se ocupaba de mí, he ido a buscar a la muchacha rubia de los ojos azules como el mar, y ella, libre también de la influencia de usted, me ha dado el sí. Y hace quince días que nos hemos casado.
– Pero en este caso — quiso protestar el novelista— mi libro acaba estúpidamente.
—Para usted tal vez, pero no para mí. Y además, no me importa nada que su novela acabe o no estúpidamente. Lo importante es que yo estoy vivo y soy feliz.
—¿Y ahora qué piensa usted hacer?
—Por el momento he venido a decirle a usted cuatro palabritas.
Se frotó otra vez las manos, se puso de pie y se acercó a la puerta.
—¿ Qué va usted a hacer ? — gritó el escritor, asustado.
—Le voy a enseñar de una vez para siempre a hacer que se ahoguen las personas decentes —dijo tranquilamente el joven, cerrando la puerta con llave y guardándose la llave en el bolsillo.
Lo que sucedió en la estancia del escritor yo no lo sé. Sé únicamente que desde aquel día no describió más héroes altos y robustos. Sus personajes fueron en lo sucesivo siempre pequeños y con los hombros más bien estrechos.
Yo, en cambio, soy bueno. Hubiera podido hacer acabar mal a mi héroe, pero no he querido. Hubiera podido, ¿qué sé yo?, hacerlo asesinar, convirtiendo así mi libro en una novela policíaca. Hubiera podido hacer que se casara con Cecilia en vez de casarlo con Isabel. No he querido hacerlo. Me he puesto en su lugar y he obrado en consecuencia. No he querido abusar de mi poder.
Se cuenta una célebre anécdota de Alejandro Dumas, según la cual un día fue sorprendido por su hijo mientras estaba sollozando desesperadamente.
—¿Qué te ocurre, papá ?
—Cállate. Piensa que acabo de cometer un gran delito.
—Pero ¿qué ha hecho?
—He hecho morir al grande, al noble, al valeroso Porthos.
Y no podía calmarse.
Y ahora digo yo, ¿era verdaderamente necesario hacer morir a Porthos? Porthos era bueno, creía todas las historias que le contaban D’Artagnan y Aramis y quería bien a todos. ¿Por qué, pues, hacerlo morir? ¿Y por qué dejar vivir, en cambio, a Aramis que era malo? Yo, si hubiera sido Dumas, habría salvado de la muerte al buen gigante y lo habría hecho retirarse a la vida privada en sus posesiones de Pierrefond, le habría hecho obtener el título de duque que él deseaba tanto y lo habría hecho vivir hasta los cien años, feliz y contento.
¡Abajo Dumas!

Gabriela Mistral

Gabriela Mistral fue una de las poetas más notables de la literatura chilena e hispanoamericana. Se le considera una de las principales referentes de la poesía femenina universal y por su obra obtuvo el primer Premio Nobel de Literatura para un autor latinoamericano.
Nació el 7 de Abril de 1889 en Vicuña, ciudad nortina situada en el cálido Valle del Elqui. Fue bautizada como Lucila de María Godoy Alcayaga, según consta en los registros parroquiales.
En 1945 la Academia Sueca galardonó finalmente a Gabriela Mistral con el Premio Nobel de Literatura, premio que recibió el 10 de diciembre de aquel año. Años después de este reconocimiento de carácter universal en Chile se le otorgó el Premio Nacional de Literatura en 1951.

El pasó con otra;   celos
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

Él va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!

El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiere callar.)
Y el irá con otra
por la eternidad!

El beso del escultor

Cuento de Carlo Salustri (Trilussa)

elena-ivanovnaUna noche, bajo las estrellas de Trinidad del Monte, el escultor C… me confió sus penas sentimen­tales. Estaba enamorado de una princesa rusa, so­brina del Zar, una de las mujeres más hermosas de Petrogrado, un poco misteriosa, con un nombre más dulce que un suspiro — “Sofía” —, pero con un ape­llido que parecía un galope de caballos: Krataclastoff.
El escultor me participó muy en secreto que, desde hacía tres semanas, iba a verle todas las mañanas a su estudio de la calle Margutta. Él esculpía su busto.
—¿Tres semanas? — observé—. ¿Y no has llega­do aún a conmover su corazón?
—¡Oh! Verás — me respondió el artista—. Ima­gínate que el primer día, ante una manifestación de ternura completamente inofensiva, la princesa me di­jo: “Tenga muy presente, mi querido amigo, que amo sólo a mi marido; que le soy fiel; que no oculto mi simpatía por usted, pero que nada tiene que es­perar de mí. Lo único a que puedo autorizarle es a que me bese en la mejilla izquierda…; vea, aquí…”
…Y me indicó el sitio exacto con su meñique, en el que brillaba un zafiro.
—¿Y no te adueñaste inmediatamente del espa­cio disponible?
— En el acto! — contestó el escultor —. Espera­ba ganar terreno más tarde, pero me equivoqué. Hoy, después de transcurridos quince días, estoy aún en el mismo lugar. Me permite que la dé un beso en la mejilla izquierda… y eso es todo.
—¿Y no te lo devuelve nunca?
—¡Jamás! ¡Es inflexible!
Me separé de mi pobre amigo dándole ánimos.
Algunos días después, en la calle Margutta, vi un coche magnífico ante la casa del artista.
Me acerqué al chófer, un buen mozo, ocupado en leer tranquilamente su periódico, y le pregunté:
—Perdón…. ¿Puede decirme si hay alguien en casa del escultor?
El joven levantó la vista y, en cuanto me miró, lanzó un “¡Oh!” de sorpresa. Me conocía de hacía tiempo. Era el hijo de Zagarolese, el hotelero de la calle de San Angelo. Me contó que, desde hacía cuatro años, servía a la princesa Krataclastoff en calidad de chófer.
—Es una señora muy buena, ¿sabe? Me quiere mucho. Me trata como si fuera de su familia. Es ver­dad que yo también le he dado una gran prueba de abnegación. Figúrese que hace dos años nos encon­trábamos en Francia. Y he aquí que en el curso de una pequeña excursión en automóvil por los alredores de París, un guardabarros choca contra un árbol, salta, rompe el cristal y hiere a la princesa en el ros­tro. Había que obrar rápidamente… Vuelo al hospi­tal más próximo… El doctor dijo: “No es nada grave, pero me temo que quede desfigurada. Habría que practicar en seguida un injerto… Si hubiera aquí alguien dispuesto a permitir que le quitase un pedacito de piel, lo haría de inmediato…”
—¡ Estoy a su disposición! — le dije al cirujano.
Y me sometí a una operación delicada y dolorosa. He de confesar que me dolió mucho, pero, en compensa­ción, tengo la alegría de haber contribuido perso­nalmente a la conservación de la belleza de la se­ñora.
—Eso está muy bien —dije—. ¿Y de dónde le sacaron la piel?
—De aquí — dijo el joven, con aire satisfecho. Tuvo que levantarse para indicarme el sitio.
No he revelado jamás a mi amigo el escultor qué es lo que besaba desde hacía exactamente tres semanas.

Las mil y una noches

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Antonie Galland (4 de abril de 1646 – 17 de febrero de 1715) fue un orientalista y arqueólogo francés, famoso por realizar la primera traducción europea de Las mil y una noches. Durante su estancia en Constantinopla, 1n 1690, Galland conoció un manuscrito de la Historia de Sindbad el marino, lo tradujo al francés y lo publicó en 1701. El éxito que tuvo lo entusiasmó para traducir un manuscrito sirio del siglo XIV de cuentos de Las mil y una noches. Los dos primeros volúmenes aparecieron en 1704 y el último (el XII) fue publicado postumamente en 1717. La primera parte de la obra es una traducción del manuscrito sirio, pero posteriormente recogió cuentos de otras fuentes.

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Anton Pieck, Las mil y una noches

La traducción de Galland se adaptó al gusto de la época, por lo mismo eliminó los pasajes eróticos y los fragmentos de poesía.
Richard Burton, otro de los famosos traductores de la obra, llamó a la traducción de Galland una “deliciosa abreviación y adaptación”. Burton tenía razón, pero debe entenderse que la traducción de Galland fue el producto de una época para una época, además de ser la versión que está más al alcance del público infantil y de las personas que prefieren evitar las escenas y el lenguaje erótico. Es por eso que aunque han pasado doscientos años, la obra de Galland ha sobrevivido con toda su magia.

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Edmund Dulac, El príncipe Ahmed y el hada Peri-Banú

Las mil y una noches es, tecnicamente, una colección de cuentos. Procede de la antigua tradición oriental de los Contadores de Cuentos y fueron reunidas posteriormente en colecciones escritas por diferentes recopiladores a lo largo de siglos. Reune historias de los más diversos orígenes, indio, iranio, árabe, egipcio, mesopotámico y griego, por lo menos.
Se cree que sus primeras versiones escritas datan del siglo IX.

Los cuentos están estructurados alrededor de la historia del rey Shariar y su esposa Sherezada, quién para salvarse de la muerte y salvar también de un cruel destino a las doncellas del reino, cuenta a su esposo una historia cada noche, dejándola irremediablemente inconclusa postergando así su destino por un día más.
Luego, los cuentos van desarrollándose con el recurso de la historia dentro de la historia, de modo que el protagonista de un cuento cuenta a su vez otro.

Como nunca500 mil existió un libro único, sino compilaciones de diversos autores, se encuentran diversas ediciones, las que difieren en su contenido.
Los temas de los cuentos son de la más grande diversidad, incluyendo mitología pre-islámica, historias románticas, de terror, policiales, cómicas y didácticas, por ejemplo. También pueden encontrarse elementos fantásticos y que podrían clasificarse dentro de la moderna ciencia ficción.

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Robert Swain Gifford, El huevo de Roc

 

Es un libro muy entretenido, que vale la pena ser leído, aunque por supuesto el llamado público en general no lo aprecia en lo que debe, rescatando tan solo algunas historias aisladas como la de Ali Babá o la de Aladino, que, según los expertos, ni siquiera pertenece a Las mil y una noches, y, algunos sospechan, fueron escritas por el mismísimo Antonie Galland.