Leche Condensada

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El 9 de noviembre de 1801 nació Gail Borden Jr., cartógrafo, profesor, soldado, político, inventor y hombre de negocios estadounidense. Su fama se debe principalmente a que inventó la leche condensada azucarada.

A comienzos del siglo XIX ya se hizo evidente que se necesitaba encontrar métodos para conservar los alimentos, de manera que aumentar su durabilidad y facilitar su almacenaje, transporte y distribución. Uno de los alimentos más complicados, por su poca duración, su difícil manejo y su vulnerabilidad sanitaria, era la leche.
Nicolas Appert logró producir, en 1820, una leche concentrada y una pasteurizada que podía durar hasta tres semanas.
Pero sería el estadounidense Gail Borden Jr. quién, en 1853 y tras varios intentos fallidos, lograría un producto que podía durar hasta diez años, la leche condensada azucarada envasada en latas.
Imagen relacionadaDurante la Guerra Civil, el gobierno de los EE.UU. encargó grandes cantidades de leche condensada para usarla como raciones de campaña, una excelente solución ya que una lata de 300 gramos proporcionaba 1.300 calorías. Terminada la guerra, los soldados popularizaron su consumo. Luego, la Primera Guerra Mundial reactivó de nuevo el interés por la leche condensada por su facilidad de manejo.

Aunque actualmente la leche condensada ya no tiene el mismo interés como producto alimenticio, es interesante notar que este producto es uno de los componentes principales de la Reserva de Alimentos del Estado en la Federación Rusa.

En el Estado de Texas, el Condado de Borden lleva su nombre en honor al inventor.

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El día 23 de mayo al amanecer, unos discretos y misteriosos golpecitos en el zinc de  uno de los costados de nuestra prisión, nos llama la atención. Por un pequeño espacio abierto se nos introdujo, con mucho sigilo, unos cuantos panes y un tarro de leche condensada. Mas tarde supimos que la mano generosa que nos llevaba este primer alimento, ya que nada habíamos comido, era una señora chilena.
(Cornelio Guzmán, Relato del Combate Naval de Iquique)

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En las tiendas había ropa y muebles, botas y vasos, libros y monturas, armas y cortinas, brochas y escobas, frazadas y cigarros, verduras y medicinas, arados y jabones, cepillos y leche condensada, sartenes y litografías baratas — de todo, se puede decir, excepto clientes.
(Julio Verne, La estrella del Sur)

 

 

 

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No estaría bien hacer ruido, en esa primera noche de Marte, introducir un aparato extraño, brillante y tonto como una estufa. Sería una suerte de blasfemia importada. Ya habría tiempo para eso; ya habría tiempo para tirar latas de leche condensada a los nobles canales marcianos; ya habría tiempo para que las hojas del New York Times volaran arrastrándose por los solitarios y grises fondos de los mares de Marte.
(Ray Bradbury, Aunque siga brillando la

 

 

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Jim pasó por el comedor a la cocina. Evitó la charca de agua debajo de la nevera y examinó con ojos expertos los estantes e la alacena. Descubrió con disgusto que el dentista y su hermosa acompañante eran aficionados a la comida china —que sus padres rara vez probaban— y los armarios parecían un almacén chino, con frutas secas y largas tiras de tripas desecadas. Pero había una lata, una sola, de leche condensada, de una deliciosa dulzura que Jim ya había olvidado.
(James G. Ballard, Lágrimas del Sol)

 

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Asió luego la lata de conserva, levantándose, descendió por el sendero estrecho hacia la margen del río, y regresó, en fin, con la lata rebosante de agua, ni muy transparente ni muy limpia. Después mezcló en el bote de leche condensada una parte de agua con dos del fluido incoloro de la botella. Así formó aquella droga alcohólica que entre los vagabundos es conocida con el nombre de alki.
(Jack London, Los vagabundos)

 

 

Resultado de imagen para "leche condensada" vintage nestleAl entrar en el avión vio que la mujer seguía en la misma posición. Estaba profundamente dormida. Empezó a investigar el interior del aparato; abrió un armario, que ostentaba una cruz roja, y encontró su contenido todo revuelto. Entró después en el departamento de la cocina. Todas las botellas estaban hechas añicos y un penetrante olor a alcohol llenaba el recinto. Encontró café molido, azúcar y un tarro, algo abollado, de leche condensada.
(Mika Waltari, Estas cosas no suceden)

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