Máquina de Coser

Elias Howe (1819-1867)

El 9 de julio de 1819 nació Elias Howe, el inventor de la máquina de coser. No fue el primero en tener la idea de una máquina de coser, pero su modelo se caracterizó por coser con punto de cadeneta, con un hilo superior y uno inferior. Tenía la máquina de Howe los tres elementos que todavía son comunes en las máquinas modernas, la aguja con el ojo en la punta, la lanzadera para el hilo inferior y la alimentación automática.

bryce cameron liston
Bryce Cameron Liston

Las máquinas de coser giraban veloces movidas por los pies que bajaban y subían rítmicamente o por las manos de las fatigadas oficialas. Alguna trabajaba en silencio, sentada ante la mesa, moviendo la mano con la aguja y el hilo. El suelo estaba lleno de trozos de tela. Había que hablar en voz alta para ahogar el zumbido de las máquinas de coser y los frenéticos gorjeos modulados por «Kirill Modéstovich», el canario cuya jaula colgaba del marco de la ventana, y cuyo nombre era un misterio que la antigua dueña se había llevado consigo a la tumba.
(Boris Pasternak, El Doctor Zhivago)

 

 

maquina4Al apoyar la mano sobre el picaporte de la puerta se le ocurrió pensar que tal vez encontraría otro hombre en el cuarto de Zinachka…, sentado en el mismo viejo sofá de color verde que antes había disfrutado él. Este pensamiento, sin que alcanzara a explicarse la razón, le produjo un gran terror.
Procedente del interior se oía el ruido de una máquina de coser.
Cuando Pedro entró en la habitación, Zinachka le miró al pronto sin comprender. Pero al segundo siguiente dejó escapar un grito de júbilo, saltó de su asiento y se abalanzó sobre el cuello de Pedro.
(Zilahy Lajos, Dos prisioneros)

vicente romero redondo
Vicente Romero Redondo

Los solares ardían como braseros entre casas que aún se mantenían en pie, saqueadas, con las puertas rotas, pero libres del incendio. Desnoyers vio en estos rectángulos llenos de tizones, sillas, camas, máquinas de coser, cocinas de hierro, todos los muebles del bienestar campesino, que se consumían o retorcían.
(Vicente Blasco Ibañez, Los cuatro jinetes del Apocalipsis)

 

maquina2Isak se fue, de la mejor gana. Los encargados del bote le señalaron la caja, pero en cuanto a la máquina de coser, fue preciso que Inger misma la buscara. Era como un cajón de forma desconocida, con una tapa redonda y un asa para poder llevarla fácilmente. ¡Una máquina de coser en aquella comarca! Isak cargó con la caja y con la máquina de coser, y dijo a su familia:
—Voy corriendo al pueblo con esto, y luego la llevaré a ella.
(Knut Hamsun, Bendición de la Tierra)

maquina1—¡Increíble! —exclamó—. Abrir aquí, en este villorrio perdido en mitad de los campos, un restaurante. ¡Aquel chico está loco!
—Nunca tanto como aquel fulano que, en 1906, montó en un villorrio aún más remoto e ignorado que éste un gran emporio de máquinas de coser, bicicletas, fusiles, motocicletas, gramófonos de bocina, etcétera. Aquello era una chifladura.
—Aquello era el Progreso —respondió el viejo acentuando la «pe» a fin de que se comprendiera que era mayúscula.
(Giovanni Guareschi, En familia)

 

hans heysen
Hans Heysen

Allí hay de todo: lápices de labios, cremas de belleza en su embalaje de origen, sobrantes americanos de la última guerra, alternando con manteca de yak, jamones y piernas de cordero. En algunos almacenes se puede comprar sin dificultad una máquina de coser, un receptor de radio o una gramola; por otra parte, es frecuente escuchar los últimos discos de Bing Crosby durante las recepciones que organiza la nobleza.
(Heinrich Harrer, Siete años en el Tibet)

 

thomas baker
Thomas Baker

Por las cartas que estaban esparcidas por todos los lados pude enterarme de que aquella casa pertenecía al dueño de una fábrica de cervezas apellidado Lesage. En aquella habitación había armarios y cómodas despanzurrados, un tocador volcado, una máquina de coser y un cochecito de niño. En las paredes colgaban cuadros y espejos rotos.
(Ernst Jünger, Tempestades de acero)

 

savino labo
Savino Labo

 

“¿Entiende de caballos?”.
“Domé una caballeriza entera”, le respondí.
Y justamente entonces aparecieron cuatro caballos que arrastraban una ma¬quinaria que venía detrás nuestro, ¿no los viste? …
“¿Y que tal se siente usted para manejar cuatro caballos?”, me pregunta como de casualidad.
“Esa es mi especialidad, precisamente. Puedo manejarlos atados a un arado, a una máquina de coser o a un tiovivo”.
(Jack London, El valle de la Luna)

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