Regalo

PJ Lynch, El regalo de los Magos

La palabra según Sindel, 52 de 52

Delia dejó de llorar y se empolvó las mejillas con el cisne de plumas. Se quedó de pie junto a la ventana y miró hacia afuera, apenada, y vio un gato gris que caminaba sobre una verja gris en un patio gris. Al día siguiente era Navidad y ella tenía solamente un dólar y ochenta y siete centavos para comprar un regalo a Jim. Había estado ahorrando cada penique, mes a mes, y éste era el resultado. Con veinte dólares a la semana no se va muy lejos. Los gastos habían sido mayores de lo que había calculado. Siempre lo eran. Sólo un dólar con ochenta y siete centavos para comprar un regalo a Jim. Su Jim. Había pasado muchas horas felices imaginando algo bonito para él. Algo fino y especial y de calidad -algo que tuviera justamente ese mínimo de condiciones para que fuera digno de pertenecer a Jim.
(O. Henry, El regalo de los Reyes Magos)

Nicolas Hoffmann, Distribución de los regalos

Jo fue la primera en despertarse al amanecer gris de la mañana de Navidad. No había medias colgadas delante de la estufa, y por un momento se llevó tanto chasco, como una vez, hacía ya mucho, que su mediecita se había caído al suelo por estar muy llena de regalos. Entonces recordó lo que su madre había prometido, y, metiendo la mano debajo de la almohada, sacó un librito encuadernado en rojo. Lo reconoció muy bien, porque era una bella historia de la vida más perfecta que jamás pasó por el mundo, y Jo sintió que era un verdadero guía para cualquier peregrino embarcado en el largo viaje de la vida. Despertó a Meg con un ” ¡Felices Pascuas! “, y le dijo que buscase debajo de la almohada. Apareció un libro, encuadernado en verde, con la misma estampa dentro y unas palabras escritas por su madre, que aumentaban en mucho el valor del regalo a sus ojos. Pronto Beth y Amy se despertaron para buscar y descubrir sus libros, el uno de color gris azulado, el otro azul; y todas sentadas contemplaban sus regalos, mientras se sonrosaba el oriente con el amanecer.
(Louisa M. Alcott, Mujercitas)

Lovist Corinth, Distribución de regalos

Pero de pronto se oyó que llamaban a la puerta, e inmediatamente se produjo tal conmoción, que la matrona, con cara sonriente, se dirigió a abrir la puerta en medio de un grupo jubiloso y alegre que saludó ruidosamente al padre, que llegaba a casa precediendo a un hombre cargado de regalos y juguetes de Navidad. Entonces fueron las aclamaciones y la lucha y el ataque contra el portador indefenso; el asalto sirviéndose de las sillas a modo de escalas, para registrarle los bolsillos, despojarle de los paquetes envueltos en papel de estraza, agarrársele a la corbata, colgársele del cuello, darle golpes en la espalda y puntapiés en las piernas con irrefrenable entusiasmo. ¡Las exclamaciones de admiración y delicia con que era recibido el descubrimiento de cada envoltorio!
 (Charles Dickens, Canción de Navidad)

 

Marguerite Gerard, El regalo

La señora Cole estaba contando que había visitado a la señorita Bates y que, apenas entrar en la sala, se había quedado asombrada al verse delante de un piano… un magnífico instrumento, muy elegante… cuadrado, no demasiado’ grande, pero sí de unas dimensiones considerables; y el meollo de la historia, el final de todo el diálogo que siguió a aquella sorpresa, y las preguntas, y la enhorabuenta por parte de la visitante, y las explicaciones por parte de la señorita bates, era que el piano lo habían mandado de la casa Broadwood el día anterior, con el gran asombro de ambas, tía y sobrina, ante aquel inesperado regalo; que al principio, según había dicho la señorita Bates, la propia Jane tampoco sabía qué pensar de aquello, y tampoco tenía la menor idea de quién hubiera podido enviarlo… pero que luego ambas se habían convencido plenamente de que el piano no podía tener más que un origen; tenía que tratarse forzosamente de un obsequio del coronel Campbell.
-Era la única explicación posible -añadía la señora Cole-, y a mí sólo me sorprendió que hubieran tenido dudas acerca de esto. pero parece ser que Jane acababa de tener carta suya, y no le decían ni una palabra del piano. Ella conoce mejor su manera de ser; pero yo no consideraría su silencio como un motivo para descartar la idea de que han sido los campbell quienes le han hecho el regalo. Es posible que hayan querido darle una sorpresa.

(Jane Austen, Emma)

Nebulosa Sharpless 115

Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.
— ¡Navidad! ¡Ya es Navidad! Dónde está mi regalo?
— Ven, vamos a verlo –dijo el padre, y tomó al niño de la mano.
Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
— No entiendo.
— Ya lo entenderás –dijo el padre–. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
— Entra, hijo.
— Está oscuro.
— No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. el niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
— Feliz Navidad, hijo –dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzo lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

(Ray Bradbury, Cuento de Navidad)

Kirk Richard, El regalo

—¿Qué es eso? —preguntó Patricia Blake ávidamente.
—¿A qué te refieres? —murmuró Eric Blake.
—¿Qué has traído? Sé que has traído algo. —Su pecho subía y bajaba bajo la blusa de malla a causa de la excitación—. Me has traído un regalo. ¡Lo he adivinado!
—Cariño, fui a Ganímedes en representación de Metales Terrícolas, no a comprarte regalos. Déjame sacar mis cosas de la maleta. Bradshaw me ha dicho que debo presentar un informe en la oficina mañana a primera hora. Confía en que presente un buen informe sobre yacimientos minerales.
Pat se apoderó de una pequeña caja, amontonada con el resto del equipaje que el portero robot había depositado ante la puerta.
—¿Es una joya? No, es demasiado grande para ser una joya. Empezó a desatar el cordel que sujetaba la caja con sus afiladas uñas.

(Philip K. Dick, Un regalo para Pat)

Leonid Afremov, El hermoso regalo

Y fué a acodarse a la ventana en el momento en que pasaba por allá el príncipe a caballo. Y la vió sin reconocerla, y se fué enamorado. Y llegó al aposento de su madre, y le dijo: “¡Madre mía! ¿tienes alguna cosa muy hermosa para llevársela de regalo a la dama que se ha instalado en el nuevo palacio? ¿Y no podrías decirle al mismo tiempo: “¿Cásate con mi hijo?” Y su madre la reina le dijo: “Tengo dos piezas de brocado real. Iré a llevárselas y le haré la petición”. El príncipe le dijo: “Está bien. Llévaselas”.
Y la madre del príncipe fué a la joven, y le dijo: “Hija mía, acepta este regalo, porque mi hijo desea casarse contigo”.

(Las mil y una noches, 951° Noche)

Anuncios

Pecado

El pecado es un concepto propio de la religión judaica, y por lo tanto también de las religiones que de ella derivan. En el sentido abrahámico de la palabra, es un acto o un pensamiento que va en contra de la voluntad de Dios.
El judaísmo considera 613 pecados, con diferentes grados de gravedad. El Decálogo establece los deberes y las prohibiciones, pero la última selección de pecados en el concepto cristiano está resumida en los llamados Siete Pecados Capitales.

En un principio los pecados capitales eran ocho: Gula, Avaricia, Lujuria, Vanagloria, Ira, Tristeza, Pereza y Orgullo. Pero en el siglo VI la Tristeza se cayó de la lista y los pecados quedaron así:
Lujuria, Pereza, Gula, Ira, Envidia, Avaricia y Soberbia.

Kathryn Cook, Lujuria

La borrasca infernal, que nunca cesa,
en su rapiña lleva a los espíritus;
volviendo y golpeando les acosa.           
Cuando llegan delante de la ruina,
allí los gritos, el llanto, el lamento;
allí blasfeman del poder divino.           
Comprendí que a tal clase de martirio
los lujuriosos eran condenados,
que la razón someten al deseo.

(Dante, La Divina Comedia)

Pereza

¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio, el que madruga con la aurora,
aunque las musas digan que enamora
oír cantar un ave la alborada!
¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada
reposar una hora, y otra hora!
Comer, holgar…, ¡Qué vida encantadora,
sin ser de nadie y sin pensar en nada!
¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo
ya, tendido a la larga, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo
me arrastra bostezando; y, de tal modo
tu estúpida modorra a entrarme empieza,
que no acabo el soneto… de per…

(Manuel Bretón de los Herreros)

 
Ni la pluma a las aves,
ni la garra a las fieras,
ni en los golfos del mar, ni en las riberas
el callado nadar del pez de plata,
les puede defender del apetito;
y el orbe, que infinito
a la navegación nos parecía,
es ya corto distrito
para las diligencias de la gula,
pues de esotros sentidos acumula
el vasallaje, y ella se levanta
con cuanto patrimonio
tienen, y los confunde en la garganta.

(Francisco de Quevedo)

   

Jacques de Becker, Ira

Ira y amor me están dentro en el pecho
y cada cual me causa un mal extraño;
el amor fue principio del engaño;
después, del mismo amor nació el despecho.
Deseo aborrecer por mi provecho,
visto que del amor me viene el daño;
mas no basta la ira en mal tamaño
el nudo deshacer que amor ha hecho.
Ira me mueve a ser vuestro enemigo
y muéstrame razón por que lo sea;
mas ¿qué vale, si amor a amar me tira?
Y así mientras los dos tratan conmigo,
es fuerza que la triste alma se vea,
siendo esclava de amor, sujeta de ira.

(Gutierre de Cetina)

Elena Makarova-Levina, Envidia

Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.


Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.


Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

(Lope de Vega)

Bruck-Lajos, El avaro

La Flecha (aparte)
¡Malditos sean la avaricia y los avarientos!
Harpagón
¿Cómo? ¿Qué dices?
La Flecha
¿Qué digo?
Harpagón
Sí: ¿qué es lo que dices de avaricia y de avarientos?’
La Flecha
Digo que la peste se lleve a la avaricia y los avarientos.

(Moliére)

Alex Hunter, Soberbia

¡Vete a un convento!
¿Es que quieres criar pecadores?
Yo soy bastante decente,
pero puedo acusarme de cosas tales
que más valdría que mi madre
no me hubiese engendrado.

Soy muy soberbio, ambicioso, vengativo,
con más pecados sobre mi cabeza
que pensamientos para concebirlos,
fantasía para darles forma
o tiempo para cumplirlos.

 (Shakespeare, Hamlet)

Llave

Réplica de una llave egipcia

Una llave es un objeto metálico de forma variada, que se usa para accionar cerraduras. Las primeras cerraduras fueron usadas tal vez por los egipcios dos milenios antes de nuestra era, y eran de diseño simple, usualmente de madera, con llaves de madera también. Los griegos usaron versiones más avanzadas y los romanos las mejoraron dotándolas de resortes. A medida que pasó el tiempo las cerraduras y sus correspondientes llaves fueron perfeccionándose cada vez más.

Nicolás II
Llave de chambelán de la corte de Nicolás II de Rusia

También las llaves son atributo del guardián, San Pedro porta las “Llaves de la Iglesia”, y los chambelanes de palacio ostentaban como distintivo de su cargo una llave decorativa.

llaves-de-valparai
Llave de la Ciudad de Valparaíso

También las ciudades tienen sus “llaves”, cuya entrega simboliza tanto la rendición como el homenaje a un personaje ilustre.

La palabra llave se usa también en sentido simbólico, se habla de “las llaves del cielo”, por ejemplo, o “la llave del corazón”, “la llave del conocimiento” o “la llave del éxito”.
En la poesía se encuentran numerosas alusiones a las llaves en este sentido.

Susan Harrison-Tustain
Susan Harrison-Tustein, Puerta con llaves

Este es aquel que durmió muchas veces
Allí donde hay que estar alerta
Donde las rocas prohíben la palabra
Allí donde se confunde la muerte con el canto del mar
Ahora vengo a saber que fui a buscar las llaves
He aquí las llaves
¿Quién las había perdido?
¿Cuánto tiempo ha que se perdieron?
Nadie encontró las llaves perdidas en el tiempo y en las brumas
¡Cuántos siglos perdidas!
(Vicente Huidobro)





tiffany_key
Tiffany’s, Llave de brillantes
Aquí estoy, como el rico, cuya bendita llave,
le pone en la presencia, de su dulce tesoro,
cuyo caudal no quiere, continuamente ver,
por no ver de mellar el filo del placer.
De estas formas las fiestas, tan solemnes y raras
se esparcen y aparecen en la rueda del año,
como piedras preciosas, con amor colocadas,
o la joya más bella del centro del collar.
El tiempo que os retiene es igual que mi cofre
o tal como el armario, 
que esconde el bello manto,
volviendo venturoso el especial instante,
en que por fin revela su escondido esplendor.
Feliz de vos al darme, estando poseído,
valor para triunfar esperando tu ausencia.
(William Shakespeare)
Tracey Harrington
Tracey Harrington-Simpson, Candado en forma de corazón con llave

Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,
de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos…
Y entre los dos misterios está el enigma grave;
tres arcas cierra una desconocida llave.
La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.
¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?
(Antonio Machado)

Blenda Studio, Las llaves de mi corazón
Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida.
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a la muerte se precisa.
Es recobrar la llave oculta que abre la cárcel en que el alma está cautiva.
Es levantarse de la tierra con una fuerza que reclama desde arriba.
Es respirar el ancho viento que por encima de la carne se respira.
Es contemplar desde la cumbre de la persona la razón de las heridas.
Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que nos mira.
Es escuchar en una boca la propia voz profundamente repetida.
Es sorprender en unas manos ese calor de la perfecta compañía.
Es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra sombra está vencida.
(Francisco Luis Bernárdez)

Esta llave cincelada

Todd Bonita, Llave

que en un tiempo fue, colgada,
(del estrado a la cancela,
de la despensa al granero)
del llavero de la abuela,
y en continuo repicar
inundaba de rumores
los vetustos corredores;
esta llave cincelada,
si no cierra ni abre nada,
¿para qué la he de guardar?
Ya no existe el gran ropero,
la gran arca se vendió;
sólo en un baúl de cuero,
desprendida del llavero,
esta llave se quedó.
Herrumbrosa, orinecida,
como el metal de mi vida,
como el hierro de mi fe,
como mi querer de acero,
esta llave sin llavero
¡nada es ya de lo que fue!
(Amado Nervo)

Jean-Francois Chevrier, La llave en la puerta

Galán, galancillo.
En tu casa queman tomillo.
Ni que vayas, ni que vengas,
con llave cierro la puerta.
Con llave de plata fina.
Atada con una cinta.
En la cinta hay un letrero:
“Mi corazón está lejos.”
No des vueltas en mi calle.
¡Déjasela toda al aire!
Galán, galancillo.
En tu casa queman tomillo.
(Federico García Lorca)
  

Genevieve van der Wielen, La llave

De noche, amada, amarra tu corazón al mío
y que ellos en el sueño derroten las tinieblas
como un doble tambor combatiendo en el bosque
contra el espeso muro de las hojas mojadas.
Nocturna travesía, brasa negra del sueño
interceptando el hilo de las uvas terrestres
con la puntualidad de un tren descabellado
que sombra y piedras frías sin cesar arrastrara.
Por eso, amor, amárrame el movimiento puro,
a la tenacidad que en tu pecho golpea
con las alas de un cisne sumergido,
para que a las preguntas estrelladas del cielo
responda nuestro sueño con una sola llave,
con una sola puerta cerrada por la sombra.
(Pablo Neruda)

Sueños

Los sueños son una sucesión de imágenes, ideas, emociones y sensaciones que ocurren involuntariamente en la mente durante ciertas etapas del sueño. El contenido y el propósito de los sueños no tienen una explicación clara, aunque han sido un tema de especulación científica, así como un tema de interés filosófico y religioso, a lo largo de la historia. En la literatura es muy frecuente encontrar los sueños formando parte de la trama o como un recurso.

José, el hijo de Jacob en la Biblia no solo tenía sueños premonitorios sino que además podía interpretar los de los demás.

Tuvo José un sueño y se lo contó a sus hermanos: «Miren, les dijo, el sueño que tuve:
Estábamos nosotros atando gavillas en medio del campo, cuando sucedió que mi gavilla se levantaba y permanecía en pie, mientras las de ustedes la rodeaban y se inclinaban ante la mía.»
Sus hermanos le dijeron: «¿Eso quiere decir acaso que tú vas a reinar sobre nosotros, o que deseas mandarnos?» Y lo aborrecieron aún más a causa de sus sueños y de sus palabras. 

(Génesis, José y sus hermanos)

En Las mil y una noches el pobre Abul-Hasán es víctima de una broma pesada, que lo hace dudar de si lo que vive es una realidad o un sueño en la Historia del dormido despierto.

¡Y se vió de primera intención en un lecho magnífico, cuya colcha era un magnífico y admirable brocato de oro rojo constelado de perlas y pedrerías! ¡Y alzó los ojos y se vió en un salón de paredes y techo tapizados de raso, con cortinas de seda y vasos de oro y de cristal en los rincones! Y giró los ojos a su alrededor y se vió rodeado de mujeres jóvenes y de esclavos jóvenes, de una belleza subyugante, que se inclinaban a su vista, y detrás de ellos divisó a la muchedumbre de visires, emires, chambelanes, eunucos negros y tañedores de instrumentos prontos a pulsar las cuerdas armoniosas y acompañar a las cantarinas colocadas en un círculo sobre un estrado. Cuando Abul-Hassán vió todo aquello, cerró de nuevo los ojos para dormirse otra vez, de tan convencido como estaba de que se hallaba bajo el efecto de un sueño.
 (Las mil y una noches, Historia del dormido despierto)

Lo mismo le sucede a Segismundo en la obra de Calderón de la Barca La vida es sueño, el no saber si está dormido o despierto le causa grandes problemas y dudas, siendo famoso su soliloquio.

Segismundo:

Sueña el rey que es rey, y vive 
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando; 

y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe, 

y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte! 

¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar 

en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza, 

que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece 

su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza, 

sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende, 

y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son, 

aunque ninguno lo entiende.
(Calderón de la Barca, La vida es sueño)

Sueño de una noche de verano de William Shakespeare es una comedia de equivocaciones, llena de símbolos oníricos, sus personajes se mueven permanentemente estre la fantasía y la realidad.

Lisandro:
O, si había consonancia en la elección,
asediaban al amor enfermedad, guerra o muerte,
volviéndolo fugaz como un sonido,
veloz como una sombra, efímero cual sueño,
breve cual relámpago que, en la noche oscura,
alumbra en su arrebato cielo y tierra y, antes que podamos decir «¡Mira!»,  lo devoran las fauces de las sombras.
Así de rápido perecen ilusiones.

Hermia:
Si los amantes encontraban siempre estorbos,
será porque es ley del destino.
Soportemos pacientes nuestra pena, pues es cruz que de antiguo se ha llevado, y tan propia del amor como los sueños, suspiros, ansias, deseos y llanto que siempre le acompañan

(William Shakespeare, Sueño de una noche de verano)

 Lo que le sucedió a Scrooge, del famoso Cuento de Navidad de Charles Dickens ¿fueron reales encuentros con los espíritus, o solamente unos terribles y proféticos sueños?

Scrooge se volvió a la cama, pensó y repensó pero no se le ocurria ninguna explicación. Cuando mas pensaba, más perplejo estaba, y cuanto más procuraba no pensar, más pensaba en ello. El fantasma de Marley le había trastomado profundamente. Cada vez que, tras madura reflexión, llegaba a la conclusión de que todo era un sueño, sus pensamientos, al igual que un fuerte muelle tensado, volvían a la posición inicial y replanteaban el mismo problema: «¿era o no era un sueño?».
(Charles Dickens, Cuento de Navidad)

Alicia, de Alicia en el país de las maravillas, se queda dormida y comienza a vivir un estrambótico sueño, que comienza con la imagen de un conejo blanco.

 Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?», se preguntaba Alicia.
Así pues, estaba pensando (y pensar le costaba cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas la compensaría del trabajo de levantarse y coger las margaritas, cuando de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados.

(Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas)

Mr. Skelmersdale afirma que viajó al País de las Hadas en Doce historias y un sueño de H. G. Wells, pocos le creen, sin embargo, pero él sigue viviendo, dolorosamente enamorado ¿de un sueño?.

Cayó y rodó, y en ese instante se encontró tumbado en el monte Aldington, completamente solo bajo las estrellas.
Se incorporó con fuerza en seguida, dijo, y descubrió que estaba frío y entumecido, y su ropa humedecida por el rocío. La primera palidez de la aurora y un viento helado surgieron a la vez. Pudo haber pensado que todo había sido un sueño de una vividez extraordinaria hasta que metió la mano en el bolsillo y lo encontró atiborrado de ceniza. Entonces supo con certeza que era el oro de las hadas que le habían dado los gnomos. Todavía podía sentir los pellizcos y pinchazos, aunque no tenía ningún cardenal. De esta manera, y tan bruscamente, Mr. Skelmersdale volvió del País de las Hadas al mundo de los hombres.

(H. G. Wells, Doce historias y un sueño)

Finalmente una escena de la hermosa pelicula de Akira Kurosawa, Sueños. No es literatura, pero eso es lo de menos.

El protagonista se introduce en la pintura de van Gogh Trigal con cuervos, y tiene un encuentro con el pintor.

Vincent van Gogh:
Que una escena parezca una pintura no la hace una pintura. Si te fijas bien, toda la naturaleza tiene su belleza.

Tango II

El tango aparece en numerosas películas, ya sea como protagonista o como un episodio incidental.
Descontando las películas dedicadas al tango, hay varias en las que aparecen escenas de este baile, algunas más famosas que otras. Aquí hay una pequeña muestra:

Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1921),
Rodolfo Valentino y Beatrice Dominguez

 
Los cuatro jinetes del Apocalipsis” es una película del año 1921, basada en la novela del mismo nombre de Vicente Blasco Ibañez.
Es famosa la escena del tango.

Monsieur Verdoux (1947)

En la película “Monsieur Verdoux“, escrita, dirigida y protagonizada por Charles Chaplin, aparece una escena con un tango.
Desconozco el nombre de la pareja, pero es interesante que el tango fue escrito por el mismo Charles Chaplin.

Un baile en la casa Anju (1947)
Setsuko Hara y Masayuki Mori

Anjô-ke no butôkai” (“Un baile en la casa Anju“) es una película japonesa de 1947.
Atsuko Anjô está sumido en una profunda depresión, su hija Masahiko lo saca a bailar un tango, y con esa acción logra que su padre desista de suicidarse.

Nunca digas nunca jamás (1983)
Sean Connery y Kim Basinger

Nunca digas nunca jamás” es una especie de remake de la película “Thunderbolt“, y una más en la serie de James Bond.
Sean Connery (James Bond) baila un tango con Kim Bassinger (Dominó). Sean no es un gran bailarín de tango, pero mantiene su presencia.

Mentiras verdaderas (1994)
Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis

Mentiras verdaderas” es una comedia muy estadounidense. La escena corresponde al final, cuando el matrimonio de agentes secretos, los Tasker, bailan un tango en medio de una misión.

Easy Virtue (2008)
Jessica Biel y Colin Firth

Easy virtue” (“Buenas costumbres“) es una película que muestra como encaja (o no encaja) un norteamericana muy moderna en una rancia familia británica.
En ella, la hermosa Jessica Biel y el siempre atractivo Colin Firth bailan un magnífico tango.

El amor y otros desastres (2006)
Britanny Murphy y Santiago Cabrera

El amor y otros desastres” es una comedia romántica nada especial, pero contiene una escena de tango.

El Conformista (1970),
Stefania Sandrelli  y Dominique Sanda

En “El conformista“, una película de Bernardo Bertolucci, hay una escena interesante por lo inusual, un tango bailado por dos mujeres, las hermosas Stefania Sandrelli y Dominique Sanda.

Le Tango Des Rashevski (2002)

Le tango des Rashevski” es una película belga que trata acerca de una familia judía que vive algunos conflictos generacionales y de adaptación. Desconozco el nombre de los actores que protagonizan la escena del tango.

Tango

El tango es a la vez un género musical y un tipo de danza. a fines del siglo XIX en la región del Río de la Plata y es el resultado de la fusión una gran cantidad de culturas, entre las que se incluyen la española, la italiana, la indígena y la criolla gauchesca.

Nació entre las clases pobres de las ciudades de Buenos Aires y Montevideo, y al principio fue rechazada por las clases más acomodadas debido a su implicaciones sensuales y al lenguaje que utilizaba, el lunfardo. Pero una vez que el tango llegó a París y se hizo popular allá, el tango se extendió a todas las clases sociales pero en la forma de tango de salón, más refinado que el tango canyengue, de estilo más provocativo. De ahí en adelante el tango se hizo practicamente universal, cruzando fronteras y atravesando mares.

Enrique Santos Discépolo definió el tango como “un pensamiento triste que se puede bailar“.
De hecho, las letras de los tangos son sumamente sentimentales y tienen como temas conceptos tales como la nostalgia, el fatalismo, el escepticismo, la tristeza, la melancolía, el paso del tiempo, el amor filial, la amistad, los amores perdidos y el fracaso de la relación entre un hombre y una mujer.

Leonid Afremov, Tango Clásico

La nostalgia es evidente en los tangos, nostalgia de la infancia,
nostalgia del barrio, nostalgia de la ciudad:
  
Nostalgia de barrio, no es solo nostalgia,
es toda la infancia jugueteando en él,
tras paredes toscas, entre los zaguanes,

cuando la inocencia reía en mi piel…
(Nostalgias de barrio, Mamone-Daiban)
 
Mi Buenos Aires querido
cuando yo te vuelva a ver,
no habrá más pena ni olvido.

(Mi Buenos Aires Querido, Gardel-Le Pera)

Otro salón de tango, Connie Cadwell

La difícil vida en los barrios marginales que acogían a los inmigrantes europeos, lleva al escepticismo y el fatalismo, la idea de que no hay manera de que las cosas mejoren.

Así aprendí que hay que fingir
para vivir decentemente;
que amor y fe mentiras son
y del dolor se ríe la gente…

(Madreselva, Canaro-Amadori)

Candi Sander Brown, Tango

La tristeza y la melancolía son sentimientos que dominan el ambiente oscuro en que se mueven los hombres, siempre víctimas, no solo del medio, sino también de las mujeres.

Sabe que es condición de varón el sufrir…
La mujer que yo quería con todo mi corazón
se me ha ido con un hombre que la supo seducir
y, aunque al irse mi alegría tras de ella se llevó,
no quisiera verla nunca… Que en la vida sea feliz
con el hombre que la tiene pa’ su bien… o qué sé yo.

(Sentimiento gaucho, Caruso-Canaro)

Mauro Moreno, Tango 2

Las relaciones entre hombres y mujeres están marcadas por el fracaso y esto ocurre normalmente porque el hombre es traicionado por la mujer.

Nada le debo a la vida,
nada le debo al amor:
aquélla me dio amargura
y el amor, una traición.

(Como abrazado a un rencor, Rossi-Podestá).

Porque todo aquel amor que por ella yo sentí
lo cortó de un solo tajo con el filo’e su traición…

(Sentimiento gaucho, Caruso-Canaro)

 

Leonid Afremov, Viejo tango

Aunque por lo general las mujeres son las culpables, de pronto aparecen por ahí algunas reivindicaciones, escaso pero necesario “mea culpa” masculino.

Después de todo. ¿Qué querés?
¿Por qué vos pretendés
que tengan corazón?
Si cuando te lo han dado,
tras de haberlo burlado,
lo dejaste tirado
aquí en el bodegón.

(Mujeres son mujeres, Gobbi-Camilloni)

Saba, Tango

Las mujeres son evidentemente las traidoras por definición, pero en cambio las madres, aunque son mujeres también, son distintas y muy santas dignas de veneración.

¡Madre hay una sola!…
Y aunque un día la olvidé
me enseñó al final la vida
que a ese amor hay que volver.

(Madre hay una sola, Bardi-de la Vega)

Autor desconocido, Tango

En cambio la amistad entre hombres sí que está llena de lealtad, hay una especie de confraternidad que los une.

Mi amigo es el hombre que frente a la vida
no juega una mala ni hace maldad.
Y a ese amigo derecho y cumplido
le brindo por bueno mi franca amistad.

(Amigos míos, Palma-Fernández)

Pol Ledent, Tango

El paso del tiempo es inexorable, y se refleja en los tangos profundamente nostálgicos
 
Volver, con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.

(Volver, Gardel-Le Pera)

 

Autor desconocido, Clase de tango

La muerte, finalmente, pone también su cuota de dolor y aparece también en los tangos, cuando la pérdida no es producida por un abandono y una tración, sino por algo más definitivo.

¡Por qué sus alas tan cruel quemó la vida!,
¡por qué esta mueca siniestra de la suerte!
Quise abrigarla y más pudo la muerte,
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!

(Sus ojos se cerraron, Gardel-Le Pera)

Las arenas del infinito

Danae Stratou, Respiración en el desierto

Hamlet.- 
¡Dios santo! 
Encerrado en una cáscara de nuez 
me tendría por rey del espacio infinito, 
si no fuera porque tengo malos sueños.
Guildenstern.- 
Sueños que son ambición, 
pues la esencia del ambicioso 
es la sombra de un sueño.
Hamlet.- 
Y un sueño es una sombra.
(William Shakespeare, Hamlet)

Charles River Step Sculpture

Moscatel: 
Pues yo haré que los entiendas.
Don Alonso, mi señor,
te vio, Inés, y a Dios pluguiera
que antes cegase, aunque yo
el mozo de ciego fuera.
Vióte, Inés, ¡ay Dios!, y al verte
fue precisa consecuencia
quererte; no tanto, Inés,
por tu infinita belleza,
como por su amor finito,
que eres, al fin, cara nueva.
(Calderón de la Barca, No hay burlas con el amor)

Jim Denevan, Sand Art

Cyrano.-  
¿Qué es un beso, al fin y al cabo,
sino un juramento hecho poco más cerca, 
una promesa más precisa, 
una confesión que necesita confirmarse, 
la culminación del amor, 
un secreto que tiene la boca por oído, 
un instante infinito que provoca 
un zumbido de abeja, 
una comunión con gusto a flor, 
una forma de respirar por un momento 
el corazón del otro y de gustar, 
por medio de los labios, el alma del amado?
(Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac)

Nazca



Wangel. (Con resignación dolorosa). 
-¡Lo veo, Ellida! 
Cada vez te alejas más de mí. 
El deseo de lo infinito, del ideal irrealizable, 
concluirá por sumergir tu alma 
en las profundidades sombrías de la noche.
(Erik Ibsen, La dama del mar)

Dunas en Namibia

Ricardo.
. . . y si se pudieran poner las obligaciones que como discreta debe de pensar que me tiene, desde aquí las borro, las cancelo y doy por ningunas; y así, de lo dicho me desdigo, y no doy a Cornelio nada, pues no puedo; sólo confirmo la manda de mi hacienda hecha a Leonisa, sin querer otra recompensa sino que tenga por verdaderos mis honestos pensamientos, y que crea dellos que nunca se encaminaron ni miraron a otro punto que el que pide su incomparable honestidad, su grande valor e infinita hermosura. 
(Miguel de Cervantes, El amante liberal)